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. 2024 Mar 26;20:e4541. [Article in Spanish] doi: 10.18294/sc.2024.4541
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Vacilación ante la vacuna contra el covid-19 en Estados Unidos de América: un estudio etnográfico digital

Rosalynn Adeline Vega 1
PMCID: PMC11822896  PMID: 38733976

RESUMEN

Luego de que se autorizara en EEUU el uso de la vacuna contra el covid-19 en bebés de seis meses a niños y niñas de cuatro años, algunas personas (padres, madres, pediatras y comunicadores) plantearon la vacunación contra el covid-19 como una cuestión de acceso; sin embargo, muchas otras se mostraron reacias y otras se resistieron a las recomendaciones de los Centers for Disease Control and Prevention de EEUU. En este contexto, este estudio se propuso explorar: 1) reacciones divergentes ante la autorización de uso de la vacuna contra el covid-19 en niños y niñas de seis meses a cuatro años; y 2) lógicas contrapuestas que subyacen a las actitudes provacunación, antivacunación y vacilación ante las vacunas contra el covid-19. Para ello, se realizó una etnografía digital, con monitoreo de 5.700 reacciones a una serie de ocho infografías publicadas en las redes sociales por la John Hopkins Bloomberg School of Public Health, y observación participante en un grupo focal en línea a lo largo de un año, desde diciembre de 2021 hasta diciembre de 2022, conformado por 18 madres. Los resultados indican que el personal médico debe considerar diferentes nociones de “riesgo” al interactuar con los pacientes, especialmente aquellos que dudan en vacunarse.

PALABRAS CLAVES: Vacuna COVID-19, Niño, Padres, Pediatras, Estados Unidos de América

PRESENTACIÓN DEL TEMA

El 17 de junio de 2022, la Food & Drug Administration (FDA) de EEUU autorizó el uso de las vacunas contra el covid-19 de Moderna y Pfizer-BioNTech en niños a partir de los seis meses de edad1. Al día siguiente, el 18 de junio, la directora de los Centers for Disease Control and Prevention (CDC), Rochelle P. Walensky, respaldó la recomendación del Advisory Committee on Immunization Practices (ACIP) de que todos los niños de seis meses a cuatro años de edad recibieran la vacuna contra el covid-19. En el período previo a la autorización de la FDA, algunos padres, pediatras y medios de comunicación plantearon la vacunación contra la covid-19 como una cuestión de acceso3. Sin embargo, los estudios no lograron demostrar que vacunar a bebés y niños muy pequeños reduzca significativamente los casos graves de infección (es decir, los casos que resultan en hospitalización y muerte).

El documento informativo de la FDA del 15 de junio de 2022, dice: “En los grupos de mayor edad pediátrica, se ha demostrado que la vacuna previene la hospitalización y otras secuelas graves [...] la implementación de la vacuna para su uso en niños de 6 meses a 4 años de edad probablemente tendrá un efecto beneficioso en la morbilidad y mortalidad asociadas con covid-19 en este grupo de edad”4. Este documento de la FDA infiere un beneficio probable para los niños pequeños, basándose en el beneficio demostrado para los grupos de edad pediátrica mayor; sin embargo, no presenta ningún dato que demuestre que la vacunación sea beneficiosa para niños de 6 meses a 4 años.

Dos meses después de la aprobación de la FDA, el artículo de Anne Hause et al. se centró en la seguridad posterior a la autorización de la serie primaria de la vacuna contra el covid-19 en niños pequeños, a través de la revisión de eventos adversos e impactos en la salud, después de la vacunación covid-195. De 5.011 niños de 6 meses a 5 años incluidos en el estudio, se informaron 1.017 eventos adversos. Si bien este artículo indica que el 98,1% de los eventos se clasificaron como no graves y el 1,9% como graves (lo que significa que se esperan reacciones después de la vacunación, pero los eventos adversos graves son raros), el estudio no investiga si la vacunación tiene un efecto beneficioso sobre la morbilidad y la mortalidad. Si no se ha demostrado que la vacunación contra el covid-19 sea beneficiosa para los niños pequeños, En lugar de “proceso de pensamiento”, podrías usar “razonamiento” o “forma de pensar”. Por lo tanto, la frase podría ser: ¿cuáles son las preocupaciones, valores y razonamientos de los padres a favor de la vacunación?

Por otro lado, las dudas sobre las vacunas son cada vez más frecuentes en EEUU. Después de la aprobación de la vacuna contra el covid-19 para niños pequeños1 el 18 de junio de 2022, muchos padres y madres se mostraron reacios y algunos se resistieron a la recomendación de los CDC. De hecho, el 21 de noviembre de 2022, según la infografía publicada por la John Hopkins Bloomberg School of Public Health6) solo el 9% de niños y niñas elegibles habían recibido al menos una dosis de la vacuna. En otra infografía publicada el mismo día por la misma institución, se lee: “Why aren’t kids under 5 getting vaccinated for Covid?”7 (¿Por qué no se están vacunando contra el covid los niños menores de 5 años?). La pregunta que surge es ¿qué factores hacen que los padres duden a la hora de vacunar a sus hijos?

Provacunación, antivacunas y vacilación ante las vacunas

El término provacunación describe a la “mayoría silenciosa” que considera la vacunación como un bien público indiscutible8. Kashyap et al.9 caracterizan a este grupo como aquellos que aceptan fácilmente la vacunación debido a una fe implícita en el gobierno, su sistema de salud y sus escuelas públicas. Las vacunas están ampliamente asociadas con el progreso tecnológico, la medicina moderna y una atención de salud pública rentable.

Según Kashyap et al.9, el movimiento antivacunas está constituido por una pequeña minoría, pero ruidosa, de los llamados “desafiantes” que comparten una visión del mundo y una ideología médica que ignora la vacunación como antídoto. Vogel10 describe a este grupo como el 2% que rechaza rotundamente las vacunas y no se deja convencer de lo contrario. El movimiento antivacunas se ha caracterizado como una guerra entre pediatras y pacientes11. Padres y madres antivacunas a menudo suscriben filosofías científicas alternativas o tienen creencias conspirativas que reflejan una desconfianza profundamente arraigada en el gobierno (por ejemplo, las vacunas están diseñadas para reducir las poblaciones minoritarias, hacer que niños y niñas sean impotentes o infértiles y beneficiar los intereses comerciales de las compañías farmacéuticas). En el contexto de la pandemia de covid-19, los grupos antivacunas organizados sostenían que el covid-19 no era peligroso, pero que la vacuna sí lo era, y que no se podía confiar en los defensores de las vacunas12.

En cuanto a la vacilación ante las vacunas, un número cada vez mayor de personas cuestiona la necesidad y la seguridad de las vacunas. Charles13 señala que la sospecha sobre las vacunas es distinto al rechazo, y que también se aleja de las creencias antivacunas. Larson y Broniatowski12 indican que las personas que dudan en vacunarse son aquellas que están indecisas. Aunque la indecisión ante posibles riesgos para la seguridad de las vacunas no es lo mismo que estar en contra de las vacunas, las personas que dudan en vacunarse corren el riesgo de ser estigmatizadas como “antivacunas” por los profesionales de la salud.

En realidad, Rozbroj et al.14 señalan que muchos padres y madres que dudan en vacunar a sus hijas e hijos se preocupan por las vacunas ante el calendario recomendado por los CDC (por ejemplo, la administración de la vacuna contra la hepatitis B en bebés, a pesar de que la hepatitis B se transmite por sangre, semen u otros fluidos corporales a través del contacto sexual, el uso de drogas inyectables, etc.). Estas personas pueden simplemente retrasar la recepción de una vacuna debido a la ansiedad que les genera las cuestiones de seguridad, para finalmente recibirla. Aunque la mayoría de las madres que dudan, deciden en última instancia seguir el calendario de vacunación recomendado para sus hijos e hijas, siguen sintiéndose ambivalentes acerca de su decisión15.

Las tasas de vacunación están disminuyendo y los brotes de enfermedades prevenibles han aumentado en algunas áreas de EEUU. En 2015, un brote de sarampión que se originó en Disneyland, California, se extendió a otros seis estados de EEUU, a México y Canadá16. Ese mismo año, California aprobó el Proyecto de Ley del Senado 277, que eliminó la opción de exención por creencias personales para las vacunas al ingresar a la escuela. Al hacerlo, California se convirtió en el tercer estado de EEUU en eliminar las exenciones no médicas.

Más recientemente, el aumento de las dudas sobre las vacunas contra el covid-19 han provocado disminuciones en la cobertura de vacunación en todo EEUU17. Williams y O’Leary estiman que el umbral de cobertura de vacunación necesario para prevenir brotes, como el sarampión, es del 95%. Durante el año escolar 2021-2022, la cobertura de las vacunas contra la rubéola, las dos dosis de sarampión y paperas entre niños y niñas de jardín de infantes cayó al 93%, la más baja en una década17. El Distrito de Columbia tenía menos del 90% de cobertura. A escala global, el aumento del rechazo a las vacunas entre los países desarrollados y en desarrollo ha llevado a la Organización Mundial de la Salud a declarar la disminución de la vacunación como una de las diez principales amenazas para la salud mundial18.

Si bien muchos padres y madres aceptaron fácilmente la vacuna contra el covid-19 para sus hijos pequeños, una minoría considerable se negó o retrasó la aceptación de la vacuna. Ante este escenario, este artículo se propone abordar las siguientes dimensiones: 1) reacciones divergentes ante la autorización de uso de la vacuna contra el covid-19 en niños y niñas de seis meses a cuatro años; y 2) lógicas contrapuestas que subyacen a las actitudes provacunación, antivacunación y vacilación ante las vacunas contra el covid-19.

METODOLOGÍA

Para explorar las actitudes de padres y madres con respecto a las vacunas pediátricas contra el covid-19, realizamos una etnografía virtual, que Hine define como etnografía realizada “en, de y a través de lo virtual”19. Las etnografías estudian cada vez más las prácticas, temas, grupos y modos de comunicación que dependen totalmente de las tecnologías digitales para su existencia20,21,22,23,24,25,26,27. Aunque la etnografía virtual consiste en un “desplazamiento experiencial más que físico”28, el principio etnográfico clave es desarrollar una comprensión de los fenómenos sociales en cuestión a través de la observación participante (es decir, la inmersión) y la recopilación progresiva de datos (por ejemplo, la investigación sistematizada) sigue siendo consistente con la etnografía tradicional19. Además, si bien la descorporeización de las interacciones digitales puede hacer que el mundo en línea parezca un “no espacio”29, la investigación etnográfica demuestra cómo las colectividades sociales habitan en los medios digitales como una “ubicación cultural” a través de nuevos modos de comunicación30,31. Por lo tanto, la etnografía puede aprovecharse como una herramienta valiosa para analizar comunidades sociales complejas en línea.

