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. 2023 Jan 23;19:e4252. [Article in Spanish] doi: 10.18294/sc.2023.4252
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Implementación de la figura de agente de apoyo entre iguales en salud mental: una perspectiva internacional en el contexto de su implementación en Cataluña

Francisco José Eiroa-Orosa 1, Cecilia Sánchez-Moscona 2
PMCID: PMC11930321  PMID: 37311138

RESUMEN

En el contexto de las discusiones sobre la implementación de la formación y formas de incorporación en el sistema sanitario de Cataluña de agentes de apoyo entre iguales en salud mental o pares, entre 2020 y 2021, se llevó a cabo una revisión de literatura y, de forma complementaria, entrevistas a expertos tanto a nivel internacional como en el Estado español, con el propósito de realizar un análisis de contenido de elementos formativos y de integración dentro de los sistemas sanitarios. Los países germanoparlantes son los que ofrecen programas de formación e incorporación más homogéneos. En el caso de países anglosajones y francófonos, organizaciones sin ánimo de lucro del tercer sector se suelen hacer cargo de los programas formativos y de su incorporación. En el mundo iberoamericano existen diversas experiencias de programas formativos, aunque sin reconocimiento como formaciones sanitarias. Se ofrecen recomendaciones al desarrollo de esta figura en Cataluña, que incluyen el avance hacia una formación profesional con reconocimiento sanitario y opciones de incorporación tanto desde entidades proveedoras sanitarias o sociosanitarias como del tercer sector.

PALABRAS CLAVES: Salud Mental, Apoyo entre Iguales, Sistema de Salud, Capacitación de Recursos Humanos en Salud

INTRODUCCIÓN

El paradigma de recuperación

Para poder comprender de dónde surge el fenómeno de incorporación del apoyo entre iguales a los sistemas de atención en salud mental, debemos situarnos en el paradigma anglosajón de la recuperación. La recuperación como movimiento y posteriormente modelo -usamos la palabra paradigma para englobar ambos conceptos- es producto de sinergias entre movimientos de personas afectadas (también autodenominadas como personas con experiencia de sufrimiento psíquico, y, en relación con el sistema de atención, personas usuarias, consumidoras o supervivientes), familiares y profesionales; se define en los inicios de su conceptualización como un “proceso personal, único y multidimensional de cambiar las propias actitudes, valores, sentimientos, metas, habilidades y/o roles que posibilita vivir una vida satisfactoria y esperanzadora, a pesar de las limitaciones causadas por el propio trastorno”1. Con raíces en la introducción de medidas de corte humanista después de la Revolución francesa y la guerra civil estadounidense2, este movimiento propone desviar el foco de las intervenciones en salud mental más allá de la remisión sintomática. El uso del término recuperación implicaba una polisemia intencionada. Se trata al mismo tiempo de hacer referencia a un proceso subjetivo e idiosincrático, una propuesta de un nuevo objetivo de las intervenciones en salud mental y una estrategia de transformación de servicios a gran escala.

El paradigma de la recuperación nace, entre otras cosas, inspirado por las evidencias de remisión sintomática encontradas en el pionero estudio de Vermont3,4. Los resultados de este estudio longitudinal, confirmado por evidencia producida en las décadas siguientes, ponen de relieve que, así como la remisión sintomática total es posible, incluso en las personas con experiencias de malestar psíquico muy intensas y duraderas, también se puede llevar una vida significativa pese a estar en proceso de recuperación, es decir, quizá experimentando todavía “sintomatología residual”5.

Una de las pruebas del impacto temprano del movimiento de recuperación es la aparición del concepto en el primer informe del “Cirujano General” de EEUU sobre salud mental de 19996. El informe hace hincapié en la participación de las personas afectadas y sus familias en la planificación de servicios y la propuesta de un modelo de atención centrado en “la restauración de la autoestima y la identidad y en el logro de roles significativos en la sociedad”7.

Los movimientos de personas afectadas, presentes desde la Inglaterra del siglo XIX, habían reivindicado de distintos modos la humanización de los dispositivos de atención. Exceptuando el cierre de los grandes hospitales y la desinstitucionalización de la atención, las propuestas más revolucionarias, encarnadas sobre todo en el movimiento antipsiquiátrico, se habían dado de un modo marginal. Sin embargo, la aparición y reconocimiento institucional del modelo de recuperación transforma el cuestionamiento del rol de las personas usuarias en la relación asistencial en un debate dominante. En este contexto, las diferentes alianzas de organizaciones profesionales y entidades de representación de personas afectadas y sus familiares se involucran en la trasformación e incluso apropiación de los sistemas de atención. Se propone transitar desde una visión que sitúa a las personas usuarias como sujetos pasivos que deben ser atendidos por el sistema, a una en la que se les considere sujetos de derechos y se les facilite explorar sus fortalezas y apoyar a otras personas en esta búsqueda8.

Cabe destacar que, en España y Latinoamérica, hubo algunas diferencias respecto a otros países de Europa occidental en la implementación de las grandes reformas en salud mental. Debido a las dictaduras de ultraderecha presentes en la mayor parte de países de este ámbito durante el siglo XX, la desinstitucionalización del sistema psiquiátrico no comenzó hasta las décadas de 1980 y 1990, con el desarrollo de recursos alternativos a los grandes hospitales psiquiátricos9). Posteriormente, la llegada de influencias del movimiento de recuperación se vio limitada a los servicios de rehabilitación comunitaria, y no fue hasta finales de la década de 2000 cuando se extendió a otros escenarios mediante proyectos específicos.

En el caso español, la crisis de 2008 y los recortes en sanidad que de ella derivaron, llevaron a la retirada de fondos para muchos de estos proyectos10. Por otro lado, en lo que respecta a la participación de entidades gestionadas por personas afectadas, el Anteproyecto de Reforma del Código Penal de 2012, impulsado por el gobierno estatal, que proponía la introducción de medidas especiales de seguridad para personas diagnosticadas con trastornos mentales en el Código Penal, causó una reacción inmediata de las principales entidades de salud mental con representación de personas afectadas. Se puede considerar este punto de inflexión como un impulso definitivo del llamado movimiento “En primera persona”. Dentro de este, además de una compleja constelación de asociaciones, existía la Federación “En primera persona” en Andalucía desde 2009 y se formó otra, Veus, en Cataluña en 2014. Ambas comunidades también fueron pioneras en la implementación de campañas contra el estigma a nivel autonómico, convirtiéndose en territorios especialmente activos en la lucha por los derechos de las personas diagnosticadas de trastornos psiquiátricos, sin menoscabo de una actividad creciente en el resto del Estado que ha cristalizado en alianzas entre las dos federaciones y el resto de las asociaciones “En primera persona”, así como un comité “En primera persona” dentro de Confederación Salud Mental España, heredera del movimiento de familiares.

En América Latina hay un creciente interés por el modelo de la recuperación11 sobre todo como herramienta de trasformación institucional12,13 y reivindicación de ciudadanía14 con inspiración en el proceso estadounidense. Los promotores de las ideas de recuperación en América Latina se consideran herederos de movimientos e ideas de arraigo local, como la lucha antimanicomial de Nise da Silveira, la pedagogía de la liberación del brasileño Paulo Freire15 o la psicología social de Pichon-Rivière16 pionero junto a Harry Stack Sullivan2 en la formación de personas usuarias de servicios de salud mental como facilitadoras de la recuperación de otras17.

El aterrizaje de estas ideas a los sistemas de gestión sanitaria no ha estado exento de polémicas y ajustes de expectativas, cuando no decepción, de las personas activistas. El colectivo británico “Recovery in the Bin” (Recuperación a la Basura) es probablemente el que ha cristalizado de una manera más explícita sus críticas. Acusan al modelo de recuperación de haber sido colonizado y haberse implementado sobre la base de planteamientos neoliberales (por ejemplo, escondiendo recortes de plantilla detrás de “planes autogestionados de recuperación”) de una manera descontextualizada y homogeneizadora que ignora que muchas personas no podrán recuperarse sin antes alcanzar justicia social18.

Apoyo entre iguales

Uno de los elementos distintivos del modelo de recuperación -a veces incluso usado confusamente como metonimia, como si el modelo de recuperación implicase únicamente la incorporación del apoyo entre iguales al sistema5- son las intervenciones llevadas a cabo por personas con experiencia de sufrimiento psíquico19. Ejemplos de estas intervenciones son la ayuda mutua (definida como la creación y moderación de grupos autogestionados) y el apoyo mutuo o entre iguales (definido como la formación e incorporación al sistema sanitario de personas con experiencia de sufrimiento psíquico). Tanto la ayuda mutua como el apoyo entre iguales consiste fundamentalmente en el apoyo proporcionado a personas con experiencia de sufrimiento psíquico por parte de personas que han tenido experiencias similares. Promueve la recuperación con independencia de diagnósticos o clasificaciones biomédicas y se basa en teorías que consideran que la proximidad social fomenta la motivación20, proporciona un referente con quien compararse21 y aumenta la comprensión de la propia situación22. Este tipo de acompañamiento amplía las redes sociales y ofrece aceptación, apoyo, entendimiento, empatía y sentido de comunidad, lo cual aumenta la esperanza, la autonomía, la autoeficacia y la asunción de responsabilidades23. Específicamente, por su rol dentro del sistema, el apoyo entre iguales permite adoptar roles sociales valiosos, ya no restringidos al rol pasivo de la persona usuaria de servicios, sino también como modelos a seguir24. Además, puede implementarse a bajo costo y mantiene su utilidad al combinarse con las prácticas profesionales tradicionales19. Pese a que la implementación del apoyo mutuo se ha enfocado hasta ahora en poblaciones adultas, también empiezan a haber programas enfocados a la población infanto-juvenil25.

Entre los elementos claves de la formación de esta figura profesional denominada internacionalmente “par” (peer), un estudio Delphi ha identificado los siguientes: experiencia vivida como recurso, práctica ética, bienestar propio, enfoque en la recuperación y capacidad de comunicación26. Una vez incorporadas, las tareas que realizan estas personas pueden categorizarse como apoyo directo o indirecto27. Las actividades consideradas tareas directas son la defensa de derechos (facilitar a la persona acompañada información y soporte), la conexión a recursos (conectarla con los servicios deseados), compartir experiencias comunes, construir comunidad (conectarla con programas que la enlacen a otras personas), construir relaciones (basadas en la confianza), la facilitación de actividades grupales, el desarrollo de habilidades y objetivos, la socialización y el desarrollo de la autoestima. Las tareas indirectas incluyen tareas administrativas, comunicación, supervisión, formación, recepción de apoyo, y la obtención y verificación de información. Además, la labor de las y los agentes de apoyo entre iguales también incluye acciones dirigidas a construir relaciones con los profesionales y a legitimar el rol de la figura28. De esta forma, las herramientas que requieren los pares para desempeñar sus funciones van más allá de la experiencia de sufrimiento psíquico e incluyen la experiencia vital de recuperación y resiliencia, el acercamiento respetuoso, la presencia genuina, el modelaje, la colaboración y el compromiso27.

Dificultades y polémicas sobre su implementación

Desde los sistemas de atención se han identificado cuestiones problemáticas asociadas al apoyo entre iguales como, por ejemplo, la dificultad de integración en los equipos de trabajo, la presencia de actitudes negativas hacia el modelo de recuperación por parte de otros profesionales, el conflicto y confusión de roles, la falta de políticas y prácticas con respecto a la confidencialidad, estructuras y culturas organizativas sin suficiente definición y la falta de apoyo y de trabajo en red29,30. Como estrategias para mejorar estos aspectos, se recomienda establecer estructuras, políticas y prácticas que guíen la incorporación de la figura y que ayuden a definir de manera más clara su rol29,31,32, así como asegurar la supervisión y el acompañamiento de otros profesionales, tanto de apoyo mutuo como del ámbito clínico clásico33,34.

Desde los movimientos de personas afectadas, las dudas en torno a la implementación del apoyo entre iguales como figura profesionalizada tienen que ver con la problematización de la adopción del rol de “expertas” o personas que “poseen un saber experto” contraponiéndolo a la propia experiencia vivida o a los “saberes profanos”35. En otras palabras, si la inclusión de estas personas en el sistema se planteaba como una punta de lanza para fomentar reformas a través de un trabajo que reconozca el valor de la experiencia y la horizontalidad en el trato, si muchas de estas personas acaban adoptando una identidad profesional similar en su verticalidad a la de las y los profesionales tradicionales, el cambio se habrá obrado en la persona, que se habrá adaptado al sistema tal y como está32. En este caso, la inclusión de pares podría incluso ayudar a apuntalar el sistema de atención, ya que se podrá justificar que se han hecho “cambios” cuando en realidad todo sigue igual. Como contrapartida, también se argumenta que conservar una identidad muy vinculada al pasado como personas usuarias de servicios puede alejar a las y los agentes de una identidad profesional necesaria para la integración dentro de los equipos profesionales36. Como síntesis, en una reflexión sobre una experiencia pionera en Argentina37 se plantea el posible aporte de la incorporación de pares a los equipos de salud mental como una ayuda a los profesionales para que puedan reflexionar sobre la dimensión relacional de su tarea, y sobre sus formas de tratar y pensar acerca de las personas usuarias.

