Abstract
Introducción.
Escasas investigaciones han explorado la influencia de la calidad de vida (CV) y la gravedad de la enfermedad en la actividad física (AF) en pacientes con enfermedad de Parkinson (EP), así como las fuentes de prescripción de AF y consejos para esta población. Este estudio tiene como objetivo ampliar el conocimiento científico sobre estos temas.
Pacientes y métodos.
Se entrevistó personalmente a 211 pacientes con EP para recopilar datos sobre los niveles de AF con el International Physical Activity Questionnaire-Short Form y la CV con el Parkinson’s Disease Questionnaire-8. Un cuestionario ad hoc recopiló información sobre la gravedad de la enfermedad (etapas de Hoehn y Yahr), los comportamientos de AF y las recomendaciones de AF.
Resultados.
Se encontraron asociaciones débiles, pero significativas, entre los niveles de AF, la gravedad de la enfermedad (r = –0,218; p = 0,004) y la CV (r = –0,244; p = 0,001). La mayoría de los participantes (85%) recibió asesoramiento sobre AF, principalmente de neurólogos, ya sea en el momento del diagnóstico (52%) o poco después (28%). Antes del inicio de la EP, ~86% participaba en AF, lo que disminuyó al 66% después del diagnóstico. Aproximadamente el 78% informó sobre cambios en la AF, incluida una reducción en la frecuencia (18,4%) y la duración (32,8%), y la caminata era la actividad principal.
Conclusiones.
La gravedad de la enfermedad y la CV afectan significativamente a los niveles de AF en pacientes con EP. El diagnóstico se asocia con una disminución en la frecuencia y la duración de la AF, y la caminata es la actividad preferida. Los neurólogos aconsejan principalmente sobre AF a las personas con EP.
Palabras clave: Asesoramiento en salud, Calidad de vida, Ejercicio, Pacientes neurológicos, Rehabilitación, Trastornos del movimiento
Introducción
La actividad física (AF) beneficia la salud de las personas con enfermedad de Parkinson (EP) a corto y largo plazo [1]. La evidencia destaca la importancia de la AF como terapia coadyuvante en la EP, y se aconseja a los profesionales de la salud que tratan a pacientes recién diagnosticados informar sobre esos beneficios y fomentar la participación en programas de ejercicio específicos para la EP [2]. Las personas con EP muestran bajos niveles de AF y comportamientos sedentarios prolongados [3,4], lo que puede afectar negativamente a la evolución clínica de la enfermedad [5]. En consecuencia, es fundamental identificar y desarrollar procedimientos específicos para aumentar los niveles de AF en esta población.
Para lograr este objetivo, la investigación científica se ha centrado principalmente en identificar barreras de la AF entre pacientes con EP; sin embargo, hay escasa investigación sobre otros factores relevantes relacionados con el comportamiento de la AF. Por ejemplo, falta conocimiento sobre el comportamiento de la AF antes del diagnóstico en personas con EP, lo cual puede ser útil para comprender su participación en la AF [6]. De manera similar, se necesitan estudios adicionales para investigar la relación entre los niveles de AF y factores como la calidad de vida (CV) o el nivel de deterioro [7,8].
Además, es interesante determinar quién prescribe AF a personas con EP y a quién pueden acudir para obtener asesoramiento sobre AF. Se espera que los neurólogos proporcionen pautas personalizadas de AF para pacientes con EP después de identificar sus barreras y motivaciones [9]. No obstante, los profesionales no neurólogos también pueden ofrecer un diagnóstico, tratamiento inicial, y manejo regular y oportuno de la EP [10], especialmente en el ámbito del ejercicio clínico, en el que las pautas de AF para poblaciones con EP carecen de consenso en cuanto a conceptualización y desarrollo [2].
Finalmente, es crucial investigar las creencias de las personas con EP con respecto a los beneficios de la AF y los programas de ejercicio, así como las calificaciones de quienes prescriben o supervisan el entrenamiento, ya que estos factores pueden afectar significativamente a la participación en la AF [11].