En los días posteriores a que la FDA autorizara el uso de las vacunas contra el covid-19 de Moderna y Pfizer-BioNTech en niños y niñas, por un lado, monitoreamos un total de 5.700 reacciones a una serie de ocho infografías publicadas en las redes sociales por la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health sobre la autorización del 18 de junio de 2022 de la vacuna contra el covid-19 para niños y niñas de seis meses a cuatro años. Si bien el grupo focal en línea que creamos permitió un debate íntimo de persona a persona, el análisis de las reacciones en las redes sociales a las infografías captura las actitudes de una muestra más grande, lo que Airoldi32 podría llamar un “metacampo”. Además, el análisis de las redes sociales ofrece información valiosa, ya que las prácticas de las redes sociales a menudo reflejan cómo los participantes de la investigación etnográfica navegan por el mundo social y material más amplio33. Por otro, realizamos observación participante en un foro en línea, a través de la aplicación Peanut, diseñada para madres que criaban a sus hijos e hijas durante la pandemia de covid-19. Si bien la aplicación Peanut está disponible para usuarias de Android e iOS de todo el mundo, la gran mayoría de las mujeres residen en EEUU. Creamos un hilo preguntando si los participantes estaban planeando vacunar a sus hijos contra el covid-19 y por qué, creando así un grupo focal en línea. Al hacerlo, creamos un objeto focal (es decir, las actitudes de padres y madres hacia la vacunación contra el covid-19 para niños y niñas de seis meses a cuatro años) dentro de un campo “contextual” relativamente estable (es decir, el foro en línea de la aplicación Peanut, que Airoldi32 y Caliandro34 se refieren a ella como una comunidad en línea “clásica”. En este hilo, fueron 18 personas las que discutieron qué los motiva a buscar la vacuna contra el covid-19 para sus hijos e hijas pequeños o, alternativamente, por qué se resistían a la reciente recomendación de los CDC. Las personas participantes no solo ofrecieron su respuesta personal a la pregunta, sino que muchas participaron entre sí en un debate continuo sobre el tema. Las 45 publicaciones del hilo se incluyeron como puntos de datos para este estudio.

Optamos por una participación “activa” en este grupo (es decir, crear un hilo dentro del grupo, constituyendo así un grupo focal en línea) en lugar de un “acecho” discreto en línea. Hine28 señala que la etnografía virtual discreta (es decir, observar interacciones en línea sin intentar interactuar con los miembros) es considerablemente atractiva para algunos etnógrafos ya que proporciona un medio para estudiar la vida social tal como se vive; sin embargo, también presentan problemas éticos35. Steinmetz36 llega incluso a argumentar que cuando un investigador “acecha” en un foro en línea sin participar, no está realizando datos etnográficos primarios, sino más bien un análisis de contenido secundario. En lugar de investigación etnográfica, “al acecho” se describe mejor como investigación de archivos. Por el contrario, la participación activa en un grupo ayuda a los etnógrafos virtuales a adquirir conocimiento experiencial sobre las interacciones grupales, al mismo tiempo que abre otras formas de interacción en línea entre los participantes del grupo y el etnógrafo, que se perderían si quien realiza la etnografía se limitara a la observación discreta de las transmisiones públicas.

Nuestra decisión de buscar una participación “activa” refleja nuestro compromiso con la ética en la etnografía en línea y nuestros esfuerzos por desarrollar la confianza con los participantes. Según Hine28, la confianza se desarrolla cuando la presencia del etnógrafo es aceptable para los miembros de la comunidad social en línea. Al mismo tiempo, los etnógrafos virtuales pueden determinar si lo que están observando es auténtico (en contraposición a una mera exhibición para su beneficio) a través de una presencia continua en el grupo en línea. Aunque los datos incluidos en este artículo se limitan al grupo focal que creamos, nuestra observación participante en el foro en línea duró un año. Esta presencia continua nos permitió desarrollar la confianza con las personas participantes y determinar la autenticidad de las interacciones que observamos. Nuestra participación “activa” se hizo explícita ante el grupo, junto con las características de la investigación. Se informó a los participantes que sus interacciones se tomarían como material de investigación y que se salvaguardaría el anonimato en todo momento.

Los etnógrafos virtuales deben entender cómo analizar la vida social y material de los medios digitales, dada la naturaleza efímera, mutable, hipermóvil y anónima de los datos digitales, como los memes de Internet, los chats, las publicaciones en las redes sociales y los comentarios que los acompañan37,38. Además de la observación participante y de las entrevistas realizadas en línea, la etnografía virtual también puede incluir técnicas complementarias como la recopilación de capturas de pantalla, la captura de registros de chat y el análisis de publicaciones en redes sociales39. En este estudio, recopilamos capturas de pantalla del debate que se desarrolló en el hilo que creamos sobre las actitudes de los padres hacia la vacunación pediátrica contra el covid-19.

Sin embargo, la etnografía virtual sobre temas relacionados con la salud plantea cuestiones éticas sobre la privacidad de la persona usuaria/paciente y la salud pública, particularmente en torno al uso de datos de identificación individual que pueden ser (semi)privados. Un representante del Institutional Review Board for Human Subjects Research de la University of Texas Rio Grande Valley determinó que, dada la naturaleza del foro en línea, no era necesario enviar el protocolo de investigación para su revisión. El foro en línea constituye un espacio público en línea al que pueden acceder fácilmente personas de todo el mundo sin costo alguno. Además, las personas involucradas eran anónimas, incluso para nosotros. Las personas se identificaban a través de un simple identificador específico del foro (que puede ser un nombre o un alias). Nadie en el foro podía acceder a información de identificación como apellidos e información de contacto (por ejemplo, números de teléfono, direcciones de correo electrónico y domicilios particulares). La aplicación no contiene una base de datos de usuarios con capacidad de búsqueda. A pesar de este anonimato inherente, somos sensibles a las expectativas de los informantes en línea, incluso cuando sus actividades ocurren en espacios públicos en línea40. Para preservar aún más el anonimato de las personas involucradas en el debate, omitimos las citas directas de los comentarios de las personas, las capturas de pantalla y el nombre de usuario que utilizaron en el foro. Todos los nombres utilizados en este artículo son seudónimos.

Después de observar cómo se desarrollaba el debate dentro del grupo focal y observar las reacciones en las redes sociales a las infografías publicadas por la Escuela de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins, utilizamos un proceso iterativo de codificación abierta para identificar temas emergentes. Continué con una revisión de la literatura sobre las dudas sobre las vacunas para comprender mejor cómo la recomendación de la vacunación contra el covid-19 para niños pequeños representa un elemento “inquietante” en un panorama de vacunación pediátrica ya tumultuoso.

RESULTADOS

Reacciones divergentes ante la autorización de uso de la vacuna contra el covid-19 en niños y niñas de seis meses a cuatro años

Observamos reacciones encontradas a una serie de ocho infografías publicadas en Facebook por la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health sobre la autorización del 18 de junio de 2022 de la vacuna contra el covid-19 para niños de seis meses a cuatro años. Una de las infografías en línea advierte a padres y madres que, si se infectan con covid-19, sus hijas e hijos pueden experimentar síntomas graves y consecuencias para su salud a corto y largo plazo. La infografía continúa indicando que, aunque los casos graves de covid-19 entre niños y niñas son raros, casi 1.500 han muerto debido a la infección por covid-19 en los EEUU. En esta infografía, se pone énfasis en las consecuencias para la salud a corto y largo plazo y en las 1.500 muertes infantiles (estas partes aparecen en negrita). Esta infografía se combina con otras infografías que descartan los temores de que la vacuna contra el covid-19 sea potencialmente insegura o cause efectos secundarios, calificándolos de “escepticismo injustificado” e “ideas falsas”.

Si bien la mayoría de las publicaciones de la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health genera menos de cien reacciones, la publicación que contiene infografías sobre la vacunación contra el covid-19 para niños pequeños generó 5.700 reacciones, 1.200 comentarios y 664 acciones. Del total de reacciones, al 34,5% le “gustó” la publicación, al 34,5% le “enojó”, al 16,1% le “encantó”, el 10,4% “se rio”, al 2,2% le “entristeció”, >1% colocó el emoji que simboliza “apoyo y cuidado” (abraza un corazón), y >1% estaban “conmocionados”. Asimismo, los comentarios en la publicación variaron desde la aprobación hasta el enojo y la burla. Destacamos a las personas cuyos comentarios generaron un acalorado debate y nos adentramos en la naturaleza de esos debates.

Sandra

El comentario que generó más reacciones (2,9k reacciones, incluyendo “pulgar arriba”, corazón y risas) fue de Sandra, madre de dos niños pequeños. Sandra reveló que su familia no está vacunada y ha tenido covid-19 tres veces. Además, indicó que ella y sus hijos se han recuperado cada vez más rápido que su madre, a pesar de que su madre fue vacunada contra el covid-19. Las respuestas a este comentario fueron mixtas. Algunos apoyaron a Sandra, ofreciendo ejemplos de cómo la vacuna no protege a las personas de contraer o propagar la enfermedad, e indicando que sus experiencias personales con el covid-19 fueron menos graves que la gripe estacional o “una resaca”. Otros juzgaron a Sandra por transmitir la enfermedad a otros miembros de la comunidad, incluida su anciana madre, que corre un mayor riesgo de sufrir complicaciones de salud graves o incluso la muerte.

Sandra y su familia ofrecen un ejemplo de cómo la toma de decisiones sobre vacunación es un proceso relacional. Las decisiones sobre vacunación se ven afectadas por las relaciones con los demás, de la misma manera que las relaciones con los demás se ven afectadas por las decisiones de vacunación.

Quienes apoyaron a Sandra crearon cohesión dentro del grupo a través de su rechazo compartido a la vacuna contra covid-19. En esta línea, Elisa Sobo41 destaca cuán productivo es el rechazo a las vacunas para las relaciones sociales inmediatas. Esta autora sostiene que el rechazo no solo niega las definiciones exogrupales, sino que también reafirma los marcos intragrupales y, por lo tanto, sus vínculos. En la misma línea, Charles13 indica que la sospecha vacunal es generadora de relaciones y afectos.

Quienes criticaron a Sandra por su decisión de no vacunarse, culpándola de propagar el covid-19 a otros miembros de la comunidad y a la madre de Sandra, se hicieron eco de un tema subyacente en una de las infografías analizadas que representa un tornado de gérmenes acercándose a una casa. La infografía explica que la infección por covid-19 es perjudicial para el hogar ya que puede propagarse entre la familia y que vacunar a niños y niñas pequeños puede brindar “tranquilidad” a la familia. Este marco apunta a los niños y las niñas como ciudadanos biológicos que pueden desempeñar un papel en la protección a una mayor propagación del covid-19 en la población adulta. Es decir, este cambio replantea la concepción de niños y niñas que pasan a ser ya no solo receptores de cuidados, sino ciudadanos encargados del cuidado de los demás.

Anya

El comentario que generó la segunda mayor cantidad de reacciones (1,7K de reacciones, incluidos “pulgar hacia arriba”, risa y llanto) fue el de Anya, una madre que recibió su vacuna de refuerzo contra el covid-19 durante el embarazo y cree que es importante mantener a sus hijos completamente inmunizados. Toda su familia de cinco miembros nunca ha dado positivo por covid-19 u otros virus, y sus hijos seguirán recibiendo todas las vacunas recomendadas. Mientras tanto, otra madre llamada Elise respondió a Anya ofreciendo evidencia contradictoria a la experiencia de Anya: nadie en su familia de seis miembros ha sido vacunado y nadie ha contraído covid-19.

Otros usuarios dejaron comentarios irónicos acerca de enviarle los mejores deseos a Anya por las enfermedades que desarrollará su familia al haber recibido las vacunas. Una mujer llamada Rosa le respondió diciéndole que Anya se arrepentirá de su decisión en el futuro cuando descubra que sus hijos son estériles. Otra usuaria comentó que está rezando para que sus hijos sigan vivos dentro de 20 o 30 años. Estos comentarios recibieron “aprobado”, “amor” y reacciones de risa. Otros sugirieron que al aceptar la vacuna contra el covid-19 para sus hijos e hijas pequeños, Anya estaría donando a sus hijos a la ciencia e inscribiéndolos tempranamente en un programa de eugenesia.