A nivel científico, la supuesta escasez de evidencia empírica que respalde la efectividad y eficacia del apoyo entre iguales es uno de los argumentos principales de las personas que no apoyan su implementación. Sin embargo, existen un total de nueve trabajos de revisión y síntesis cuantitativa38,39,40,41,42,43,44,45,46, si bien es cierto que seis de ellos han sido publicados desde 2019. Las aproximaciones de estos trabajos (por ejemplo, comparaciones con otras profesionales, como gestores de casos, o entre añadir o no añadir la figura) y las variables que abordan, clasificadas frecuentemente en torno a la sintomatología, el uso de servicios o la subjetividad (recuperación, esperanza y empoderamiento) son muy distintas. En todos los casos, sin excepción, se hace alusión a la baja calidad de los estudios y alto riesgo de sesgos. Las recomendaciones varían entre las críticas feroces a la implementación del apoyo entre iguales profesionalizado sin que exista una evidencia clara40,45, la neutralidad38,42) y un cauto apoyo39,41,43,44, con la notable excepción del metaanálisis más reciente, de mayor calidad y que incluye más estudios cuyas conclusiones apoyan, sin más matices que la apuesta por estudios de más calidad (coletilla omnipresente en prácticamente cualquier metaanálisis de intervenciones psicosociales), la implementación de la figura46. La conclusión más extendida en todos estos estudios es que el apoyo entre iguales solo tendría efecto sobre variables de recuperación, esperanza y empoderamiento, pero no de sintomatología, uso de servicios o salud física39,40,41,42,44,45) con la excepción de uso de servicios de emergencia38) y sintomatología depresiva43. Este argumento habría sido refutado por el trabajo más reciente, publicado en septiembre de 2022, que confirma la eficacia en términos tanto de sintomatología como de recuperación, esperanza y empoderamiento, aunque no funcionalidad46.

La polémica en torno a la evidencia empírica del apoyo entre iguales genera discusiones incluso en regiones como América del Norte, donde la implementación está avanzada. En un artículo de opinión de 2018, el muy mediático y recientemente fallecido experto en legislación sobre salud mental DJ Jaffe47 argumenta que muchos de los estudios sobre la eficacia del apoyo entre iguales profesionalizado han sido realizados por las propias entidades que ofrecen programas, que muchos no cuentan con rigor experimental y no indican el diagnóstico o la severidad de los trastornos de las personas a las que se atiende. De este modo, Jaffe argumenta que tampoco se puede concluir qué valor tiene este tipo de apoyo en personas con “trastornos mentales severos” haciendo una clara distinción con personas con otros niveles de afectación. Asimismo, haciendo alusión a la comparación entre agentes de apoyo entre iguales con profesionales en roles similares, realizada por la colaboración Cochrane38, plantea la cuestión de si los resultados favorables de algunos estudios pueden justificarse por la mera presencia de una persona independientemente de su formación u orientación. Además, se critica que en la mayoría de los estudios que avalan el apoyo mutuo profesionalizado solo informan mejoras en “variables blandas” como esperanza, autoestima o empoderamiento, sin hablar de las “variables duras y significativas” que según el autor serían las tasas de falta de vivienda, arresto, hospitalización innecesaria, encarcelamiento, suicidio y victimización.

En respuesta a este artículo, un grupo de defensores del apoyo entre iguales profesionalizado liderados por el catedrático de la Universidad de Yale Larry Davidson48 consideran que hablar de falta de evidencia sería impreciso, ya que en 2018 más de 30 estudios habían encontrado resultados positivos en diversas áreas. A modo aclaratorio, establecen que hay una gran diferencia entre tratar un trastorno y ayudar a alguien que está en un proceso de recuperación y que las personas que viven con un sufrimiento psíquico significativo requieren de más asistencia y apoyo que la que se puede brindar a nivel estrictamente biomédico. Consideran, además, que el hecho de que el despliegue de apoyo entre iguales aumente el uso de servicios de crisis y disminuya las hospitalizaciones, aumentando con ello algunos costos49, debe interpretarse de forma favorable, ya que de lo contrario muchas de estas personas habrían quedado descolgadas de la atención ambulatoria y con ello, aunque disminuyan los costos sanitarios, aumentarían significativamente los costos sociales. Capacitar y contratar a personas en recuperación para apoyar a otras supone un beneficio para todas las partes en sistemas fragmentados con escasos recursos: las personas usuarias reciben apoyo de profesionales que fomentan la esperanza y les ayudan a navegar por el sistema de salud, estos profesionales tienen un empleo remunerado en un rol que apoya su propia recuperación y los sistemas obtienen personal cualificado que impulsa la obtención de resultados asociados a la recuperación de una vida significativa y no a la reducción de síntomas. El rol de agente de apoyo entre iguales no incluye tratar la propia sintomatología o suplir las funciones de otros profesionales, sino que busca complementar la atención clínica, sin minimizar la importancia de que se aborden aspectos como el encarcelamiento, la hospitalización o la falta de vivienda. La evidencia en este sentido enfatiza que las y los agentes ayudan a involucrar a las personas en relaciones afectivas; a mejorar las relaciones entre personas usuarias y proveedores de servicios ambulatorios, disminuyendo su asistencia a servicios de emergencia y el costo de la atención; a disminuir el uso de sustancias y a aumentar la esperanza, el empoderamiento, la autoeficacia, el autocuidado y la calidad de vida.

Aparte de estas discusiones que tienen lugar en América del Norte, desde nuestra experiencia incipiente en Cataluña nos parece importante destacar que la exigencia de la demostración de la eficacia de una profesión, y no de sus intervenciones, es inédita en el campo de la salud. Hoy en día, nadie pondría en duda la utilidad de una profesión sanitaria, sino que se evalúan sus intervenciones concretas y no su existencia en general. Por ello creemos que, con el apoyo entre iguales, el nivel de exigencia debería ser similar: evaluar sus intervenciones, no su existencia. De lo contrario, lo que se está haciendo probablemente es mezclar cosas muy distintas. Es probable que algunas aproximaciones al trabajo entre pares funcionen mejor que otras, pero dudar de las ventajas de empoderar a las personas afectadas, independientemente del efecto de eso en variables consideradas “duras” tiene importantes implicaciones ideológicas en la justificación de un sistema coercitivo y vertical.

Objetivo

El objetivo de este artículo es identificar y describir las experiencias existentes de implementación de la figura del agente de apoyo entre iguales en salud mental a nivel internacional, pero con un foco especial en el Estado español; ya que, aparte de su valor académico, desarrollamos este trabajo en el contexto de la preparación de posibles programas de implementación en Cataluña.

MÉTODOS

Como punto de partida, entre 2020 y 2021, se llevó a cabo una revisión de literatura sobre la implementación de la figura del agente de apoyo entre iguales, en diversos países, mediante búsquedas en Google con el objetivo de encontrar literatura gris, y en las siguientes bases de datos con el objetivo de encontrar artículos revisados por pares: Google Scholar, Scopus, APA PsycInfo y Medline. Los términos de búsqueda utilizados incluyeron: apoyo mutuo, apoyo entre iguales, implementación, incorporación, integración, contratación y formación. Las búsquedas se realizaron en alemán, castellano, catalán, francés, italiano e inglés. Para ser incluidos en la revisión, los documentos debían abordar la formación y/o incorporación de la figura profesionalizada del agente de apoyo entre iguales en uno o varios sistemas de salud. Por motivos de exhaustividad y espacio no incluimos información sobre grupos de ayuda mutua u otras iniciativas autogestionadas independientes a los sistemas de salud.

En paralelo, con el objetivo de complementar la revisión en los casos en los que faltaba información, se enviaron correos electrónicos a actores claves de la implementación de la figura de agente de apoyo entre iguales a nivel internacional. A partir de las respuestas obtenidas y mediante el método de bola de nieve, procedimos a entrevistar a diversos expertos (ver agradecimientos), por teléfono o por correo electrónico, sobre el tipo de incorporación y otros factores relacionados con la implementación de la figura de agente de apoyo entre iguales en los sistemas sanitarios de sus países. A partir de toda la información extraída de estas fuentes, se procedió a realizar un análisis de contenido. El criterio para extraer contenido fue aportar información sobre los sistemas de formación e incorporación al sistema sanitario de la figura de par o agente de apoyo entre iguales.

Todos los documentos analizados son referenciados en la sección correspondiente. El listado de personas entrevistadas puede encontrarse en la sección de agradecimientos.

RESULTADOS

El resumen de los resultados puede encontrase en la Tabla 1. Diversos países cuentan con programas de formación de apoyo entre iguales con diferentes niveles de reconocimiento y acreditación sanitaria. No obstante, el mayor reto sigue siendo la incorporación de esta figura dentro de los sistemas sanitarios.

Tabla 1. Síntesis de los programas de formación de apoyo entre iguales, según país o región. Años 2020-2021.

País o región Formación Instituciones acreditadoras formación Denominación Incorporación
Canadá Curso certificado ONG Peer support worker, recovery specialist ONG, Proveedores sanitarios
EEUU Curso certificado + examen estatal ONG, Universidades Peer support worker, recovery specialist ONG, Proveedores sanitarios
Reino Unido e Irlanda Curso certificado por el Sistema Nacional de Salud ONG, Sistema Nacional de Salud Peer support worker, recovery coach ONG, Servicio Nacional de Salud
Australia Curso certificado ONG, Universidades Peer support worker, recovery specialist ONG, Proveedores sanitarios
Nueva Zelanda Curso certificado ONG, Universidades Peer support worker ONG, Proveedores sanitarios
Italia Heterogéneo. Existen cursos oficiales. ONG Esperti in supporto tra pari ONG, Proveedores sanitarios
Países germanoparlantes Formación profesional oficial ONG (ExIn), consorcio europeo (UPSIDES) Genesungsbegleiter (acompañante de recuperación), peer-begleiter (acompañante par) Proveedores sanitarios
Escandinavia Curso certificado ONG Erfaringskonsulent (consultor con experiencia, Dinamarca, Noruega), Kamratstödjare (compañero de apoyo, Suecia) ONG, Proveedores sanitarios
Francia, Bélgica y Suiza francófona Muy heterogéneo, algunos cursos certificados ONG – Universidades Médiateur de santé pair (Francia), pair aidant (Francia, Bélgica), expert du vécu (Bélgica), pair praticien (Suiza) ONG, Proveedores sanitarios
Países Bajos Curso certificado ONG Ervaringsdeskundigen (expertos por experiencia) ONG, Proveedores sanitarios
Argentina Muy heterogéneo, en general no oficial ONG Agente de apoyo mutuo, par ONG
Brasil Muy heterogéneo, en general no oficial ONG Trabalhador/a de apoio de pares ONG, Proveedores sanitarios
Chile Muy heterogéneo, en general no oficial ONG Especialista en apoyo a pares ONG
España Muy heterogéneo, en general no oficial ONG Agente, técnico/a de (acompañamiento y) apoyo entre iguales, apoyo mutuo ONG, Servicio Nacional de Salud (de manera muy limitada)

Fuente: Elaboración propia.

Hay seis proyectos internacionales que merecen mención aparte. En primer lugar, el proyecto Empowerment of Mental Illness Service Users: Lifelong Learning, Integration and Action - EMILIA50, parte del sexto programa marco de investigación de la Comisión Europea, fue implementado entre los años 2005 y 2010. En él participaron equipos de Bosnia-Herzegovina, Eslovenia, España, Grecia, Dinamarca, Finlandia, Francia, Lituania, Noruega, Suecia, Polonia y Reino Unido. Una de las actividades del proyecto incluía la formación de personas usuarias “expertas”. Aunque este concepto no coincide totalmente con la definición que usamos en este trabajo de apoyo entre iguales, sí que es uno de sus antecedentes más inmediatos. La implementación del proyecto supuso la apertura de dos líneas de implicación laboral: la de la persona “experta” como formadora de personas usuarias y como mediadora entre las instituciones sanitarias y las personas usuarias51,52.

