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. 2025 Feb 21;21:e5419. [Article in Spanish] doi: 10.18294/sc.2025.5419
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Atención integral a la salud de adolescentes y jóvenes desde la perspectiva de profesionales de atención primaria, San Pablo, Brasil

José Ricardo de Carvalho Mesquita Ayres 1, Valéria Monteiro Mendes 2, Isabella Silva de Almeida 3, Macarena Urrestarazu Devincenzi 4, Jamile Silva Guimarães 5, Gabriela Junqueira Calazans 6, Pamela Cristina Bianchi 7, Alberto Shodi Yamashiro 8; Grupo de Pesquisa em Saúde de Jovens e Direitos Humanos (SJ&DH) 9 9
PMCID: PMC12296365  PMID: 40267353

RESUMEN

La integralidad es un principio recomendado a nivel global para una atención a la salud eficaz, especialmente en el caso de adolescentes y jóvenes, cuyas necesidades asocian aspectos biomédicos con procesos socioculturales de construcción de subjetividad y ejercicio de la ciudadanía. Sin embargo, existen importantes desafíos para su implementación efectiva. Este estudio tiene como objetivo identificar aquellos aspectos del trabajo realizado en unidades básicas de salud del estado de São Paulo, Brasil, que los profesionales consideran como facilitadores u obstáculos para la producción de un cuidado integral a la salud de adolescentes y jóvenes. Se trata de un estudio cualitativo llevado a cabo entre enero y noviembre de 2023, en el que se realizó observación del cotidiano de trabajo y entrevistas semiestructuradas a 73 profesionales de la salud. Se destaca el predominio de acciones descontextualizadas, fragmentadas y prescriptivas, en un contexto de carencias de recursos y de articulaciones intersectoriales. Se sostiene la necesidad de que adolescentes y jóvenes participen como sujetos de derechos en la construcción de acciones y políticas intersectoriales de salud.

PALABRAS CLAVES: Adolescentes, Adulto Joven, Integralidad en Salud, Atención Primaria de Salud, Derechos Humanos, Brasil

INTRODUCCIÓN

La integración de servicios y niveles de atención, centrada en las necesidades de salud de individuos y poblaciones en sus diversos y singulares contextos sanitarios y socioculturales, es recomendada globalmente como un elemento fundamental para la construcción de sistemas de salud más eficaces. Entendida como una atención a la salud organizada de manera que las personas reciban un continuo de promoción de la salud, prevención de enfermedades, diagnóstico, tratamiento, manejo de enfermedades, rehabilitación y cuidados paliativos, coordinados entre los diferentes niveles y espacios de atención dentro y fuera del sector de la salud, y de acuerdo con sus necesidades a lo largo de la vida, existen evidencias de que la integralidad favorece mejoras en los resultados clínicos y de salud, aumenta la alfabetización en salud y el autocuidado, genera mayor satisfacción en las personas usuarias y profesionales, incrementa la eficiencia de los servicios y reduce los costos globales1.

Diversos países de América Latina han adoptado la perspectiva de la integralidad como un eje central para la organización de la atención a la salud, en sus diversas dimensiones de gestión del cuidado, formulación de políticas, promoción y protección de derechos, y formación de recursos humanos, particularmente en lo que respecta a la salud de adolescentes y jóvenes2,3,4,5,6.

En Brasil, la integralidad se ha constituido como uno de los principios doctrinarios del Sistema Único de Salud (SUS). De manera articulada con los principios de universalidad -es decir, garantizando el acceso a todas las personas que viven en el país- y equidad -priorizando recursos según criterios de necesidad-, el principio de integralidad resulta fundamental para el cumplimiento de los propósitos de promoción, protección y recuperación de la salud de la población brasileña7. Si bien se trata de un término impreciso y polisémico, existe consenso en que la integralidad expresa el compromiso del SUS con una atención a la salud que no se limita a la provisión de asistencia en situaciones de enfermedad, sino que se interesa activamente en la producción de salud, en el sentido amplio del buen vivir de las personas y comunidades en sus diversos contextos socioculturales y conforme a sus legítimos valores, intereses y, especialmente, sus derechos8.

Si la integralidad es necesaria para la atención a la salud de la población en su conjunto, resulta aún más fundamental para adolescentes y jóvenes, es decir, personas de entre 10 y 24 años. Esto se debe a que, debido a las características físicas y psicosociales de este segmento poblacional, cuestiones interrelacionadas y complejas, como las transformaciones corporales, la construcción de identidad y autonomía, el ejercicio de la sexualidad, los cambios en los perfiles de sociabilidad, entre otras, requieren una mirada amplia y sensible para atender un conjunto específico de demandas en las políticas y acciones de salud9.

La atención primaria, al ser la vía privilegiada de entrada al SUS, al ser accesible y resolutiva para cerca del 85% de las demandas de atención, y también al ser el espacio tecnológicamente más adecuado para la implementación de una atención integral a la salud, desempeña un papel de gran relevancia en la atención integral a la salud de adolescentes y jóvenes9. Es en la Unidad Básica de Salud (UBS), a través de la capilaridad del SUS, donde se encuentra el mayor potencial para un cuidado adecuado de la salud de adolescentes y jóvenes. En sus propios territorios, en contacto con su vida cotidiana, su contexto sociocultural y sanitario, en convivencia longitudinal y de manera integrada con otros recursos y dispositivos sociales de la región, especialmente la escuela, se encuentran las mejores oportunidades para desarrollar capacidades de respuesta que permitan un cuidado efectivamente integral de la salud de adolescentes y jóvenes.

No obstante, la concreción de este potencial ha representado desafíos10,11,12. En el contexto actual, tras 37 años de existencia del SUS, ¿están los servicios logrando brindar una atención a la salud de adolescentes y jóvenes verdaderamente integral en el cotidiano de trabajo de las UBS? ¿Se encuentran los equipos de salud sensibilizados, preparados y dotados de suficientes recursos conceptuales, técnicos y materiales para llevar a cabo este trabajo? Con el propósito de contribuir a la respuesta de estas cuestiones, el presente estudio tiene como objetivo identificar aquellos aspectos del trabajo realizado en unidades básicas de salud del estado de São Paulo, Brasil, que los profesionales consideran como facilitadores u obstáculos para la producción de un cuidado integral a la salud de adolescentes y jóvenes.

MÉTODO

El presente estudio es uno de los componentes de un proyecto más amplio sobre vulnerabilidades de adolescentes y jóvenes ante las ITS/VIH y la violencia de parejas íntimas, cuyo objetivo es evaluar la factibilidad, aceptabilidad y sostenibilidad de las prácticas de promoción de la salud y prevención de daños a la salud desde la perspectiva de los derechos humanos. Basado en el marco conceptual de la vulnerabilidad y derechos humanos13, el proyecto en curso se viene desarrollando desde el segundo semestre de 2019 en escuelas de enseñanza media en tres municipios del estado de São Paulo: São Paulo, Santos y Sorocaba.

A partir de las temáticas de salud sexual y reproductiva y violencia, pero integrando progresivamente otras condiciones sindémicas intervinientes a lo largo del proyecto, como el sufrimiento psicosocial, dificultades escolares, la pandemia de covid-19, el dengue y la mpox, se ha desarrollado un modelo denominado “prevención integral”.

Además de proponer un enfoque integrador en el diagnóstico de vulnerabilidades y en las formas de responder a ellas, el modelo en análisis prevé articular las acciones del entorno escolar con la Unidad Básica de Salud (UBS) en el propio territorio donde se ubica la escuela. Con este propósito, uno de los ejes de la investigación se dedicó al diagnóstico de las posibilidades y limitaciones de estas UBS para el trabajo con adolescentes y jóvenes desde la perspectiva de la integralidad, considerando tanto las acciones que efectivamente realizaban en su cotidianidad, como las sinergias potenciales a ser construidas con el trabajo en curso en las escuelas.

Para ello, se llevó a cabo un estudio cualitativo que, si bien incluyó observación del cotidiano de trabajo y entrevistas semiestructuradas a tanto a profesionales de salud como a personas usuarias de seis unidades de salud de los tres municipios participantes en la investigación, en el presente artículo solo se trabajan las entrevistas con las y los profesionales, contrastándolas con aspectos observados en los servicios.

Se incluyeron territorios periféricos con patrones socioeconómicos que variaban desde situaciones de alta vulnerabilidad (favelas) hasta barrios de clase media baja y media, segmentos en los que el acceso, la equidad y la integralidad de la atención ofrecida en el territorio son prioritarios, dada la necesidad de acceso al sistema público y la fuerte dependencia del SUS para la promoción, protección y recuperación de la salud.

La investigación de campo se llevó a cabo entre enero y noviembre de 2023. Tanto las observaciones como las entrevistas fueron realizadas por el equipo de investigación, compuesto por docentes e investigadores de diversas universidades, con un enfoque multidisciplinar (medicina, psicología, ciencias sociales, terapia ocupacional, educación física y nutrición), siguiendo un guion orientado a la exploración de cuatro ejes de análisis construidos a partir de la teoría del proceso de trabajo en salud (TPTS)14.

Desarrollada por Ricardo Bruno Mendes Gonçalves, uno de los principales formuladores de los conceptos que orientaron la construcción del campo de la salud colectiva15, la teoría del proceso de trabajo en salud parte del materialismo histórico, en diálogo con pensadores de una epistemología crítica (Canguilhem, Foucault), para romper con los enfoques idealistas y ahistóricos que tratan las prácticas de salud como una mera aplicación de conocimientos científicos en técnicas orientadas a la restitución de la salud. En contraste, la teoría del proceso de trabajo en salud busca explorar la consustancialidad de las tecnologías de la salud con los procesos sociales y políticos de los contextos en los que se desarrollan y aplican.

Al entender las prácticas de salud como trabajo, la teoría del proceso de trabajo en salud permite identificar e interrelacionar analíticamente los componentes básicos de sus tecnologías, caracterizando el sentido social y político de sus diversas configuraciones en diferentes contextos locales y épocas. Dichos componentes pueden describirse sintéticamente como:

  1. Objeto: el sustrato sobre el cual intervendrá el proceso de transformación operado por el trabajo;

  2. Producto: el resultado que se busca alcanzar con ese proceso, de acuerdo con sus finalidades;

  3. Instrumentos: recursos materiales (artefactos, instituciones) e inmateriales (técnicas, saberes) utilizados para alcanzar las finalidades del trabajo;

  4. Agentes: los sujetos que conciben y/o ejecutan los procesos de trabajo en sus diferentes etapas.

Desde esta perspectiva, no es posible comprender adecuadamente estos componentes y sus interconexiones sin considerar las necesidades de salud que se constituyen social e históricamente en los contextos en los que operan las tecnologías, así como los aspectos políticos que median las relaciones entre quienes formulan, operan y reciben sus productos.

Basándose en la teoría del proceso de trabajo en salud, el presente estudio busca abordar la integralidad y el desafío de su operacionalización en los servicios de atención desde cuatro perspectivas analíticas. En primer lugar, es necesario atender a qué necesidades orientan el trabajo que efectivamente se lleva a cabo. Tanto los profesionales como los usuarios de los servicios de salud conciben de alguna manera lo que debe lograrse cuando proponen o reciben algún tipo de cuidado en salud y, por lo tanto, aquello que se busca transformar (en el cuerpo, en el entorno, en el comportamiento, etc.).

En este sentido, al concebir necesidades, se conciben de manera indisoluble las finalidades del trabajo, es decir, lo que se pretende alcanzar como resultado de este. Para ello, es necesario movilizar una serie de recursos materiales e inmateriales que permitan concretar las finalidades del trabajo y que se organizan, estabilizan y reproducen en forma de tecnologías (clínicas, preventivas, rehabilitadoras, promotoras de la salud).

Con los procesos sociales y tecnocientíficos de división del trabajo, el control y manejo de las tecnologías materiales e inmateriales no están bajo la supervisión de un único agente ni se limitan a un solo espacio de trabajo, sino que se distribuyen entre diversas experticias profesionales y sectores responsables de su aplicación. En este sentido, la atención a la salud, y más aún cuando está orientada hacia la integralidad, requerirá de articulaciones, es decir, demandará una mayor integración interdisciplinaria, multiprofesional e intersectorial.

Como consecuencia, para que todos estos diferentes operadores del trabajo puedan integrar sus dominios de experticia y competencias con el fin de ponerlas al servicio de los destinatarios de las acciones de salud, serán de fundamental importancia las interacciones entre estos diversos sujetos, tanto entre profesionales entre sí como, especialmente, entre profesionales y las personas destinatarias del cuidado.

Sobre la base de estas cuatro perspectivas para el análisis de las prácticas de salud se definieron los cuatro ejes analíticos que orientan el presente estudio. En la Tabla 1, se sintetizan, para cada eje, las preguntas orientadoras que guiaron las entrevistas y observaciones en el servicio, así como su interpretación.

Tabla 1. Ejes analíticos basados en la integralidad de los procesos de trabajo.

Necesidades ¿Cuáles son las necesidades de salud identificadas? ¿Cómo se comprenden y valoran? ¿Cómo se abordan?
Finalidades ¿Qué acciones de promoción de la salud, prevención, tratamiento y rehabilitación se ofrecen, dentro y fuera de la unidad, y cómo se integran (o no) a proyectos de cuidados sensibles a la singularidad del cuidado y la promoción de la salud de los jóvenes?
Articulaciones ¿De qué modo los diferentes saberes y técnicas de las diversas disciplinas y profesionales de la salud se movilizan e integran para la comprensión de las necesidades de los jóvenes y en las acciones propuestas para responder a ellas, ya sea en el ámbito de la salud o en otros sectores como educación, cultura, justicia y bienestar social? ¿Qué diferentes instituciones están involucradas en estas respuestas?
Interacciones ¿Cómo es la interacción entre profesionales y las personas jóvenes que consultan las UBS? ¿Existe empatía, una actitud respetuosa y atención a la diversidad (en términos de género, raza, religión, cultura, edad, escolaridad y orientación sexual)? ¿Se consideran sus singularidades? ¿Se toma en cuenta la perspectiva de derechos humanos como referencia para la identificación de vulnerabilidades y la propuesta de cuidados?