Otros respondieron que Anya incluiría a sus hijos en el grupo de “intervención” de un ensayo clínico aplicado a toda la sociedad para una vacuna que ha sido aprobada sin pruebas suficientes. En el caso de niños pequeños de Anya, un usuario indicó que, al aceptar la vacuna, Anya estaría tomando a un niño que tiene un riesgo mínimo de complicaciones graves por covid-19 y colocándolo en un estudio a largo plazo con consecuencias de salud desconocidas para su futuro.

Sorell y Butler42 sostienen que las redes sociales han facilitado la difusión de teorías de conspiración en torno al covid-19 y los programas de vacunación masiva. Sin embargo, May Goldberg sugiere en su libro Vaccine hesitancy: public trust, expertise, and the war on science43 que en nuestra era de política científica, el lenguaje de la ciencia es la moneda del discurso político. Por tanto, los debates sobre qué conocimiento científico debería producirse y cómo utilizarlo sustituyen los debates sobre valores. Las perspectivas sobre la vacunación tienen una carga social, ya que abordan cuestiones sexuales, de mujeres, religiosas, de políticas relacionadas con la salud a nivel provincial y federal, y con las grandes farmacéuticas11.

Goldberg sostiene que las dudas sobre las vacunas se han planteado incorrectamente como resultado de una “guerra contra la ciencia”. En este marco contradictorio de la vacilación ante las vacunas, individuos ignorantes, científicamente analfabetos e irracionales se oponen a los expertos científicos, o sus sesgos cognitivos sustentan la vacilación ante las vacunas frente a la evidencia. Sin embargo, Goldberg sostiene que lo que impulsa la duda sobre las vacunas no es un aumento del sentimiento antiexperto o un “populismo epistemológico” en el que cada uno es su propio experto y “hace su propia investigación”, sino más bien una falta de confianza en las instituciones científicas. Es decir, la desconfianza en las instituciones científicas puede impulsar a los padres a cuestionar la autoridad biomédica y desmedicalizar sus enfoques de la salud16.

Sin transparencia por parte de las instituciones científicas y sin confianza del público, la ciencia no puede guiar eficazmente las políticas. En este contexto, fortalecer la credibilidad de las vacunas mediante una mayor confianza en las instituciones científicas sería más eficaz que las medidas existentes para fomentar la cobertura vacunal44. Hasta ahora, la institución médica ha intentado generar confianza centrándose en la comunicación entre pacientes y proveedores en lugar de abordar la confianza pública general en las vacunas infantiles. Lauren Vogel10 aconseja que los proveedores concentren sus esfuerzos en generar confianza con los llamados “cuidadores de la valla” de las vacunas10. En lugar de centrar sus esfuerzos en los padres y las madres que rechazan rotundamente las vacunas, Vogel sugiere que los proveedores se centren en convencer a quienes dudan sobre las vacunas para que acepten recomendarlas brindándoles información, ofreciéndoles garantías y utilizando sus propias historias de encuentros con enfermedades prevenibles con vacunas. Este enfoque se guía por estimaciones de que menos del 2% de padres y madres son “antivacunas”, mientras que hasta un 30% se muestran reacios a vacunarse45. Desafortunadamente, las estrategias de Vogel para convencer a las personas que dudan de las recomendaciones de los CDC no muestran un acercamiento y una comprensión del otro, ya que su enfoque para “generar confianza” no propone que los proveedores consideren cuidadosamente las razones que sustentan las dudas de padres y madres y comprendan que las dudas sobre las vacunas no se deben simplemente a una falta de información.

Cuando la desconfianza en el gobierno contribuye a las dudas sobre las vacunas, esta desconfianza puede atribuirse a experiencias comunitarias históricas, especialmente entre las comunidades BIPOC (black, indigenous, people of color)12,46,47. Es posible que el público no confíe en la comunidad científica debido a una historia de racismo médico o a la comercialización de las ciencias (que priorizan las ganancias sobre la seguridad), especialmente, la ciencia médica. Las injusticias específicas incluyen la eugenesia, las cuarentenas de grupos minoritarios, la destrucción de barrios “insalubres” ocupados por comunidades marginalizadas, la crisis de opioides e investigaciones poco éticas como el experimento de Tuskegee46. Kasstan48 encuadra las dudas sobre las vacunas como parte de un cambio más amplio en las relaciones de la salud pública con los grupos minoritarios. Sostiene que una mejor comprensión de la toma de decisiones sobre vacunas ayudará a evitar representaciones dañinas de las minorías y, al mismo tiempo, abordará las dudas sobre las vacunas de manera más sostenible y confiable.

Tilda

Una madre, a la que llamaremos Tilda, contó cómo la vacuna contra el covid-19 había sido alentada, luego incentivada y finalmente impuesta a la población adulta de EEUU. Argumentó que, como resultado de esto, los padres no vacunarán voluntariamente a sus hijos contra el covid-19. Majid y Ahmad49 señalan cómo las presiones extremas para vacunar en forma de sanciones financieras (es decir, no recibir estipendios gubernamentales para el cuidado infantil) y exclusión (es decir, no ser aceptado en la escuela pública) llevaron a oportunidades limitadas de aprendizaje para los niños de padres que dudan en vacunarse. En este sentido, Kashyap et al.9 indican que sentirse forzado por las autoridades escolares, las malas relaciones entre padres, madres y proveedores y las débiles habilidades de comunicación interpersonal entre las personas que trabajan en salud son factores que contribuyen a la falta de confianza. Kasstan48 insta a las instituciones de salud pública a mejorar la confianza del público en la vacunación infantil, en lugar de recurrir a políticas de vacunación obligatorias y coercitivas para mejorar la baja cobertura de vacunación.

Leslie

Esta madre indicó que estaba muy agradecida de poder finalmente acceder a la vacuna covid-19 para su hijo de tres años. Las dos respuestas principales a este comentario, que generaron 382 reacciones de “me gusta”, sugirieron que no debería sentirse agradecida. Un usuario argumentó que Leslie está “matando” a sus hijos con la decisión de recibir la vacuna contra el covid-19, mientras que muchos otros comentaron con variaciones de “pobre bebé” y “qué vergüenza”. Otros juzgaron a Leslie por ser negligente y darles a sus hijos algo de lo que ella no sabe nada.

El ejemplo de Leslie y su hijo pequeño muestra cómo la vacunación (quién decide, recibe y es responsable de las vacunas) es un proceso de género. La toma de decisiones sobre vacunas es parte de un proceso que supone una carga desproporcionada para las mujeres y las madres16. Como resultado, se culpa fervientemente o se felicita a las madres por las decisiones que toman en materia de vacunas con respecto a sus hijos. Este proceso es una extensión de cómo las mujeres soportan una carga mayor con respecto a la vacunación en la sociedad. Por ejemplo, Siu et al.50 encontraron que la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) está “feminizada” y “moralizada” en el sistema de valores patriarcal, lo que impone aún más la carga de enfermedad a las mujeres. En el caso de la vacuna contra el VPH, los hombres no han sido el objetivo de los mensajes de salud pública en muchos países del mundo, a pesar de ser portadores potenciales de la enfermedad. Es decir, en muchos contextos globales, los esfuerzos se han dirigido a vacunar a las mujeres (aquellas que probablemente desarrollen síntomas graves o mortales, es decir, cáncer de cuello uterino), pero no a sus parejas sexuales masculinas, que podrían infectarlas. El hecho de que los hombres no hayan sido el objetivo de crear un amortiguador protector que limite la propagación del VPH a las mujeres es indicativo de los valores sociales. Charles13 sostiene además que el fenómeno claramente sexista de la vacilación ante las vacunas se cruza con los legados coloniales. En su etnografía centrada en las dudas sobre las vacunas en Barbados, Charles13 ofrece un análisis tecnocientífico feminista crítico de la biopolítica poscolonial.

Gabi

Gabi indicó que el pediatra de sus hijos le dijo que la vacuna contra el covid-19 es un “no” definitivo, porque no es segura. Con esta guía, ella definitivamente decidió que no dejarría que su hijo sea vacunado. En respuesta, Becca indicó que su médico también le recomendó que no les aplicara a sus hijos la vacuna Gardasil cuando estuvo disponible y que está muy agradecida por tener un médico honesto. Otras personas felicitaron a Gabi y Becca en los comentarios por encontrar médicos que obedezcan su juramento hipocrático de no hacer daño.

Madres como Gabi y Becca son conscientes de los conflictos de intereses financieros entre los pediatras. Las aseguradoras “basadas en el valor” incentivan a los pediatras con pagos de bonificación para que aconsejen a padres y madres que sigan el calendario de vacunas recomendado por los CDC y administren cada inyección a sus pacientes. Por ejemplo, la compañía Blue Cross Blue Shield of Michigan sigue un modelo de pago por desempeño, en el que los proveedores reciben $400 dólares por cada niño de dos años que haya recibido las veinticuatro a veinticinco vacunas, si el proveedor también ha administrado todas las vacunas a al menos el 63% de sus pacientes. Los conflictos de intereses financieros también se extienden a la industria farmacéutica. Al señalar explícitamente estos conflictos de intereses, un usuario de Facebook comentó sarcásticamente que Pfizer nunca mentiría sobre la seguridad de la vacuna covid-19 para niños pequeños.

En términos más generales, los ejemplos de Gabi y Becca pueden ser abordados desde la perspectiva de Elżbieta Grodzicka51, quien examina la teorización de la conspiración sobre vacunas como una cuestión relacional que involucra a investigadores, formuladores de políticas, profesionales médicos, pacientes y sus familias, administradores de salud e industrias farmacéuticas. Grodzicka escribe: “Este enfoque, en lugar de centrar nuestra atención únicamente en los demás (aquellos que apoyan la vacilación, el arrepentimiento o la incredulidad en materia de vacunación), requiere que también prestemos atención a quienes están implicados en esos conflictos y tal vez estén más cerca de nosotros”51. Kirsten Hastrup enfatiza que el conocimiento es una cuestión relacional que surge entre personas en un campo dialógico52.

Lógicas contrapuestas que subyacen a las actitudes provacunación, antivacunación y vacilación ante las vacunas contra el covid-19

Entre las dieciocho mujeres que observamos en el grupo focal en línea, once dijeron que planeaban administrar la vacuna contra el covid-19 a su hijo pequeño, mientras que tres dijeron que no y cuatro dudaron. Ahora destacamos las lógicas provacunación, antivacunación y de vacilación ante las vacunas entre las mujeres participantes del grupo focal.

Lógicas provacunación

Los padres deben administrar a sus hijos todas las vacunas pediátricas recomendadas tan pronto como estén disponibles y sean accesibles

Ejemplo: Tanya, una madre en el foro en línea, indicó que su hijo recibió la vacuna tan pronto como fue elegible. Sylvia coincidió en que era importante que su hijo recibiera todas las vacunas disponibles. Cuando se le preguntó por qué le estaba dando a su hijo la vacuna contra el covid-19, Liz respondió que su hijo había recibido todas las vacunas infantiles recomendadas. Las madres del grupo focal enfatizaron específicamente la seguridad y la necesidad de las vacunas infantiles contra enfermedades infecciosas como las paperas, la polio y el sarampión, al argumentar que la vacuna covid-19 era segura y necesaria para niños y niñas. Según su razonamiento, las madres no debían dudar en administrar la vacuna contra el covid-19 a sus hijos si permitían que recibieran otras vacunas.