En segundo lugar, los proyectos Experienced Involvement - EX-IN53 y Peer to Peer: A route to recovery of people with mental illness through peer support training and employment, acortado peer2peer54, del programa Leonardo da Vinci (integrado en la actualidad dentro del macroprograma Erasmus+). El primero, más centrado en el ámbito germanoparlante, será comentado en el correspondiente encabezado territorial. En cuanto al proyecto peer2peer, integrado por equipos de Austria, España, Escocia (Reino Unido) y Rumania, supuso la primera implementación a nivel europeo del marco anglosajón de apoyo entre iguales. Como proyecto de formación continua, sus actividades estuvieron muy centradas en la creación de un marco común de formación55 adaptado del programa Professional Development Award (PAD) in Mental Health Peer Support desarrollado por la Scottish Recovery Network, una de las entidades que lideró el consorcio.

Más recientemente, la iniciativa UPSIDES (Using Peer Support in Developing Empowering Mental Health Services), a través de financiación del Octavo Programa Marco de investigación de la Comisión Europea, Horizonte 2020, ha establecido una comunidad internacional de investigación y práctica de apoyo entre iguales56. El proyecto es un estudio llevado a cabo en seis países durante cinco años, que replica y amplía las intervenciones de apoyo entre iguales, generando evidencia de prácticas sostenibles en países de ingresos altos, medios y bajos (dos centros tanto en Alemania como en el Reino Unido; y un centro en cada uno de los otros cuatro países participantes: India, Israel, Tanzania y Uganda).

Por último, los proyectos financiados dentro del programa Erasmus+, actualmente en funcionamiento Peer Support+, que incluye socios de Estonia, Islandia y Países Bajos, y TuTo3-PAT - Peer and Team Support, que incluye socios de Alemania, Bélgica, España, Francia, Noruega, Quebec (Canadá) y Rumania. El primero está centrado en el desarrollo de materiales formativos en metodologías de “apoyo experiencial” y ha sido desarrollado entre 2020 y 2022. El segundo, inaugurado en 2022, pretende ir más allá de los resultados del proyecto peer2peer, define un marco competencial y formativo (tanto de las personas afectadas como de los equipos en los que se integran), que facilite el reconocimiento profesional a nivel europeo e internacional.

A continuación, expondremos el panorama actual de diversos países en que la figura de apoyo entre iguales está en proceso de implementación. Intentamos combinar un orden cronológico con uno territorial, exponiendo primero, en la medida de lo posible, regiones donde la aparición de la figura fue más temprana. En territorios donde la implementación es reciente, como Iberoamérica, seguimos un orden alfabético.

Países anglosajones

Canadá

En Canadá, país pionero en la implementación de apoyo entre iguales en el sistema de apoyo a las personas con discapacidad, existe un proyecto llamado Peer Support Canada57, vinculado con la asociación de Salud Mental Canadiense, encargada de la certificación profesional de los pares, y la Comisión de Salud Mental de Canadá58, que ha publicado guías de práctica para el apoyo entre iguales59 y monitoriza su implementación e impacto en el sistema de salud60.

A nivel de formación, Canadá cuenta con un programa oficial reconocido por los principales proveedores de salud mental a nivel federal. Este país cuenta con unos estándares de prácticas nacionales aprobados y establecidos que incluyen conocimientos, competencias, experiencia y requisitos del código de conducta para proporcionar de forma efectiva servicios de asistencia entre iguales57. En cuanto a la incorporación, hay una serie de requisitos que incluyen haber cursado dicha formación, la consulta de antecedentes penales y haber realizado prácticas adicionales.

Por otro lado, Canadá cuenta con iniciativas locales como la Ontario Peer Development Initiative (OPDI), previamente conocida como Consumer Survivor Development Initiative (CSDI), fundada el 199161. Este proyecto ofrece una formación sólida para las y los agentes de apoyo entre iguales, ya que sus experiencias han mostrado la importancia de establecer un estándar mínimo de capacitación de este tipo, sobre todo en áreas rurales62.

Estados Unidos de América

EEUU es otro veterano en la implementación de programas de apoyo mutuo en su complejo sistema sanitario. La mayoría de los estados han establecido ya programas para formar y certificar a las y los agentes de apoyo entre iguales o están en proceso de implementar un programa según muestra un sistema de monitorización de la Universidad de Texas63,64. Por un lado, los programas de formación difieren entre estados; pero, en su mayoría, están a cargo de entidades gestionadas por personas con experiencia de sufrimiento psíquico y disponen de exámenes de certificación propios. Así, los programas formativos son obligatorios para poder obtener la certificación correspondiente, y también lo son para poder pedir reembolsos a través de Medicaid, el seguro del gobierno destinado a personas cuyos ingresos y recursos son insuficientes para pagar la atención médica63. Por otro lado, la incorporación se lleva a cabo por agencias específicas que realizan contrataciones, utilizando categorías laborales paraprofesionales genéricas que no requieren licencias otorgadas por los estados, como es el caso del resto de profesiones sanitarias.

Reino Unido e Irlanda

El apoyo entre iguales es una profesión reconocida tanto en Irlanda como en el Reino Unido, aunque de manera distinta en cada una de sus naciones constituyentes. Hay organizaciones sin ánimo de lucro (charitable bodies) muy establecidas, que fomentan la formación y la incorporación como la Mental Health Foundation o la Scottish Recovery Network. En el caso escocés, por ejemplo, mientras que durante un tiempo la formación de apoyo entre iguales en Escocia estuvo a cargo de un proveedor estadounidense Recovery Innovations, con el objetivo de promover la perdurabilidad y su adaptación al contexto nacional, la Scottish Recovery Network trabajó con la autoridad nacional de cualificaciones sanitarias (Scottish Qualifications Authority) en el desarrollo de una acreditación nacional23. Así, en la actualidad, los programas formativos son llevados a cabo por organizaciones independientes como la Scottish Recovery Network, la cual cuenta con validez dentro del marco escocés de acreditación y cualificaciones, provisto por la Scottish Qualifications Authority23,65. Dicha formación se compone de dos unidades: una teórica (recovery context), basada en los conceptos de recuperación, empoderamiento, mutualidad y el rol de las y los agentes de apoyo entre iguales; y una práctica (developing practice), que pretende acercar a los participantes de una forma más aplicada a todos los conocimientos, habilidades y valores requeridos para su práctica66. La incorporación se lleva a cabo, mayoritariamente, en el tercer sector, a través de organizaciones no gubernamentales (ONG) y proveedores de atención social. Además, la Scottish Recovery Network estuvo implicada en el ya mencionado proyecto peer2peer54, que dio paso a programas formativos en otros lugares.

Cabe destacar que, en el Reino Unido, se han desarrollado programas de apoyo mutuo en población infanto-juvenil. Como ejemplo hallamos la institución Nottingham Healthcare NHS Foundation Trust, la cual ha comenzado a desarrollar un proyecto de apoyo mutuo entre personas usuarias de sus centros de atención a la salud mental infanto-juvenil (CAMHS, por sus siglas en inglés), obteniendo resultados satisfactorios25.

En Irlanda, aunque la incorporación de agentes de apoyo entre iguales ha sido más reciente, actualmente está totalmente normalizada, contando con certificaciones de las universidades de la Ciudad de Dublín y la Tecnológica Atlántica y contrataciones en el sistema de salud67. La oficina de salud mental del Servicio Nacional de Salud (Health Service Executive) ha publicado recientemente un extenso informe sobre su impacto en los servicios de atención a la salud mental68.

Australia y Nueva Zelanda

En ambos países la implementación de la profesión está muy avanzada. Los programas formativos están generalmente a cargo de ONG. Respecto a las contrataciones, en ambos países existen categorías profesionales específicas y hay posibilidades laborales, tanto a través del tercer sector como de los sistemas de salud mental. En Nueva Zelanda, la formación de apoyo entre iguales es actualmente un certificado de nivel 4 en el marco nacional de cualificaciones. En la Universidad Tecnológica de Auckland, en 2023, comenzará un nuevo programa académico que conducirá a un grado en liderazgo con experiencia propia. Adicionalmente, una institución dedicada al desarrollo de recursos humanos de Nueva Zelanda ha publicado un documento con una estrategia clara de implementación del apoyo entre iguales entre 2020 y 202569.

Sudáfrica

En Sudáfrica la implementación de la figura es todavía incipiente. Existen recientes estudios sobre las fortalezas y limitaciones del proceso de introducción de pares en el sistema de atención70.

Israel

Aunque no sea un país formalmente angloparlante, Israel es un país donde el apoyo entre iguales tiene un gran arraigo, incluyendo un coordinador de implementación en el Ministerio de Sanidad, siguiendo un modelo de formación e incorporación similar al de los países anglosajones71.

Italia

Italia tiene su propio modelo de salud mental comunitaria con raíces en los movimientos antipsiquiátricos de mediados del siglo XX. Aunque guarda similitudes con el modelo de la recuperación, Italia fue pionera en los procesos de desinstitucionalización y su modelo se puede considerar más bien como un antecedente. En los últimos años, en regiones como Lombardía, se han desarrollado experiencias de formación de personas usuarias y apoyo entre iguales a partir de formas de gestión colaborativa entre cooperativas y el sistema sanitario72. Actualmente, unos cien agentes prestan su servicio en una decena centros de salud mental lombardos, pagados directamente con fondos de la región o a través de convenios con cooperativas proveedoras de servicios73. Otros lugares, clásicos en el modelo de salud mental comunitaria italiano como Trieste, también han incorporado agentes de apoyo74. En 2021, se celebró el primer Congreso Nacional de Personas Usuarias y Familiares Expertas en Apoyo entre Pares, que ha dado pie a la publicación de un documento nacional de apoyo entre iguales en salud mental patrocinado por el Ministerio de Salud que define competencias y funciones de la figura75.

Países germanoparlantes: Alemania, Austria y Suiza

Los tres países germanoparlantes cuentan con entidades derivadas del ya mencionado proyecto EX-IN76,77,78, implementado entre 2005 y 2007. Estos países han desarrollado un programa integrado en sus sistemas de formación profesional. El currículum del programa fue desarrollado de forma cooperativa entre personas usuarias y profesionales de servicios de salud mental, investigadores y formadores y está dirigido por formadores certificados. Adicionalmente, la incorporación ha sido integrada de forma oficial a los sistemas de provisión de servicios sanitarios de los tres países germanoparlantes. A esta sólida línea formativa y de incorporación se ha añadido recientemente el brazo alemán del consorcio UPSIDES con presencia en tres ciudades alemanas79.

Países Nórdicos: Escandinavia y Finlandia

Aunque la implementación en estos países se ha materializado sobre todo en la década de 2010, los cinco países nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia) cuentan con una extensa red de agentes de apoyo entre iguales y programas formativos reconocidos oficialmente. En general, en todos los países de la región la formación y contratación se hace a través de organizaciones independientes, pero las y los agentes son integrados en las redes de servicios sociales y atención a la salud mental.

En Dinamarca existen iniciativas desde la década de 1990, aunque hasta 2010 no se hicieron pilotajes de experiencias de implementación global en las zonas más pobladas80. En 2014, se publicó un extenso mapeo que recogía los proveedores de servicios de apoyo entre iguales en todas las regiones del país81 y, en 2018, una propuesta de marco común de formación82. Además, se ha implementado un ambicioso programa a nivel estatal de apoyo entre gente joven experimentando ansiedad y depresión83.

Finlandia introdujo en 2009 la obligatoriedad de la participación de expertos con experiencia y agentes de apoyo entre iguales en la planificación y desarrollo de servicios, como uno de los objetivos principales de su Plan Nacional de Salud Mental y Abuso de Sustancias84. Además, el modelo de Diálogo Abierto, originado en la región finlandesa de Laponia, pero de amplísima difusión internacional en los últimos años, ha incluido agentes de apoyo entre iguales en los equipos85. Islandia, el más pequeño -tanto por tamaño como por población (apenas 370.000 habitantes)- tiene entidades totalmente dedicadas al apoyo entre iguales desde principios de la década de 2000 con un programa formativo propio, que están reforzando con socios neerlandeses y estonios en el contexto del proyecto Erasmus+ Peer Support+86.

Desde 2012, Noruega también cuenta con directrices nacionales que apoyan la introducción de la figura de agente de apoyo entre iguales. Con academias oficiales de formación en varias regiones, un mapeo de necesidades87, un manual para la correcta contratación88, una red de defensa de intereses y organización de actividades89 y una sólida implementación a través de financiación municipal, es un país con una sólida apuesta por el apoyo entre iguales profesionalizado con niveles de impacto en el sistema de atención comparables a países veteranos como Canadá90.

Por último, Suecia también cuenta con un modelo oficial de formación y contratación91 promovido por la entidad de personas usuarias Colaboración Nacional para la Salud mental (NSHP, por sus siglas en Sueco), que impulsa un proyecto para la integración de la figura en el sistema de salud desde 201692.