Fuente: Elaboración propia.

El acceso a los servicios y a los profesionales y agentes comunitarios de salud fue negociado entre las instituciones académicas responsables de la investigación y las instituciones responsables de la atención a la salud, tanto a nivel central de las gestiones municipales como a nivel local de las unidades. No se predeterminó el número de profesionales entrevistados, ya que esto dependía de la estructura y del modo de organización del trabajo en cada unidad estudiada. El objetivo fue conformar un panel lo más representativo posible de los diferentes perfiles profesionales involucrados en los procesos de trabajo desarrollados en cada unidad.

Se priorizó la inclusión en las entrevistas de, al menos, la persona a cargo de la gestión de la unidad básica de salud, un o una profesional de medicina, un o una profesional de enfermería y agentes comunitarios de salud, debido a sus posiciones estratégicas en la definición y operación de los procesos de trabajo. No obstante, también se incluyó a una gama más amplia de profesionales, como se observa en la Tabla 2.

Tabla 2. Perfil de los servicios, profesionales entrevistados y aspectos observados. Municipios de São Paulo, Santos y Sorocaba, estado de São Paulo, Brasil, 2023.

Número de servicio participante Servicios de salud Personas entrevistadas Observaciones
Tipo Gestión Cantidad de equipos ESF Especialidad Género Años al momento de la entrevista
Servicio 1 (S1) Unidad Básica de Salud Organización Social de Salud 6 Enfermera responsable Mujer 38 Unidad Básica de Salud: recepción, acogimiento, salas de espera, reuniones (apoyo matricial*, Núcleo de Prevención a la Violencia), actividades en grupo. Servicios y organizaciones del territorio: ONG “Casa do Zezinho” (institución que ofrece refugio durante el día, en períodos extraescolares, a niñas, niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad social en materia de alimentación, higiene, atención a la salud) y el Servicio de Acogimiento Institucional para Niñas, Niños y Adolescentes (SAICA).
Enfermera 1 Mujer 29
Enfermera 2 Mujer 42
Médica responsable Mujer 49
Médico 1 Varón 26
Médico 2 Varón 41
Profesional de educación física Varón 30
Nutricionista Mujer 34
Psicóloga Mujer 29
Fisioterapeuta Mujer 42
Dentista responsable Mujer 44
ACS 1 Varón 27
ACS 2 Varón 43
Gestor Varón -
Servicio 2 (S2) Unidad Básica de Salud Organización Social de Salud 7 Terapista ocupacional Mujer 39 Unidad Básica de Salud: aspectos generales de la unidad (área física, comodidad, clima institucional), consultas, visitas domiciliarias, reuniones (equipo técnico, enfermería, Núcleo de Prevención de la Violencia, equipos especializados en la atención a niños, niñas y adolescentes víctimas y/o testigos de violencia, apoyo matricial* con el Núcleo de Apoyo a la Salud de la Familia (NASF), en salud mental con los Centros de Atención Psicosocial (CAPS) y el Servicio de Acogimiento Institucional para Niñas, Niños y Adolescentes (SAICA), que tiene el objetivo de acoger y garantizar la protección integral a niñas, niños y adolescentes en situación de riesgo personal y social, y de abandono por parte de las famílias. Servicios y asociaciones del territorio: dos ONG; Centro para Niños, Niñas y Adolescentes; Centro para la Juventud; Programa Joven Aprendiz; Asociación Cultural (recreativa y deportiva).
Psicólogo Varón 37
Fonoaudióloga Mujer 38
Profesional de educación física Varón 43
Medicina Varón 28
Médica Mujer -
Enfermera responsable Mujer -
Enfermera 1 Mujer 42
Enfermera 2 Mujer -
ACS 1 Mujer 45
ACS 2 Mujer 30
ACS 3 Mujer 57
ACS 4 Mujer 49
ACS 5 Mujer 48
ACS 6 Mujer 44
ACS 7 Mujer 35
Gestión Mujer -
Servicio 3 (S3) Unidad Básica de Salud Organización Social de Salud 7 Psicóloga 1 Mujer - Unidad Básica de Salud: recepción, salas de espera, acogimiento, grupos, apoyo matricial*, visitas domiciliarias. Servicios y asociaciones del territorio: foros del territorio, ONG y otros servicios como el Centro de Atención Psicosocial Infanto-Juvenil (CAPS IJ); Centro de Convivencia y Cooperativa; Casa del Adolescente.
Psicóloga 2 Mujer 44
Nutricionista Mujer 46
Fonoaudióloga Mujer 34
Fisioterapeuta Mujer 37
Médica Mujer 55
Médico Varón 26
Ginecóloga Mujer 32
Farmacéutica Mujer 32
Enfermero Varón 38
Enfermera 1 Mujer 41
Enfermera 2 Mujer 44
Odontóloga Mujer 48
Asistente social 1 Mujer 50
Asistente social 2 Mujer 32
Protección ambiental Mujer 35
ACS 1 Mujer 28
ACS 2 Mujer 39
Gestora Mujer 44
Servicio 4 (S4) Unidad Básica de Salud tradicional Organización Social de Salud 3 Enfermera Mujer 59 Unidad Básica de Salud: recepción, sala de espera, grupo de adolescentes.
Psicóloga Mujer 28
Asistente social 1 Mujer 45
Asistente social 2 Mujer 38
Pediatra Mujer 40
Gestora Mujer 42
Servicio 5 (S5) Unidad de Salud de la Familia Municipal 3 Psicólogo Varón 54 Unidad de Salud de la Familia: recepción, acogimiento en salas de espera, reunión del equipo, visitas al territorio, visitas domiciliarias. Servicios y asociaciones del territorio: atención especializada para prenatal de alto riesgo.
Enfermera Mujer 41
Asistente social Mujer 54
ACS Mujer 49
Gestora Mujer 41
Servicio 6 (S6) Unidad Básica de Salud tradicional Municipal 0 Técnica en enfermería 1 Mujer 53 Unidad Básica de Salud: Sala de espera, recepción, farmacia, sala de curaciones, salas de enfermería, odontología, servicio de esterilización de instrumentos, consultorios (clínicos, pediatría, ginecología), comedor para trabajadores. Servicios y asociaciones del territorio: Centro de Atención Psicosocial Infanto-Juvenil (CAPS IJ).
Técnica en enfermería 2 Mujer 51
Técnica en enfermería 3 Mujer 40
Técnica en enfermería 4 Mujer 60
Técnica en enfermería 5 Mujer 46
Enfermero Varón 47
Enfermera Mujer 53
Médica Mujer 29
Pediatra Mujer 46
Gestora Mujer 44
Psicóloga 1 Caps Mujer 26
Psicóloga 1 Caps Mujer 31

Fuente: Elaboración propia.

ESF = Estrategia de Salud de la Familia; ACS = Agentes comunitarios de salud.

*Apoyo matricial: actividad de discusión y seguimiento de casos complejos por profesionales de diferentes formaciones y/o especialidades.

Los servicios de salud incluidos en el estudio (Tabla 2) combinan diferentes modelos de gestión vigentes en el SUS en São Paulo, al igual que en gran parte de Brasil. Pueden ser de gestión directa, es decir, administrados por el propio municipio en el que se ubican, o de gestión indirecta, a cargo de organizaciones sociales de salud (OSS), entidades privadas responsables de la gestión y operación de las unidades de salud mediante contrato con los municipios, que transfieren los recursos de acuerdo con el cumplimiento de metas de desempeño establecidas.

Asimismo, las unidades se diferencian entre aquellas denominadas “tradicionales”, que operan con equipos convencionales (clínica médica, pediatría, obstetricia, etc.), generalmente con modelos de atención más dependientes de la demanda activa de las personas usuarias, y las unidades de Estrategia de salud de la familia, conformadas por equipos con medicina general, enfermería, técnicos y técnicas de enfermería y agentes comunitarios de salud, cuyo modelo de atención está más territorializado y basado en una interacción activa y continua con las familias y las instituciones de su área de adscripción16.

Las unidades de ambas modalidades asistenciales pueden, además, contar con la participación de equipos multiprofesionales más amplios (odontología, psicología, fisioterapia, terapia ocupacional, nutrición, educación física, etc.), según las diferentes necesidades y características de la red de servicios en cada región17.

En la Tabla 2 se presenta una síntesis del perfil de los servicios estudiados, así como de las entrevistas y observaciones de campo, junto con las respectivas designaciones de las personas informantes para identificar los extractos incluidos en el cuerpo del artículo.

Se realizaron 73 entrevistas semiestructuradas, en encuentros únicos, con una duración promedio de 40 minutos. Además, se realizó observaciones de servicio durante una semana tipo, es decir, se procuró observar actividades de interés realizadas en cada uno de los períodos de funcionamiento de las UBS, considerando sus diversas periodicidades. También se incluyeron observaciones en espacios como la sala de espera, los pasillos y el comedor, que formaron parte del material empírico. Las entrevistas fueron grabadas y transcritas por profesionales especializados, y posteriormente revisadas por el equipo de investigación. Asimismo, las grabaciones realizadas por las y los investigadores tras las observaciones de los servicios, junto con las notas de los cuadernos de campo, fueron transcritas y recopiladas.

Todo este material, que conformó el corpus discursivo que constituye el material empírico del estudio, fue sometido a un tratamiento hermenéutico (comprensivo-interpretativo)18. Es decir, el marco de la integralidad del cuidado desde la perspectiva de la vulnerabilidad y derechos humanos y de la teoría del proceso de trabajo en salud fue tomado como la totalidad comprensiva de referencia que permitió construir e interpretar la discursividad producida en campo. Dicha interpretación, estructurada en torno a los cuatro ejes de análisis expuestos anteriormente, fue enriqueciendo a su vez esta totalidad de referencia, configurando un “círculo hermenéutico”, que permitió situar en un nuevo nivel la comprensión de los fenómenos estudiados19.

Se tomaron las precauciones necesarias para garantizar la confidencialidad y el anonimato de las personas participantes, así como para evitar situaciones que pudieran generarles incomodidad, tanto en el momento de realización de las entrevistas como en su registro escrito y almacenamiento. El protocolo de la investigación fue sometido y aprobado por el Comité de Ética de la institución sede del proyecto, el Instituto de Psicología de la Universidade de São Paulo (CAAE 00530918.9.0000.5561). Todas las personas participantes fueron informadas y firmaron los términos de consentimiento libre e informado. Tanto el material grabado como las transcripciones, identificados mediante códigos, se encuentran almacenados en un drive de acceso exclusivo para el equipo de investigación, estando disponibles para consulta de terceros únicamente bajo los principios de interés público y buena práctica científica, manteniendo las garantías de confidencialidad y anonimato.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Necesidades

Como se indicó anteriormente, las necesidades planteadas para el trabajo en salud van siendo incorporadas y reproducidas en forma de tecnologías que se legitiman socialmente y, en este sentido, tienden a ser asumidas en abstracto como universales y absolutas, compartidas tanto por los agentes del trabajo como por sus beneficiarios en cualquier tiempo y lugar. Sin embargo, en la realidad vivida, las diversas experiencias cotidianas de los distintos sujetos generan diferencias en la manera en que dichas necesidades son comprendidas y valoradas, lo que provoca tensiones, fisuras y/o conformidades que impactan en el trabajo efectivamente realizado y sus posibilidades de transformación.

En el presente estudio, sin olvidar que existe algún grado de consenso social más amplio, nos enfocamos específicamente en lo que consideran las personas que trabajan en las unidades básicas estudiadas sobre las necesidades de salud de adolescentes y jóvenes, sus vulnerabilidades y demandas, así como lo que perciben acerca de cómo estos adolescentes y jóvenes comprenden dichas necesidades.

Al investigar las necesidades de adolescentes y jóvenes en los territorios de las UBS, la tendencia de las personas informantes fue catalogar las demandas hacia los servicios, observándose una referencia significativa a la búsqueda de métodos anticonceptivos; pruebas rápidas para el diagnóstico de ITS y embarazo tras situaciones de exposición y riesgo, un patrón común de utilización de estos grupos en los servicios de salud9. También se destacó el aumento de la demanda espontánea para la atención de molestias clínicas agudas y sufrimientos psicosociales, lo que corrobora investigaciones recientes sobre esta temática20.

Las cuestiones relacionadas con el consumo de alcohol y otras drogas emergieron como una demanda indirecta, generalmente atribuida al contexto familiar y a vulnerabilidades psicosociales. Asimismo, se observó un predominio de las demandas formuladas por mujeres, lo que refleja una barrera de acceso vinculada al género, fenómeno que también ha sido identificado en otros contextos latinoamericanos21.

A los chicos, en realidad, casi no los atiendo. No nos consultan. Así que tampoco tenemos nada dirigido a ellos…, pero es que no nos buscan. Son más bien las chicas”. (S5_Enfermera)

Algunas de las personas entrevistadas destacaron lo que consideran un inicio precoz de la vida sexual de las niñas, entre los 12 y 14 años. La demanda por métodos anticonceptivos fue señalada como la principal motivación para la búsqueda de atención por parte de niñas cis, especialmente en el grupo de edad de 14 a 16 años. Entre los métodos más solicitados por adolescentes y jóvenes se encuentran el dispositivo intrauterino en forma de T (DIU de cobre, con una duración de hasta 10 años), el acetato de medroxiprogesterona (disponible en comprimidos y en solución inyectable con una duración de tres meses) y el implante anticonceptivo subdérmico de etonogestrel (ICS, con una duración de hasta tres años), debido a que son métodos de larga duración y menos susceptibles a errores o fallos en su uso.