Considerando estas razones, este estudio tuvo como objetivo principal investigar el comportamiento de la AF en personas con EP y, posteriormente, evaluar la influencia de la gravedad de la enfermedad, la CV y las creencias sobre la AF en la prevalencia de la AF. Además, buscó identificar a los profesionales de la salud que proporcionan información sobre la AF y desarrollan prescripciones de AF para pacientes con EP.
Pacientes y métodos
La muestra consistió en pacientes con EP reclutados por dos miembros del personal de investigación que contactaron con 11 asociaciones de EP en el norte de España: País Vasco y las provincias de La Rioja, Asturias, Cantabria y León, ya sea por teléfono o visitas en persona. Tras aceptar participar, se llevaron a cabo una o dos reuniones para proceder con la firma de los consentimientos informados y la cumplimentación de los cuestionarios. Para ser incluidos en el estudio, los pacientes debían: a) tener un diagnóstico clínico de EP confirmado por la asociación; y b) ser fluidos en español. Se excluyó a pacientes con deterioro cognitivo o falta de disposición para participar. El comité de ética de la Universidad de León aprobó el estudio (ETICA-ULE-030-2020) y todos los participantes proporcionaron consentimiento informado por escrito.
Durante las reuniones programadas, el personal de investigación llevó a cabo entrevistas individuales o en pequeños grupos utilizando un cuestionario integral que abarcaba los siguientes resultados.
Datos demográficos y clínicos
El sexo, la edad, el tiempo transcurrido desde el diagnóstico de la EP, la edad en el momento del diagnóstico de la EP y la gravedad de la EP, según las etapas de Hoehn y Yahr (H-Y), se extrajeron de los registros clínicos de los participantes.
Comportamiento de la actividad física
Tres investigadores desarrollaron una encuesta ad hoc basada en su experiencia previa en investigación sobre la EP. Se les preguntó a los participantes sobre la modalidad de su AF antes del inicio de la EP, los cambios en el comportamiento de la AF después del diagnóstico y las razones de estos cambios. También proporcionaron información sobre cuándo se les aconsejó participar en AF y qué profesional los alentó.
Prevalencia de la actividad física
Se utilizó el Physical Activity Questionnaire-Short Form para evaluar los niveles de AF entre los pacientes con EP. El cuestionario consta de siete preguntas sobre la frecuencia y duración de la actividad vigorosa, la actividad moderada, la caminata y el tiempo sentado. Los participantes se clasificaron como activos o inactivos según el nivel de AF establecido por la Organización Mundial de la Salud. Se estableció un punto de corte (tiempo sentado ≥ 360 minutos/día) para evaluar el comportamiento sedentario [12]. Este cuestionario ha mostrado niveles aceptables de validez y fiabilidad en la evaluación de la AF entre adultos mayores en la población española [13].
Calidad de vida
Se utilizó la versión en español del Parkinson’s Disease Questionnaire-8 (PDQ-8) para evaluar la CV de los participantes [14]. Este cuestionario consta de ocho ítems puntuados del 0 al 4. El índice resumen de todos los ítems se estandariza en una escala de 0 a 100, y los índices más bajos son indicativos de una mejor CV. Este cuestionario se utiliza ampliamente en el contexto de la EP, y ha demostrado su aceptabilidad, facilidad de uso, validez y fiabilidad como un instrumento efectivo para evaluar la CV en personas afectadas por la EP [14,15].
Análisis estadístico
Después de evaluar la distribución normal con la prueba de Kolmogorov-Smirnov, representamos las variables cuantitativas como media (desviación estándar) o mediana (rango intercuartílico), y las variables cualitativas como n (%). Dividimos a los pacientes en tres grupos según su etapa de H-Y (1-1,5, 2-2,5 y 3-5 etapas). También dividimos a los pacientes en terciles según su puntuación en el Parkinson’s Disease Questionnaire-8 (0-13, 16-28 y 31-81). Comparamos las diferencias entre grupos de variables continuas con la prueba de Kruskal-Wallis. Utilizamos el coeficiente de correlación de Pearson para analizar la asociación entre variables. Se calcularon tablas de contingencia para detectar asociaciones sistemáticas de las variables evaluadas. Todas las variables se analizaron utilizando una prueba de χ2. Un valor de p de dos colas inferior a 0,05 indicó significancia estadística. Todos los análisis se realizaron utilizando el software SPSS (IBM Corp., Armonk, N.Y., USA).