Las vacunas, incluida la vacuna contra el covid-19, son seguras

Ejemplo: Roxana defendió la seguridad de las vacunas contra el covid-19 y la seguridad de las vacunas en general.

Aunque es posible que la vacunación no elimine la posibilidad de contraer covid-19, los niños pequeños deben vacunarse para protegerse a sí mismos y a los demás de los peores síntomas

Ejemplo: Varias madres en el foro en línea enfatizaron la reducción de los síntomas de quienes contraían covid-19 después de haber sido vacunados contra la enfermedad. Los comentarios mostraban cómo algunas familias valoraban la vacunación contra el covid-19 para niños y niñas pequeños porque proporcionaba un amortiguador protector que limitaba la propagación del covid-19 a otros miembros del hogar o la comunidad. Por ejemplo, una madre reconoció que su hijo no corría riesgo de desarrollar un caso grave de covid-19; sin embargo, decidió vacunar a su hijo para “hacer su parte” y proteger a otras personas que pudieran estar en riesgo. En este sentido, Ramírez y Mackey53, al consideran el papel de las relaciones inmediatas en la toma de decisiones sobre vacunación, muestran que los amigos y familiares suelen ejercer la mayor influencia sobre la toma de decisiones sobre vacunas. En ocasiones, las personas que se muestran reacios a vacunarse y viven en hogares multigeneracionales pueden sentirse presionadas a vacunarse cuando tienen en cuenta a otros miembros de la familia que corren un mayor riesgo de desarrollar síntomas potencialmente mortales; es decir, aunque las personas tal vez no quieran vacunas, sienten que deben vacunarse para proteger o complacer a sus seres queridos en casa.

Lógicas antivacunas

La madre es inmutable, lo que indica que nada la convencería de vacunar a su hijo

Ejemplo: Jane, una madre del foro en línea indicó que su hijo no sería vacunado contra el covid-19 y no estaba dispuesta a discutir al respecto.

La vacunación contra la covid-19 no elimina la transmisión de enfermedades y, por tanto, no vale la pena

Ejemplo: Cristina escribió en el foro en línea que, según un comunicado de los CDC, la vacuna contra el covid-19 no evitaba que las personas contrajeran o transmitieran la enfermedad. Si bien su afirmación era cierta, en el sentido de que ninguna vacuna puede eliminar totalmente la transmisión de enfermedades, un comunicado de prensa de los CDC del 7 de junio de 2021 indicó que las vacunas contra el covid-19 reducen el riesgo de infección para las personas completamente vacunadas y hacen que la enfermedad sea más leve y más breve en personas vacunadas que contraen covid-19.

Lógicas de vacilación ante las vacunas

Las dudas sobre las vacunas se deben al proceso de aprobación acelerado de la FDA y a la falta de información disponible sobre el uso pediátrico de las vacunas covid-19. No se han recopilado suficientes datos para demostrar la seguridad de la vacuna covid-19 para niños pequeños. En lugar de actuar apresuradamente y tomar una decisión equivocada, tiene más sentido esperar a tener suficiente información.

Ejemplo: Laura publicó en el foro en línea que no confiaba en la seguridad de la vacuna contra el covid-19 “todavía”. Abigail indicó que estaba esperando, porque darle a su hijo la vacuna contra el covid-19 era una acción que podía elegir hacer más adelante, pero que no podía deshacer. Otras madres coincidieron en que debido al proceso de aprobación acelerado de la vacuna contra el covid-19, esta vacuna no debía compararse con otras vacunas infantiles. En lugar de rechazar rotundamente las vacunas, las personas que tienen cierto grado de escepticismo sobre las vacunas pueden ser selectivas sobre las vacunas que deciden aceptar47. Sobo et al.54 sugieren que las posiciones múltiples, a veces contradictorias, de los vacunadores selectivos sobre la vacunación son colecciones ensambladas que reflejan las prácticas contemporáneas de curación para filtrar la información. Estas prácticas de curación incluyen narrativas de “colmena” digitales experimentadas y construidas colectivamente que, según Goldberg43 son ​​un síntoma, no una causa, de la desconfianza pública en las instituciones científicas. Mientras padres y madres que vacunan selectivamente adoptan una visión curatorial hacia la información, los consumidores de atención médica comprometidos subrayan la necesidad de un enfoque no categórico que reconozca la naturaleza fluida y polivalente del razonamiento sobre las vacunas.

Nuestros hallazgos sugieren que los padres pueden sentirse más seguros a la hora de administrar la vacuna covid-19 a sus hijos pequeños si tuvieran acceso a datos sólidos que respalden los beneficios. Según la literatura existente, las actitudes de los individuos están influenciadas por los constantes cambios en los niveles de confianza del público en torno a las vacunas. Larson y Broniatowski12 documentan una alta volatilidad en la confianza en las vacunas en el contexto de la covid-19. Sugieren que los niveles de confianza en las vacunas están influenciados por los altibajos de los aumentos de virus, así como por la (des)información adicional sobre las vacunas. Al describir la vacuna contra el virus de la influenza H1N1 durante la pandemia de 2009, Danielle Ofri llamó “epidemiología emocional” al pasaje del sentimiento caracterizada por la ansiedad por la vacuna, luego la vacilación y posteriormente el rechazo a recibir la vacuna55.

Las experiencias personales con la vacuna covid-19 y el historial médico de cada niño o niña influyen en las decisiones de vacunación

Ejemplo: Después de observar y experimentar infecciones irruptivas, algunas de las madres en el grupo focal en línea expresaron su insatisfacción con la eficacia de la vacuna covid-19. Por tanto, se mostraron reacios a vacunar a sus hijos. Otras madres basaron sus decisiones en los antecedentes médicos de sus hijos individuales, por ejemplo, si el niño tenía asma y cómo había respondido a otras vacunas en el pasado.

Padres y madres, en su decisión, consideran la biología de cada niño, el tamaño, la susceptibilidad a enfermedades específicas, los peligros ambientales, las condiciones médicas y de salud54 y sus propias experiencias individuales preexistentes de iatrogénesis47,53. El género es una lente importante para examinar cómo las mujeres de diferentes orígenes raciales y étnicos traducen las experiencias personales de iatrogénesis en dudas sobre las vacunas para sus hijos47. Además, dado que las madres suelen desempeñar el papel más importante en la toma de decisiones médicas para sus hijos pequeños, estas experiencias de iatrogénesis son evidentes en el calendario de vacunas que las madres eligen seguir para sus hijos.

Brunson y Sobo56 descubrieron que en California y el estado de Washington, en lugar de fusionarse en marcadas polaridades, las percepciones de padres y madres sobre la vacunación infantil eran conjuntos diversos, dinámicos y multidimensionales. Asimismo, Dubé et al.15 afirman que las decisiones de los padres de utilizar los servicios de vacunación son multifactoriales, heterogéneas y complejas. Los procesos de evaluación y gestión de riesgos relacionados con las vacunas son altamente individualizados y pueden estar influenciados por ideologías neoliberales16.

Las madres reticentes a las vacunas no muestran una desconfianza total en las instituciones científicas

Ejemplo: En contraste con la descripción pública de que las dudas sobre las vacunas se deben a la ignorancia o la falta de información, las madres que dudan sobre las vacunas en nuestro grupo focal participaron en una “reflexión activa”, buscando información de lo que consideran fuentes confiables y tomando decisiones responsables e informadas. Basadas ​​en la percepción de riesgo y en juicios de valor basados en sus propias vidas57, buscaron activamente información de sus pediatras, pero no la aceptaron incondicionalmente y sin reservas, sino que la combinaron con “su propia investigación”. Es decir, integraron información de la institución médica con información de lo que consideran otras fuentes confiables. Como resultado de este proceso, algunas madres enfatizaron el riesgo de efectos a largo plazo de la infección por covid-19 en los niños pequeños, mientras que otras enfatizaron los riesgos asociados con la vacuna covid-19. Nuestros hallazgos señalan la importancia de que los proveedores se asocien con padres y madres y participen en la toma de decisiones conjunta con respecto a las vacunas infantiles.

Los padres a veces pueden encontrar información contradictoria en entornos médicos

Ejemplo: Una madre, Elvia, proporcionó un enlace a un artículo publicado por una facultad de medicina como prueba de que las vacunas contra el covid-19 no tendrían efectos secundarios a largo plazo. Por otro lado, Patricia, una madre en el grupo focal en línea, contó cómo su pediatra le dijo que esperara para vacunarse contra el covid-19 ya que la vacuna posiblemente podría dejar infértiles a sus hijas.

Padres y madres se enfrentan a información contradictoria en la esfera pública, una situación que disminuye la credibilidad y se enfrentan al desafío de decidir en qué fuentes de información confiar. Al mismo tiempo, las creencias sobre las vacunas influyen en la forma en que padres y madres interpretan los resultados de la vacunación. Por ejemplo, Rozbroj et al.14 documentaron informes de lesiones infantiles permanentes, relacionadas con las vacunas por parte de padres que creían que algunas o todas las vacunas debían rechazarse. Al mismo tiempo, las creencias sobre las vacunas y el autismo pueden no ser tan extremas como a menudo se presentan en los medios de comunicación. En un estudio realizado por Anderson-Chavarria y Turner, 32 de 35 padres y madres entrevistados creían que el autismo es el resultado de riesgos genéticos desencadenados por un factor ambiental58. Los desencadenantes incluyen diversos contaminantes ambientales y vacunas; es decir, las vacunas se consideran uno de los muchos posibles “desencadenantes” de un niño genéticamente predispuesto al autismo. Si bien los padres o las madres no percibieron que las vacunas eran universales, las dudas sobre las vacunas pueden ser indicativas de una falta de confianza del público en la ciencia.

Majid y Ahmad49 señalan cómo los padres confían en la información de los proveedores de medicina complementaria y alternativa cuando consideran que la información de los proveedores de medicina alopática es insuficiente, ya que sienten que es más fácil tener una discusión abierta y honesta con los proveedores de medicina complementaria y alternativa, en comparación con los médicos alópatas15,54.

DISCUSIÓN

Lógicas en competencia y razonamientos polivalentes respecto de las vacunas

Los profesionales médicos a menudo asumen que brindar a las personas la información correcta sobre la seguridad de las vacunas y los riesgos de no vacunarlas las llevará a tomar la decisión responsable de vacunarse11,59,60,61. Sin embargo, Roberts y Mitchell11 revelan que las personas que dudan en vacunarse toman en serio su responsabilidad de tomar buenas decisiones de salud, buscan asesoramiento médico, incorporan y evalúan información médica sobre la vacunación y consideran cuidadosamente los riesgos y beneficios de vacunarse. Sobo et al.41 muestran que padres y madres selectivos, que no vacunaban, mostraban el tipo de participación autoinformada recomendada por el sistema de salud. En su estudio, Rozbroj et al.14 manifiestan que tener hijos impulsó a padres y madres a aprender más sobre las opciones de vacunas. De manera similar, Ward et al.62 señalan que tanto las familias que rechazan las vacunas como las que dudan participan en una búsqueda continua de información sobre cómo tomar las mejores decisiones médicas para sus hijos e hijas, lo que llevó a muchos a cuestionar o desconfiar de la epistemología médica occidental.