El ICS es un método de prevención del embarazo de larga duración disponible en el SUS desde 2022, aunque con políticas de distribución variables según el municipio. Es un método que se ha vuelto popular entre las adolescentes y jóvenes, siendo evaluado por las y los profesionales como altamente eficaz. Según el Ministerio de Salud de Brasil22, respetando las particularidades municipales, se recomienda su oferta a mujeres cis en edad reproductiva entre 18 y 49 años, que se encuentren en situaciones de alta vulnerabilidad, como situación de calle, violencia, consumo abusivo de alcohol y otras drogas y/o inmunosupresión.

No obstante, la demanda a veces excede este perfil y se menciona, incluso, que la preocupación por su uso no siempre proviene de la propia joven:

“…hay algunas que se sientan ahí y ¡no dicen nada! [Risas] y ahí dicen ‘vengo a ponerme el chip’. Y la madre al lado, y es la madre quien habla, ¿sabés? Entonces, te das cuenta de que… que de alguna manera están siendo influenciadas a hacerlo” (S3_Ginecóloga)

Aunque la información sobre embarazo varió entre los servicios, las y los profesionales, en general, enfatizan la preocupación por este aspecto, aunque de manera poco contextualizada en relación con la singularidad de los modos de vida. En uno de los relatos, se destaca el desajuste que a veces ocurre en la manera en que se interpretan las necesidades cuando se trata de salud sexual y reproductiva, lo que termina por convertirse en un obstáculo para una aproximación más integrada a los contextos y perspectivas de adolescentes y jóvenes:

...hay algo que considero muy marcante, que es cuando un adolescente elije, ELIJE, el momento de tener la primera relación sexual. Es su primer acto sexual y busca cuidarse ¿no? ... y cuando llega a la UBS y escucha de enfermeros, médicos, técnicos de enfermería que… es muy joven para hacer eso. Esa… esa falta de cuidado que los profesionales tienen, para mí, es lo peor. No están ahí para juzgar. Si el adolescente hizo la elección, nada va a modificar… la elección de él. Si es ese el momento, y fue a buscar… un método anticonceptivo para NO embarazar, acoja. ¡Acoja y listo!”. (S5_Asistente social)

Las demandas psicosociales fueron ampliamente mencionadas por profesionales de diferentes áreas de formación: ideación/intentos de suicidio, ansiedad, autolesiones, miedos, tristeza, dificultad para dormir, nerviosismo, impaciencia, aislamiento social, diagnósticos de trastorno límite de la personalidad (borderline), esquizofrenia y depresión.

Algunas de las personas entrevistadas relacionan estas demandas con los determinantes sociales de la salud y con vulnerabilidades psicosociales. Factores como las relaciones con sus pares en la escuela (bullying) y con sus familiares, incluyendo la ausencia de diálogo, negligencia en los cuidados y falta de afectividad, violencias (físicas y/o psicológicas), la violencia en el territorio vinculada al narcotráfico en una de las áreas estudiadas, la inseguridad respecto al futuro, la pérdida de ingresos familiares, la fragilidad en la red de protección social, la falta de oportunidades tanto en el ámbito educativo como en la inserción en el mercado laboral, todo ello agravado por la experiencia de la pandemia, con sentimientos de pérdida, duelo y restricciones sociales, fueron patrones identificados en este estudio, en consonancia con diversas otras investigaciones en distintos contextos23,24.

...el sufrimiento mental durante la pandemia entre los adolescentes y jóvenes, que se quedaron en casa sin mucho contacto con personas de su edad, perdieron años de socialización, de aprendizaje de diversas habilidades, de experiencias. Esto les causó sufrimiento. El aumento en la demanda por atención en salud mental es una nueva pandemia que es consecuencia de la pandemia”. (S3_Gestora)

Además de las cuestiones relacionadas con la salud sexual y reproductiva y la salud mental, también se señalaron demandas relativas a la autoimagen (problemas dermatológicos, reducción mamaria debido a repercusiones ortopédicas, estandarización corporal), al género (afirmación y transición), a las creencias y valores morales divergentes y a la nutrición.

En el servicio 1, la profesional nutricionista destacó necesidades relacionadas con la alimentación, como adolescentes con obesidad o con algún trastorno alimentario debido a limitaciones en la estructura familiar y financiera. Sin omitir la búsqueda de encuentros que privilegiaban un enfoque más educativo sobre la alimentación, que parecería indicar cierta visibilidad del cotidiano de adolescentes y jóvenes, se observa una mirada marcada por generalizaciones y por prácticas aún poco conectadas con la vida en el territorio.

Los marcadores sociales y sus aspectos interseccionales no suelen ser considerados en los enfoques educativos dirigidos a diferentes demandas:

La educación en salud es la base para la prevención. [...] Creo que esto [refiriéndose a negligencias en el autocuidado] está mucho más relacionado con la falta de información que con la edad, la raza, el sexo, la orientación o la religión”. (S3_Enfermero)

Las preocupaciones sobre la vida escolar son un aspecto muy relevante para la integralidad del cuidado de adolescentes y jóvenes. Al respecto, los profesionales destacan demandas relacionadas con dificultades de aprendizaje, sociabilidad y desarrollo neuropsicomotor, aunque de manera no articulada con los procesos de trabajo propuestos por la unidad, sino más bien como demandas espontáneas:

…La escuela ha estado trayendo casos y hemos tratado de resolverlos. Algunos más graves, otros más leves. También está esta cuestión del autismo, que ha aumentado mucho; muchos fueron diagnosticados con autismo, otros con TDAH, otros, niños con hiperactividad. Y gracias a las profesoras, que también han hablado, y a la inspectora, que ha llevado estos casos a las reuniones...” (S5_Agente Comunitario de Salud)

Finalidades

En el desarrollo de acciones dirigidas a adolescentes y jóvenes en la atención primaria, uno de los desafíos fundamentales para los servicios se refiere a la transición de una atención individual hacia un cuidado más amplio y colectivo, basado en la promoción de la salud y la reducción de vulnerabilidades ante enfermedades. Los relatos y observaciones mostraron que existen algunas acciones en este sentido en las unidades, pero no específicamente dirigidas a este grupo, aunque algunas y algunos profesionales señalaron la importancia de iniciativas en esta perspectiva:

Nuestra preocupación en el trabajo con niños, niñas y adolescentes es transitar de este modelo de cuidado individual hacia posibilidades más amplias, que involucren la promoción de la salud, la prevención de daños y una serie de cuestiones que están surgiendo”. (S5_Psicólogo)

A pesar de que la promoción de la salud y la prevención de enfermedades son nociones que fundamentan el trabajo en la atención primaria, distintos factores (como los modelos de tercerización de la gestión a través de contratos con las organizaciones sociales de salud, la reducción o ausencia de espacios formativos más críticos orientados a la educación permanente de los equipos y el subfinanciamiento del SUS) han contribuido significativamente al fortalecimiento de un enfoque preventivista, que privilegia la prescripción individualizadora de “cambio de estilos de vida”.

Desde esta perspectiva, destacamos que las finalidades predominantemente observadas en los procesos de trabajo en las unidades de salud estudiadas están relacionadas con la prescripción de métodos anticonceptivos y la realización de exámenes, así como con la atención puntual de demandas, como se señaló en la sección anterior.

Las actividades en grupos están entre las estrategias más mencionadas por los profesionales entrevistados para la acogida y el seguimiento de adolescentes y jóvenes. Sin embargo, se señalaron diversas dificultades operativas que obstaculizan estas actividades, y muchas de las personas entrevistadas indicaron que no existen programas específicos para este grupo en los servicios. Algunos y algunas profesionales identifican la necesidad de incorporar otras estrategias para el abordaje de la prevención y promoción de la salud, con la perspectiva de que un grupo para adolescentes y jóvenes pueda constituirse como un espacio seguro y atractivo para la orientación en salud, ya que, como han demostrado otros estudios, la adherencia de adolescentes y jóvenes a actividades educativas en grupo suele ser baja25.

En relación con la salud sexual y reproductiva, se subrayó la necesidad de desarrollar actividades orientadas a fomentar una mirada crítica sobre la información que los adolescentes y jóvenes acceden en Internet. Entre los temas señalados por las y los profesionales, como asociados a la desinformación de este grupo, se encuentra el uso ampliamente difundido del método anticonceptivo ICS:

La información va circulando […] la amiga se lo puso, no sé quién más se lo puso, y ellas también lo quieren. […] La mayoría es así. Difícilmente viene alguien sin saber qué es. La mayoría ya lo sabe. Ellas lo llaman ‘el chip’.” (S3_Ginecóloga)

Las actividades desarrolladas en el contexto escolar están, en su mayoría, relacionadas con campañas, principalmente de vacunación, llevadas a cabo por profesionales de enfermería en el marco bastante desafiante26 como es el Programa Salud en la Escuela, establecido dentro de las políticas de salud y educación con el propósito de promover la salud y la educación integral en las escuelas bajo la responsabilidad de las UBS.

Hay cosas para las que actuamos de manera activa. [...] Recibimos solicitudes para la búsqueda activa de vacunación, por ejemplo, revisar la cartilla, hacer los DVA [Declaración de Vacunación Actualizada]. Durante la pandemia realizamos la toma de serología de los docentes y encuestas serológicas”. (S1_Enfermera RT)

Además, se mencionaron experiencias previas en el entorno escolar que ofrecen indicios sobre la efectividad de las acciones integradas con el sector salud, así como sobre sus limitaciones y posibles caminos en cuanto al formato y contenido de dichas acciones.

Por la experiencia que tengo, hay muchas cosas que podemos hacer, pero no tengo ninguna escuela en mi área. En otro servicio en el que trabajábamos, realizábamos tratamiento antiparasitario, charlas sobre pediculosis, sarna. Con niños mayores, hablábamos sobre embarazo en la adolescencia. Este grupo de charlas también abordaba temas puntuales de interés para los adolescentes. ¡Son maravillosos! También brindábamos cobertura médica en la jornada deportiva de la escuela…” (S1_Médico 2)

Articulaciones

Un primer nivel de articulación para la implementación de un cuidado integral se refiere al propio equipo, a su capacidad de reconocer e integrar los diferentes saberes y competencias técnicas para una adecuada interpretación y respuesta a las necesidades de salud. En este sentido, es importante destacar dos aspectos que obstaculizan esta articulación: las prioridades de la gestión, que favorecen poco la conformación y el fortalecimiento ético-político de los equipos, dada la reducción o incluso la ausencia de espacios colectivos para analizar y planificar el trabajo, y la falta de prioridad en la contratación de equipos completos con regímenes de trabajo integral, lo que resulta en profesionales que trabajan con jornadas reducidas y/o se reparten entre más de una unidad de salud27.

Estos movimientos guardan una estrecha relación con la fragmentación de la mirada que aún predomina en los servicios de salud y con la reducción progresiva de espacios de diálogo y acuerdos que permitan a los equipos problematizar las acciones desarrolladas o propuestas y las formas de sostenerlas. Desde la perspectiva de un cuidado integral, esto requeriría también la participación activa de adolescentes y jóvenes.

Tiene que haber más comunicación entre los profesionales y alinear, conectar la información. Tal vez crear un proyecto singular para que tenga sentido en ese contexto. Si tuviéramos más tiempo para reuniones de apoyo matricial, la atención a este público, o a cualquier paciente, sería más efectiva, ¿no? [...] La agenda de todos está sobrecargada. Antes teníamos dos reuniones de matriciamiento al mes para cada equipo. Ahora es una cada 15 días para todos los equipos. Antes los agentes de salud también participaban. Ahora solo está la enfermera. Esa riqueza de detalles que los agentes de salud aportaban, la hemos perdido. A veces conocen a la persona desde que nació”. (S1_Nutricionista)

En relación con las articulaciones entre los diferentes niveles de atención a la salud y entre distintos sectores de actividad, se reconoce la existencia de recursos y, como en otros contextos, su importancia. Sin embargo, en algunos casos, se identifican limitaciones para el reconocimiento de alternativas ya existentes y/o dificultades en su implementación efectiva:

La integración que existe y el tamaño de la red municipal, la cantidad de servicios... solo es cuestión de llegar al lugar correcto, y ahí se resolverá. Muchas veces el problema no es la red, muchas veces es el profesional. La red está ahí, pero el profesional no sabe cómo utilizarla. [...] Es un desconocimiento de la red, o una falta de empatía, o una falta de voluntad para actuar”. (S1_Médico 2)

En la reunión de red, participan todos los servicios que están involucrados con esa persona... asiste la escuela, el consejo tutelar, si es el caso, el CREAS [Centro de Referencia Especializado en Asistencia Social], el CRAS [Centro de Referencia de Asistencia Social]... convocamos a toda la red que está involucrada en esa situación” (S5_Gestora)

En relación con la articulación entre la UBS y la escuela, una modalidad de articulación intersectorial que se ha demostrado fundamental para una atención integral a adolescentes y jóvenes y sus principales demandas28,29,30, las personas entrevistadas confirman que este es un camino potente a desarrollar, destacando el hecho de que el adolescente “ya está en la escuela”, “está en su grupo”, lo que puede favorecer encuentros y lecturas más enriquecedoras de sus necesidades. No obstante, advierten que el conocimiento sobre las escuelas del territorio, en general, es limitado, aunque existen acciones desarrolladas en colaboración, ya sea por demandas expresamente planteadas por la escuela o por iniciativa de la UBS:

Las escuelas forman parte de nuestros equipamientos. Algunas son más abiertas que otras. Hay cosas para las que actuamos de manera activa... Ahora retomamos el PSE [Programa Salud en la Escuela]. Algunos temas los sugiere el PSE. Nuestra APA, la Agente de Protección Ambiental, tiene un trabajo en la EMEI [Escuela Municipal de Educación Infantil]”. (S1_Enfermera responsable)

Los equipos identifican, sin embargo, algunos obstáculos importantes para esta articulación:

1) Alto número de escuelas y pacientes en el área de adscripción:

La escuela, en sí, trabaja más en la fiscalización de las cartillas de vacunación, porque no logramos abarcar todo, son demasiadas escuelas, tenemos demasiados pacientes [...] Por más que queramos hacer algo más, no nos queda tiempo”. (S3_ACS 1)

2) Falta de articulación para el planeamiento conjunto entre salud y educación, tanto a nivel municipal como estatal:

La municipalidad no tiene una asociación directa con las escuelas estatales, trabaja más con las municipales. Entonces, nuestra relación es más bien de vínculo con las directoras [...] Una dificultad es esa falta de acuerdo entre la municipalidad y el estado. No se comunican y eso nos impacta mucho ¿no? A veces hay acciones... Tenemos que hacer el PSE [Programa Salud Escolar] y yo dirijo al dentista, al área de odontología, a enfermería para hacer antropometría, actividades. […] pero solo puedo enviar a las escuelas municipales. Son las únicas que están registradas”. (S4_Gestora)

3) Ausencia de integración intrasectorial (salud municipal y estatal):

No hay coordinación. El estado no se comunica con el municipio. Si tengo un paciente internado en el [hospital estatal], nadie envía un correo a la UBS [informando]”. (S3_Médica)

4) Organización del trabajo centrada en la atención individual:

Creo que las escuelas abrirían sus puertas, pero el problema, volvemos a lo mismo, es la cuestión de la agenda, de tener un horario y contar con los profesionales. [...] Fuera del servicio de atención, lo que tenemos es la visita domiciliaria, dirigida a los pacientes en cama. Nosotros, los médicos, no tenemos ninguna otra actividad externa, nada. Todavía participo en un grupo de cesación del tabaquismo, pero casi no puedo asistir porque choca con mi agenda”. (S1_Médica responsable)

También se identificó el riesgo de una cierta imposición en la participación de adolescentes y jóvenes en la integración UBS-escuela.