Países europeos francófonos: Francia, Bélgica y Suiza

El panorama francófono es muy heterogéneo93,94. Francia cuenta con diversos programas formativos en distintas regiones95. Existen varios programas formativos acreditados con reconocimiento en todo el estado, como el programa Médiateur de Santé/Pair llevado a cabo por el Centro Colaborador de la Organización Mundial de la Salud para la Investigación y la Formación en Salud Mental (CCOMS Lille, por sus siglas en francés), o los diplomas universitarios de la Université Paris 8 (Vincennes - Saint-Denis) y Université Paris 13 (Bobigny), Université Grenoble Alpes, Aix-Marseille Université o Université Claude Bernard Lyon 196. Otras opciones incluyen organizaciones sin ánimo de lucro como la red de cuidados Solidarités Usagers Psy.

El programa formativo del centro colaborador de la Organización Mundial de la Salud es uno de los más completos a nivel internacional y contó con una fase piloto en la que se tuvieron en cuenta todo tipo de aspectos, desde los contractuales a las experiencias subjetivas de las y los pares y sus equipos95. Se lleva a cabo en dos fases, ambas de un año de duración. La primera consiste en una formación universitaria certificada y la segunda en la integración en los equipos a través de prácticas. De la teoría se hace cargo la Université de Lille y las sesiones formativas se llevan a cabo en tres regiones. La formación práctica implica a los 16 servicios de psiquiatría de adultos que acogen mediadores/compañeros de salud en formación. La inscripción a la formación está sujeta a la incorporación en uno de estos 16 departamentos, de manera que los participantes de este programa tienen un contrato profesional de dos años, en forma de contratos de duración determinada renovables. Como parte de esa capacitación, los pares realizan prácticas a tiempo completo o parcial y trabajan junto a un profesional del equipo.

En cuanto a Suiza, aparte del modelo EX-IN de la parte germanoparlante, la parte francófona, con una incipiente implementación de la figura32, tiene programas formativos oficiales como el liderado por la entidad sin ánimo de lucro Re-pairs97 de dos años de duración. Por su parte, en las regiones mayoritariamente francoparlantes belgas de Valonia y Bruselas se han desarrollado múltiples iniciativas de formación e incorporación de pares que implican una tupida red de apoyo98. Existe una cartografía de todas las entidades dedicadas al apoyo entre iguales que, a la fecha de cierre de este artículo, cuenta con 35 organizaciones, de las cuales 12 están especializadas en salud mental99. Tres entidades locales (la ONG En Route, el hospital neuropsiquiátrico San Martín y la Escuela Superior de Namur) lideran el ya mencionado proyecto TuTo3-PAT del programa Erasmus+, actualmente en ejecución.

Países Bajos

En los Países Bajos, el Instituto Nacional Trimbos y la organización nacional de salud mental GGZ Nederland diseñaron un perfil de competencia profesional para las y los agentes de apoyo entre iguales en 2013. En 2015, se publicó un currículum oficial de formación100. Actualmente, las autoridades neerlandesas de atención sanitaria están acreditando una profesión reconocida y un puesto formal para las y los agentes que trabajan en entornos de atención sanitaria101.

Rumanía

Como ya comentamos anteriormente, personas de Rumania participaron y participan en dos de los grandes proyectos europeos sobre apoyo entre iguales, peer2peer (2013-2015) y TuTo3-PAT (2022-2025). A pesar del éxito del primero, que implicó actividades formativas en Rumania102 y la traducción del manual al rumano103, no se tiene constancia de la continuidad de planes de implementación.

Latinoamérica: Argentina, Brasil, Chile

Argentina cuenta con diversas experiencias y reflexiones en torno a la implementación del apoyo entre iguales profesionalizado desde principios de la década de 201033. Por ejemplos, el proyecto de la ONG Suma33,37) y la Fundación Bipolares de Argentina, que lleva a cabo un programa formativo basado en los materiales elaborados por el proyecto peer2peer104. Sin embargo, no parece haber un marco claro de incorporación al sistema de salud.

Otro país con experiencias de formación de pares es Brasil, que cuenta con distintas iniciativas de formación105. Aunque todavía no existe un sistema oficial de legitimación de la figura, algunas organizaciones independientes lo hacen a su propia discreción y pueden o no estar conectadas con agencias gubernamentales u otras organizaciones que pueden reconocer y contratar a las y los agentes de apoyo entre iguales. En algunos estados, las y los agentes son contratados por organizaciones gubernamentales. Sin embargo, y aunque el proceso ha sido iniciado, aún no se dispone de una categoría específica dentro del sistema brasileño de clasificación de ocupaciones (CBO, por sus siglas en portugués).

Chile, con experiencias en procesos de investigación gestionados por personas afectadas106, es otro país iberoamericano con experiencias en apoyo entre iguales, aunque aparentemente de manera puntual, sin una coordinación a nivel nacional. Existen experiencias vinculadas a entidades sin ánimo de lucro de asociaciones de personas usuarias y sus familiares107 en colaboración con agrupaciones profesionales108.

Estado Español

Dentro de España, foco principal de este trabajo, hallamos diferentes experiencias de formación e incorporación de agentes de apoyo entre iguales. Recientemente, se ha llevado a cabo una revisión bibliográfica sobre las experiencias de formación basadas en el apoyo entre iguales en salud mental realizadas en España109. Se identificaron cinco experiencias que serán explicadas en sus correspondientes encabezados territoriales.

A nivel estatal, la Confederación Salud Mental de España, ha llevado a cabo dos ediciones del curso “Informando en primera persona”, el cual pretende dotar de herramientas e información a pares voluntarios para que puedan acoger y acompañar a otras personas afectadas en las entidades a las que pertenecen. Cuenta además con una evaluación que se realiza al finalizar la formación y una valoración de la utilidad de la formación a los seis meses de concluirla109.

A continuación, haremos un recorrido por aquellas comunidades autónomas en que la figura de agente de apoyo entre iguales está en proceso de implementación.

Andalucía

La primera formación de pares implementada exclusivamente en España se llevó a cabo en Andalucía entre los años 2010 y 2011. Fue a través del proyecto “Ayuda Mutua en los Servicios de Salud Mental de Andalucía”, el cual se enmarcó en el II Plan Integral de Salud Mental de Andalucía y fue coordinado por la Escuela Andaluza de Salud Pública y la Federación Salud Mental Andalucía109.

También en Andalucía se encuentra la Federación “En primera persona” que da apoyo a la Red de Apoyo Mutuo de Andalucía (RAMA). La Federación “En primera persona” estuvo implicada en el proyecto peer2peer54, liderado por la fundación castellano-leonesa Intras y la Scottish Recovery Network. El programa formativo se plantea de forma práctica y participativa y cuenta con una evaluación intermedia y otra al final109. Posteriormente, se han realizado contrataciones de corta duración a través de asociaciones federadas en el sistema Andaluz de Salud110.

Castilla-La Mancha

Castilla-La Mancha ha sido la comunidad autónoma pionera en insertar laboralmente la figura profesional de expertos por experiencia. Desde el 2018, esta comunidad autónoma cuenta con el Proyecto Experto por Experiencia de la Fundación Sociosanitaria de Castilla-La Mancha, de carácter autonómico111. El objetivo del proyecto es integrar a personas con experiencia de sufrimiento psíquico como profesionales del equipo de los Centros de Rehabilitación Psicosocial y Laboral (CRPSL). Se ha implementado un programa formativo que ha dado lugar a contrataciones a través del Plan Extraordinario por el Empleo en Castilla-La Mancha. Cabe destacar que el programa formativo cuenta con una fase final de supervisión de las y los agentes de apoyo entre iguales contratados por los CRPSL109.

Castilla y León

Esta comunidad autónoma se incorporó al proyecto europeo peer2peer54 a través de la fundación Intras. Esta entidad ha seguido haciendo actividades formativas, tanto en Castilla y León como en otras comunidades, como Andalucía o Baleares. Además, desde 2016, la Federación Salud Mental Castilla y León lleva a cabo el Curso de Asistente Personal. Pese a que la asistencia personal no solo se basa en el apoyo entre iguales, dicho curso consiste en una formación y capacitación laboral teórico-práctica siguiendo el modelo del apoyo entre iguales. La formación cuenta también con una evaluación final109.

Recientemente, entidades de Burgos han participado en el programa formativo ¡ACOMPAÑAME!, en el que también han participado entidades navarras y madrileñas, validado por un panel internacional de expertos e implementado desde el 2019. Como elementos novedosos, el curso incluye la realidad virtual, la robótica y una evaluación del programa por parte del dinamizador y los participantes. Además, cuenta con dos sesiones de evaluación: una inicial, que evalúa la situación cognitiva de las personas participantes y formaliza su participación en el curso y, una final, que incluye un nuevo test de las pruebas psicométricas de la evaluación y añade pruebas de evaluación del aprendizaje adquirido109.

En este territorio se han hecho contrataciones a través de la fundación Intras con categoría profesional de cuidador y cuidadora a través de centros especiales de empleo112.

Cataluña

Cataluña es el único territorio que cuenta con un plan de implementación concreto113, aunque aún no se ha puesto en funcionamiento. Existen experiencias en la implementación de una figura llamada agente de salud en ámbitos como el penitenciario o la atención a las adicciones, con competencias muy similares a las consideradas en este trabajo para los y las agentes de apoyo entre iguales113,114. Existe también cierta tradición de grupos de acompañamiento que están entre la ayuda mutua y el apoyo entre iguales115. En 2017, se realizó por primera vez una formación de formadores de apoyo entre iguales organizado y evaluado por la Universidad de Barcelona a través de un proyecto Marie Skłodowska Curie22.

Actualmente, hay dos programas formativos acreditados. Uno, organizado por la asociación EMILIA, heredera del ya mencionado proyecto europeo del mismo nombre50, en el Instituto Bonanova de formación profesional como unidades optativas dentro del programa oficial de Técnico en Atención a Personas en Situación de Dependencia. Esta formación tiene una edición anual y es reconocida al formar parte de un programa oficial. Por otro lado, la Universidad Central de Cataluña​​ en colaboración con las empresas proveedoras Althaia y Osonament llevan a cabo una formación organizada por profesionales para personas usuarias116 y ha iniciado colaboraciones con entidades “En primera persona” para darle continuidad.

En cuanto a la incorporación, algunas entidades proveedoras del sistema de salud han iniciado contrataciones, estableciendo convenios con entidades “En primera persona” sin ánimo de lucro, a través de figuras laborales como el técnico de acompañamiento, inicialmente pensada para el campo de la integración laboral de personas con discapacidad.

Cataluña está siendo, junto con Australia117, Inglaterra25, Dinamarca83y Quebec118, pionera en la implementación del apoyo mutuo en salud mental en poblaciones infantojuveniles. Actualmente, se está implementando un proyecto piloto dentro del Hospital de Día Infantil y Juvenil del Servicio de Psiquiatría del Hospital Clínic de Barcelona25. El proyecto plantea grupos de ayuda mutua con la colaboración de agentes de apoyo entre iguales, mayores de edad, que hayan experimentado sufrimiento psíquico en su juventud.

Euskadi

En Euskadi no se conoce la existencia de programas formativos específicos. Sin embargo, un miembro de la Asociación Guipuzcoana de Familiares y Personas con Problemas de Salud Mental (AGIFES) ha participado en el proyecto europeo peer2peer54 y la asociación ha incorporado pares con figuras laborales como las de monitor, comunes en los servicios de ocio.

Madrid

La Fundación Manantial, un proveedor de servicios de rehabilitación a gran escala, que incluye un extinto proyecto de Unidad de Atención Temprana basado en el diálogo abierto119, ha sido pionera en la incorporación de pares en la región. Se realizó una incorporación en el puesto de trabajo de experto por experiencia con la categoría profesional de educador. Esta incorporación no se mantuvo cuando la unidad fue absorbida por el Servicio Madrileño de Salud. En la actualidad, La Porvenir120, una entidad sin ánimo de lucro de reciente creación, cuenta con una par contratada. Por otro lado, entidades madrileñas han formado parte del programa formativo ¡ACOMPAÑAME! (ver Castilla y León)109 y recientemente se han organizado cursos de formación organizados por centros de salud mental de la red pública121,122.

Valencia

Desde 2019, la asociación sin ánimo de lucro ASIEM cuenta con un equipo técnico de apoyo mutuo entre iguales123. Este equipo desarrolla, por un lado, tareas de acompañamiento y seguimiento de personas usuarias de la red pública de salud mental y, por otro, tareas formativas para sus propias personas socias124.

Portugal

Portugal cuenta con un incipiente programa de implementación del apoyo entre iguales en salud mental para lo cual se ha desarrollado un documento de directrices prácticas125.