Estos académicos se basan en la reconceptualización de Leach y Fairhead8 sobre la vacilación ante las vacunas, que se aleja del “modelo de déficit” convencional (es decir, la vacilación ante las vacunas es el resultado de la falta de conocimiento, confianza o racionalidad de un individuo43,51 y hacia una comprensión de la vacilación ante las vacunas como una “reflexión activa” (es decir, un pensamiento positivo y comprometido sobre cómo cuidar mejor de uno mismo y de los demás). Este replanteamiento cambia el enfoque de por qué algunas personas no se vacunan a por qué la vacunación no coincide con el deseo de salud de las personas8.

En muchos casos, las familias que dudan en vacunarse son especialmente proactivos cuando se trata de la salud de sus hijos e hijas. La “crianza salutogénica”, término utilizado por Ward et al.62, describe cómo padres y madres practican actividades que promueven la salud para estimular la inmunidad natural y protegerlos de enfermedades. Las prácticas parentales salutogénicas incluyen amamantar, cocinar desde cero, comer alimentos orgánicos y/o de cosecha propia y reducir la exposición a conservantes y toxinas. Estas prácticas se superponen con la “maternidad intensiva” -generalmente asociada con madres blancas y neoliberales- que se relaciona con el escepticismo sobre las vacunas47. Padres y madres creen que a través de estas prácticas pueden reducir o anular la necesidad de vacunas. Ward et al.62 enmarcan la crianza salutogénica como una “lógica de cuidado” que las familias consideran internamente consistente, lógicamente interrelacionada e interdependiente.

Majid y Ahmad49 ofrecen la metáfora de un tren de engranajes para comprender las superposiciones y relaciones entre diversos factores que refuerzan la vacilación, el rechazo y el retraso en las vacunas. En su metáfora, cada engranaje representa uno de siete factores: vida “natural” y “orgánica”, lo que Ward et al.62 llama “crianza salutogénica”; percepciones de otros padres; experiencias previas; fuentes de información, desafíos y preferencias; políticas de vacunas obligatorias; desconfianza en los actores del sistema de salud y experiencias de interacción con los proveedores de atención de salud. Si bien estos engranajes funcionan al unísono para impulsar las dudas sobre las vacunas, la toma de decisiones compartida es un engranaje que puede revertir el mecanismo girando en la dirección opuesta.

Rozbroj et al.14 indican que tener hijos obliga a padres y madres a examinar sus creencias sobre las vacunas, especialmente quienes dudan o se niegan a vacunarse. Las familias a menudo no “aceptan” o “rechazan la vacuna” del todo, sino que consideran las vacunas individualmente, teniendo en cuenta también la biología, el tamaño, la susceptibilidad a las enfermedades de los niños41. Para algunos, no vacunarse puede ser una decisión responsable e informada que sea “adecuada para ellos” basada en la percepción del riesgo y los juicios de valor en el contexto de sus vidas57. En el caso de la vacunación infantil, los padres clasifican la información relacionada con la vacuna de manera “irregular” y dependiente del contexto. Esto es especialmente relevante en el caso de la vacuna contra el covid-19, ya que las dudas sobre la vacuna pueden deberse al proceso de aprobación acelerado de la FDA y a la falta de información sobre las vacunas.

CONCLUSIONES

Si bien la prensa médica y no especializada caracteriza la vacunación como una controversia polarizadora, la investigación cualitativa revela una multitud de perspectivas sobre el tema. Los resultados de este estudio resaltan la necesidad de matizar la forma en que se abordan, comprenden y definen la aceptación, el rechazo y la vacilación de las vacunas. Se puede considerar que la aceptación, el rechazo y la vacilación de la vacuna operan en un continuo en lugar de desarrollarse en categorías discretas. Sorrell y Butler42 señalan que: “Las posiciones que alguna vez estuvieron asociadas con posturas religiosas o conservadoras tradicionales han dado paso a puntos de vista muy dispares que trascienden las divisiones tradicionales izquierda/derecha/religiosas”42. En la “zona gris” entre los bandos pro y antivacunas, las personas que dudan sobre las vacunas van desde “escépticos” hasta “indecisos” o “vacilantes”9.

En nuestro grupo focal en línea, las madres demostraron un razonamiento fluido y polivalente sobre la vacuna con respecto a la vacuna covid-19. Estas diferentes líneas de razonamiento fueron presentadas por madres que permitieron que sus hijos recibieran vacunas infantiles, y ambas líneas de razonamiento se basaron en datos científicos disponibles (por ejemplo, comunicados de prensa de los CDC, resúmenes de estudios de investigación escritos para una audiencia pública e infografías o artículos publicados por facultades de medicina, etc.) e información anecdótica (por ejemplo, niños y niñas de la comunidad que contraían un caso grave de covid-19, se recuperaban rápidamente de un caso leve de covid-19, experimentaban una infección irruptiva a pesar de estar completamente vacunados o tenían una reacción a la vacuna contra el covid-19). Este ejemplo ilustra cómo la información se puede interpretar de manera diferente según las prácticas curatoriales de padres y madres.

En última instancia, las familias valoran diferentes fuentes de información en función de su propia percepción de la confiabilidad de la información y priorizan la información que está alineada con sus creencias personales54. En el grupo focal en línea, Tiffany, una madre a favor de la vacunación, respondió a Roxana, una madre reticente a las vacunas con quien no estaba de acuerdo, diciendo que Roxana debería simplemente decir que no quería darle la vacuna covid-19 a su hijo en lugar de difundir narrativas falsas. Mi interpretación del intercambio, sin embargo, no es que Roxana estuviera intentando difundir narrativas falsas, sino que sus criterios para lo que califica como información confiable diferían significativamente de los criterios de Tiffany. De manera similar, Elvia respondió a Patricia denunciando el “mito” de la infertilidad como “información errónea utilizada para asustar a la gente” y argumentó que no hay riesgo. Stephanie refutó que el médico le haya señalado a Patricia el riesgo potencial de infertilidad. Las cinco madres priorizaban la información que estaba alineada con sus creencias, experiencias y observaciones personales del mundo que las rodeaba.

Los hallazgos de este estudio enfatizan las diferentes nociones de “riesgo” entre las madres de niños y niñas de 6 meses a cuatro años. En el grupo focal en línea que observamos, algunas madres enfatizaron los efectos desconocidos a largo plazo de la infección por covid-19 en niños y niñas pequeños, mientras que otras madres enfatizaron los efectos desconocidos a largo plazo de la vacuna contra el covid-19 (a veces combinados con el riesgo conocido de covid-19; por ejemplo, cuando los niños ya habían sido infectados con covid-19 y se habían recuperado bien de un caso leve).

Para algunas personas, renunciar a una vacuna recomendada se considera “riesgoso”; para otras, aceptar la vacuna se considera “riesgoso”. Visto a través de esta lente, no es que las personas actúen descuidadamente, sino más bien que individuos con diferentes perspectivas intentan minimizar su exposición al riesgo basándose en su comprensión de lo que es riesgoso. Este enfoque hacia la aceptación, el rechazo y la vacilación de las vacunas resiste la “otredad” que está omnipresente en los debates en curso a favor y en contra de las vacunas. En última instancia, los hallazgos de este estudio y de estudios anteriores indican que una multitud de factores contribuyen a las dudas sobre las vacunas entre los padres y las madres individuales. Determinar, y no descartar, los factores subyacentes en cada caso deben hacerse con una cuidadosa consideración.

Footnotes

FINANCIAMIENTO: Esta investigación se realizó sin financiamiento específico.

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Salud Colect. 2024 Mar 26;20:e4541. [Article in English]

Hesitation towards the COVID-19 vaccine in the United States: a digital ethnographic study

Rosalynn Adeline Vega 1

ABSTRACT

Following the authorization the use of COVID-19 vaccines in babies age six months through children four years old in the United States, some individuals (parents, pediatricians, and communicators) framed COVID-19 vaccination as an issue of access, while many others expressed hesitancy and some resisted recommendations from the US Centers for Disease Control and Prevention. In this context, this study aimed to explore: 1) divergent reactions to the authorization of COVID-19 vaccine use in children aged six months to four years; and 2) opposing logics underlying attitudes towards pro-vaccination, anti-vaccination, and vaccine hesitancy regarding COVID-19 vaccines. To achieve this, a digital ethnography was conducted, involving monitoring of 5,700 reactions to a series of eight infographics published on social media by the John Hopkins Bloomberg School of Public Health, and participant observation in an online focus group over a one-year period, from December 2021 to December 2022, consisting of 18 mothers. The findings suggest that healthcare professionals should consider different notions of “risk” when interacting with patients, especially those who are hesitant to vaccinate.

KEY WORDS: Vaccines, Child, Parents, Pediatricians, United State of America.

PRESENTATION OF THE TOPIC

On June 17, 2022, the US Food & Drug Administration (FDA) authorized the use of Moderna and Pfizer-BioNTech COVID-19 vaccines in children aged 6 months and older.1 The following day, on June 18, the director of the Centers for Disease Control and Prevention (CDC), Rochelle P. Walensky, endorsed the Advisory Committee on Immunization Practices’ (ACIP) recommendation that all children aged 6 months to 4 years receive the COVID-19 vaccine.2 Leading up to the FDA authorization, some parents, pediatricians, and media outlets framed COVID-19 vaccination as an issue of access.3 However, studies failed to demonstrate that vaccinating infants and very young children significantly reduces severe infection cases (i.e., cases resulting in hospitalization and death).

The FDA’s briefing document of June 15, 2022 states: “In older pediatric age groups, the vaccine has been shown to prevent hospitalization and other severe sequelae [...] implementation of the vaccine for use in children 6 months to 4 years of age is likely to have a beneficial effect on morbidity and mortality associated with COVID-19 in this age group”.4) This FDA document infers a probable benefit for young children, based on the demonstrated benefit for older pediatric age groups; however, it presents no data demonstrating vaccination’s benefit for children aged 6 months to 4 years.

Two months after FDA approval, Anne Hause et al.’s article focused on post-authorization safety of the primary series of COVID-19 vaccine in young children, through reviewing adverse events and health impacts following COVID-19 vaccination.5) Out of 5,011 children aged 6 months to 5 years included in the study, 1,017 adverse events were reported. While this article indicates that 98.1% of the events were classified as non-serious and 1.9% as serious (meaning reactions after vaccination are expected, but serious adverse events are rare), the study does not investigate whether vaccination has a beneficial effect on morbidity and mortality. If COVID-19 vaccination has not been demonstrated to be beneficial for young children, instead of “process of thinking,” one could use “reasoning” or “way of thinking.” Therefore, the phrase could be: What are the concerns, values, and reasoning of parents in favor of vaccination?

On the other hand, doubts about vaccines are becoming increasingly common in the US. After the approval of the COVID-19 vaccine for young children1 on June 18, 2022, many parents were hesitant, and some resisted the CDC’s recommendation. In fact, on November 21, 2022, according to an infographic published by the John Hopkins Bloomberg School of Public Health,6 only 9% of eligible children had received at least one dose of the vaccine. In another infographic published on the same day by the same institution, it reads: “Why aren’t kids under 5 getting vaccinated for Covid?.”7 The question that arises is: What factors lead parents to hesitate when it comes to vaccinating their children?

Pro-vaccination, anti-vaccine, and vaccine hesitancy

The term pro-vaccination describes the “silent majority” that considers vaccination as an unquestionable public good.8 Kashyap et al.9 characterize this group as those who readily accept vaccination due to implicit trust in the government, its healthcare system, and public schools. Vaccines are widely associated with technological progress, modern medicine, and cost-effective public health care.