Resultados
Participaron en el estudio 211 pacientes con EP. Sus características se muestran en la tabla I. La caminata fue el principal tipo de AF realizada. Los datos analizados indicaron que alrededor del 58% de los participantes eran físicamente inactivos y el 43,2% mostraba un tiempo prolongado de estar sentado.
Tabla I.
Características demográficas, clínicas y de actividad física de la muestra.
| Características | |
|---|---|
| Hombres, individuos –n (%)– | 122 (57,3) |
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| Edad, años –media (DE)– | 72 (7) |
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| Tiempo desde el diagnóstico de EP, años –media (DE)– | 8 (7) |
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| Edad de diagnóstico de EP, años –media (DE)– | 64 (9) |
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| PDQ-8, puntuación –media (DE)– | 24 (17) |
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| Escala Hoehn y Yahr, puntuación –media (DE)– | 2,32 (0,87) |
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| Escala Hoehn y Yahr, estadios –n (%)–: | |
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| 1: afectación exclusivamente unilateral | 30 (14,2) |
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| 1,5: afectación unilateral y axial | 22 (10,4) |
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| 2: afectación bilateral sin alteración del equilibrio | 50 (23,7) |
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| 2,5: afectación bilateral leve con recuperación postural en el pull test | 44 (20,9) |
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| 3: afectación bilateral y axial moderada; aparición de inestabilidad postural; físicamente independiente | 47 (22,3) |
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| 4: discapacidad grave; todavía capaz de andar o estar de pie sin ayuda | 15 (7,1) |
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| 5: totalmente dependiente en fase de encamamiento o silla de ruedas | 3 (1,4) |
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| IPAQ-SF: actividad física, minutos/semana–1 –mediana (RIC)–: | |
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| Caminar (n = 177) | 360 (155-615) |
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| Moderada (n = 176) | 120 (0-240) |
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| Vigorosa (n = 183) | 0 (0-40) |
EP: enfermedad de Parkinson; IPAQ-SF: Physical Activity Questionnaire-Short Form; PDQ-8: Parkinson’s Disease Questionnaire-8; RIC: rango intercuartílico.
La tabla II muestra los datos sobre el comportamiento de la AF. Antes del inicio de la EP, ~86% de los participantes se involucraban en AF, y la caminata (87,8%), la natación (22,8%) y el ciclismo (21,8%) eran las actividades más comunes. La mayoría (70%) practicaba AF sin supervisión. Después del inicio de la EP, el 66% continuó con la AF y el 19% intentó mantenerse activo durante algún tiempo. Cerca del 78% de los participantes informaron de cambios en la AF, incluyendo reducciones en la frecuencia (18,4%) y la duración (32,8%). Aproximadamente el 65% modificó sus preferencias de AF y más de un tercio practicaba AF sin supervisión. Las principales barreras identificadas para la AF fueron la falta de energía (51,1%) y el miedo a caer (44,3%).
Tabla II.
Comportamiento de la actividad física (AF), supervisión del ejercicio, y barreras antes y después del diagnóstico de la enfermedad de Parkinson.