El apoyo entre iguales como herramienta de desarrollo

Aparte del consorcio UPSIDES, que ya está implementando proyectos de formación e incorporación en India, Tanzania y Uganda126, otros proyectos internacionales como el QualityRights de la Organización Mundial de la Salud apuestan por el apoyo entre iguales como herramienta para fortalecer sistemas de atención a la salud mental dotados de pocos recursos127,128.

DISCUSIÓN

El apoyo entre iguales en salud mental supone una herramienta que ha demostrado tener múltiples beneficios en el proceso de recuperación de las personas afectadas. Recientemente, también se ha avanzado en la demostración científica de su eficacia46. No obstante, en el entorno iberoamericano, la figura del agente de apoyo entre iguales o par aún está en una fase temprana de su proceso de implementación.

El análisis llevado a cabo nos indica que los países germanoparlantes y Canadá son los que ofrecen programas de formación e incorporación más homogéneos. En el caso de países anglosajones y Francia, organizaciones sin ánimo de lucro se suelen hacer cargo de los programas formativos, a veces en alianza con instituciones académicas, aunque luego es posible la incorporación en el ámbito de los sistemas de salud, utilizando figuras laborales poco definidas. La situación en Latinoamérica, aunque incipiente, es esperanzadora, con experiencias formales en Argentina, Brasil y Chile y probablemente muchas otras informales. A nivel español, la implementación del agente de apoyo entre iguales también se encuentra en fases diferentes según la comunidad autónoma. Andalucía, Castilla-La Mancha, Cataluña y Valencia cuentan con programas formativos más o menos estables y el número de personas contratadas se encuentra en incremento. Por otro lado, encontramos Euskadi o Madrid, sin programas de formación definidos y con contrataciones puntuales.

El origen anglosajón del modelo de recuperación, base conceptual de la profesión de las y los agentes de apoyo entre iguales, además de la inclusión de estas prácticas en uno de los principales programas de salud mental global128, podría llevar a pensar que este tipo de prácticas son un tipo más de neocolonialismo. Claros argumentos a favor de esta idea son que los valores occidentales han impregnado tanto al modelo como a la profesión desde sus orígenes y las pulsiones neoliberales han condicionado su implementación129. Sin embargo, nos parece necesario destacar que, en un mundo donde las prácticas profesionales de la salud mental hace tiempo que se han globalizado, siguiendo un marcado patrón neocolonial y descontextualizador, cuyo máximo exponente es el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, las posibilidades de establecer diálogos entre saberes expertos y profanos debe ser aprovechada por los movimientos de personas afectadas y sus familiares. Estos deben potenciar una formación crítica de las personas que aspiren a ejercer el apoyo entre iguales profesionalizado para que puedan problematizar su nueva identidad profesional desde un prisma interseccional.

Limitaciones

Una de las mayores limitaciones de este estudio es la posibilidad de que proyectos y experiencias con más capacidad para divulgar los resultados de sus evaluaciones, así como los que han participado en consorcios internacionales, estén sobrerrepresentados. Si bien es cierto que el objetivo de este trabajo ha sido recopilar información sobre el apoyo entre iguales profesionalizado, cuyas implicaciones institucionales suelen dejar huella digital, es posible que las iniciativas con carácter de base y cuya financiación tenga su origen en la economía social o se desarrollen de manera voluntaria puedan estar infrarrepresentadas.

Recomendaciones en el contexto de su implementación en Cataluña

Teniendo en cuenta la evolución internacional y el panorama actual en el Estado español, podemos sacar algunas conclusiones y ofrecer algunas recomendaciones para la implementación de la figura en Cataluña.

En cuanto a la legitimación de la formación recibida por las personas con experiencia como agentes, a corto plazo, se podría activar una unidad de competencia dentro de los procedimientos de evaluación y acreditación de las competencias profesionales adquiridas a través de la experiencia laboral o de vías no formales130. A largo plazo, consideramos que un escenario ideal sería la creación de un ciclo formativo oficial con reconocimiento sanitario. Por último, para la correcta integración de la figura en el sistema, en cualquier proceso de acreditación nuevo es muy importante establecer sinergias entre programas formativos y esquemas de incorporación que ya están en funcionamiento y asegurar la participación de sus promotores en las posibles comisiones de desarrollo futuro, además de la implicación de representantes de profesiones sanitarias reconocidas.

En lo que respecta a la incorporación de agentes de apoyo entre iguales, actualmente se puede llevar a cabo de forma directa desde entidades proveedoras sociosanitarias o entidades sin ánimo de lucro externas a los sistemas de salud, incluyendo entidades gestionadas por personas afectadas. Esto es posible a través de figuras contractuales que no exigen formación profesional o universitaria concreta. Sin embargo, la incorporación por parte de entidades proveedoras del Sistema Nacional de Salud tiene limitaciones derivadas de la Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias y la poca flexibilidad de los sistemas autonómicos en cuanto a las profesiones cuya contratación está permitida. A corto plazo, sin perder de vista que la situación ideal es la integración en el sistema sanitario, una posible opción sería que las entidades proveedoras de asistencia sanitaria subcontraten a entidades sin ánimo de lucro externas al sistema y que sean estas las que ofrezcan un contrato directo a las y los agentes. Por supuesto, otra posibilidad es incorporar personas que previamente se hayan formado como sanitarias a cualquier nivel, aunque esto plantea la necesidad de que estas personas revelen su experiencia. A modo ilustrativo, en países con mayor implementación de estas figuras como EEUU, es habitual que el personal facultativo o de enfermería con experiencia de sufrimiento psíquico ejerzan la coordinación de equipos de agentes de apoyo entre iguales. Esto facilita la legitimación por parte del resto de profesionales de estas instituciones, aunque plantea escenarios alejados de la horizontalidad.

AGRADECIMIENTOS

Queremos agradecer sus aportaciones sobre los distintos sistemas de formación e incorporación de agentes de apoyo entre iguales a los siguientes miembros del Colectivo Internacional de Recuperación y Ciudadanía: Jean-Francois Pelletier de la Universidad de Montreal (Quebec, Canadá), Chyrell Bellamy, Graziela Reis y Larry Davidson de la Universidad Yale (EEUU), Gillian MacIntyre de la Universidad de Strathclyde (Escocia, Reino Unido), Henning Pettersen de la Universidad de Innlandet (Noruega), Matthew Jackman miembro australiano de la Red Mundial de Pares en Salud Mental, Helen Hamer de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda), Eve Gardien de la Universidad de Rennes 2 (Francia) y Walter Oliveira de la Universidad Federal de Santa Catarina (Brasil). También queremos agradecer su generosa aportación a Ramona Hiltensperger y Bernd Puschner del proyecto UPSIDES. En cuanto a las aportaciones a nivel estatal, agradecemos a Rus Moreno y Silvia Parrabera de la Fundación Manantial (Madrid), a María José Reviriego Moreno del Centro de Salud Mental de Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, a Mikel Merino de AGIFES (Euskadi), a María Alcalde de la Federación “En primera persona” (Andalucía), a Guillermo Pastor de la Asociación Caleidoscopio (Castilla y León), a Santiago Casacuberta y Albert Piquer de la Asociación Emilia y la Federación Veus (Cataluña) y a Eulàlia Porta y Jordi Blanch del Plan Director de Salud Mental y Adicciones del gobierno catalán.

Funding Statement

Francisco José Eiroa-Orosa ha recibido financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación de España en el marco de los proyectos RYC2018-023850-I y PID2021-125403OA-I00 y del programa Erasmus+ de la Comisión Europea en el marco del proyecto TuTo3-PAT - Peer and Team Support (2021-1-BE01-KA220-VET-000034852).

Footnotes

FINANCIAMIENTO: Francisco José Eiroa-Orosa ha recibido financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación de España en el marco de los proyectos RYC2018-023850-I y PID2021-125403OA-I00 y del programa Erasmus+ de la Comisión Europea en el marco del proyecto TuTo3-PAT - Peer and Team Support (2021-1-BE01-KA220-VET-000034852).

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Implementing the figure of peer support workers in mental health: an international perspective from the context of its implementation in Catalonia

Francisco José Eiroa-Orosa 1, Cecilia Sánchez-Moscona 2

ABSTRACT

In the context of debates surrounding the training of mental health peer support workers and their incorporation into the Catalan Health System, this article presents a literature review complemented by interviews carried out between 2020 and 2021 with both international and Spanish experts. Based on the information obtained, content analysis of elements of their training and integration within the health system was performed. German-speaking countries offer the most homogeneous training and recruitment programs. In the case of English- and French-speaking countries, non-profit or third sector organizations are usually in charge of training programs and recruitment. Various experiences with training programs exist in the Ibero-American world, although they are not recognized as professional qualifications. Recommendations are offered for the development of this figure in Catalonia, which include advancing towards professional training with recognition as health care providers, as well as contracting options from both socio-health or health care providers or from third sector entities.

KEY WORDS: Mental Health, Peer Support, Health Systems, Health Human Resource Training.

INTRODUCTION

The recovery paradigm

To understand how the phenomenon of incorporating peer support into mental health care systems emerges, we must place ourselves in the paradigm of recovery in the English-speaking world. Recovery as a movement and later as a model - we use the word paradigm to encompass both concepts - is the product of synergies among movements of people with lived experience of mental distress (also called people with experiences in the first person or people affected in Spanish-speaking countries, and, in relation to care systems, called service users, consumers or survivors), as well as relatives and professionals. It was defined in its initial conceptualization as a multidimensional, “deeply personal, unique process of changing one’s attitudes, values, feelings, goals, skills, and/or roles. It is a way of living a satisfying, hopeful, and contributing life even with limitations caused by illness.”1 With roots in the introduction of humanist measures after the French Revolution and the American Civil War,2 this movement proposed shifting the focus of mental health interventions beyond symptomatic remission. The use of the term recovery implied an intentional polysemy: it at the same time referred to a subjective and idiosyncratic process, to a new proposed objective of mental health interventions, and to a large-scale strategy of health services transformation.

The recovery paradigm was born, among other things, inspired by the evidence of symptomatic remission found in the pioneering Vermont study.3,4 The results of this longitudinal study, confirmed by evidence produced in the following decades, highlighted that just as total symptomatic remission is possible, even in people with very intense and lasting experiences of mental distress, a significant life can also be led despite being in the process of recovery, that is, while perhaps still experiencing “residual” symptoms.5

One proof of the early impact of the recovery movement is the appearance of the concept in the first US Surgeon General’s report on mental health in 1999.6 The report emphasized the participation of consumers and their relatives in the planning of services and the proposal of a model of care focused on the “restoration of self-esteem and identity and on attaining meaningful roles in society.”7

The movements of people with lived experience of mental distress, present since the 19th century England, have demanded, in different ways the humanization of care services. Except for the closure of the large hospitals and the deinstitutionalization of care, the most revolutionary proposals, embodied above all in the antipsychiatry movement, had only been marginally implemented. However, the emergence and institutional recognition of the recovery model made the role of service users in the care relationship a predominant issue of debate. In this context, the different alliances of organizations of professionals and people with lived experience of mental distress and their relatives were involved in the transformation and even appropriation of care systems. The proposal was to move from a vision that situated service users as passive subjects to be cared for by the system, to one in which they are considered subjects of rights and are encouraged to explore their strengths and support other people in this search.8

It should be noted that in Spain and Latin America there were some differences with respect to other Western European countries in the implementation of major mental health reforms. Due to the ultra-right dictatorships present in many countries during the 20th century, the deinstitutionalization of the psychiatric system did not begin until the 1980s or 1990s, with the development of resources alternative to large psychiatric hospitals.9 Subsequently, the arrival of influences from the recovery movement was limited to community rehabilitation services, and it was not until the late 2000s that it spread to other settings through specific projects.

In the case of Spain, the 2008 economic crisis and the related cuts in healthcare budgets led to the withdrawal of funds for many of these projects.10 Furthermore, the 2012 Draft Reform of the Criminal Code promoted by the state government, which proposed the introduction of special security measures for people diagnosed with mental disorders in the Criminal Code, provoked an immediate reaction from the main mental health organizations with representation of people with lived experience of mental distress. This turning point can be considered as a definitive catalyst for what is known as the “first-person” (en primera persona) movement. This movement has included, in addition to a complex constellation of associations, the federation En Primera Persona in Andalusia since 2009, and Veus (Voices), formed in Catalonia in 2014. Both autonomous communities were also pioneers in the implementation of campaigns against stigma at the regional level, becoming especially active territories in the fight for the rights of people diagnosed with psychiatric disorders, notwithstanding the growing activity in the rest of the country. Such activity has crystallized in alliances among the two federations and the rest of the “first person” associations, as well as a “first person” committee within the Mental Health Confederation of Spain, which itself was born of the relatives’ movement.