According to Kashyap et al.,9 the anti-vaccine movement is constituted by a small but vocal minority of so-called “challengers” who share a worldview and medical ideology that disregards vaccination as an antidote. Vogel10 describes this group as the 2% who vehemently reject vaccines and cannot be persuaded otherwise. The anti-vaccine movement has been characterized as a war between pediatricians and patients.11 Anti-vaccine parents often subscribe to alternative scientific philosophies or hold conspiratorial beliefs reflecting a deeply ingrained distrust in the government (e.g., vaccines are designed to reduce minority populations, render children powerless or infertile, and benefit the commercial interests of pharmaceutical companies). In the context of the COVID-19 pandemic, organized anti-vaccine groups argued that COVID-19 was not dangerous, but the vaccine was, and that vaccine advocates could not be trusted.12

Regarding vaccine hesitancy, an increasing number of individuals question the necessity and safety of vaccines. Charles13 points out that vaccine skepticism is distinct from rejection and also diverges from anti-vaccine beliefs. Larson and Broniatowski12 indicate that vaccine-hesitant individuals are those who are undecided. Although hesitancy about potential vaccine safety risks is not the same as being against vaccines, people who hesitate to vaccinate risk being stigmatized as “anti-vaxxers” by healthcare professionals.

Indeed, Rozbroj et al.14 note that many parents who hesitate to vaccinate their children are concerned about vaccines regarding the CDC-recommended schedule (for example, the administration of the hepatitis B vaccine in infants, despite hepatitis B being transmitted through blood, semen, or other bodily fluids via sexual contact, intravenous drug use, etc.). These individuals may simply delay receiving a vaccine due to safety concerns, only to ultimately receive it. Although most hesitant mothers ultimately decide to follow the recommended vaccination schedule for their children, they still feel ambivalent about their decision.15

Vaccination rates are declining, and outbreaks of preventable diseases have increased in some areas of the US. In 2015, a measles outbreak originating in Disneyland, California spread to 6 other states in the US, as well as to Mexico and Canada.16 That same year, California passed Senate Bill 277, which eliminated the personal belief exemption for vaccines when entering school. By doing so, California became the third state in the US to eliminate non-medical exemptions.

More recently, increasing doubts about COVID-19 vaccines have led to declines in vaccination coverage across the US.17 Williams and O’Leary estimate that the vaccination coverage threshold necessary to prevent outbreaks such as measles is 95%. During the 2021-2022 school year, vaccination coverage for measles, mumps, and rubella among kindergarten children dropped to 93%, the lowest in a decade.17 The District of Columbia had less than 90% coverage. Globally, the rise in vaccine hesitancy among both developed and developing countries has led the World Health Organization to declare declining vaccination as one of the top ten threats to global health.18

While many parents readily accepted the COVID-19 vaccine for their young children, a considerable minority refused or delayed acceptance of the vaccine. Faced with this scenario, this article aims to address the following dimensions: 1) divergent reactions to the authorization of COVID-19 vaccine use in children aged 6 months to 4 years; and 2) contrasting logics underlying pro-vaccination, anti-vaccination, and vaccine-hesitant attitudes toward COVID-19 vaccines.

METHODOLOGY

To explore the attitudes of parents regarding pediatric COVID-19 vaccines, we conducted a virtual ethnography, which Hine defines as ethnography conducted “in, of, and through the virtual.”19 Ethnographies increasingly study practices, themes, groups, and modes of communication that rely entirely on digital technologies for their existence.20,21,22,23,24,25,26,27) Although virtual ethnography entails an “experiential rather than physical displacement,”28 the key ethnographic principle is to develop an understanding of the social phenomena in question through participant observation (i.e., immersion) and progressive data collection (e.g., systematic research), which remains consistent with traditional ethnography.19 Furthermore, while the disembodiment of digital interactions may make the online world seem like a “non-space,”29 ethnographic research demonstrates how social collectives inhabit digital media as a “cultural location” through new modes of communication.30,31 Therefore, ethnography can be leveraged as a valuable tool for analyzing complex online social communities.

On one hand, in the days following the FDA’s authorization of Moderna and Pfizer-BioNTech COVID-19 vaccines for children, we monitored a total of 5,700 reactions to a series of eight infographics published on social media by the Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health regarding the June 18, 2022 authorization of the COVID-19 vaccine for children aged 6 months to 4 years. While the online focus group we created allowed for intimate person-to-person discussion, the analysis of reactions on social media to the infographics captures attitudes from a larger sample, which Airoldi32 might term a “metacamp”.

Additionally, social media analysis provides valuable insights, as social media practices often reflect how participants in ethnographic research navigate the broader social and material world.33 On the other hand, we conducted participant observation in an online forum through the Peanut app, designed for mothers raising their children during the COVID-19 pandemic. While the Peanut app is available to Android and iOS users worldwide, the vast majority of women reside in the US. We created a thread asking if participants were planning to vaccinate their children against COVID-19 and why, thus creating an online focus group. In doing so, we created a focal object (i.e., parents’ attitudes toward COVID-19 vaccination for children aged 6 months to 4 years) within a relatively stable “contextual” field (i.e., the Peanut app’s online forum, which Airoldi32 and Caliandro34 refer to as a “classic” online community). In this thread, 18 individuals discussed what motivates them to seek the COVID-19 vaccine for their young children or, alternatively, why they resisted the recent CDC recommendation. Participants not only provided their personal response to the question, but many engaged with each other in an ongoing debate on the topic. The 45 thread posts were included as data points for this study.

We opted for “active” participation in this group (i.e., creating a thread within the group, thereby constituting an online focus group) rather than discrete online “lurking.” Hine28 notes that discrete virtual ethnography (i.e., observing online interactions without attempting to interact with members) is considerably appealing to some ethnographers as it provides a means to study social life as it is lived; however, it also presents ethical issues.35 Steinmetz36 even argues that when a researcher “lurks” in an online forum without participating, they are not conducting primary ethnographic data but rather secondary content analysis. Instead of ethnographic research, “lurking” is best described as archival research. In contrast, active participation in a group helps virtual ethnographers gain experiential knowledge about group interactions while also opening up other forms of online interaction between group participants and the ethnographer, which would be missed if ethnography were limited to discreet observation of public transmissions.

Our decision to pursue “active” participation reflects our commitment to ethics in online ethnography and our efforts to build trust with participants. According to Hine,28 trust is developed when the ethnographer’s presence is acceptable to members of the online social community. At the same time, virtual ethnographers can determine whether what they are observing is authentic (as opposed to mere performance for their benefit) through continuous presence in the online group. Although the data included in this article are limited to the focus group we created, our participant observation in the online forum lasted for a year. This continuous presence allowed us to build trust with the participants and determine the authenticity of the interactions we observed. Our “active” participation was made explicit to the group, along with the research characteristics. Participants were informed that their interactions would be taken as research material and that anonymity would be safeguarded at all times.

Virtual ethnographers must understand how to analyze the social and material life of digital media, given the ephemeral, mutable, hypermobile, and anonymous nature of digital data, such as internet memes, chats, social media posts, and accompanying comments.37,38 In addition to participant observation and online interviews, virtual ethnography can also include complementary techniques such as collecting screenshots, capturing chat logs, and analyzing social media posts.39 In this study, we collected screenshots of the discussion that unfolded in the thread we created about parents’ attitudes toward pediatric COVID-19 vaccination.

However, virtual ethnography on health-related topics raises ethical questions regarding user/patient privacy and public health, particularly concerning the use of (semi)private identifiable data. A representative from the Institutional Review Board for Human Subjects Research at the University of Texas Rio Grande Valley determined that, given the nature of the online forum, it was not necessary to submit the research protocol for review. The online forum constitutes a public online space accessible to people worldwide at no cost. Additionally, the individuals involved were anonymous, even to us. Participants identified themselves through a simple forum-specific identifier (which could be a name or an alias). No one in the forum could access identifying information such as last names and contact information (e.g., phone numbers, email addresses, and home addresses). The app does not contain a searchable user database. Despite this inherent anonymity, we are sensitive to the expectations of online informants, even when their activities occur in online public spaces.40 To further preserve the anonymity of those involved in the discussion, we omitted direct quotes from individuals’ comments, screenshots, and the usernames they used in the forum. All names used in this article are pseudonyms.

After observing how the debate unfolded within the focus group and monitoring reactions on social media to infographics published by the Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health, we used an iterative open coding process to identify emerging themes. I then proceeded with a literature review on vaccine hesitancy to better understand how the recommendation for COVID-19 vaccination for young children represents a “disquieting” element in an already tumultuous landscape of pediatric vaccination.

Divergent reactions to the authorization of COVID-19 vaccine use in children aged 6 months to 4 years

We observed mixed reactions to a series of eight infographics posted on Facebook by the Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health regarding the June 18, 2022 authorization of the COVID-19 vaccine for children aged 6 months to 4 years. One of the online infographics cautions parents that if they contract COVID-19, their children may experience severe symptoms and short- and long-term health consequences. The infographic further indicates that while severe cases of COVID-19 among children are rare, nearly 1,500 children have died due to COVID-19 infection in the US. This infographic emphasizes short- and long-term health consequences and the 1,500 child deaths (these parts appear in bold font). This infographic is combined with others that dismiss fears that the COVID-19 vaccine may be potentially unsafe or cause side effects, labeling them as “unjustified skepticism” and “false ideas.”

While most posts from the Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health generate fewer than one hundred reactions, the post containing infographics about COVID-19 vaccination for young children generated 5,700 reactions, 1,200 comments, and 664 shares. Of the total reactions, 34.5% “liked” the post, 34.5% were “angry,” 16.1% “loved” it, 10.4% “laughed,” 2.2% were “sad,” >1% used the emoji symbolizing “support and care” (hugging a heart), and >1% were “shocked.” Furthermore, comments on the post ranged from approval to anger and ridicule. We highlight individuals whose comments sparked heated debate and delve into the nature of those debates.

Sandra

The comment that generated the most reactions (2.9K reactions, including thumbs up, hearts, and laughter) was from Sandra, a mother of two young children. Sandra revealed that her family is unvaccinated and has had COVID-19 three times. Additionally, she indicated that she and her children have recovered faster each time than her mother, despite her mother being vaccinated against COVID-19. Responses to this comment were mixed. Some supported Sandra, offering examples of how the vaccine does not protect people from contracting or spreading the disease, and indicating that their personal experiences with COVID-19 were less severe than seasonal flu or “a hangover.” Others judged Sandra for transmitting the disease to other members of the community, including her elderly mother, who is at higher risk of serious health complications or even death.

Sandra and her family provide an example of how vaccination decision-making is a relational process. Vaccination decisions are influenced by relationships with others, just as relationships with others are affected by vaccination decisions.

Those who supported Sandra created cohesion within the group through their shared rejection of the COVID-19 vaccine. In this vein, Elisa Sobo41 highlights how productive vaccine rejection is for immediate social relationships. This author argues that rejection not only denies exogroup definitions but also reaffirms intragroup frameworks and, therefore, their bonds. Similarly, Charles13 indicates that vaccine suspicion generates relationships and affections.

Those who criticized Sandra for her decision not to vaccinate, blaming her for spreading COVID-19 to other community members and Sandra’s mother, echoed an underlying theme in one of the analyzed infographics depicting a germ tornado approaching a house. The infographic explains that COVID-19 infection is harmful to the household as it can spread among family members and that vaccinating young children can provide “peace of mind” to the family. This framework points to children as biological citizens who can play a role in preventing further spread of COVID-19 in the adult population. That is, this shift reframes the conception of children who are no longer just recipients of care but citizens responsible for caring for others.