Es diferente cuando invito a un adolescente a un grupo en la UBS, tal vez venga, tal vez no: ‘Qué pereza ir a la UBS a escuchar a alguien hablar’... Es distinto si voy a la escuela, quiera o no, va a escuchar algo, porque estará medio obligado a participar. Algo lograremos alcanzar”. (S1_Médica responsable)

Otro obstáculo para la integración UBS-escuela está relacionado con el currículo y cronogramas poco flexibles en las escuelas, especialmente considerando que, como se ha enfatizado, adolescentes y jóvenes, así como las propias escuelas, buscan los servicios de salud de manera episódica. Además, cuando existen colaboraciones, estas se restringen, más allá de la vacunación, a la realización de charlas.

“…una charla de una hora no va a cambiar los hábitos para toda la vida. Es necesario educar para que las personas también sean capaces de difundir esa información. […] Cuando nos acercamos a las escuelas para formar un grupo, siempre surgió la cuestión de que no había espacio en el calendario. El horario de clases ya estaba cerrado”. (S3_Gestora)

En el marco del contexto actual de avance del conservadurismo, este escenario en las escuelas remite a una proscripción del debate sobre temas considerados sensibles para las familias de las y los estudiantes (especialmente sexualidad y género), así como a la dificultad de incluir asuntos de interés para los jóvenes:

Aquello que se sale del currículo es tratado como problemático, hay una tendencia a evitar el tema. Cualquier enfoque que vaya más allá de lo biológico, de lo ‘higienizado’, genera conflictos”. (S3_Gestora)

La escuela reconoce la necesidad de hablar sobre sexualidad, pero los padres no quieren. Entonces, terminan limitando el tema. Una vez preparé una charla sobre el cuerpo humano porque no podía hablar sobre sexo. Y, en ese contexto, intentas de manera muy sutil orientar, porque son adolescentes que hacen preguntas capciosas. Los padres no ven la necesidad, ¡pero ellos tienen mil dudas!” (S2_Enfermera 1)

La Tabla 3 presenta una síntesis de los factores facilitadores y los desafíos en relación con la articulación UBS-escuela. Las articulaciones intersectoriales, interinstitucionales y comunitarias amplias emergen en el escenario contemporáneo como componentes fundamentales para la implementación de la integralidad del cuidado de la salud de adolescentes y jóvenes en diversos contextos de América5,28,30.

Tabla 3. Facilitadores y obstáculos para la integración salud-escuela, según las y los profesionales entrevistados. Municipios de São Paulo, Santos y Sorocaba; estado de São Paulo, Brasil, 2023.

Facilitadores Obstáculos
La realización de acciones de salud en la escuela puede ser facilitada por el hecho de que es un espacio de confianza para las y los adolescentes. Agendas de trabajo sobrecargadas (tema más citado).
Las acciones en la escuela pueden volverse más efectivas en la medida en que los profesionales se acercan a las y los adolescentes. Número insuficiente de profesionales de la salud para el desarrollo de acciones/programas en las escuelas.
Un abordaje más colectivo de los temas relacionados con la vida de adolescentes y jóvenes puede verse favorecida por el conocimiento de las necesidades vividas en los territorios. Horario de realización de las actividades en las escuelas en relación con la carga horaria de las y los profesionales de salud en las UBS, especialmente las personas que integran los equipos multiprofesionales (hasta las 13h o que trabajan en dos UBS).
Escuelas y UBS tienen las puertas abiertas (acceso entre los espacios), lo que facilita la construcción de diálogos e iniciativas conjuntas. Escasa articulación para el desarrollo de propuestas y acuerdos entre la UBS y la escuela: el trabajo en la UBS está vinculado al ámbito municipal, mientras que las escuelas dirigidas a adolescentes y jóvenes dependen del ámbito estatal.

Fuente: Elaboración propia.

En nuestro estudio, además de la escuela, se mencionaron otros recursos institucionales en los territorios que trabajan con jóvenes y que pueden ser buenos aliados de las UBS. Equipos como los Servicios de Acogimiento Institucional para Niños, Niñas y Adolescentes (SAICAS), los Centros para Niños, Niñas y Adolescentes (CCA), los Centros de la Juventud (CJ) y diversas organizaciones no gubernamentales (ONG) desarrollan actividades culturales, deportivas y de formación profesional, que pueden ser fundamentales para la articulación de acciones de salud y la ampliación de la red de promoción de la salud para adolescentes y jóvenes.

“[la ONG X] es lindo [...] porque todo es de primera, ¿no? [...] Y ahí tienen actividades de gastronomía e informática, además de otras actividades. También trabajan un poco el proyecto de vida”. (S2_Psicólogo)

Teníamos un grupo de adolescentes en la radio [comunitaria]. […] ¡Se llenaba de adolescentes! Porque era una radio, había música, rap, samba, funk. Tenían un taller y hacíamos grupos con ellos ahí, en una sala entera dedicada al grafiti. […] [Los gestores de la radio] encontraron la manera de atraer a estos adolescentes y hacer que se responsabilizaran de cada actividad”. (S3_Enfermera 1)

Interacciones

El diálogo entre los profesionales de salud y las personas destinatarias de sus acciones es una condición necesaria para que las finalidades y los medios del cuidado estén en sintonía con los aspectos singulares de las necesidades que lo justifican y, por lo tanto, para que la integralidad pueda ser efectivamente incorporada en los procesos de trabajo31.

Las entrevistas evidenciaron la percepción de que las y los adolescentes y jóvenes forman parte de un público considerado de difícil interacción, que asiste poco a los servicios de salud y que no muestra interés en las acciones de prevención y educación en salud. En este contexto, el testimonio de una profesional ofrece pistas importantes sobre la necesidad de que los equipos construyan otras formas de interacción con adolescentes y jóvenes:

Creo que deberíamos reflexionar un poco más sobre cómo la UBS puede ser más acogedora para los adolescentes. Ellos vienen aquí en la medida en que lo necesitan o cuando los traen sus padres. ¿Cuánto logramos, como equipo, capacitarnos mejor para atender sin usar nuestra propia historia de vida, nuestras creencias individuales? He visto muchas situaciones que se juzga. En un grupo de gestantes en el que había adolescentes, un dentista llegó para hacer orientación y preguntó: ‘¿Cuántos años tienen?’. Ellas respondieron y él dijo: ‘Puf, es temprano para tener hijos ¿no?’. ¿Cómo va a volver esa adolescente a esta UBS? Necesitamos reflexionar más sobre esto y ofrecer un poco más de acogimiento para ellos, quizás en la forma en que ingresan al servicio... Hoy tenemos un grupo que funciona por la mañana. ¿Y los adolescentes que estudian en otro turno? No estamos cubriendo todos los horarios. Tenemos que construir esto un poco más junto con ellos”. (S2_Terapeuta Ocupacional)

En esta misma línea, una enfermera subrayó la necesidad de desarrollar un trabajo con el equipo técnico, junto con un mayor incentivo para crear espacios que favorezcan otras formas de interacción, diálogo, acceso y acogida para adolescentes y jóvenes, ya que:

Los profesionales de salud no reciben mucha formación sobre esto en la universidad, no llegan con ese enfoque sobre cómo acercarse sin juzgar”. (S1_Enfermera Resp.)

Cuando se les preguntó sobre aspectos que pueden mejorarse en el cuidado de adolescentes y jóvenes y los desafíos enfrentados, las y los profesionales señalaron distintos elementos, incluyendo el proceso de trabajo. Se hizo referencia a la necesidad de una percepción más amplia sobre las y los adolescentes y jóvenes que buscan el servicio de salud, con el objetivo de comprender cómo sus necesidades y demandas se manifiestan y repercuten en sus vidas, superando el modelo de demanda-conducta.

A veces, si un adolescente va a la sala de vacunación, ¿el profesional que está ahí tiene esa mirada? Tal vez podríamos aprovechar estas situaciones que ya atraen a este público de alguna manera. La vacunación es una de ellas, porque debe estar al día, hay un vínculo con la escuela, ¿no? Sería una herramienta capacitar a estos profesionales de la sala de vacunación para que, cuando llegue un adolescente, puedan preguntar: ‘¿Cuándo fue la última vez que tuviste una consulta?’, con el fin de intentar atraer a este adolescente, de alguna forma, a nuestro servicio”. (S2_Médica)

Esto implica sensibilidad y apertura a un diálogo en el que no se juzgue a las y los adolescentes y jóvenes que pueden llegar, por ejemplo, con una solicitud de consulta de psicología, una demanda escolar, una petición de prueba de embarazo o una acción de vacunación. Así, pueden generarse movimientos (individuales y colectivos) para interrogar: ¿qué aproximaciones y diálogos pueden construirse para un cuidado más integral?

Un ejemplo de esto: atendí a un joven, creo que de mi edad, y se sentía muy triste con la vida. Entonces, la consulta toma un poco más de tiempo, ¿no? Y terminamos atrasando toda la agenda […]. Hablas con él, le explicas, le ofreces medidas, apoyo, porque ellos creen que el médico está aquí solo para medicar, recetar y derivar. Cuando hacemos esto, les mostramos que no estamos aquí solo para eso. Estamos aquí para acompañarlo, para que tenga un apoyo. A todos los pacientes que atiendo, les recomiendo un retorno. Porque así ven que me intereso por ellos”. (S3_Médica)

Además de la necesidad de mayor apertura y de otras formas de acercamiento con adolescentes y jóvenes, también se enfatizó la importancia de la interacción con las familias para facilitar la identificación de sus demandas y la construcción de un trabajo más integrado con la comunidad, especialmente con el apoyo de las y los agentes comunitarios de salud.

No conocemos mucho la demanda de los otros profesionales, ¿no? Es un poco complicado hablar de eso. Por ejemplo, ellos [los agentes comunitarios de salud] hacen una visita por mes... podríamos estar un poco más cerca. Creo que, si logramos fortalecer esa base, con los agentes de salud, que son primordiales para nosotros, más cercanos a la familia, podríamos captar mejor parte de la demanda de los adolescentes”. (S1_Profesional de Educación Física)

Los relatos de las y los agentes comunitarios de salud permitieron escuchar movimientos más dinámicos, que exceden los muros de las UBS, y que pueden abrir caminos para la construcción de confianza entre adolescentes y jóvenes, facilitando su acercamiento al trabajo realizado en atención primaria.

Creo que nosotros, los agentes de salud, somos mucho más buscados que la unidad de salud en sí, más que la llegada del adolescente hasta aquí […]. Hubo un caso de un adolescente que tenía el pene inflamado, con secreción, y no habló con su madre. Me mostró una foto y tuvo la libertad de enseñármela. Vino hasta aquí [a la UBS] por orientación mía. Sabe que voy a su casa, sabe que trabajo en el centro de salud. De repente, sintió más confianza, un vínculo mayor”. (S3_ACS)

Como todavía soy nuevo, dependo mucho de la historia clínica para conocer a los pacientes en la primera consulta. Generalmente, quienes traen esta información son las agentes de salud... Creo que ellas son la principal fuente de información sobre los pacientes en atención primaria”. (S1_Médico 1)

En cuanto a los aspectos del proceso de trabajo que repercuten en la producción del cuidado de adolescentes y jóvenes, la ya mencionada centralidad en el cumplimiento de metas basadas en indicadores cuantitativos de atenciones individuales ha empobrecido la interacción con los espacios comunitarios, limitando la comprensión de las necesidades de salud a partir de interacciones más dinámicas en los territorios.

Un ejemplo ilustrativo de este distanciamiento se constató al intentar obtener información más detallada sobre el número de adolescentes y jóvenes registrados en la UBS, o sobre las características de esta población en su territorio de cobertura. Las respuestas más comunes fueron que los datos eran escasos o que “no se disponía de ellos en el momento”. También se evidenció la afirmación recurrente de las personas entrevistadas de que los datos e información utilizados para conocer a las y los adolescentes y jóvenes se limitaban a la historia clínica.