| Antes del diagnóstico | N | n | % | Después del diagnóstico | N | n | % |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Realiza AF | 211 | Realiza AF | 209 | ||||
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| Sí | 181 | 85,8 | Sí, continué | 138 | 66 | ||
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| No | 26 | 12,3 | Sí, por un tiempo | 40 | 19,1 | ||
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| Quizás | 4 | 1,9 | No | 31 | 14,8 | ||
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| Supervisión de la AF | 197 | Supervisión de la AF | 176 | ||||
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| Instructor individual | 3 | 1,5 | Instructor individual | 22 | 12,5 | ||
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| Instructor de grupo | 40 | 20,3 | Instructor de grupo | 99 | 56,3 | ||
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| Sin supervisión | 139 | 70,6 | Sin supervisión | 55 | 31,3 | ||
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| NS/NC | 15 | 7,6 | |||||
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| Tipos de AF (sí/no)a | Razones para no realizar AF (sí/no)a | ||||||
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| Caminar | 197 | 173 | 87,8 | Falta de energía | 176 | 90 | 51,1 |
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| Nadar | 197 | 45 | 22,8 | Miedo a caer | 176 | 78 | 44,3 |
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| Bicicleta | 197 | 43 | 21,8 | Transporte | 176 | 33 | 18,8 |
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| Correr | 197 | 20 | 10,2 | Creencia de que la AF no ayuda | 176 | 11 | 6,3 |
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| Deportes de equipo | 197 | 7 | 3,6 | Falta de conocimiento de instructor | 176 | 5 | 2,8 |
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| Otros | 211 | 60 | 28,4 | No está interesado | 176 | 4 | 2,3 |
N: número total de respuestas para la pregunta; n: número de respuestas para cada opción de selección; NS/NC: no estoy seguro/no contesta.
Sólo se reflejan las respuestas de ‘sí’ en las columnas n y %.
La mayoría de los participantes (85%) recibió asesoramiento sobre AF, ya sea en el momento del diagnóstico de la EP (52%) o poco después (28%). La principal fuente de consejo sobre AF fue el neurólogo (74,7%), aunque en algunos casos también otros profesionales de la salud, pacientes y empleados de la asociación brindaron orientación (Tabla III).
Tabla III.
Asesoramiento sobre la actividad física (AF) para participantes con enfermedad de Parkinson (EP).
| Preguntas | N | n | % |
|---|---|---|---|
| Asesoramiento en AF | 211 | ||
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| Sí | 180 | 85,3 | |
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| No | 20 | 9,5 | |
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| Quizás | 8 | 3,8 | |
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| No sabe/no contesta | 3 | 1,4 | |
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| Momento de asesoramiento de la AF | 192 | ||
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| En el momento de diagnóstico de la EP | 100 | 52,1 | |
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| Poco después del diagnóstico de la EP | 54 | 28,1 | |
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| Mucho después del diagnóstico | 28 | 14,6 | |
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| Fuente de asesoramiento de la AF (sí/no)a | 194 | ||
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| Neurólogo | 145 | 74,7 | |
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| Empleados de la asociación de Parkinson (por ejemplo, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, monitores, voluntarios, etc.) | 99 | 51 | |
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| Otros profesionales de la salud | 38 | 19,6 | |
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| Otras personas diagnosticadas de EP | 35 | 18 | |
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| Enfermero | 9 | 4,6 | |
N: número total de respuestas para la pregunta; n: número de respuestas para cada opción de selección.
Sólo se reflejan las respuestas de ‘sí’ en las columnas n y %.
Se observaron asociaciones débilmente significativas entre la cantidad de AF realizada, la etapa de H-Y (r: –0,218; p = 0,004) y la CV (r: –0,244; p = 0,001). Se encontró una relación directa significativa de baja magnitud entre el tiempo sentado, la etapa de H-Y (r: 0,25; p = 0,002) y la CV (r: 0,201; p = 0,015). La etapa de H-Y también demostró una asociación significativa con la CV (r: 0,331; p = 0).
El análisis estadístico mostró que el tiempo dedicado a caminar estuvo notablemente afectado por la etapa de H-Y (p = 0,004) y también por la CV (p < 0,001). Los resultados también indicaron que etapas más altas de H-Y se asociaron con niveles más bajos de CV (p = 0,004) (Figura).
Figura.

Tiempo de caminar (a), tiempo sentado (c) y puntuación del Parkinson’s Disease Questionnaire-8 (PDQ-8) (d) agrupados por la escala de Hoehn and Yahr (H-Y), y tiempo de caminata según el tercil del PDQ-8 (b). Las barras muestran la media y la desviación estándar por grupo, con el valor de p basado en la prueba de Kruskal-Wallis.