Anya

The comment that garnered the second-highest number of reactions (1.7K reactions, including thumbs up, laughter, and tears) was from Anya, a mother who received her COVID-19 booster shot during pregnancy and believes it’s important to keep her children fully immunized. Her entire family of 5 members has never tested positive for COVID-19 or other viruses, and her children will continue to receive all recommended vaccines. Meanwhile, another mother named Elise responded to Anya by offering contradictory evidence to Anya’s experience: no one in her family of 6 members has been vaccinated, and no one has contracted COVID-19.

Other users left ironic comments wishing Anya’s family well with the illnesses they will develop from getting the vaccines. A woman named Rosa responded by telling Anya that she will regret her decision in the future when she discovers that her children are sterile. Another user commented that they are praying for Anya’s children to remain alive in 20 or 30 years. These comments received thumbs up, love, and laughter reactions. Others suggested that by accepting the COVID-19 vaccine for her young children, Anya would be donating her children to science and enrolling them early in a eugenics program.

Others responded that Anya would be including her children in the “intervention” group of a societal-wide clinical trial for a vaccine that has been approved without sufficient evidence. In the case of Anya’s young children, one user pointed out that by accepting the vaccine, Anya would be taking a child who has minimal risk of serious COVID-19 complications and placing them in a long-term study with unknown health consequences for their future.

Sorell and Butler42 argue that social media has facilitated the spread of conspiracy theories surrounding COVID-19 and mass vaccination programs. However, May Goldberg suggests in her book, Vaccine hesitancy: Public trust, expertise, and the war on science,43 that in our era of science politics, the language of science is the currency of political discourse. Therefore, debates over what scientific knowledge should be produced and how to use it replace debates over values. Perspectives on vaccination carry social weight as they address issues of sexuality, women, religion, provincial and federal health policy, and big pharma.11

Goldberg argues that vaccine hesitancy has been incorrectly framed as a result of a “war on science.” In this contradictory framework of vaccine hesitancy, individuals who are ignorant, scientifically illiterate, and irrational are pitted against scientific experts, or their cognitive biases sustain vaccine hesitancy in the face of evidence. However, Goldberg argues that what drives vaccine hesitancy is not an increase in anti-expert sentiment or an “epistemological populism” where everyone is their own expert and “does their own research,” but, rather, a lack of trust in scientific institutions. That is, distrust in scientific institutions may lead parents to question biomedical authority and demedicalize their health approaches.

Without transparency from scientific institutions and without public trust, science cannot effectively guide policies. In this context, strengthening vaccine credibility through increased trust in scientific institutions would be more effective than existing measures to promote vaccine coverage. So far, the medical institution has attempted to build trust by focusing on communication between patients and providers rather than addressing general public trust in childhood vaccines. Lauren Vogel10 advises providers to focus their efforts on building trust with vaccine-hesitant “fence-sitters.” Instead of focusing on parents who staunchly reject vaccines, Vogel suggests that providers focus on convincing those who are hesitant about vaccines to accept recommendations by providing them with information, offering reassurances, and using their own stories of encounters with vaccine-preventable diseases. This approach is guided by estimates that less than 2% of parents are “anti-vaccine,” while up to 30% are hesitant to vaccinate.45 Unfortunately, Vogel’s strategies for convincing hesitant individuals of CDC recommendations do not demonstrate an approach and understanding of the other, as her approach to “building trust” does not propose that providers carefully consider the reasons behind parents’ doubts and understand that vaccine hesitancy is not simply due to a lack of information.

When distrust in the government contributes to doubts about vaccines, this distrust can be attributed to historical community experiences, especially among BIPOC (Black, Indigenous, People of Color) communities.12,46,47 The public may not trust the scientific community due to a history of medical racism or the commodification of sciences (prioritizing profit over safety), especially medical science. Specific injustices include eugenics, quarantines of minority groups, the destruction of “unhealthy” neighborhoods inhabited by marginalized communities, the opioid crisis, and unethical research such as the Tuskegee experiment.46 Kasstan48 frames vaccine hesitancy as part of a broader shift in public health relations with minority groups. He argues that a better understanding of vaccine decision-making will help avoid harmful representations of minorities while also addressing vaccine hesitancy in a more sustainable and trustworthy manner.

Tilda

A mother whom we’ll refer to as Tilda recounted how the COVID-19 vaccine had been encouraged, then incentivized, and ultimately imposed on the adult population of the United States. She argued that as a result of this, parents will not willingly vaccinate their children against COVID-19. Majid and Ahmad49 point out how extreme pressures to vaccinate in the form of financial sanctions (i.e., not receiving government allowances for childcare) and exclusion (i.e., not being accepted in public school) have led to limited learning opportunities for children of hesitant parents. In this regard, Kashyap et al.9 indicate that feeling coerced by school authorities, poor relationships between parents and healthcare providers, and weak interpersonal communication skills among healthcare workers are contributing factors to the lack of trust. Kasstan48 urges public health institutions to build public trust in childhood vaccination instead of resorting to mandatory and coercive vaccination policies to improve low vaccination coverage.

Leslie

This mother indicated that she was very grateful to finally access the COVID-19 vaccine for her three-year-old son. The two main responses to this comment, which garnered 382 “likes,” suggested that she shouldn’t feel grateful. One user argued that Leslie is “killing” her children with the decision to get the COVID-19 vaccine, while many others commented with variations of “poor baby” and “shameful.” Others judged Leslie for being negligent and giving her children something she knows nothing about.

The example of Leslie and her young son demonstrates how vaccination (who decides, receives, and is responsible for vaccines) is a gendered process. Decision-making about vaccines is part of a process that disproportionately burdens women and mothers.16 As a result, mothers are fervently blamed or praised for the vaccine decisions they make regarding their children. This process is an extension of how women bear a greater burden regarding vaccination in society. For example, Siu et al.50 found that the human papillomavirus (HPV) vaccine is “feminized” and “moralized” within the patriarchal value system, further imposing the burden of disease on women. In the case of the HPV vaccine, men have not been the target of public health messages in many countries worldwide, despite being potential carriers of the disease. That is to say, in many global contexts, efforts have been directed toward vaccinating women (those likely to develop severe or deadly symptoms, such as cervical cancer), but not their male sexual partners who could infect them. The fact that men have not been targeted to create a protective buffer that limits the spread of HPV to women is indicative of societal values. Charles13 further argues that the clearly sexist phenomenon of vaccine hesitancy intersects with colonial legacies. In her ethnography focused on vaccine hesitancy in Barbados, Charles13 offers a critical feminist technoscientific analysis of postcolonial biopolitics.

Gabi and Becca

Gabi stated that her children’s pediatrician told her that the COVID-19 vaccine is a definite “no” because it’s not safe. With this guidance, she definitely decided not to let her child be vaccinated. In response, Becca mentioned that her doctor also advised against giving her children the Gardasil vaccine when it was available, and she is very grateful to have an honest doctor. Other people congratulated Gabi and Becca in the comments for finding doctors who adhere to their Hippocratic oath of doing no harm.

Mothers like Gabi and Becca are aware of the financial conflicts of interest among pediatricians. “Value-based” insurers incentivize pediatricians with bonus payments to advise parents to follow the vaccine schedule recommended by the CDC and administer each shot to their patients. For example, Blue Cross Blue Shield of Michigan follows a pay-for-performance model, where providers receive $400 per two-year-old child who has received 24 to 25 vaccines, if the provider has also administered all vaccines to at least 63% of their patients. Financial conflicts of interest also extend to the pharmaceutical industry. Explicitly pointing out these conflicts of interest, a Facebook user sarcastically commented that Pfizer would never lie about the safety of the COVID-19 vaccine for young children.

More broadly, the examples of Gabi and Becca can be addressed from the perspective of Elżbieta Grodzicka,51 who examines vaccine conspiracy theorizing as a relational issue involving researchers, policymakers, medical professionals, patients and their families, health administrators, and pharmaceutical industries. Grodzicka writes: “This approach, rather than solely focusing our attention on others (those who support vaccine hesitancy, regret, or disbelief), requires us to also pay attention to those who are involved in those conflicts and may be closer to us.” Kirsten Hastrup emphasizes that knowledge is a relational matter that arises among people in a dialogical field.52

Opposing logics underlying pro-vaccination, anti-vaccination, and vaccine hesitancy attitudes towards COVID-19 vaccines

Among the eighteen women observed in the online focus group, eleven stated that they planned to administer the COVID-19 vaccine to their young child, while three said they would not, and 4 were undecided. Now, we highlight the pro-vaccination, anti-vaccination, and vaccine-hesitant logics among the women participating in the focus group.

Pro-vaccination logic

Parents should administer all recommended pediatric vaccines to their children as soon as they are available and accessible.

Example: Tanya, a mother in the online forum, indicated that her child received the vaccine as soon as he was eligible. Sylvia agreed that it was important for her child to receive all available vaccines. When asked why she was giving her child the COVID-19 vaccine, Liz responded that her child had received all recommended childhood vaccines. The mothers in the focus group specifically emphasized the safety and necessity of childhood vaccines against infectious diseases such as mumps, polio, and measles, arguing that the COVID-19 vaccine was safe and necessary for boys and girls. According to their reasoning, mothers should not hesitate to administer the COVID-19 vaccine to their children if they allowed them to receive other vaccines.

Vaccines, including the COVID-19 vaccine, are safe.

Example: Roxana defended the safety of COVID-19 vaccines and vaccines in general.

While vaccination may not eliminate the possibility of contracting COVID-19, young children should be vaccinated to protect themselves and others from the worst symptoms.

Example: Several mothers in the online forum emphasized the reduction in symptoms for those who contracted COVID-19 after being vaccinated against the disease. Comments showed how some families valued COVID-19 vaccination for young boys and girls because it provided a protective buffer that limited the spread of COVID-19 to other household or community members. For example, one mother acknowledged that her child was not at risk of developing a severe case of COVID-19; however, she decided to vaccinate her child to “do her part” and protect other people who may be at risk. In this regard, Ramírez and Mackey,53 considering the role of immediate relationships in vaccine decision-making, show that friends and family often exert the greatest influence on vaccine decision-making. At times, individuals who are hesitant to vaccinate and live in multigenerational households may feel pressured to get vaccinated when considering other family members who are at higher risk of developing potentially deadly symptoms; that is, while individuals may not want vaccines, they feel they must vaccinate to protect or please their loved ones at home.

Anti-Vaccination Logics

The mother is steadfast, indicating that nothing would convince her to vaccinate her child.

Example: Jane, a mother from the online forum, stated that her child would not be vaccinated against COVID-19 and she was not willing to discuss it further.

COVID-19 vaccination does not eliminate disease transmission and therefore is not worthwhile.

Example: Cristina wrote in the online forum that, according to a statement from the CDC, the COVID-19 vaccine did not prevent people from contracting or transmitting the disease. While her statement was true in the sense that no vaccine can completely eliminate disease transmission, a CDC press release on June 7, 2021 stated that COVID-19 vaccines reduce the risk of infection for fully-vaccinated individuals and make the disease milder and shorter in vaccinated individuals who contract COVID-19.

Logics of vaccine hesitancy

Doubts about vaccines stem from the FDA’s accelerated approval process and the lack of available information on the pediatric use of COVID-19 vaccines. Sufficient data have not been collected to demonstrate the safety of the COVID-19 vaccine for young children. Instead of acting hastily and making a wrong decision, it makes more sense to wait for enough information.