Este distanciamiento sin duda dificulta la comprensión de las vulnerabilidades en salud y su relación con la promoción y protección de los derechos de adolescentes y jóvenes en los territorios estudiados, lo que se refleja en la casi inexistente referencia a estos aspectos en las entrevistas y en las actividades observadas. A su vez, esto compromete la aproximación al ideal de integralidad del cuidado.

Estos hallazgos coinciden con estudios previos que evidenciaron que la forma en que se organiza el acceso a las UBS (programación de citas, tiempo de espera para la consulta, filas para la atención de urgencias) no favorece la llegada de adolescentes y jóvenes a los servicios ni la búsqueda de cuidados en salud32. El escaso tiempo de atención, la falta de empatía de las y los profesionales y el predominio de prácticas biomédicas también contribuyen a la falta de vinculación de adolescentes y jóvenes con los servicios de salud32,33,34,35.

Las observaciones de las y los profesionales coinciden con hallazgos de algunos estudios que señalan la ausencia de una mirada diferenciada hacia las y los adolescentes y jóvenes, la persistencia de visiones negativas, prejuiciosas y adultocéntricas, así como de prácticas que no favorecen la autonomía, el autocuidado ni una actitud preventiva en adolescentes y jóvenes, lo que debilita la garantía de sus derechos33,35,36.

Las interacciones entre las y los profesionales también se ven afectadas en este modelo de trabajo, donde las actividades de los equipos tienden a fragmentarse y aislarse. Aunque se identificó una valoración de las consultas compartidas y de las reuniones con el equipo multiprofesional, las actividades conjuntas dependen de arreglos informales basados en iniciativas individuales y en posibilidades situacionales, como la coincidencia de agendas y compromisos.

De alguna manera, lo creamos individualmente y se transmite de manera muy informal. Es más bien una conversación de pasillo, llamar a una colega para hablar. O decir: ‘entra aquí en la sala, únete a mi grupo’. […] Tratamos de hacerlo dentro de lo posible. Por ejemplo, si un paciente falta o si veo un espacio en la agenda, me siento con otro profesional y discutimos el caso, o si tengo un paciente que necesita otra especialidad, busco al profesional y converso con él. No es algo muy rígido: ‘Si no hay horario, no se hace’”. (S3_Nutricionista)

CONSIDERACIONES FINALES

Nuestros resultados muestran cuán desafiante es la implementación concreta del principio abstracto de la integralidad en la atención a la salud, particularmente en lo que se refiere al cuidado de adolescentes y jóvenes en atención primaria, lo que corrobora otras experiencias latinoamericanas.

Es cierto que el grado de generalización posible para nuestros hallazgos debe ser ponderado considerando las características particulares de nuestro campo empírico. Estudiamos servicios en tres municipios con características sociodemográficas diversas: una metrópoli (São Paulo), una gran ciudad portuaria en la costa (Santos) y una gran ciudad industrial en el interior del estado (Sorocaba). Asimismo, trabajamos con UBS en territorios diversos en términos del grado de vulnerabilidad social de sus poblaciones. No obstante, es posible que en otros contextos algunos de nuestros hallazgos y discusiones no tengan el mismo sentido, considerando la diversidad regional brasileña y latinoamericana, los pequeños municipios, los contextos rurales, las poblaciones más homogéneas y/o con vulnerabilidades en salud más polarizadas (desde el punto de vista social y/o programático), así como los distintos regímenes políticos y de gobierno.

Sin embargo, considerando el interés global en un cuidado de salud integrador de las diversas dimensiones en que se experimentan los procesos de salud-enfermedad y en los recursos para la promoción, protección y recuperación de la salud, tanto colectiva como individual, entendemos que este estudio aporta insumos relevantes. En cierta medida, el contexto analizado resulta particularmente propicio para evidenciar las potencialidades y los desafíos del cuidado integral de adolescentes y jóvenes, ya que se sitúa en medio de fuertes contradicciones: por un lado, la propuesta tecnopolítica vanguardista de la integralidad, inclusiva y fuertemente apoyada en la perspectiva de los derechos humanos; por otro lado, un contexto político marcado por extremismos de derecha y el retroceso en las políticas sociales, con la ruptura del pacto social que, en la década de 1980, permitió que el Estado brasileño adoptara la propuesta del SUS y sus principios doctrinarios, como la integralidad.

En este sentido, se comprende el contraste entre la clara percepción de las y los profesionales sobre las especificidades y la complejidad de las dimensiones de las necesidades de salud adolescente, que van más allá del plano meramente morfofuncional, y la pobreza con la que estas dimensiones son incorporadas en los procesos de trabajo concretamente operados. Las necesidades que efectivamente son captadas son aquellas que se subsumen en las demandas que adolescentes y jóvenes, sus familias o instituciones llevan a los servicios de salud, y la mayoría de ellas son abordadas mediante procedimientos prescriptivos, individualizantes, fragmentados, discontinuos y centrados en aspectos fisiopatológicos. Las propuestas avanzadas de la Política Nacional de Atención Integral a la Salud de Adolescentes y Jóvenes, de 2005, que promovieron la convergencia entre las perspectivas de salud y derechos, han quedado restringidas por un retroceso que, una década después, afectó no solo a este grupo, sino a las políticas de atención primaria en general.

Esta limitación en la lectura de las necesidades se relaciona de forma dialéctica, además, con un desajuste entre los ideales de práctica de las y los profesionales y las finalidades que orientan sus acciones en el trabajo cotidiano. Si bien la promoción y prevención son consideradas por las personas entrevistadas como el horizonte del cuidado en salud de adolescentes y jóvenes, así como la necesidad de superar el enfoque individual para atender a colectivo, en la práctica, el trabajo sigue centrado en la atención a demandas clínicas y, aun en las acciones preventivas, en una dimensión biológica e individualizada. Paradójicamente, estos enfoques siguen modelos universalizantes de explicación e intervención, que resultan poco sensibles a las singularidades y aspectos contextuales de las y los adolescentes y jóvenes atendidos. Los marcadores sociales de la diferencia y sus interseccionalidades, aunque aparecen como categorías en las preocupaciones de las y los profesionales, no llegan a permear ni a diferenciar los procesos de trabajo que operan en la práctica.

Los modelos de formación de las y los profesionales, así como los modelos de atención y gestión, son identificados por las personas entrevistadas como determinantes de este desajuste, continuamente reproducido por un gerencialismo que equipara la eficacia de los servicios a su productividad en términos de un conjunto cerrado y uniformizado de actividades asistenciales. Las prácticas de prevención y promoción carecen de valorización y, por lo tanto, de profesionales, de tiempo, de espacio físico, de recursos y de reconocimiento. Esto sin mencionar el aspecto de rehabilitación y calidad de vida de adolescentes y jóvenes con discapacidad, un tema prácticamente ausente en nuestras observaciones y entrevistas.

Esta situación nos muestra cuán limitado es concebir la integralidad únicamente como una orientación técnica en la organización de la atención a la salud. Si bien tiene un componente técnico, la integralidad es también un potente intérprete de nuestro trabajo, es decir, nos permite comprender, muchas veces a través de su negación práctica en el ámbito normativo, qué estamos efectivamente produciendo (o dejando de producir) en el cuidado de adolescentes y jóvenes en la atención primaria. Cuando el horizonte normativo de la integralidad no se traduce en formas técnicas de lectura de la realidad en salud de un determinado grupo poblacional, es necesario cuestionarnos hasta qué punto ese horizonte es realmente compartido. Más aún, debemos preguntarnos si la construcción y negociación política de este horizonte incluye de hecho a sus principales destinatarios.

Esta misma potencia hermenéutica nos permite alcanzar un nivel más profundo de comprensión de las dificultades que identificamos en la implementación de la integralidad, especialmente en lo que respecta a la articulación entre diferentes servicios y sectores relacionados con el bienestar de adolescentes y jóvenes, en particular la relación entre UBS y escuela, así como las interacciones entre agentes de salud y sus destinatarios. ¿Se trata únicamente de una “falta de planificación y organización” la desarticulación entre profesionales, servicios y sectores, entre las esferas estatal y municipal, entre UBS y escuela? ¿Es accidental el hecho de que, aunque las y los profesionales de la salud sientan que tienen mucho que ofrecer, no logren convertir la UBS en un espacio de interlocución productiva con adolescentes y jóvenes? Enfrentar técnicamente estas deficiencias es una tarea ineludible para las y los profesionales de la salud y, en especial, para quienes gestionan. Sin embargo, parece fundamental ir más allá e indagar en la raíz del problema. Creemos que esto se debe al hecho de que adolescentes y jóvenes terminan convirtiéndose en diferentes “objetos” de políticas sectoriales fragmentadas, las cuales carecen de un eje unificador clave para su articulación: la presencia activa de adolescentes y jóvenes como sujetos de derecho.

Comprender cómo adolescentes y jóvenes se conciben a sí mismos como sujetos de derecho, en sus distintos contextos y experiencias cotidianas, y construir junto con ellos caminos de reconocimiento que los lleven a ocupar un espacio público de formulación e implementación de políticas para su bienestar, tal vez sean los desafíos de futuras investigaciones, a los cuales nos invita la comprensión de la integralidad, tal como ha sido reconstruida en este estudio, y el llamado que nos hace a su implementación efectiva en la práctica.

AGRADECIMIENTOS

Agradecemos a los gestores municipales, a las organizaciones sociales de salud y a las y los profesionales por su disposición a colaborar con este estudio, contribuyendo con sus testimonios y con la apertura para la observación de su cotidiano de trabajo.

Funding Statement

Este estudio recibió financiamiento de la Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo, Proceso 2017/25950-2

Footnotes

FINANCIAMIENTO: Este estudio recibió financiamiento de la Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo, Proceso 2017/25950-2

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Comprehensive health care for adolescents and young people from the perspective of primary care professionals, San Pablo, Brazil

José Ricardo de Carvalho Mesquita Ayres 1,2,3,4,5,6,7,8,9, Valéria Monteiro Mendes 1,2,3,4,5,6,7,8,9, Isabella Silva de Almeida 1,2,3,4,5,6,7,8,9, Macarena Urrestarazu Devincenzi 1,2,3,4,5,6,7,8,9, Jamile Silva Guimarães 1,2,3,4,5,6,7,8,9, Gabriela Junqueira Calazans 1,2,3,4,5,6,7,8,9, Pamela Cristina Bianchi 1,2,3,4,5,6,7,8,9, Alberto Shodi Yamashiro 1,2,3,4,5,6,7,8,9; Grupo de Pesquisa em Saúde de Jovens e Direitos Humanos (SJ&DH)91,2,3,4,5,6,7,8,9

ABSTRACT

Comprehensiveness is a globally recommended principle for effective health care, particularly for adolescents and young people, whose needs combine biomedical aspects with sociocultural processes of subjectivity construction and citizenship exercise. However, significant challenges hinder its effective implementation. This study aims to identify the aspects of work carried out in primary health care units in the state of São Paulo, Brazil, that professionals perceive as facilitators or obstacles to providing comprehensive health care for adolescents and young people. This qualitative study, conducted between January and November 2023, involved workplace observations and semi-structured interviews with 73 health professionals. The findings highlight the predominance of decontextualized, fragmented, and prescriptive actions within a context of resource shortages and weak intersectoral coordination. The study underscores the need for adolescents and young people to participate as rights-bearing subjects in the development of intersectoral health actions and policies.

KEYWORDS: Adolescents, Young Adult, Integrality in Health, Primary Health Care, Human Rights, Brazil

INTRODUCTION

The integration of services and levels of care, centered on the health needs of individuals and populations within their diverse and unique health and sociocultural contexts, is globally recommended as a fundamental element in building more effective health systems. Defined as health care organized in a way that ensures individuals receive a continuum of health promotion, disease prevention, diagnosis, treatment, disease management, rehabilitation, and palliative care-coordinated across different levels and settings of care, both within and beyond the health sector, and according to their needs throughout life -there is evidence that comprehensive care improves clinical and health outcomes, enhances health literacy and self-care, increases user and professional satisfaction, boosts service efficiency, and reduces overall costs.1

Several Latin American countries have adopted the perspective of comprehensive care as a central axis for organizing health care. This approach encompasses various dimensions, including care management, policy formulation, promotion and protection of rights, and human resource training, particularly regarding the health of adolescents and young people. (2,3,4,5,6

In Brazil, comprehensive care has become one of the guiding principles of the Unified Health System (SUS), in this context named “integralidade” (integrality). Closely linked to the principles of universality - ensuring access for all individuals living in the country - and equity - prioritizing resources based on need - the principle of comprehensive care is essential for achieving the SUS’s goals of health promotion, protection, and recovery for the Brazilian population.7 Although integrality is an imprecise and multifaceted principle, there is consensus that comprehensive care reflects the SUS’s commitment to a health approach that goes beyond providing assistance in cases of illness. Instead, it actively engages in health production, understood as the broad notion of well-being for individuals and communities, taking into account their diverse sociocultural contexts, legitimate values, interests, and, most importantly, their rights.8

If comprehensive care is essential for the health of the population as a whole, it is even more crucial for adolescents and young people, defined as those between the ages of 10 and 24. This is because the physical and psychosocial characteristics of this population segment involve complex and interrelated issues -such as bodily transformations, identity and autonomy development, sexual activity, and shifts in socialization patterns- that require a broad and sensitive approach to address their specific health policy and service needs.9

As the primary entry point to the SUS, primary care plays a vital role in ensuring comprehensive health care for adolescents and young people. It is both accessible and capable of resolving nearly 85% of health demands, while also being the most technologically suitable setting for delivering integrated health care.9 The basic health unit, through the extensive reach of the SUS, holds the greatest potential for providing appropriate health care to adolescents and young people. Within their own communities - embedded in their daily lives, sociocultural and health contexts, and in long-term interaction with other local social resources, particularly schools - there are optimal opportunities to develop response capacities that enable truly comprehensive health care for this population.