Niveles bajos de CV se asociaron con cambios en la AF, que implicaron principalmente actividades menos frecuentes y de menor duración. Las barreras para el ejercicio, como la falta de energía y el miedo a caer, también se vieron significativamente afectadas por los niveles de CV. Notablemente, no se observaron asociaciones al analizar la gravedad de la enfermedad, evaluada por H-Y, en los comportamientos de AF. Finalmente, después del inicio de la EP, se identificó una correlación directa notable entre la edad y el miedo a caer (p = 0,008). Además, se observó que, a mayor edad, menor creencia en los beneficios de la AF (p = 0,027).
Discusión
En este estudio buscamos explorar los hábitos de AF entre los pacientes con EP, teniendo en cuenta la gravedad de la enfermedad y los niveles de CV. Además, buscamos identificar a los profesionales responsables de recetar AF y brindar orientación. Estas áreas merecen investigación, debido a la limitada cantidad de investigaciones realizadas hasta la fecha.
Nuestros resultados revelaron que muchos participantes participaban en AF antes del inicio de la EP. Después del diagnóstico, el 20% dejó de realizar AF, mientras que otros intentaron mantenerse activos temporalmente. Los que mantuvieron la AF ocasionalmente experimentaron reducciones en la frecuencia o duración, y un número sustancial de pacientes modificó sus preferencias, lo que corrobora que los pacientes con EP tienden a volverse menos activos con el tiempo [16]. Los cambios en las preferencias de AF de los participantes podrían deberse a barreras para la AF, como la falta de energía y el miedo a caer, previamente informadas [17,18], llevándolos a elegir actividades más seguras y menos exigentes, como caminar. Este resultado coincide con estudios anteriores que destacan la caminata como la AF predominante para esta población [8,19]. Notablemente, los pacientes creían en los efectos beneficiosos de la AF, lo que sirve como una motivación primaria para la práctica [20]. También confiaban en la experiencia de los instructores y la mayoría realizaba AF bajo supervisión, lo que subraya la importancia de que los instructores comprendan la EP y tengan la capacidad de desarrollar programas personalizados [18].
Los neurólogos representan el eje central para promover la AF entre los pacientes con EP, y la falta de información por parte de ellos constituye una barrera para el ejercicio [20]. Por otro lado, los pacientes tienen más probabilidades de hacer ejercicio cuando son alentados por su neurólogo [9]. Nuestros resultados revelaron que la mayoría de los participantes recibió asesoramiento sobre AF principalmente de su neurólogo y se enteró de los beneficios de la AF a menudo en el momento del diagnóstico de la EP o poco después. Este hallazgo es relevante, ya que la orientación temprana sobre el ejercicio es esencial para una gestión efectiva de la enfermedad [21]. Además, encontramos que otros profesionales de la salud, empleados de asociaciones y compañeros pacientes también brindaron orientación sobre la AF, lo que destaca la importancia de la colaboración interprofesional, los roles de los trabajadores sociales y el valor de diversas fuentes de asesoramiento para una mejor gestión de la EP [22].
Más de la mitad de los participantes en el estudio (58%) no cumplieron con las pautas de AF y se consideran inactivos, lo que concuerda con los hallazgos de Mantri et al [23], quienes examinaron puntuaciones de actividad autodescrita en 383 sujetos con EP e informaron de que el 53% no alcanzaba las recomendaciones estándar de AF. Del mismo modo, una investigación exploratoria de Zaman et al [8] reveló que el 43% de 30 pacientes con EP no cumplía con las pautas de AF. También observamos que aproximadamente el 43% de los participantes mostró un comportamiento sedentario, una ocurrencia común entre los pacientes con EP [3]. Sin embargo, estudios que utilizan acelerómetros han mostrado resultados diferentes, lo que sugiere que la mayoría de los pacientes con EP no cumple con las recomendaciones diarias de actividad [24]. Por ejemplo, Benka Wallén et al [4] analizaron datos de 95 pacientes e informaron de que el 73% era físicamente inactivo. De manera similar, Ellingson et al [25] detectaron que el 65,5% de los 45 participantes que completaron datos de acelerómetros también se clasificó como físicamente inactivo. Estas discrepancias pueden surgir de la sobreestimación de los niveles de AF observada al utilizar medidas autodescritas [23].