In Latin America there is a growing interest in the recovery model11 especially as a tool for institutional transformation12,13 and citizenship advocacy14 inspired by the process in the US. The promoters of the ideas of recovery in Latin America consider themselves part of the legacy of movements and ideas with local roots, such as the anti-asylum struggle of Nise da Silveira, the liberation pedagogy of the Brazilian Paulo Freire15 or the social psychology of Pichon-Rivière,16 pioneer along with Harry Stack Sullivan2 in the training of mental health service users as facilitators of the recovery of others.17

The implementation of these ideas in health management systems has not been exempt from controversy and the need for readjustments in the expectations of activists - if not downright disappointment. The British collective Recovery in the Bin is likely the organization to have best made explicit their criticisms. Its members accuse the recovery model of having been colonized and implemented with neoliberal bases (for example, hiding staff cuts behind “self-managed recovery plans”) in a decontextualized and homogenizing way that ignores the fact that many people will not be able to recover if social justice is not achieved.18

Peer support

One of the distinctive elements of the recovery model - sometimes even confusingly used as a metonymy, as if the recovery model involved just the incorporation of peer support into the system5 - are interventions carried out by people with lived experience of mental distress.19 Examples are mutual aid (defined as the creation and moderation of self-help groups) and peer support (defined as the training and incorporation into the health system of people with lived experience of mental distress). Both mutual aid and peer support consist primarily of the support provided to people with lived experience of mental distress by people who have had similar experiences. It promotes recovery regardless of diagnoses or biomedical classifications and is based on theories that consider that social proximity fosters motivation,20 provides a reference for comparison21 and increases the understanding of one’s own situation.22 This type of accompaniment expands social networks and offers acceptance, support, understanding, empathy and a sense of community, which increases hope, autonomy, self-efficacy and the assumption of responsibilities.23 Specifically, because of its role within the system, peer support allows the adoption of valuable social roles, no longer restricted to the passive role of service user, but also that of role model.24 In addition, it can be implemented at low cost and maintains its usefulness combined with traditional professional practices.19 Although the implementation of mutual support has so far focused on adult populations, there are also starting to be programs focused on child and adolescent populations.25

A Delphi study identified the key elements of the training of this professional figure internationally called “peer”: lived experience as a resource, ethical practice, self-well-being, focus on recovery and communication skills.26 Once incorporated, the tasks performed by these people can be categorized as direct or indirect support.27) The activities considered direct tasks are the defense of rights (providing information and support), connecting service users to resources (such as desired services), sharing common experiences, building community (connecting the person with programs that link them to the community), building relationships (based on trust), facilitating group activities, developing skills and objectives, socialization, and the development of self-esteem. Indirect tasks include administration, communication, supervision, training, receiving support, and obtaining and verifying information. In addition, the work of peer support workers also includes actions aimed at building relationships with professionals and legitimizing the role of the figure.28 In this way, the tools that peers require to perform their functions go beyond the experience of mental distress, including life experience of recovery and resilience, a respectful approach, genuine presence, modeling, collaboration, and engagement.27

Difficulties and controversies regarding the implementation of peer support

Care systems have identified problematic issues associated with peer support. Examples are the difficulties of integration in health teams, the presence of negative attitudes towards the recovery model in other professionals, conflict and confusion of roles, the lack of policies and practices regarding confidentiality, organizational structures and cultures without sufficient definition, and the lack of support and networking.29,30 As strategies to improve these aspects, it is recommended that structures, policies and practices be established that guide the incorporation of peers and that help to define more clearly their role,29,31,32 as well as the supervision and accompaniment of other professionals, both those of peer support and typical clinicians.33,34

Within the movements of people with lived experience of mental distress, doubts about the implementation of peer support as a professionalized figure problematize the adoption of a role of “expert” or person who “possesses expert knowledge” in contraposition to one’s own lived experience or “profane knowledge.”35 In other words, if the inclusion of peers in the system was proposed as a spearhead to promote reforms through work that recognizes the value of experience and horizontality in treatment, but many of these peers end up adopting a professional identity similar in its verticality to that of traditional professionals, the only change that will have been made is in the person, who will have adapted to the system as it is.32 In this case, the inclusion of peers could even help uphold the existing care system, justifying that “changes” have been made when in reality everything remains the same. Additionally, it is also argued that maintaining an identity closely linked to the past as service users can distance peer support workers from a professional identity necessary for integration within professional teams.36 As the synthesis of a reflection regarding a pioneering experience in Argentina,37 the possible contribution of the incorporation of peers to mental health teams is posited as an aid to professionals in reflecting on the relational dimension of their work, and on their ways of treating and thinking about service users.

At the scientific level, the supposed scarcity of empirical evidence supporting the effectiveness and efficacy of peer support is one of the main arguments of people who do not support its implementation. However, there are a total of nine review and quantitative synthesis works,38,39,40,41,42,43,44,45,46 although it is true that six of them have been published since 2019. The approaches of these studies (for example, comparisons with other professionals, such as case managers, or between situations in which the figure is or is not added) and the variables they address, often classified around symptomatology, use of services or subjectivity (recovery, hope and empowerment) are very different. In all cases, without exception, reference is made to the low quality of the studies and high risk of bias. Recommendations range from fierce criticism of the implementation of professionalized peer support without clear evidence40,45, to neutrality38,42 or cautious support,39,41,43,44 with the notable exception of the most recent meta-analysis, of higher quality and including more studies, whose conclusions support the implementation of the figure with no more reservations than the commitment to higher quality studies (an ever-present tagline in practically any meta-analysis of psychosocial interventions).46 The most widespread conclusion in all these studies is that peer support would only have an effect on recovery, hope, and empowerment variables; but not symptomatology, use of services, or physical health39,40,41,42,44,45 with the exception of use of emergency services38 and depressive symptomatology.43 These conclusions are refuted by the most recent work, published in September 2022, which confirms efficacy in terms of symptomatology as well as recovery, hope and empowerment, although not functionality.46

The controversy surrounding the empirical evidence of peer support generates discussions even in regions such as North America, where implementation is advanced. In a 2018 opinion piece, the popular mental health law expert DJ Jaffe,47 now deceased, argued that many of the studies on the effectiveness of professionalized peer support have been conducted by the programs themselves, that they lack experimental rigor, and that they do not indicate the diagnosis or severity of the disorders of the people being treated. In this way, Jaffe argues that conclusions cannot be drawn regarding the value of this type of support in people with “severe mental disorders,” making a clear distinction with people with other severity levels. Likewise, referring to the comparison between peer support workers with professionals in similar roles that was carried out by the Cochrane collaboration,38 Jaffe raises the question whether the favorable results of some studies can be justified by the mere presence of a person regardless of his or her background or orientation. In addition, he criticizes that in most studies backing professionalized peer support, improvements are only reported in “soft measures” such as hope, self-esteem or empowerment, without mentioning the “hard, meaningful metrics” that according to the author would be the rates of homelessness, arrest, needless hospitalization, incarceration, suicide, and victimization.

In response to this article, a group of advocates for professionalized peer support led by Yale University professor Larry Davidson48 consider it inaccurate to talk about lack of evidence, since in 2018 more than 30 studies found positive results in a number of areas. By way of clarification, they state that there is a big difference between treating a disorder and helping someone who is in a recovery process, and that people living with significant mental distress require more assistance and support than can be provided at a strictly biomedical level. They consider that the fact that the deployment of peer support increases the use of crisis services and decreases hospitalizations, thereby increasing some costs,49 must be interpreted favorably. They believe that otherwise many of these people would have been disconnected from outpatient care and even if health costs decreased, social costs would increase significantly. Training and hiring people in recovery to support others benefits all parties in fragmented systems with scarce resources: service users receive support from professionals who foster hope and help them navigate the health system, these professionals have paid employment in a role that supports their own recovery, and the systems obtain qualified staff that drives the achievement of results associated with the recovery of a meaningful life and not with the reduction of symptoms. The role of the peer support worker does not include treating one’s own symptoms or replacing the functions of other professionals, but seeks to complement clinical care, without minimizing the importance of addressing aspects such as incarceration, hospitalization, or homelessness. Evidence in this regard emphasizes that peers help involve people in affective relationships; improve relations between service users and outpatient service providers, decreasing their use of emergency services and the cost of care; decrease substance use and increase hope, empowerment, self-efficacy, self-care, and quality of life.

Apart from these discussions taking place in North America, from the point of view of our incipient experience in Catalonia it seems important to us to emphasize that the requirement of demonstrating the effectiveness of a profession and not of its interventions is unprecedented in the field of health. Today no one would question the usefulness of a health profession; its concrete interventions are evaluated, not its existence in general. That is why we believe that with peer support the level of rigor should be similar: evaluate the interventions, not the existence itself. On the contrary, very different things are likely being conflated. Some approaches to peer work are likely to work better than others, but doubting the advantages of empowering people with lived experience of mental distress - regardless of the effect on variables considered “hard” - has important ideological implications in terms of justifying a coercive and vertical system.

Objective

The aim of this work is to identify and describe the existing experiences of implementation of peer support in mental health at the international level, but with a special focus on Spain, since, apart from its academic value, we develop this work in the context of the preparation of possible implementation programs in Catalonia. A content analysis of documents and interviews on the implementation of this figure in the health systems of various countries is proposed. Finally, the article presents a series of short and long-term recommendations regarding the implementation of certified training programs and the process of incorporating peer support workers, as well as their integration into the mental health care system.

METHODS

As a starting point, a literature review was carried out between 2020 and 2021 on the implementation of peer support in various countries using Google searches with the aim of finding gray literature, and the following databases with the aim of finding peer-reviewed articles: Google Scholar, Scopus, APA PsycINFO, and Medline. The search terms used included: mutual support, peer support, implementation, incorporation, integration, recruitment, and training. Searches were conducted in English, Catalan, French, German, Italian and Spanish. To be included in the review, the documents had to address the training and/or incorporation of the professionalized figure of peer support worker into one or more health systems. For reasons of completeness and space, we do not include information on mutual aid groups or other self-managed initiatives independent of health systems.

In parallel, with the aim of complementing the review in cases where information was missing, emails were sent to key actors in the implementation of peer support at the international level. Based on the answers obtained and using a snowball method, we proceeded to interview various experts (see acknowledgements) by phone or email about the type of incorporation and other factors related to the implementation of peer support in the health systems of their countries. Based on all the information extracted from these sources, a content analysis was carried out. The criterion for content extraction was that it provided information on training systems and incorporation into the health system of peer support.

All documents analyzed are referenced in the corresponding section. The list of people interviewed can be found in the acknowledgments section.

RESULTS

The summary of the results can be found in Table 1. Several countries have peer support training programs with different levels of recognition and accreditation. However, the biggest challenge remains the incorporation of this figure within health systems

Table 1. Synthesis of content analysis results. Years 2020-2021.

Country or region Training Institutions accrediting training Title Incorporation
Canada Certified course NGOs Peer support worker, recovery specialist NGOs – Healthcare providers
USA Certified course + State Exam NGOs -Universities Peer support worker, recovery specialist NGOs – Healthcare providers
United Kingdom and Ireland Course certified by the National Health System NGOs - National Health System Peer support worker, recovery coach NGOs – National Health Service
Australia Certified course NGOs - Universities Peer support worker, recovery specialist NGOs - Healthcare providers
New Zealand Certified course NGOs - Universities Peer support worker NGOs - Healthcare providers
Italy Heterogeneous. There are official courses. NGOs Esperti in supporto tra pari (expert in peer support) NGOs - Healthcare providers
German-speaking countries Official vocational training ONG (ExIn), European consortium (UPSIDES) Genesungsbegleiter (recovery companion), peer-begleiter (peer companion) Healthcare providers
Scandinavia Certified course NGOs Erfaringskonsulent (experienced consultant, Denmark, Norway), Kamratstödjare (support partner, Sweden) NGOs - Healthcare providers
France, Belgium, and French-speaking Switzerland Very heterogeneous, some certified courses NGOs - Universities Médiateur de santé pair (France), pair aidant (France, Belgium), expert du vécu (Belgium), pair praticien (Switzerland) NGOs - Healthcare providers
Netherlands Certified course NGOs Ervaringsdeskundigen (experts by experience) NGOs - Healthcare providers
Argentina Very heterogeneous, generally unofficial NGOs Agente de apoyo mutuo, par (peer support worker, peer) NGOs
Brazil Very heterogeneous, generally unofficial NGOs Trabalhador/a de apoio de pares (peer support worker) NGOs - Healthcare providers
Chile Very heterogeneous, generally unofficial NGOs Especialista en apoyo a pares (expert in peer support) NGOs
Spain Very heterogeneous, generally unofficial NGOs Agente, técnico/a de (acompañamiento y) apoyo entre iguales, apoyo mutuo (Worker or Technician of -accompaniment and- peer support or mutual support) NGOs – National Health Service (very limited)

Source: Own elaboration.