However, realizing this potential has presented challenges.10,11,12 After 37 years of the SUS’s existence, are health services truly providing comprehensive care for adolescents and young people in the daily work of basic health unit facilities? Are health teams sensitized, prepared, and equipped with sufficient conceptual, technical, and material resources to carry out this work?. To contribute to answering these questions, this study aims to identify the aspects of work carried out in Basic Health Units in the state of São Paulo, Brazil, that professionals perceive as facilitators or obstacles to the provision of comprehensive health care for adolescents and young people.

METHOD

This study is part of a broader project on the vulnerabilities of adolescents and young people to STIs/HIV and intimate partner violence. The project aims to assess the feasibility, acceptability, and sustainability of health promotion and harm prevention practices from a human rights perspective. Based on the conceptual framework of vulnerability and human rights,13 the ongoing project has been conducted since the second half of 2019 in secondary schools in three municipalities in the state of São Paulo: São Paulo, Santos, and Sorocaba.

Building on the themes of sexual and reproductive health and violence -while progressively integrating other syndemic conditions throughout the project, such as psychosocial distress, academic difficulties, the COVID-19 pandemic, dengue, and mpox- a model called “comprehensive prevention” was developed.

In addition to proposing an integrated approach to diagnosing vulnerabilities and responding to them, the model under analysis aims to link school-based actions with the basic health unit (BHU) in the same community as the school. To this end, one of the research focal points was to assess the possibilities and limitations of these BHU facilities in working with adolescents and young people from a comprehensive care perspective. This assessment considered both the actions they were already implementing in their daily practice and the potential synergies that could be developed in coordination with the ongoing work in schools.

To achieve this, a qualitative study was conducted. While it included observations of daily work routines and semi-structured interviews with both health professionals and users of six health units across the three participating municipalities, this article focuses solely on the interviews with professionals, comparing their insights with observed aspects of service delivery.

The study included peripheral territories with varying socioeconomic patterns, ranging from areas of high vulnerability (favelas) to lower-middle and middle-class neighborhoods. In these contexts, access, equity, and comprehensive care are priorities due to the population’s reliance on the public health system and their strong dependence on the SUS for health promotion, protection, and recovery.

Fieldwork took place between January and November 2023. Both observations and interviews were conducted by the research team, which comprised faculty members and researchers from various universities with a multidisciplinary approach (including medicine, psychology, social sciences, occupational therapy, physical education, and nutrition). The study followed a structured guide designed to explore four analytical dimensions based on the theory of the health work process (THWP).14

Developed by Ricardo Bruno Mendes Gonçalves, one of the leading theorists behind the concepts that shaped the field of collective health,15 the theory of the health work process is grounded in historical materialism and engages with critical epistemology thinkers such as Canguilhem and Foucault. It challenges idealistic and ahistorical approaches that treat health practices as merely the application of scientific knowledge through techniques aimed at restoring health. Instead, the theory of the health work process seeks to examine the inherent connection between health technologies and the social and political processes of the contexts in which they are developed and applied.

By understanding health practices as work, the theory of the health work process enables the identification and analytical interrelation of the fundamental components of health technologies, characterizing their social and political significance across different local contexts and historical periods. These components can be broadly described as follows:

  1. Object: The substrate on which the transformation process of work is applied.

  2. Product: The intended outcome of this process, aligned with its goals.

  3. Instruments: The material (artifacts, institutions) and immaterial (techniques, knowledge) resources used to achieve the work’s objectives.

  4. Agents: The individuals who conceive and/or carry out work processes at different stages.

From this perspective, it is not possible to fully understand these components and their interconnections without considering the health needs that are socially and historically constructed in the contexts where these technologies operate, as well as the political factors that mediate the relationships between those who design, implement, and receive these products.

Building on the theory of the health work process, this study aims to address the concept of comprehensive care and the challenge of its operationalization in health services from four analytical perspectives. First, it is essential to identify the health needs that guide the work being carried out. Both health professionals and service users have some conception of what should be achieved when proposing or receiving any form of health care. Therefore, they conceptualize what needs to be transformed (in the body, environment, behavior, etc.).

In this sense, by understanding needs, the goals of the work - what is intended to be achieved as a result - are inseparably conceived. To achieve these goals, a range of material and immaterial resources must be mobilized, which help realize the work’s objectives and are organized, stabilized, and reproduced in the form of technologies (clinical, preventive, rehabilitative, and health-promoting).

With the social and technoscientific processes of the division of labor, the control and management of material and immaterial technologies are not supervised by a single agent nor limited to one workspace. Rather, they are distributed across various professional expertise and sectors responsible for their application. In this regard, health care especially when oriented toward comprehensiveness requires coordination and demands greater interdisciplinary, multiprofessional, and intersectoral articulation.

As a result, for all these different work operators to integrate their areas of expertise and competencies in order to serve the recipients of health actions, the interactions between these various actors will be of crucial importance both among professionals themselves and, especially, between professionals and the individuals receiving care.

Based on these four perspectives for analyzing health practices, the four analytical dimensions guiding the present study were defined. Table 1 summarizes, for each dimension, the guiding questions that shaped the interviews and observations within the service, as well as their interpretation.

Table 1. Analytical dimensions based on the comprehensiveness of work processes.

Variables n %
Identidad de género
Feminidades trans 709 59,3
Masculinidades trans 304 25,4
Otras identidades no cis 183 15,3
Edad agrupada
16-24 292 24,4
25-34 435 36,4
35-44 284 23,7
45-54 144 12,0
55 y + 41 3,4
Región
Centro 468 39,1
AMBA 410 34,3
NOA 107 8,9
Patagonia 73 6,1
NEA 72 6,0
Cuyo 66 5,5
Máximo nivel educativo
Primario 230 19,2
Secundario 664 55,5
Superior 302 25,3
Cambio registral
837 70,0
No 359 30,0

Source: Own elaboration.

Access to services and to the health professionals and community health agents was negotiated between the academic institutions responsible for the research and the institutions responsible for health care, both at the central level of municipal management and at the local level of the health units. The number of professionals interviewed was not predetermined, as it depended on the structure and organization of work in each unit studied. The goal was to create a panel that was as representative as possible of the different professional profiles involved in the work processes carried out in each unit.

The inclusion of at least the person in charge of managing the basic health unit, a medical professional, a nursing professional, and community health agents in the interviews was prioritized due to their strategic positions in defining and operating the work processes. However, a broader range of professionals was also included, as shown in Table 2.

Table 2. Profile of the services, interviewed professionals, and observed aspects. Municipalities of São Paulo, Santos, and Sorocaba, São Paulo state, Brazil, 2023.

Participating service number Health services Interviewed professionals Observations
Type Management Number of FHSteams Specialty Gender Age at the time of interview
Service 1 (S1) Basic Health Unit Social Health Organization 6 Nurse in charge Female 38 Basic Health Unit: reception, welcoming, waiting rooms, meetings (matrix support*, Violence Prevention Hub), group activities. Services and organizations in the territory: NGO “Casa do Zezinho” (institution offering refuge during the day in out-of-school periods for children and adolescents in social vulnerability) and the Institutional Shelter Service for Children and Adolescents (SAICA).
Nurse 1 Female 29
Nurse 2 Female 42
Physician in charge Female 49
Physician 1 Male 26
Physician 2 Male 41
Physical education professional Male 30
Nutritionist Female 34
Psychologist Female 29
Physiotherapist Female 42
Dentist in charge Female 44
CHA 1 Male 27
CHA 2 Male 43
Manager Male -
Service 2 (S2) Basic Health Unit Social Health Organization 7 Occupational therapist Female 39 Basic Health Unit: general aspects of the unit (physical space, comfort, institutional climate), consultations, home visits, meetings (technical team, nursing, Violence Prevention Hub, specialized teams for children and adolescents victims/witnesses of violence, matrix support* with the Family Health Support Center, mental health with Psychosocial Care Centers, and SAICA. Services and associations in the territory: two NGOs; Children and Adolescents Center; Youth Center; Young Apprentice Program; Cultural Association (recreational and sports).
Psychologist Male 37
Speech therapist Female 38
Physical education professional Male 43
Physician Male 28
Physician Female -
Nurse in charge Female -
Nurse 1 Female 42
Nurse 2 Female -
CHA 1 Female 45
CHA 2 Female 30
CHA 3 Female 57
CHA 4 Female 49
CHA 5 Female 48
CHA 6 Female 44
CHA 7 Female 35
Manager Female -
Service 3 (S3) Basic Health Unit Social Health Organization 7 Psychologist 1 Female - Basic Health Unit: reception, waiting rooms, welcoming, groups, matrix support*, home visits. Services and associations in the territory: territorial forums, NGOs, and other services such as the Child-Adolescent Psychosocial Care Center; Coexistence and Cooperative Center; Adolescent House.
Psychologist 2 Female 44
Nutritionist Female 46
Speech therapist Female 34
Physiotherapist Female 37
Physician Female 55
Physician Male 26
Gynecologist Female 32
Pharmacist Female 32
Nurse Male 38
Nurse 1 Female 41
Nurse 2 Female 44
Dentist Female 48
Social worker 1 Female 50
Social worker 2 Female 32
Environmental protection worker Female 35
CHA 1 Female 28
CHA 2 Female 39
Manager Female 44
Service 4 (S4) Traditional Basic Health Unit Social Health Organization 3 Nurse Female 59 Basic Health Unit: reception, waiting room, adolescent group.
Psychologist Female 28
Social worker 1 Female 45
Social worker 2 Female 38
Pediatrician Female 40
Manager Female 42
Service 5 (S5) Family Health Unit Municipal 3 Psychologist Male 54 Family Health Unit: reception, welcoming in waiting rooms, team meetings, visits to the territory, home visits. Services and associations in the territory: specialized prenatal care for high-risk pregnancies.
Nurse Female 41
Social worker Female 54
CHA Female 49
Manager Female 41
Service 6 (S6) Traditional Basic Health Unit Municipal 0 Nursing technician 1 Female 53 Basic Health Unit: Waiting room, reception, pharmacy, treatment room, nursing rooms, dentistry, instrument sterilization service, consulting rooms (clinical, pediatrics, gynecology), and staff cafeteria. Services and associations in the territory: Child-Adolescent Psychosocial Care Center.
Nursing technician 2 Female 51
Nursing technician 3 Female 40
Nursing technician 4 Female 60
Nursing technician 5 Female 46
Nurse Male 47
Nurse Female 53
Physician Female 29
Pediatrician Female 46
Manager Female 44
Psychologist 1 PCC Female 26
Psychologist 1 PCC Female 31

Source: Own elaboration.

FHS = Family Health Strategy; CHA = Community Health Agents; PCC= Psychosocial Care Center.

*Matrix support: a case discussion and follow-up activity by professionals from different training and/or specialties.

The health services included in the study (Table 2) combine different management models currently in place in the Unified Health System in São Paulo, as well as in much of Brazil. These services may be directly managed, meaning they are administered by the municipality in which they are located, or they may be indirectly managed by social health organizations (SHO), private entities responsible for managing and operating health units through contracts with municipalities, which transfer funds based on the achievement of performance goals.

Additionally, the units differ between those termed “traditional”, which operate with conventional teams (general medicine, pediatrics, obstetrics, etc.), typically with models of care that rely more on the active demand from users, and those organized under the Family Health Strategy, which consist of teams that include general medicine, nursing, nursing technicians, and community health agents. These units follow a more territorialized model of care, based on active and ongoing interaction with families and institutions within their assigned areas.16

Both types of healthcare units may also involve broader multiprofessional teams (dentistry, psychology, physiotherapy, occupational therapy, nutrition, physical education, etc.), depending on the varying needs and characteristics of the service network in each region.17

Table 2 presents a summary of the profiles of the services studied, as well as the interviewees and field observations, along with the respective designations of the informants to identify the excerpts included in the body of the article.

A total of 73 semi-structured interviews were conducted in single sessions, with an average duration of 40 minutes. Additionally, service observations were carried out over a typical week, meaning that activities of interest were observed during each of the operating periods of the basic health unit, considering their various frequencies. Observations were also made in spaces such as the waiting room, hallways, and dining area, which were included in the empirical material. The interviews were recorded and transcribed by specialized professionals, and were later reviewed by the research team. In addition, recordings made by the researchers after observing the services, along with notes from the field notebooks, were transcribed and compiled.

All of this material, which formed the discursive corpus that constitutes the empirical material of the study, was subjected to a hermeneutic (comprehensive-interpretive) treatment.18 That is, the framework of care integration from the perspective of vulnerability and human rights, and the theory of the health work process, was used as the comprehensive reference framework that allowed for the construction and interpretation of the discourse produced in the field. This interpretation, structured around the four analytical axes outlined earlier, in turn enriched this reference framework, creating a “hermeneutic circle” that allowed for a new level of understanding of the phenomena studied.19

Precautions were taken to ensure the confidentiality and anonymity of the participants, as well as to avoid situations that could cause discomfort, both during the interviews and in their written recording and storage. The research protocol was submitted to and approved by the Ethics Committee of the institution leading the project, the Institute of Psychology at the University of São Paulo (CAAE 00530918.9.0000.5561). All participants were informed and signed the terms of informed consent. Both the recorded material and the transcripts, identified by codes, are stored on a drive with exclusive access for the research team, available for third-party consultation only under the principles of public interest and good scientific practice, ensuring confidentiality and anonymity.

RESULTS AND DISCUSSION

Needs

As previously mentioned, the needs posed for health work are gradually incorporated and reproduced in the form of technologies that become socially legitimized. In this sense, they tend to be assumed as universal and absolute, shared by both workers and their beneficiaries at any time and place. However, in lived reality, the diverse everyday experiences of different individuals create differences in how these needs are understood and valued, leading to tensions, fissures, and/or conformities that impact the work actually performed and its transformative possibilities.

In this study, without overlooking the broader social consensus, we specifically focus on what the people working in the studied basic units think about the health needs of adolescents and young people, their vulnerabilities and demands, as well as what they perceive regarding how these adolescents and young people understand these needs.