La gravedad de la enfermedad se ha considerado un predictor de los niveles de AF [16]. Nuestro estudio encontró una asociación significativa, aunque débil, entre estos resultados. Diversos estudios han arrojado resultados contradictorios sobre este tema. Por ejemplo, Lockwich et al [19] no observaron diferencias significativas en los niveles autoinformados de intensidad, duración y dosis de ejercicio entre pacientes con EP según la gravedad de la enfermedad. En esta línea, Lord et al [24] descubrieron pocas diferencias significativas en la cantidad de actividad ambulatoria (medida por acelerómetros) entre pacientes con EP en las etapas 1, 2 y 3 de H-Y, lo que sugiere que la gravedad de la enfermedad tiene poco impacto en los niveles de actividad. Por el contrario, Nero et al [26] utilizaron acelerometría para informar de que los pacientes con EP en la etapa 2 acumularon más minutos de caminata enérgica que los que estaban en la etapa 3. Dontje et al [3] también observaron diferencias significativas en la AF diaria, determinada por acelerometría, y la gravedad de la enfermedad, según la puntuación de H-Y. De manera similar, en el estudio de van Nimwegen et al [27], la duración autoinformada de la AF diaria disminuyó con el aumento de la gravedad de la enfermedad, y la inactividad se correlacionó con un peor rendimiento al caminar y una mayor gravedad de la enfermedad. En conjunto con la asociación significativa entre el tiempo dedicado a caminar y la gravedad de la enfermedad revelada en el presente estudio, este resultado refuerza la idea de que el deterioro de la marcha debe tenerse en cuenta como un factor sustancial que influye en los niveles de AF [5].
Se identificó una asociación significativa entre el tiempo dedicado a estar sentado y la gravedad de la enfermedad; sin embargo, esta relación no fue uniforme entre las etapas de H-Y, con disparidades notables entre los pacientes en las etapas 2 y 3. Este resultado puede deberse a observaciones previas que sugieren que la transición de la etapa 2 a la etapa 3 de H-Y se corresponde con un marcado declive en la disfunción de la marcha y el equilibrio [28].
Hasta la fecha, la escasa bibliografía sobre la relación entre los niveles de AF y CV ha producido resultados incongruentes. Cavanaugh et al [29] señalaron que, a medida que la enfermedad progresaba, tanto la cantidad como la intensidad de la actividad ambulatoria disminuían; sin embargo, la CV no mostraba un patrón correspondiente. Por el contrario, Jones y Alexander [30] informaron de una asociación significativa entre la reducción de los niveles de AF y el declive de la CV. Van Uem et al [7] observaron de manera similar que los pacientes con EP que tenían niveles más altos de AF mostraron niveles más altos de CV y se produjo un drástico descenso en la CV a medida que la AF disminuía. Nuestros hallazgos respaldan esto último, lo que confirma una conexión significativa entre la AF y la CV en pacientes con EP. No obstante, no podemos descartar la causalidad inversa, ya que sigue siendo incierto si niveles más altos de AF conducen a una mejor CV o si los pacientes con una CV superior se involucran en más actividad diaria. Sin embargo, encontramos que los niveles más bajos de CV se asociaron significativamente con cambios en el comportamiento y las barreras de la AF, lo que sugiere que la CV predice el comportamiento de la AF y respalda la idea de que una baja CV determina la motivación para el ejercicio en pacientes con EP [31]. La escasez de datos en esta área destaca la necesidad de investigaciones adicionales para comprender qué aspectos de la CV influyen más en el comportamiento de la AF.
Encontramos una asociación significativa y débil entre el tiempo dedicado a estar sentado y la CV. Investigaciones previas indican que el tiempo sedentario se correlaciona consistentemente con la CV en pacientes con EP [25] y predice una CV más baja en esta población [7]. Nuestros resultados confirman que la inactividad afecta negativamente a la CV, lo que implica que el tiempo sedentario es un factor crucial que se debe abordar al promover la CV en pacientes con EP, como se mencionó anteriormente [25].