There have been six international projects that deserve separate mention. Firstly, the project Empowerment of Mental Illness Service Users: Lifelong Learning, Integration and Action (EMILIA),50 part of the European Commission’s sixth research framework program, was implemented between 2005 and 2010. Teams from Bosnia-Herzegovina, Greece, Denmark, Finland, France, Lithuania, Norway, Slovenia, Spain, Sweden, Poland, and the United Kingdom participated. One of the activities of the project included the training of “expert” service users. Although this concept does not fully coincide with the definition we use in this work, it is one of the most recent precedents. The implementation of the project involved opening of two lines of workplace involvement: the “expert” person as a trainer of service users and as a mediator between health institutions and service users.51,52

Secondly, the projects Experienced Involvement (EX-IN)53 and Peer to Peer: A route to recovery of People with Mental Illness through Peer Support Training and Employment, shortened to Peer2Peer,54 of the Leonardo da Vinci program (currently integrated into the Erasmus+ macro-program) should be highlighted. The first, more focused on German-speaking countries, will be discussed later in the corresponding section for that geographic area. The Peer2Peer project, made up of teams from Austria, Spain, Scotland (United Kingdom) and Romania, was the first implementation at a European level of the North American peer support framework. As a continuing education project, its activities were very focused on the creation of a common training framework55 adapted from the Professional Development Award (PDA) in Mental Health Peer Support program developed by the Scottish Recovery Network, one of the organizations that led the consortium.

More recently, the Using Peer Support in Developing Empowering Mental Health Services (UPSIDES) initiative has established an international peer support research and practice community, through funding from the European Commission’s research framework program.56 The project is a five-year, six-country study which replicates and scales-up peer support interventions, generating evidence of sustainable best practice in high-, middle- and low-income countries (two sites each in Germany and UK; one site each in India, Israel, Tanzania, and Uganda).

Finally, the projects funded within the Erasmus+ program currently running are Peer Support+ which includes partners from Estonia, Iceland and the Netherlands, and TuTo3-PAT-Peer and Team Support, including partners from Germany, Belgium, Spain, France, Norway, Quebec (Canada), and Romania. The first is focused on the development of training materials in “experiential support” methodologies and was developed between 2020 and 2022. The second, inaugurated in 2022, aims to go beyond the results of the Peer2Peer project by defining a competency and training framework (for both peers and the teams into which they are integrated), facilitating professional recognition at the European and international level.

Next, we will present the current panorama of various countries in which the figure of peer support is in the process of implementation. We try to combine chronological and geographical order, discussing first, inasmuch as possible, regions where the appearance of the figure was earlier. In territories where implementation is recent, such as Iberoamerica, we follow an alphabetical order.

English-speaking countries

Canada

In Canada, a pioneer in the implementation of peer support in the support system for people with disabilities, there is a project called Peer Support Canada.57 It is linked to the Canadian Mental Health Association which is responsible for professional peer certification, and the Canadian Mental Health Commission,58 which has published practice guides for peer support59 and monitors its implementation and impact on the health system.60

At the training level, Canada has an official program recognized by the main mental health providers at the federal level. This country has approved and established national standards of practice that include knowledge, competency, experience and code of conduct requirements to effectively provide peer support services.57 As for incorporation, there are several requirements that include having completed the training, undergoing background checks, and having carried out additional practice placements.

Furthermore, Canada has local initiatives such as the Ontario Peer Development Initiative (OPDI), previously known as the Consumer Survivor Development Initiative (CSDI), founded in 1991.61 This project provides solid training for peer support workers, as their experiences have shown the importance of establishing a minimum standard of such training, especially in rural areas.62

United States

The United States is another veteran in implementing peer support programs in its complex health care system. Most states have already established programs to train and certify peer support workers or are in the process of implementing a program, a University of Texas monitoring system shows.63,64 Training programs differ between states, but most are run by organizations managed by people with lived experience of mental distress and have their own certification exams. Thus, training programs are mandatory to obtain certification, and to be able to request reimbursements through Medicaid, the government insurance intended for people whose income and resources are insufficient to pay for medical care.63 The incorporation is carried out by specific agencies that recruit using generic paraprofessional labor categories that do not require licenses granted by the states, as is the case of the rest of health professions.

United Kingdom and Ireland

Peer support is a recognized profession in both Ireland and the United Kingdom, although differently in each. There are well-established charitable bodies that encourage training and incorporation such as the Mental Health Foundation or the Scottish Recovery Network. In Scotland, while at first peer support training was conducted by the US provider Recovery Innovations, an adaptation to its national context has taken place. To promote its durability and its adaptation to the Scottish reality, the Scottish Recovery Network worked with the Scottish Qualifications Authority in the development of a national accreditation.23 Thus, currently, training programs are carried out by independent organizations such as the Scottish Recovery Network, which is valid within the Scottish Credit and Qualifications Framework.23,65 This training consists of two units: one theoretical (recovery context), based on the concepts of recovery, empowerment, mutuality and the role of peer support workers; and another practical (developing practice), which aims to bring participants closer in a more applied way to all the knowledge, skills and values required for their practice.66 Incorporation is mostly carried out in the third sector, through non-governmental organizations (NGOs) and social care providers. In addition, the Scottish Recovery Network was involved in the aforementioned Peer2Peer project,54 which led to training programs elsewhere.

It should be noted that in the United Kingdom, peer support programs have also been developed for the child and adolescent population. An example is the Nottingham Healthcare NHS Foundation Trust, which has begun to develop a project of peer support among service users of its child and adolescent mental health services (CAMHS), obtaining satisfactory results.25

In Ireland, although the incorporation of peer support workers has been more recent, it is currently fully standardized, with certifications from the City of Dublin and the Atlantic Technology universities and recruitment possibilities in the health system.67 The mental health office of the National Health Service Executive has recently published an extensive report on its impact on mental health care services.68

Australia and New Zealand

In both countries the implementation of the profession is well advanced. Training programs are usually run by NGOs. Regarding recruitment, in both countries there are specific professional categories and there are job opportunities both through the third sector and mental health systems.

In New Zealand, peer support training is currently a level 4 certificate in the national qualifications framework. A new academic program at the Auckland University of Technology will commence in 2023, leading to a bachelor’s degree in Lived Experience Leadership. Additionally, a New Zealand national workforce development unit has published a document with a clear strategy for implementing peer support between 2020 and 2025.69

South Africa

In South Africa the implementation of the figure is still incipient. There are recent studies on the strengths and limitations of the process of introducing peers into the care system.70

Israel

Although not a formally English-speaking country, Israel is a country where peer support is deeply rooted, including an implementation coordinator in the Ministry of Health, following a training and incorporation model similar to that of English-speaking countries.71

Italy

Italy has its own model of community mental health with roots in the anti-psychiatry movements of the mid-20th century. Although it has similarities with the recovery model, Italy was a pioneer in the processes of deinstitutionalization and its model can be considered a precedent. In recent years in regions such as Lombardy, experiences of user training and peer support have been developed based on forms of collaborative management between cooperatives and the health system.72) Currently, about one hundred workers provide their service in a dozen Lombardy mental health centers, paid directly with funds from the region or through agreements with cooperatives providing services.73 Other places of classic importance in the Italian community mental health model, such as Trieste, have also incorporated peer support workers.74 In 2021, the first National Congress of User and Family Experts in Peer Support [Conferenza Nazionale degli Utenti e Familiari Esperti nel supporto tra Pari] was held, which has led to the publication of a national document on peer support in mental health sponsored by the Ministry of Health that defines competencies and functions of the figure.75

German-speaking countries: Germany, Austria, and Switzerland

These three German-speaking countries have organizations derived from the aforementioned EX-IN project,76,77,78 implemented between 2005 and 2007. These countries have developed a program integrated into their vocational training systems. The curriculum of the program was developed cooperatively between mental health service users and professionals and researchers and trainers, and is led by certified trainers. Additionally, the figure has been officially integrated into the health service delivery systems of the three German-speaking countries. Adding to this solid line of training and incorporation is the more recent German arm of the UPSIDES consortium with presence in three German cities.79

Nordic countries: Scandinavia and Finland

Although implementation in these countries has materialized mainly in the 2010s, the five Nordic countries (Denmark, Finland, Iceland, Norway, and Sweden) have an extensive network of peer support workers and officially recognized training programs. In general, in all countries of the region, training and recruitment is done through independent organizations, but the peer support workers are integrated into social services and mental health care networks.

In Denmark there have been initiatives since the 90s, although until the 2010s there were no pilots of global implementation experiences in the most populated areas.80 In 2014, an extensive mapping of peer support service providers in all regions of the country was published,81 and in 2018 a proposal for a common training framework was made.82 In addition, an ambitious statewide support program has been implemented among young people experiencing anxiety and depression.83

Finland introduced in 2009 the mandatory participation of experienced experts and peer support workers in the planning and development of services as one of the main objectives of its National Mental Health and Substance Abuse Plan.84 In addition, the Open Dialogue model, which originated in the Finnish region of Lapland, but has been widely disseminated internationally in recent years, has included the inclusion of peer support workers in the teams.85 Iceland, the smallest both in size and population (just 370,000 inhabitants), has been fully dedicated to peer support since the early 2000s, with its own training program that is being strengthening with Dutch and Estonian partners in the context of the Erasmus+ Peer Support+ project.86

Since 2012, Norway has also had national guidelines supporting the introduction of peer support. With official training academies in several regions, a needs mapping,87) a handbook for proper hiring,88 a network for the defense of interests and organization of activities,89 and a solid implementation through municipal funding, Norway is a country with a solid commitment to professionalized peer support with levels of impact on the care system comparable to veteran countries such as Canada.90

Finally, Sweden also has an official training and recruitment model91 promoted by the organization of service users the Swedish Partnership for Mental Health (NSHP for its acronym in Swedish) that has advocated for a project to integrate the figure in the health system since 2016.92

French-speaking European countries: France, Belgium, and Switzerland

The panorama in French-speaking countries is very heterogeneous.93,94 France has several training programs in different regions.95 There are several accredited training programs with recognition throughout the country, such as the Médiateur de Santé/Pair program carried out by the World Health Organization French Collaborating Center for Research and Training in Mental Health (CCOMS Lille), or the university degrees of the Université Paris 8 (Vincennes - Saint-Denis) and Université Paris 13 (Bobigny), Université Grenoble Alpes, Aix-Marseille Université or Université Claude Bernard Lyon 1.96 Other options include non-profit organizations such as the Solidarités Usagers Psy care network.

The training program of the WHO collaborating center is one of the most complete at the international level and had a pilot phase where a number of aspects were considered, from contracting and recruitment to the subjective experiences of peers and their teams.95 The training is carried out in two phases, both lasting one year. The first consists of a certified university program and the second involves the integration into teams through internships. The theoretical phase is carried out by the Université de Lille and training sessions are held in three regions. Practical training involves the 16 adult psychiatry services that host mediators/health partners in training. Enrollment for training is subject to incorporation into one of these 16 departments, so that participants in this program have a two-year professional contract, in the form of renewable fixed-term contracts. As part of that training, peers do full- or part-time internships and work alongside a team professional.

As for Switzerland, apart from the EX-IN model of the German-speaking region, the French-speaking region has an incipient implementation of the figure,32 with official training programs such as one lasting two years led by the non-profit organization Re-pairs.97 In the predominantly French-speaking Belgian regions of Wallonia and Brussels, multiple peer training and onboarding initiatives have been developed, involving a dense support network.98 There is a map of all organizations dedicated to peer support that includes 35 organizations at the time of this article’s publication, of which 12 are specialized in mental health.99 Three local organizations (the NGO En Route, the San Martín neuropsychiatric hospital and the Namur High School) lead the aforementioned TuTo3-PAT project of the Erasmus+ program, currently in execution.

Netherlands

In the Netherlands, the national Trimbos Institute and the national mental health organization GGZ Nederland designed a professional competency profile for peer support workers in 2013. In 2015, an official training curriculum was published.100 Dutch healthcare authorities are currently accrediting a recognized profession and formal position for staff working in healthcare settings.101

Romania

As discussed earlier, Romanian organizations participated and continue to participate in two of the major European projects regarding peer support, Peer2Peer (2013-2015) and TuTo3-PAT (2022-2025). Despite the success of the first, which involved training activities in Romania102 and the translation of the handbook into Romanian,103 there is no record of continuity of implementation plans.