When investigating the needs of adolescents and young people in the territories of the basic health unit, the tendency of the informants was to categorize the demands directed at the services, with a significant reference to the search for contraceptive methods, rapid testing for diagnosing STIs and pregnancy after exposure and risk situations-a common pattern of utilization for these groups in health services.9 The spontaneous demand for care of acute clinical discomforts and psychosocial suffering was also highlighted, confirming recent studies on this subject.20

Issues related to alcohol and drug use emerged as an indirect demand, typically attributed to the family context and psychosocial vulnerabilities. It was also observed that the demands were predominantly made by women, reflecting a gender-related access barrier, a phenomenon also identified in other Latin American contexts.21

“I actually hardly attend to the boys. They don’t consult us. So we don’t have anything directed to them... but they don’t seek us out. It’s mostly the girls.” (S5_Nurse)

Some of the interviewees highlighted what they consider to be an early onset of sexual activity in girls, between 12 and 14 years of age. The demand for contraceptive methods was pointed out as the main reason for seeking care by cis girls, especially in the 14 to 16-year-old age group. Among the most requested methods by adolescents and young people are the copper intrauterine device (IUD, lasting up to 10 years), medroxyprogesterone acetate (available in pills and injectable solution with a duration of three months), and the subdermal contraceptive implant of etonogestrel (ICS, lasting up to three years), because these are long-acting methods less prone to user error or failure.

The ICS is a long-acting pregnancy prevention method available in the SUS since 2022, although its distribution policies vary by municipality. It has become popular among adolescents and young people, being evaluated by professionals as highly effective. According to the Ministry of Health of Brazil,22 respecting municipal particularities, its offering is recommended for cis women of reproductive age between 18 and 49 years, who are in situations of high vulnerability, such as homelessness, violence, abusive alcohol and drug use, and/or immunosuppression.

However, the demand sometimes exceeds this profile, and it is even mentioned that the concern about its use does not always come from the young person herself:

“...there are some who sit there and say nothing! [Laughter] And then they say, ‘I’m here to get the implant.’ And the mother is sitting next to her, and it’s the mother who speaks, you know? So you realize that... somehow they’re being influenced to do it.” (S3_Gynecologist)

Although the information about pregnancy varied between services, the professionals generally emphasized concern about this aspect, but in a way that was not well contextualized in relation to the uniqueness of the lifestyles. In one of the accounts, the mismatch that sometimes occurs in interpreting needs related to sexual and reproductive health is highlighted, which ultimately becomes an obstacle to a more integrated approach to the contexts and perspectives of adolescents and young people:

“...there’s something I find very striking, which is when an adolescent chooses, CHOOSES, the moment to have their first sexual relationship. It’s their first sexual act and they want to protect themselves, right? ... and when they arrive at the basic health unit and hear from nurses, doctors, and nursing technicians that... they’re too young to do that. That... that lack of care from the professionals is, for me, the worst. They’re not there to judge. If the adolescent made the choice, nothing will change... his choice. If this is the moment, and they came to seek... a contraceptive method to avoid pregnancy, accept it. Accept it and that’s it.” (S5_Social Worker)

Psychosocial demands were widely mentioned by professionals from different areas of expertise: suicidal ideation/attempts, anxiety, self-harm, fears, sadness, difficulty sleeping, nervousness, impatience, social isolation, diagnoses of borderline personality disorder, schizophrenia, and depression.

Some of the interviewees link these demands to the social determinants of health and psychosocial vulnerabilities. Factors such as relationships with peers at school (bullying) and with family members, including the lack of dialogue, neglect in caregiving, and lack of affection, as well as violence (physical and/or psychological), violence in the community related to drug trafficking in one of the studied areas, insecurity about the future, loss of family income, fragility in the social protection network, and lack of opportunities both in education and in entering the labor market, all exacerbated by the experience of the pandemic, with feelings of loss, mourning, and social restrictions, were patterns identified in this study, in line with various other investigations in different contexts.23,24

“...mental suffering during the pandemic among adolescents and young people, who stayed at home with little contact with people their age, lost years of socialization, learning various skills, and experiences. This caused them suffering. The increase in demand for mental health care is a new pandemic that is a consequence of the pandemic.” (S3_Manager)

In addition to issues related to sexual and reproductive health and mental health, demands related to self-image (dermatological problems, breast reduction due to orthopedic repercussions, body standardization), gender (affirmation and transition), divergent beliefs and moral values, and nutrition were also highlighted.

Social markers and their intersectional aspects are rarely considered in educational approaches aimed at addressing various demands:

“Health education is the foundation for prevention. [...] I believe that this [referring to neglect in self-care] is much more related to the lack of information than to age, race, gender, orientation, or religion.” (S3_Nurse)

Concerns about school life are a very relevant aspect for the comprehensiveness of care for adolescents and young people. In this regard, professionals highlight demands related to learning difficulties, sociability, and neuropsychomotor development, though not articulated with the work processes proposed by the unit, but rather as spontaneous demands:

“...The school has been bringing cases, and we have tried to solve them. Some more serious, others lighter. There’s also this issue of autism, which has increased a lot; many were diagnosed with autism, others with ADHD, others with hyperactivity. And thanks to the teachers, who have also spoken out, and the supervisor, who has brought these cases to the meetings...” (S5_Community Health Agent)

Goals

In the development of actions directed at adolescents and young people in primary care, one of the key challenges for services relates to the transition from individual care to broader and more collective care, based on health promotion and reducing vulnerabilities to diseases. The narratives and observations revealed that there are some actions in this direction within the units, but they are not specifically targeted at this group, although some professionals emphasized the importance of initiatives in this perspective:

“Our concern in working with children, adolescents, and young people is to transition from this individual care model to broader possibilities that involve health promotion, harm prevention, and a series of issues that are arising.” (S5_Psychologist)

Although health promotion and disease prevention are concepts that underpin work in primary care, various factors (such as outsourcing management through contracts with social health organizations, the reduction or absence of more critical training spaces focused on ongoing education for teams, and underfunding of the SUS) have significantly contributed to the strengthen­ing of a preventive approach focused on indi­vidualized prescriptions of “lifestyle changes.”

From this perspective, it is noteworthy that the predominant goals observed in the work processes in the studied health units are related to the prescription of contraceptive methods and the performance of tests, as well as addressing specific demands, as noted in the previous section.

Group activities are among the strategies most mentioned by the interviewed professionals for welcoming and following up with adolescents and young people. However, various operational difficulties were highlighted that hinder these activities, and many of the interviewees stated that there are no specific programs for this group within the services. Some professionals identified the need to incorporate other strategies for addressing prevention and health promotion, with the perspective that a group for adolescents and young people could become a safe and attractive space for health guidance, since, as other studies have shown, adherence of adolescents and young people to group educational activities is typically low.25

Regarding sexual and reproductive health, the need to develop activities aimed at fostering a critical perspective on the information that adolescents and young people access on the internet was highlighted. Among the topics identified by professionals as associated with misinformation for this group is the widely circulated use of the ICS contraceptive method:

The information circulates […] the friend got it, someone else got it, and they want it too […] Most of them already know what it is. They call it “the chip.” (S3_Gynecologist)

The activities carried out in the school context are mostly related to campaigns, primarily vaccination campaigns, conducted by nursing professionals under the challenging framework 26 of the Health in School Program. This program is part of health and education policies with the aim of promoting health and comprehensive education in schools under the responsibility of basic health units.

“There are things we act on actively. […] We receive requests for active vaccination search, for example, checking the vaccination card, updating the vaccination declaration. During the pandemic, we conducted serology tests for teachers and serological surveys.” (S1_Nurse RT)

Furthermore, previous experiences in the school environment were mentioned, offering clues about the effectiveness of actions integrated with the health sector, as well as their limitations and potential paths in terms of the format and content of these actions.

“From my experience, there are many things we can do, but I don’t have any schools in my area. In another service where we worked, we carried out deworming treatments, talks about head lice, scabies. With older children, we talked about teenage pregnancy. This group of talks also covered specific topics of interest for adolescents. They are wonderful! We also provided medical coverage during the school’s sports day...” (S1_Doctor 2)

Articulations

A first level of articulation for the implementation of comprehensive care refers to the team itself, to its ability to recognize and integrate different forms of knowledge and technical competencies to adequately interpret and respond to health needs. In this sense, it is important to highlight two aspects that hinder this articulation: the priorities of management, which do little to support the ethical-political formation and strengthening of teams, given the reduction or even absence of collective spaces to analyze and plan work, and the lack of priority in hiring complete teams with comprehensive work schedules, leading to professionals working reduced hours and/or splitting their time between multiple health units.27

These movements are closely related to the fragmentation of perspectives that still predominates in health services and to the progressive reduction of spaces for dialogue and agreements that allow teams to critically examine the actions developed or proposed and how to sustain them. From the perspective of comprehensive care, this would also require the active participation of adolescents and young people.

“There needs to be more communication between professionals and alignment, connecting the information. Maybe create a singular project so that it makes sense in that context. If we had more time for support meetings, care for this group, or for any patient, would be more effective, right? […] Everyone’s schedule is overloaded. We used to have two support meetings per month for each team. Now it’s one every 15 days for all teams. The health agents used to participate as well. Now only the nurse is present. We’ve lost the richness of the details the health agents contributed. Sometimes they know the person since birth.” (S1_Nutritionist)

Regarding the articulations between different levels of health care and between different sectors of activity, there is recognition of the existence of resources and, as in other contexts, their importance. However, in some cases, limitations are identified regarding the recognition of existing alternatives and/or difficulties in their effective implementation:

“The integration that exists and the size of the municipal network, the number of services... it’s just a matter of getting to the right place, and then it will be solved. Many times the problem is not the network, many times it’s the professional. The network is there, but the professional doesn’t know how to use it. […] It’s a lack of knowledge of the network, or a lack of empathy, or a lack of will to act.” (S1_Doctor 2)

In the network meeting, all the services involved with that person participate... the school, the guardianship council, if applicable, the CREAS [Specialized Reference Center for Social Assistance], the CRAS [Social Assistance Reference Center]... we call together the entire network involved in that situation.” (S5_Manager)

Regarding the articulation between the basic health unit and the school, an intersectoral collaboration modality that has proven to be essential for comprehensive care for adolescents and young people and their main needs,28,29,30 the interviewees confirm that this is a powerful path to develop, emphasizing the fact that the adolescent “is already in school,” “is in their group,” which can favor more enriching encounters and readings of their needs. However, they note that knowledge of the schools in the area is generally limited, although there are actions developed in collaboration, whether due to specific demands from the school or initiatives from the basic health unit:

“The schools are part of our facilities. Some are more open than others. There are things we actively work on... Now we’ve resumed the PSE [Health in School Program]. Some topics are suggested by the PSE. Our APA, the Environmental Protection Agent, has a job at the EMEI [Municipal Early Childhood Education School]. (S1_Responsible Nurse)

However, the teams identify some important obstacles to this articulation:

1) High number of schools and patients in the catchment area:

The school, in itself, works more on the oversight of vaccination records because we can’t cover everything, there are too many schools, we have too many patients... Even though we want to do more, there’s no time.” (S3_Community Health Agent 1)

2) Lack of coordination for joint planning between health and education at both municipal and state levels:

“The municipality doesn’t have a direct association with state schools, it works more with municipal ones. So, our relationship is more with the principals… One difficulty is the lack of agreement between the municipality and the state. They don’t communicate, and that impacts us a lot, right? Sometimes there are actions... We have to implement the PSE [School Health Program], and I direct the dentist, the dental area, to do anthropometry, activities... but I can only send to the municipal schools. Those are the only ones that are registered.” (S4_Manager)

3) Absence of Intrasectoral Integration (Municipal and State Health):

“There’s no coordination. The state doesn’t communicate with the municipality. If I have a patient hospitalized in the [state hospital], no one sends an email to the basic health unit [informing] (S3_Doctor)

4) Work Organization Centered on Individual Care:

“I think schools would open their doors, but the problem, as always, is the schedule, having a time slot, and having the professionals available. [...] Outside of patient care, we only have home visits for bedridden patients. We, the doctors, don’t have any other external activities, nothing. I still participate in a smoking cessation group, but I can hardly attend because it clashes with my schedule.” (S1_Lead Doctor)

There was also the identification of a certain imposition regarding the participation of adolescents and young people in the basic health unit-school integration:

“It’s different when I invite an adolescent to a group at the basic health unit, maybe they’ll come, maybe they won’t: ‘I’m too lazy to go to the basic health unit to listen to someone talk’... It’s different if I go to the school, whether they like it or not, they’ll listen to something because they’ll be kind of forced to participate. We’ll achieve something.” (S1_Lead Doctor)

Another obstacle for basic health unit-school integration relates to the curriculum and inflexible schedules in schools, especially considering that, as emphasized, adolescents and young people, as well as the schools themselves, seek health services episodically. Moreover, when collaborations do occur, they are limited, beyond vaccination, to giving lectures.

…a one-hour lecture won’t change habits for life. It’s necessary to educate so that people can also spread that information. […] When we approach schools to form a group, the issue always came up that there was no space in the schedule. The class timetable was already set.” (S3_Manager)

In the current context of rising conservatism, the situation in schools refers to a prohibition on debating topics considered sensitive for families of students (especially sexuality and gender), as well as the difficulty of including issues relevant to young people:

“What falls outside the curriculum is treated as problematic, there is a tendency to avoid the subject. Any approach that goes beyond the biological, the ‘hygienic,’ generates conflicts.” (S3_Manager)

“The school recognizes the need to talk about sexuality, but parents don’t want it. So, they end up limiting the topic. Once, I prepared a talk about the human body because I couldn’t talk about sex. And in that context, you try, in a very subtle way, to guide them, because they are adolescents who ask tricky questions. Parents don’t see the need, but they have a thousand doubts!” (S2_Nurse 1)

Table 3 presents a summary of the facilitating factors and challenges related to the basic health unit-school articulation. Intersectoral, interinstitutional, and broad community articulations emerge in the contemporary scenario as fundamental components for the implementation of integrated health care for adolescents and young people in various contexts across the Americas.5,28,30

Table 3. Facilitators and obstacles for health-school integration, according to the professionals interviewed. Municipalities of São Paulo, Santos, and Sorocaba; State of São Paulo, Brazil, 2023.