Investigaciones limitadas han evaluado la relación entre la CV y la gravedad de la enfermedad en la EP; sin embargo, el diseño de nuestro estudio proporcionó datos al respecto. Consistentes con estudios previos, nuestros resultados sugieren que la CV se deteriora con la progresión de la enfermedad [32]. Balash et al [33] también identificaron una relación directa entre la CV y la gravedad de la enfermedad, reconociendo que la relación entre estos resultados se debe principalmente a problemas de movilidad. Estos hallazgos subrayan la importancia de promover la AF en pacientes con EP para mejorar la CV a través de una movilidad mejorada. En una nota final, es destacable que la edad mostró una asociación significativa tanto con el miedo a caer como con la creencia en los beneficios de la AF. Esta asociación sugiere posibles disminuciones en los niveles de AF a medida que las personas envejecen y enfatiza la importancia de desarrollar estrategias para promover la práctica de la AF entre los pacientes de edad avanzada.
Esta investigación ofrece información valiosa sobre los factores que afectan el comportamiento de la AF en pacientes con EP, contribuyendo a decisiones informadas en el ámbito de la atención médica y la rehabilitación desde una perspectiva de práctica clínica. Para interpretar mejor los resultados, es importante reconocer varias limitaciones, incluido el diseño transversal, que impide explorar si el comportamiento de la AF y las asociaciones observadas con la CV y la gravedad de la enfermedad se mantienen constantes con el tiempo. En segundo lugar, el uso del Physical Activity Questionnaire-Short Form podría haber llevado a una sobreestimación de los niveles de AF e introducido sesgo de informe. En tercer lugar, no consideramos variables potenciales que podrían influir en la relación entre la CV, la gravedad de la enfermedad y el comportamiento de la AF, como la edad, la obesidad, el deterioro motor o la movilidad funcional. En cuarto lugar, no se registró la presencia o ausencia de la congelación de la marcha y las fluctuaciones motoras. Muchos pacientes con fluctuaciones motoras y/o congelación de la marcha reducen su AF debido al miedo a caerse, y, por lo tanto, los participantes podrían haberse visto afectados al informar sobre su AF. En quinto lugar, el tamaño muestral reducido para los grupos de H-Y podría haber disminuido la potencia de algunos análisis. Por último, excluir a pacientes con deterioro cognitivo implica que los hallazgos pueden no representar a toda la población de EP.
Conclusión
De acuerdo con nuestros hallazgos, el diagnóstico de la EP provoca cambios en el comportamiento de la AF, y la caminata es la modalidad preferida. Los neurólogos son quienes principalmente brindan asesoramiento sobre la AF, pero otros profesionales de la salud también participan en la orientación. Tanto la gravedad de la enfermedad como la CV influyen significativamente en los niveles de AF y en el tiempo dedicado a estar sentado. Se requiere investigación adicional para identificar qué aspectos de la CV y la gravedad de la enfermedad impactan más en el comportamiento de la AF en pacientes con EP.
Agradecimientos:
Queremos expresar nuestro sincero agradecimiento a las siguientes entidades: Observatorio Parkinson, Federación Española de Párkinson; Asociación de Párkinson de Bizkaia (ASPARBI), (Bilbao), Asociación de Párkinson de Araba (ASOPARA) (Vitoria-Gasteiz), Asociación de Párkinson de Gipuzkoa (ASPARGI), (Donostia, San Sebastián), Asociación de Párkinson del Bajo Deba-Eibar (DEPARKEL) (Eibar), Asociación de Párkinson de La Rioja (Logroño), Asociación de Párkinson de Cantabria (Torrelavega), Asociación de Párkinson de Asturias (Oviedo, Avilés y Langreo), Asociación de Párkinson de Corvera, Asociación de Párkinson Pravia, Asociación de Párkinson de León (León), Asociación de Párkinson del Bierzo (Ponferrada), Asociación de Párkinson Babia-Laciana (León), así como a los profesionales y voluntarios que trabajan en ellas y a sus pacientes, por su participación esencial en esta investigación. Su dedicación y colaboración han enriquecido considerablemente los resultados de este estudio. También extendemos nuestro agradecimiento a Galicia Sur Health Research Institute, así como a los miembros del equipo de investigación (Claudia Martínez Lupiáñez y Francisco Sandoval Martín) que visitaron las asociaciones para la recopilación de datos.