Latin America: Argentina, Brazil, Chile

Argentina has had diverse experiences and reflections on the implementation of professionalized peer support since the early 2010s.33) Examples are the NGO Proyecto Suma33,37 and the Fundación Bipolares de Argentina, which carries out a training program based on the materials developed by the Peer2Peer project.104 However, there does not seem to be a clear framework for incorporation into the health system.

Another country with peer training experiences is Brazil, in which different training initiatives exist.105 Although there is not yet an official system of legitimization of the peer figure, some independent organizations do so at their own discretion and may or may not be connected to government agencies or other organizations that may recognize and hire peer support workers. In some states, workers are hired by government organizations. However, although the process has been initiated, a specific category is not yet available within the Brazilian occupation classification system.

Chile, with experiences in research processes managed by people with lived experience of mental distress,106 is another Ibero-American country with experience in peer support, although apparently occasionally without coordination at the national level. There are experiences linked to non-profit organizations of associations of service users and their relatives107 in collaboration with professional groups.108

Spain

Within Spain, the main focus of this work, different experiences of training and incorporation of peer support workers can be found. Recently, a literature review was carried out regarding training experiences in peer support in mental health in Spain.109 Five peer support experiences were identified and will be explained in the corresponding geographical sections.

At the state level, the Mental Health Confederation of Spain has carried out two editions of the course “Informing in the first person,” which aims to provide tools and information to volunteer peers so that they can welcome and accompany other people with lived experience of mental distress in the organizations to which they belong. It also has an evaluation that is carried out at the end of the training and an assessment of the usefulness of the training six months after its completion.109

We will next look more closely at the autonomous communities in which the figure of peer support worker is in the process of implementation.

Andalusia

The first peer training implemented exclusively in Spain took place in Andalusia between 2010 and 2011. It was through the project “Peer support in the Mental Health Services of Andalusia,” which was part of the Second Comprehensive Mental Health Plan of Andalusia and was coordinated by the Andalusian School of Public Health and the Andalusian Mental Health Federation.109) Also in Andalusia is the Federación En Primera Persona that supports the Peer Support Network [Red de Apoyo Mutuo] of Andalusia. The federation was involved in the Peer2Peer project54 led by the Castilian-Leonese Intras foundation and by the Scottish Recovery Network. The training program is planned in a practical and participatory way and has a mid-term evaluation and another at the end.109 Subsequently, short-term contracts have been made through federated associations in the Andalusian Health System.110

Castile-La Mancha

The Castile-La Mancha autonomous community was pioneer in integrating the professional figure of experts by experience in the labor market. Since 2018, the Expert by Experience project of the Fundación Sociosanitaria de Castilla-La Mancha has existed at the autonomic level.111 The objective of the project is to integrate people with lived experience of mental distress as professionals within the Psychosocial and Occupationa Rehabilitation Centers’ teams. A training program has been implemented that has led to hiring through the Extraordinary Plan for Employment in Castile-La Mancha. It should be noted that the training program has a final phase of supervision of the peer support workers hired by the Psychosocial and Occupational Rehabilitation Centers.109

Castile and Leon

This autonomous community joined the European project Peer2peer54 through the Intras Foundation. This organization has continued to carry out training activities both in Castile and Leon and in other communities such as Andalusia or the Balearic Islands. In addition, since 2016 the Castile and Leon Mental Health Federation has carried out a Personal Assistant course. Although personal assistance is not only based on peer support, this course consists of theoretical-practical job training and instruction that follows a peer support model. The training also has a final evaluation.109

Recently, organizations from Burgos have participated in the training program ¡ACOMPAÑAME!, in which organizations from Navarre and Madrid have also participated, validated by an international panel of experts and implemented since 2019. As novel elements, the course includes virtual reality, robotics, and an evaluation of the program by the facilitator and as well as the participants. In addition, it has two evaluation sessions: an initial one, which evaluates the cognitive situation of the participants and formalizes their participation in the course; and a final one, which repeats the initial psychometric tests in addition to evaluating the knowledge acquired.109

In this territory, contracts have been made through the Intras foundation using the professional category of caregiver through special employment centers.112

Catalonia

Catalonia is the only territory that has a concrete implementation plan,113 although it has not been put into operation yet. There is experience in the implementation of a figure called health worker in environments such as prisons or addictions care, with competencies very similar to those considered in this work for peer support workers.113,114) There is also a certain tradition of accompaniment groups combining mutual aid and peer support.115 In 2017, for the first time, a training of peer support trainers was organized and evaluated by the Universitat de Barcelona through a Marie Skłodowska Curie project.22

There are currently two accredited training programs. One is organized by the Associació Emilia, derived from the aforementioned European project of the same name,50 in the institute for vocational training Bonanova as optional units within the official program of Technician in Care for People in Situation of Dependency. This training is carried out in year-long cycles and is recognized as part of an official program. Additionally, the Universitat Central de Catalunya and local health providers such as Althaia and Osonament carry out a training originally organized by professionals for service users116 and has initiated collaborations with first person organizations to give it continuity.

As for recruitment, some health provider organizations have initiated contracts establishing agreements with first person non-profit organizations, through figures such as accompaniment technician, initially designed for the labor integration of people with disabilities.

Catalonia has become, along with Australia,117 England,25 Denmark83 and Quebec,118 a pioneer in the implementation of mental health peer support in child and youth populations. Currently, a pilot project is being implemented within the Children’s and Youth Day Hospital of the Psychiatry Service of the Hospital Clínic de Barcelona.25 The project proposes mutual aid groups with the collaboration of adult peer support workers who experienced mental distress in their youth.

Basque Country

In the Basque Country, the existence of specific training programs is unknown. However, a member of the Asociación Guipuzcoana de Familiares y Personas con Problemas de Salud Mental [Guipuzcoan Association of Relatives and People with Mental Health Problems] (AGIFES) has participated in the European Peer2Peer project54 and the association has incorporated peers with categories such as instructor, common in leisure services.

Madrid

The Fundación Manantial, a provider of large-scale rehabilitation services including a now-defunct Early Care Unit project based on open dialogue,119 has been a pioneer in the incorporation of peers in the region. A position of expert by experience was incorporated using the professional category of educator. This incorporation was not maintained when the unit was absorbed by the Madrid Health Service. Currently, La Porvenir,120 a newly created non-profit organization, has a peer on staff. Additionally, Madrid organizations have been part of the training program ¡ACOMPAÑAME! (see Castile and Leon),109 and recently training courses have been organized by public mental health centers.121,122.

Valencia

Since 2019, the non-profit association ASIEM has had a peer support team.123 This team carries out, on the one hand, tasks of accompaniment and monitoring of service users of the public mental health network and, on the other, training tasks for its own members.124.

Portugal

Portugal has an incipient program for the implementation of peer support in mental health for which a document of practical guidelines has been developed.125

Peer support as a development tool

Apart from the UPSIDES consortium, which is already implementing training and incorporation projects in India, Tanzania and Uganda,126 other international projects such as the World Health Organization’s QualityRights are committed to peer support as a tool to strengthen poorly resourced mental health care systems.127,128

DISCUSSION

Peer support in mental health is a tool that has shown to have multiple benefits in the recovery process of people with lived experience of mental distress. Recently, progress has also been made in the scientific demonstration of its efficacy.46 However, in the Ibero-American environment, peer support work is still at an early stage of implementation.

The analysis carried out indicates that the German-speaking countries and Canada offer the most homogeneous training and incorporation programs. In the case of anglophone countries and France, non-profit organizations are usually in charge of training programs, sometimes in alliance with academic institutions, although it is possible to later incorporate peers into health systems using loosely defined labor categories. The situation in Latin America, although incipient, is encouraging, with formal experiences in Argentina, Brazil, and Chile, and likely many other informal ones. In Spain, the implementation of peer support is also in different phases in each autonomous community. Andalusia, Castile-La Mancha, Catalonia and Valencia have more or less stable training programs and the number of people hired is increasing. However, in Basque Country or Madrid, there are no defined training programs and hirings are isolated.

The origin of the recovery model in anglophone countries, the conceptual basis of the profession of peer support workers, in addition to the inclusion of these practices in one of the main global mental health programs,128 could lead one to think that these types of practices are just another type of neocolonialism. Clear arguments in favor of this idea are that Western values have permeated both the model and the profession since its origins and neoliberal impulses have conditioned its implementation.129 However, we find it necessary to emphasize that, in a world in which professional mental health practices have long been globalized, following a marked pattern of neocolonialism and decontextualization, being the main exponent the Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, the possibilities of establishing dialogues between expert and lay knowledge must be taken advantage of by the movements of people with lived experience of mental distress and their relatives. These opportunities should promote a critical training of people who aspire to carry out professionalized peer support to ensure that they can problematize their new professional identity from an intersectional perspective.

Limitations

One of the major limitations of this study is the possibility that projects and experiences with more capacity to disseminate the results of their evaluations, as well as those that have participated in international consortia, are overrepresented. While it is true that the objective of this work has been to collect information on professionalized peer support, whose institutional implications often leave a digital footprint, it is possible that grassroots initiatives whose funding originates in the social economy or are developed on a voluntary basis may be underrepresented.

Recommendations in the context of its implementation in Catalonia

Considering the international evolution and the current panorama in Spain, we can draw some conclusions and offer some recommendations for the implementation of the figure in Catalonia.

Regarding the legitimization of the training received by people with experience as workers, in the short term, a competency unit could be created within the procedures for evaluating and accrediting professional skills acquired through work experience or non-formal channels.130 In the long term, we believe that an ideal scenario would be the creation of an official training cycle with health care recognition. Finally, for the proper integration of the peer support figure in the system, in any new accreditation process it is very important to establish synergies between training programs and already-established recruitment schemes, and to ensure the participation of promoters of this figure in possible commissions for future development, in addition to the involvement of representatives of recognized health professions.

Regarding the incorporation of peer support workers, it can currently be carried out directly with healthcare providers or non-profit organizations external to health systems, including organizations managed by people with lived experience of mental distress. This is possible through contractual categories that do not require specific professional or university training. However, the incorporation by providers of the National Health System has limitations derived from the Law on the Regulation of Health Professions and the little flexibility of the autonomic systems in terms of the professions whose hiring is permitted. In the short term, without losing sight of the fact that the ideal situation is the integration into the health system, a possible option would be for healthcare providers to subcontract non-profit organizations external to the system and for them to be the ones that offer a direct contract to the peer support workers. Of course, another possibility is incorporating people who have previously been trained as health workers, although this would require people to reveal their lived experience. By way of illustration, in countries with greater implementation of these figures, such as the United States, it is common for medical or nursing staff with lived experience of mental distress to coordinate teams of peer support workers. This facilitates the legitimization by the rest of the professionals of these institutions, although such a scenario is far removed from the horizontality sought by peer support.

ACKNOWLEDGEMENTS

We would like to thank the following members of the International Recovery and Citizenship Collective for their contributions on the different systems of training and incorporation of peer support workers: Jean-Francois Pelletier from the University of Montreal (Quebec, Canada), Chyrell Bellamy, Graziela Reis and Larry Davidson from Yale University (United States), Gillian MacIntyre from the University of Strathclyde (Scotland, United Kingdom), Henning Pettersen from the Innlandet University (Norway), Matthew Jackman Australian member of the Global Peer Network in Mental Health, Helen Hamer from the University of Auckland (New Zealand), Eve Gardien from the Université Rennes 2 (France) and Walter Oliveira from the Universidade Federal de Santa Catarina (Brazil). We would also like to thank Ramona Hiltensperger and Bernd Puschner from the UPSIDES project for their generous contributions. Regarding the contributions at the Spanish level, we thank Rus Moreno and Silvia Parrabera from the Fundación Manantial (Madrid), María José Reviriego Moreno from the Mental Health Center of Alcobendas and San Sebastián de los Reyes, Mikel Merino from AGIFES (Basque Country), María Alcalde from the Federación en Primera Persona (Andalusia), Guillermo Pastor from the Asociación Caleidoscopio (Castile and Leon), Santiago Casacuberta and Albert Piquer from the Associació Emilia and the Federació Veus (Catalonia) and Eulàlia Porta and Jordi Blanch from the Mental Health and Addictions Master Plan of the Catalan government.

Footnotes

FUNDING: Francisco José Eiroa-Orosa received funding from the Spanish Ministry of Science and Innovation within the framework of the projects RYC2018-023850-I and PID2021-125403OA-I00 and the Erasmus+ program of the European Commission within the framework of the TuTo3-PAT - Peer and Team Support project (2021-1- BE01-KA220-VET-000034852).


Articles from Salud Colectiva are provided here courtesy of Universidad Nacional de Lanús

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