Facilitators Obstacles
The implementation of health actions in schools is facilitated by the fact that it is a trusted space for adolescents. Overloaded work schedules (most frequently cited issue).
Health actions in schools can become more effective as professionals get closer to the adolescents. Insufficient number of health professionals for the development of actions/programs in schools.
A more collective approach to issues related to the lives of adolescents and young people is facilitated by the knowledge of the needs experienced in the territories. Scheduling of activities in schools versus the working hours of health professionals in basic health unit (especially those in multiprofessional teams working until 1 pm or across multiple basic health unit locations).
Schools and basic health unit have open doors (access between spaces), which facilitates the construction of dialogues and joint initiatives. Limited coordination for the development of proposals and agreements between basic health unit and schools: basic health unit work is linked to the municipal level, while schools for adolescents and young people depend on the state level.

Source: Own elaboration.

In our study, in addition to schools, other institutional resources in the territories that work with young people and can be valuable allies of the basic health unit were mentioned. Teams such as the Institutional Reception Services for Children and Adolescents (IRSCA), the Centers for Children and Adolescents (CCA), the Youth Centers (YC), and various non-governmental organizations (NGOs) develop cultural, sports, and professional training activities, which can be crucial for the coordination of health actions and the expansion of the health promotion network for adolescents and young people.

[NGO X] is great [...] because everything is top-notch, right? [...] And they have activities in gastronomy and IT, in addition to other activities. They also work a little on life projects.” (S2_Psychologist)

“We had a group of adolescents at the [community] radio station. […] It would fill up with adolescents! Because it was a radio, there was music, rap, samba, funk. They had a workshop, and we did group activities with them there, in a whole room dedicated to graffiti. […] [The radio managers] found a way to attract these adolescents and get them to take responsibility for each activity.” (S3_Nurse 1)

Interactions

The dialogue between health professionals and the recipients of their services is a necessary condition for ensuring that the goals and methods of care are in line with the unique aspects of the needs that justify them and, therefore, for ensuring that integrality can be effectively incorporated into the work processes.31

The interviews revealed the perception that adolescents and young people are considered a difficult group to interact with, as they rarely attend health services and show little interest in prevention and health education activities. In this context, the testimony of one professional offers important insights into the need for teams to develop other ways of interacting with adolescents and young people:

I think we should reflect a little more on how the basic health unit can be more welcoming for adolescents. They come here when they need to or when their parents bring them. How much have we, as a team, been able to better train ourselves to serve without imposing our own life stories, our individual beliefs? I’ve seen many situations where people are judged. In a group of pregnant women, where there were adolescents, a dentist arrived to provide guidance and asked, ‘How old are you?’ They answered, and he said, ‘Whew, it’s early to have children, right?’ How is that adolescent going to come back to this basic health unit? We need to think more about this and offer a bit more welcome to them, maybe in the way they enter the service… Today, we have a group that works in the morning. But what about adolescents who study in the other shift? We are not covering all the hours. We need to build this more together with them.” (S2_Occupational Therapist)

Along the same lines, a nurse emphasized the need to work with the technical team and provide greater incentives to create spaces that foster other forms of interaction, dialogue, access, and welcome for adolescents and young people, as:

Health professionals don’t receive much training on this in university; they don’t come with this focus on how to approach without judging.” (S1_Nurse)

When asked about aspects that could be improved in the care of adolescents and young people and the challenges faced, the professionals pointed out various elements, including the work process. They referred to the need for a broader perception of adolescents and young people seeking health services, aiming to understand how their needs and demands manifest and impact their lives, going beyond the demand-behavior model.

“Sometimes, if an adolescent goes to the vaccination room, does the professional there have that perspective? Maybe we could take advantage of these situations that already attract this group in some way. Vaccination is one of them because they need to be up to date, and there is a connection to school, right? It would be useful to train the professionals in the vaccination room so that when an adolescent arrives, they can ask, ‘When was the last time you had a check-up?’ in order to try to bring this adolescent, somehow, into our service.” (S2_Doctor)

This involves sensitivity and openness to dialogue in which adolescents and young people who may arrive with a request for psychology counseling, a school-related demand, a pregnancy test request, or a vaccination action are not judged. In this way, individual and collective movements can be created to question: what approaches and dialogues can be built for more comprehensive care?

“One example of this: I attended a young person, I think around my age, who was very sad about life. So, the consultation took a little longer, right? And we ended up delaying the whole schedule […]. You talk to him, explain, offer measures, support, because they believe that the doctor is just here to medicate, prescribe, and refer. When we do this, we show them that we’re not just here for that. We’re here to support them, to be there for them. I recommend a follow-up to all the patients I attend. That way, they see that I care about them.” (S3_Doctor)

In addition to the need for greater openness and other ways of approaching adolescents and young people, the importance of interaction with families was also emphasized to facilitate the identification of their demands and the construction of more integrated work with the community, especially with the support of community health agents.

“We don’t know much about the demand of other professionals, right? It’s a bit complicated to talk about that. For example, they [community health agents] do a visit once a month... we could be a bit closer. I believe that if we manage to strengthen that base, with the health agents, who are crucial for us, being closer to the family, we could better capture some of the adolescents’ demand.” (S1_Physical Education Professional)

The accounts from community health agents revealed more dynamic movements that extend beyond the walls of the basic health unit and can open pathways for building trust between adolescents and young people, facilitating their approach to the work carried out in primary care.

“I believe that we, the health agents, are sought after much more than the health unit itself, more than the adolescent’s arrival here […]. There was a case of an adolescent who had an inflamed penis with secretion, and didn’t talk to his mother. He showed me a photo and had the freedom to show it to me. He came here [to the basic health unit] based on my guidance. He knows that I go to his house, he knows that I work at the health center. Suddenly, he felt more trust, a stronger bond.” (S3_Community Health Agent)

“As I’m still new, I rely a lot on the medical history to get to know the patients during the first consultation. Usually, the ones who bring this information are the health agents... I believe they are the main source of information about patients in primary care.” (S1_Doctor 1)

Regarding aspects of the work process that impact the care of adolescents and young people, the previously mentioned focus on meeting goals based on quantitative indicators of individual care has impoverished interactions with community spaces, limiting the understanding of health needs through more dynamic interactions in the territories.

An illustrative example of this distance was found when trying to obtain more detailed information about the number of adolescents and young people registered in the basic health unit, or about the characteristics of this population in its coverage area. The most common responses were that the data was scarce or that “it was not available at the moment”. It was also evident in the recurrent statements from the interviewees that the data and information used to understand adolescents and young people were limited to the medical history.

This distance undoubtedly hinders the understanding of health vulnerabilities and their relationship to the promotion and protection of the rights of adolescents and young people in the studied territories, which is reflected in the almost non-existent reference to these aspects in the interviews and observed activities. In turn, this compromises the approach to the ideal of comprehensive care.

These findings align with previous studies that have shown that the way access to basic health unit is organized (appointment scheduling, waiting time for consultation, queues for emergency care) does not favor the arrival of adolescents and young people to the services or their search for health care32. Short consultation times, the lack of empathy from professionals, and the predominance of biomedical practices also contribute to the lack of engagement of adolescents and young people with health services.32,33,34,35

The observations from the professionals coincide with findings from several studies that highlight the absence of a differentiated approach towards adolescents and young people, the persistence of negative, prejudiced, and adult-centric views, as well as practices that do not promote autonomy, self-care, or a preventive attitude in adolescents and young people, weakening the guarantee of their rights.33,35,36

Interactions between professionals are also affected in this work model, where team activities tend to become fragmented and isolated. Although shared consultations and meetings with the multiprofessional team were valued, joint activities depend on informal arrangements based on individual initiatives and situational possibilities, such as coinciding schedules and commitments.

“In some ways, we create it individually and pass it on very informally. It’s more of a hallway conversation, calling a colleague to talk. Or saying, ‘come in here, join my group.’ […] We try to do it as much as possible. For example, if a patient misses an appointment or if I see a gap in the schedule, I sit down with another professional and discuss the case, or if I have a patient who needs another specialty, I look for the professional and talk to them. It’s not something very rigid: ‘If there’s no time, it’s not done.’” (S3_Nutritionist)

FINAL CONSIDERATIONS

Our results highlight how challenging the concrete implementation of the abstract principle of comprehensiveness in health care is, particularly regarding the care of adolescents and young people in primary care, which corroborates other Latin American experiences.

It is true that the degree of generalization of our findings should be weighed considering the particular characteristics of our empirical field. We studied services in three municipalities with diverse sociodemographic characteristics: a metropolis (São Paulo), a large port city on the coast (Santos), and a large industrial city in the interior of the state (Sorocaba). Additionally, we worked with basic health unit in territories with different levels of social vulnerability in their populations. However, it is possible that, in other contexts, some of our findings and discussions may not carry the same meaning, considering the regional diversity of Brazil and Latin America, small municipalities, rural contexts, more homogeneous populations, and/or those with more polarized health vulnerabilities (from a social and/or programmatic point of view), as well as different political and government regimes.

Nevertheless, considering the global interest in integrative health care that encompasses the diverse dimensions in which health - illness processes are experienced and in the resources for the promotion, protection, and recovery of health - both collective and individual - we believe that this study provides relevant insights. To some extent, the context analyzed is particularly suited to highlight the potential and challenges of comprehensive care for adolescents and young people, as it is situated amid strong contradictions: on one hand, the cutting-edge technopolitical proposal of comprehensiveness, inclusive and strongly supported by the human rights perspective; on the other hand, a political context marked by right-wing extremism and setbacks in social policies, with the breakdown of the social pact that, in the 1980s, allowed the Brazilian state to adopt the SUS proposal and its doctrinal principles, such as comprehensiveness.

In this sense, we understand the contrast between the clear perception of the professionals about the specificities and complexity of adolescents’ health needs, which go beyond the purely morphofunctional aspect, and the poverty with which these dimensions are incorporated into the concrete work processes. The needs that are actually captured are those that are subsumed under the demands brought to the health services by adolescents and young people, their families, or institutions, and most of them are addressed through prescriptive, individualizing, fragmented, discontinuous procedures focused on physiopathological aspects. The proposals put forward by the National Policy for Comprehensive Health Care for Adolescents and Young People in 2005, which promoted the convergence of health and rights perspectives, have been restricted by a setback that, a decade later, affected not only this group but primary care policies in general.

This limitation in the understanding of needs is dialectically related to a mismatch between the ideals of the professionals’ practice and the goals guiding their daily actions. While promotion and prevention are considered by the interviewees as the horizon of health care for adolescents and young people, as well as the need to move beyond an individual approach to a collective one, in practice, the work remains focused on addressing clinical demands, and even in preventive actions, it remains biologically and individually oriented. Paradoxically, these approaches continue universalizing models of explanation and intervention, which are not sensitive to the singularities and contextual aspects of the adolescents and young people served. The social markers of difference and their intersections, although they appear as categories in the professionals’ concerns, do not permeate or differentiate the work processes operating in practice.

The training models of professionals, as well as the care and management models, are identified by the interviewees as determinants of this mismatch, continuously reproduced by managerialism that equates the effectiveness of services with their productivity in terms of a closed and uniform set of healthcare activities. Prevention and promotion practices lack recognition and, therefore, professionals, time, physical space, resources, and recognition. This does not even take into account the aspect of rehabilitation and quality of life for adolescents and young people with disabilities, a topic practically absent in our observations and interviews.

This situation shows us how limited it is to conceive of comprehensiveness solely as a technical guideline in the organization of health care. While it has a technical component, comprehensiveness is also a powerful interpreter of our work, meaning it allows us to understand, often through its practical denial in the normative field, what we are effectively producing (or failing to produce) in the care of adolescents and young people in primary care. When the normative horizon of comprehensiveness is not translated into technical forms of reading the health reality of a specific population group, we need to question to what extent this horizon is truly shared. Furthermore, we must ask ourselves whether the political construction and negotiation of this horizon actually includes its main beneficiaries.

This same hermeneutic power allows us to reach a deeper understanding of the difficulties identified in the implementation of comprehensiveness, particularly regarding the articulation between different services and sectors related to the well-being of adolescents and young people, specifically the relationship between basic health unit and schools, as well as interactions between health agents and their beneficiaries. Is the disarticulation between professionals, services, and sectors, between state and municipal spheres, and between basic health unit and schools simply a “lack of planning and organization”? Is it accidental that, even though health professionals feel they have much to offer, they fail to make basic health unit a productive space for dialogue with adolescents and young people? Addressing these deficiencies technically is an unavoidable task for health professionals and, especially, for those managing these services. However, it seems crucial to go beyond that and inquire about the root of the problem. We believe this is because adolescents and young people end up becoming different “objects” of fragmented sectorial policies, which lack a key unifying axis for their coordination: the active presence of adolescents and young people as rights holders.

Understanding how adolescents and young people perceive themselves as subjects of rights, in their various contexts and everyday experiences, and building pathways for recognition together with them that lead them to occupy a public space for the formulation and implementation of policies for their well-being may be the challenges for future research. These challenges are brought forth by our understanding of comprehensiveness, as reconstructed in this study, and the call for its effective implementation in practice.

ACKNOWLEDGMENTS

We would like to thank the municipal managers, the social health organizations, and the professionals for their willingness to collaborate with this study, contributing with their testimonies and their openness to the observation of their daily work.

Footnotes

FUNDING: This study was funded by the São Paulo Research Foundation (Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo), Process 2017/25950-2.


Articles from Salud Colectiva are provided here courtesy of Universidad Nacional de Lanús

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