Example: Laura posted in the online forum that she did not trust the safety of the COVID-19 vaccine “yet.” Abigail stated that she was waiting because giving her child the COVID-19 vaccine was an action she could choose to do later, but could not undo. Other mothers agreed that due to the accelerated approval process of the COVID-19 vaccine, this vaccine should not be compared to other childhood vaccines. Instead of outright rejecting vaccines, individuals with some degree of vaccine skepticism may be selective about the vaccines they choose to accept. Sobo et al.54 suggest that the multiple, sometimes contradictory positions of selective vaccinators on vaccination are assembled collections that reflect contemporary healing practices to filter information. These healing practices include digitally experienced and collectively constructed “hive” narratives that, according to Goldberg,43 are a symptom, not a cause, of public distrust in scientific institutions. While selectively vaccinating parents adopt a curatorial view towards information, engaged healthcare consumers emphasize the need for a non-categorical approach that recognizes the fluid and polyvalent nature of vaccine reasoning.

Our findings suggest that parents may feel more confident about administering the COVID-19 vaccine to their young children if they had access to solid data supporting its benefits. According to existing literature, individuals’ attitudes are influenced by constant changes in public confidence levels regarding vaccines. Larson and Broniatowski12 document high volatility in vaccine confidence in the context of COVID-19, suggesting that vaccine confidence levels are influenced by fluctuations in virus surges, as well as additional (mis)information about vaccines. Describing the H1N1 influenza vaccine during the 2009 pandemic, Danielle Ofri termed the passage of feeling characterized by vaccine anxiety, hesitancy, and subsequent rejection of the vaccine as “emotional epidemiology.”55

Personal experiences with the COVID-19 vaccine and each child’s medical history influence vaccination decisions.

Example: After observing and experiencing breakthrough infections, some mothers in the online focus group expressed dissatisfaction with the effectiveness of the COVID-19 vaccine. Therefore, they were hesitant to vaccinate their children. Other mothers based their decisions on their children’s individual medical histories, such as if the child had asthma and how they had responded to other vaccines in the past.

Parents, in their decision-making, consider each child’s biology, size, susceptibility to specific diseases, environmental hazards, medical and health conditions,54 and their own preexisting individual experiences of iatrogenesis.47,53 Gender is an important lens for examining how women from different racial and ethnic backgrounds translate personal experiences of iatrogenesis into vaccine hesitancy for their children.47 Additionally, since mothers often play the most significant role in making medical decisions for their young children, these experiences of iatrogenesis are evident in the vaccine schedule that mothers choose to follow for their children.

Brunson and Sobo56 found that in California and the state of Washington, rather than merging into marked polarities, parents’ perceptions of childhood vaccination were diverse, dynamic, and multidimensional sets. Likewise, Dubé et al.15 assert that parents’ decisions to use vaccination services are multifactorial, heterogeneous, and complex. The processes of risk assessment and management related to vaccines are highly individualized and may be influenced by neoliberal ideologies.16

Mothers hesitant about vaccines do not show complete distrust in scientific institutions.

Example: In contrast to the public description that vaccine hesitancy stems from ignorance or lack of information, mothers hesitating about vaccines in our focus group engaged in “active reflection,” seeking information from what they consider reliable sources and making responsible and informed decisions. Based on risk perception and value judgments based on their own lives,57 they actively sought information from their pediatricians, but did not unconditionally accept it without reservation, instead combining it with “their own research.” That is, they integrated information from the medical institution with information from what they consider other reliable sources. As a result of this process, some mothers emphasized the risk of long-term effects of COVID-19 infection in young children, while others emphasized the risks associated with the COVID-19 vaccine. Our findings highlight the importance of providers partnering with parents and participating in joint decision-making regarding childhood vaccines.

Parents sometimes encounter contradictory information in medical settings.

Example: One mother, Elvia, provided a link to an article published by a medical faculty as evidence that COVID-19 vaccines would not have long-term side effects. On the other hand, Patricia, a mother in the online focus group, recounted how her pediatrician told her to wait to get vaccinated against COVID-19 as the vaccine could possibly make her daughters infertile.

Parents face contradictory information in the public sphere, a situation that diminishes credibility and presents the challenge of deciding which sources of information to trust. At the same time, beliefs about vaccines influence how parents interpret vaccination outcomes. For example, Rozbroj et al.14 documented reports of permanent infant injuries related to vaccines from parents who believed that some or all vaccines should be rejected. Meanwhile, beliefs about vaccines and autism may not be as extreme as often portrayed in the media. In a study by Anderson-Chavarria and Turner, 32 out of 35 interviewed parents believed that autism is the result of genetic risks triggered by an environmental factor.58 Triggers include various environmental pollutants and vaccines; that is, vaccines are considered one of the many possible “triggers” for a child genetically predisposed to autism. While parents may not perceive vaccines as universal, vaccine hesitancy may be indicative of a lack of public trust in science.

Majid and Ahmad49 point out how parents rely on information from complementary and alternative medicine providers when they consider the information from allopathic medicine providers to be insufficient. They feel it is easier to have an open and honest discussion with complementary and alternative medicine providers compared to allopathic doctors.

DISCUSSION

Competing logics and polyvalent reasoning regarding vaccines

Medical professionals often assume that providing people with the correct information about vaccine safety and the risks of not vaccinating will lead them to make the responsible decision to vaccinate.11,59,60,61 However, Roberts and Mitchell11 reveal that individuals hesitant to vaccinate take their responsibility for making good health decisions seriously. They seek medical advice, incorporate and evaluate medical information about vaccination, and carefully consider the risks and benefits of vaccinating. Sobo et al.41 show that selective parents who did not vaccinate exhibited the type of self-informed participation recommended by the healthcare system. In their study, Rozbroj et al.14 state that having children prompted parents to learn more about vaccine options. Similarly, Ward et al.62 point out that both vaccine-refusing and vaccine-hesitant families engage in an ongoing search for information on how to make the best medical decisions for their children, leading many to question or distrust Western medical epistemology.

These scholars rely on the reconceptualization by Leach and Fairhead8 regarding vaccine hesitancy, which moves away from the conventional “deficit model,” wherein vaccine hesitancy is seen as the result of an individual’s lack of knowledge, trust, or rationality,43,51 and toward an understanding of vaccine hesitancy as “active reflection” (i.e., positive and engaged thinking about how to better care for oneself and others). This reframing shifts the focus from why some people don’t vaccinate to why vaccination doesn’t align with people’s health desires.8

In many cases, families who hesitate to vaccinate are particularly proactive when it comes to their children’s health. “Salutogenic parenting,” a term used by Ward et al.,62 describes how parents engage in activities that promote health to stimulate natural immunity and protect their children from illnesses. Salutogenic parenting practices include breastfeeding, cooking from scratch, consuming organic and/or homegrown foods, and reducing exposure to preservatives and toxins. These practices overlap with “intensive mothering” - typically associated with white, neoliberal mothers - that is linked to vaccine skepticism.47 Parents believe that through these practices, they can reduce or eliminate the need for vaccines. Ward et al.62 frame salutogenic parenting as a “care logic” that families internally consider consistent, logically interconnected, and interdependent.

Majid and Ahmad49 offer the metaphor of a gear train to understand the overlaps and relationships between various factors that reinforce vaccine hesitancy, refusal, and delay. In their metaphor, each gear represents one of seven factors: “natural” and “organic” life, what Ward et al.62 refer to as “salutogenic parenting”; perceptions of other parents; past experiences; sources of information, challenges, and preferences; mandatory vaccine policies; distrust in healthcare system actors; and experiences of interaction with healthcare providers. While these gears work together to drive vaccine hesitations, shared decision-making is a gear that can reverse the mechanism by turning in the opposite direction.

Rozbroj et al.14 indicate that having children forces parents to examine their beliefs about vaccines, especially those who hesitate or refuse to vaccinate. Families often do not “accept” or “reject” vaccines altogether but consider vaccines individually, also taking into account children’s biology, size, and susceptibility to diseases.41 For some, not vaccinating may be a responsible and informed decision that is “right for them” based on risk perception and value judgments in the context of their lives.57 In the case of childhood vaccination, parents classify vaccine-related information as “irregular” and context-dependent. This is especially relevant in the case of the COVID-19 vaccine, as vaccine hesitancy may stem from the FDA’s accelerated approval process and lack of information about the vaccines.

CONCLUSIONS

While medical and non-specialized press characterize vaccination as a polarizing controversy, qualitative research reveals a multitude of perspectives on the topic. The findings of this study underscore the need to nuance how vaccine acceptance, refusal, and hesitancy are approached, understood, and defined. Vaccine acceptance, refusal, and hesitancy can be considered to operate on a continuum rather than developing into discrete categories. Sorrell and Butler42 note that: “Positions once associated with religious or traditional conservative stances have given way to highly disparate views that transcend traditional left/right/religious divisions.”42 In the “gray zone” between pro- and anti-vaccine camps, vaccine-hesitant individuals range from “skeptics” to “undecided” or “hesitant.”9

In our online focus group, mothers demonstrated fluid and multifaceted reasoning regarding the COVID-19 vaccine. These different lines of reasoning were presented by mothers who allowed their children to receive childhood vaccines, and both lines of reasoning were based on available scientific data (e.g., CDC press releases, research study summaries written for public audiences, and infographics or articles published by medical faculties, etc.) and anecdotal information (e.g., community children contracting a severe case of COVID-19, quickly recovering from a mild case of COVID-19, experiencing breakthrough infection despite being fully vaccinated, or having a reaction to the COVID-19 vaccine). These examples illustrates how information can be interpreted differently depending on parents’ curatorial practices.

Ultimately, families value different sources of information based on their own perception of information reliability and prioritize information that aligns with their personal beliefs.54 In the online focus group, Tiffany, a pro-vaccination mother, responded to Roxana, a vaccine-hesitant mother with whom she disagreed, by saying that Roxana should simply say she didn’t want to give the COVID-19 vaccine to her child instead of spreading false narratives. However, my interpretation of the exchange is not that Roxana was trying to spread false narratives, but, rather, that her criteria for what qualifies as reliable information differed significantly from Tiffany’s criteria. Similarly, Elvia responded to Patricia by denouncing the “myth” of infertility as “misinformation used to scare people” and argued that there is no risk. Stephanie refuted that the doctor had pointed out to Patricia the potential risk of infertility. The 5 mothers prioritized information that aligned with their beliefs, experiences, and personal observations of the world around them.

The findings of this study emphasize the different notions of “risk” among mothers of children aged 6 months to 4 years. In the online focus group we observed, some mothers emphasized the unknown long-term effects of COVID-19 infection in young children, while others emphasized the unknown long-term effects of the COVID-19 vaccine (sometimes combined with the known risk of COVID-19; for example, when children had already been infected with COVID-19 and had recovered well from a mild case).

For some individuals, foregoing a recommended vaccine is considered “risky”; for others, accepting the vaccine is seen as “risky.” Viewed through this lens, it’s not that people act carelessly, but rather that individuals with different perspectives are trying to minimize their exposure to risk based on their understanding of what is risky. This approach to vaccine acceptance, refusal, and hesitancy resists the “othering” that is ubiquitous in ongoing debates for and against vaccines. Ultimately, the findings of this study and previous studies indicate that a multitude of factors contribute to vaccine hesitancy among individual parents. Determining, rather than dismissing, the underlying factors in each case should be done with careful consideration.

Footnotes

FUNDING: This research was conducted without specific funding.


Articles from Salud Colectiva are provided here courtesy of Universidad Nacional de Lanús

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