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. Author manuscript; available in PMC: 2010 Sep 8.
Published in final edited form as: Acta Bioeth. 2010 Jun;16(1):77–86. doi: 10.4067/S1726-569X2010000100011

DISYUNTIVAS EN LAS CONCEPCIONES SOBRE AUTONOMÍA Y BENEFICENCIA QUE AFECTAN LA TERAPÉUTICA DEL INTENTO SUICIDA1

Liliana Mondragón *, Zuraya Monroy **, Ma Emily Ito **, Dra Ma Elena Medina-Mora *
PMCID: PMC2935665  NIHMSID: NIHMS203386  PMID: 20830214

Abstract

El objetivo del trabajo es conocer las disyuntivas entre los principios de beneficencia y autonomía, que se presentan en la relación médico-paciente, durante la terapéutica del intento de suicidio.

La investigación se realizó en dos hospitales psiquiátricos de la Ciudad de México. La muestra incluyó a tres sujetos con intento de suicidio, mayores de 18 años, que eran atendidos en consulta externa a causa de una lesión autoinfligida en el último año, y a tres psiquiatras que trataban a estos pacientes. La información se obtuvo previo consentimiento informado en entrevistas individuales. Se llevó a cabo un análisis de discurso argumentado para encontrar los significados que los participantes otorgaron a los principios bioéticos y las posibles disyuntivas entre éstos.

Las discordancias entre la beneficencia y la autonomía estuvieron relacionadas con el beneficio del tratamiento, el respeto por los valores y las creencias de los pacientes, entre otros. Este trabajo presenta consideraciones éticas relevantes en el escenario clínico, al ofrecer al psiquiatra un análisis bioético que le permita actuar de acuerdo con la beneficencia y respetando la autonomía del paciente frente a casos de intento de suicidio y, de esta forma procurar una mejor atención para ellos.

Keywords: bioética, autonomía personal, beneficencia, intento de suicidio, salud mental

Introducción

El tema del suicido puede suscitar la creencia de que nadie en su sano juicio pudiera quitarse la vida; el suicidio es fundamentalmente considerado como un problema de salud mental(1), en el cual lo importante es la prevención de las amenazas y de los intentos suicidas. No obstante, si comparamos las tasas de mortalidad por suicidio en el mundo con los esfuerzos de las políticas para su prevención, pareciera que no hay un fuerte impacto en la disminución de esta conducta, lo cual supone que estas intervenciones no han tenido el alcance necesario para evitar nuevos intentos e incluso prevenir el suicidio mismo(2).

Quizá el poco éxito de estas políticas se deba al exiguo entendimiento de las implicaciones sociales, culturales e históricas del suicidio, y/o a la falta de aceptación de la doble moral y el estigma que envuelven a dicha conducta. Todo ello puede convertirse en obstáculos no sólo para la prevención, sino también en el tratamiento médico de los pacientes suicidas. Si hacemos un análisis de lo general a lo particular, el punto decisivo de la prevención del suicidio no está en los programas de intervención, sino en el contacto del sujeto con expectativas suicidas con el médico durante el tratamiento, es decir, en la relación médico-paciente.

Generalmente, el tipo de relación médico-paciente que ha predominado en el tratamiento de la conducta suicida ha sido el paternalismo. Este modo tradicional de intervención ha considerado que el intento de suicidio es elegido de manera irracional por una persona enferma, psicótica, cuyos deseos, preferencias y acciones están alterados, lo cual la incapacita mentalmente para poder tomar decisiones sobre su tratamiento, internamiento u otra medida que evite un daño mayor(3).

Como plantea Cohen, “…el problema es que la intervención paternalista, aunque tenga buenas intenciones, puede desencadenar efectos paradójicos”(4:4), pues presenta grandes dificultades en cuestiones prácticas. La primera es el grado de interferencia sobre la libertad de un individuo: quizá el paciente no permanezca incapacitado mentalmente durante todo su tratamiento; la segunda es que la conducta suicida no es homogénea: por ejemplo, no es lo mismo el intento de suicidio diádico que el suicidio asistido, o bien la eutanasia; no obstante, el paternalismo interviene de igual manera en todas ellas(3).

Una posible mediación en estos efectos paradójicos es fijar los límites del paternalismo, es decir, pensar que la intervención paternalista no es inadecuada en todo momento y en todos los casos de conducta suicida. Incluso, en intentos de suicidio, en ocasiones no hay más alternativa que ésta. El problema radica en que el paternalismo ha sido un modo autoritario que ha llegado a lesionar la dignidad de los pacientes.

En bioética y ética médica la mayoría de los argumentos antipaternalistas se fundan en la autonomía de los pacientes, alegando la defensa de sus derechos(3), o bien en una beneficencia más humana, en vez de un paternalismo rígido, frío o áspero(5), considerando la actitud paternalista como una postura extrema de la beneficencia. Esto significa que ambos principios —autonomía y beneficencia— deben estar presentes en la relación médico-paciente, para limitar al paternalismo(5) y atender los intereses de este último.

En este sentido, el principio de beneficencia está orientado a auxiliar al médico para que pueda comprender su actitud y comportamiento moralmente apropiado en la atención al paciente. Esta manera de interpretar las significaciones morales de su actuar como médico y de la solicitud expresa de su paciente conduce al médico a una serie de obligaciones y virtudes concretas(5), abordando la relación desde un modelo interpretativo(6), el cual toma en cuenta al paciente como agente moral capaz de decidir lo mejor para su salud, con la ayuda y acompañamiento del médico o equipo de salud en un afán de protección. Así, las virtudes y deberes de los médicos se convierten en beneficios para los pacientes.

El principio de autonomía se centra en que los mejores intereses del paciente son los que él interprete, aunque estos difieran de los objetivos médicos. En general, dicho principio se sustenta moralmente en el respeto de los médicos hacia los valores y creencias de los pacientes, quienes son considerados como agentes morales, que pueden o no ser autónomos, pero de ninguna manera debe dejar de ser respetada su dignidad; o bien, dado el caso de ser considerados como personas con menos autonomía, entonces tienen derecho a la protección.

La presencia de estos principios (beneficencia y autonomía) en los escenarios de salud no resuelve totalmente los dilemas éticos, pero su aplicabilidad es materia de diálogo(7). Sin embargo, poco sabemos sobre las disyuntivas o concordancias entre los principios bioéticos que se presentan en la relación médico-paciente. Por ello, el propósito del presente trabajo es aproximarnos a los elementos que contribuyan a una posible disyunción entre estos principios, a partir de los discursos de las personas que atentaron contra su vida y de psiquiatras que pueden afectar la terapéutica del intento de suicidio.

Metodología

Cuando abordamos desde la bioética algunos problemas, podemos usar como referentes otras disciplinas, como la psicología social2, con la cual se sustentaron los elementos metodológicos a través de la aproximación comprensivo-interpretativa, para dilucidar los significados que los sujetos atribuyeron a su experiencia, a sus relaciones y a la realidad social.

La investigación se realizó en dos hospitales psiquiátricos de la Ciudad de México. La muestra3 incluyó a tres sujetos con intento de suicidio, mayores de 18 años, que eran atendidos en consulta externa a causa de una lesión autoinfligida en el último año, y a tres psiquiatras que trataban a estos pacientes.

La información se obtuvo previo consentimiento informado, mediante entrevistas individuales, en una sesión de 50 minutos aproximadamente. La herramienta que se utilizó para este fin fue una guía de entrevista. Se llevó a cabo un análisis de discurso argumentado para dar lectura al material y encontrar los significados que los participantes otorgaron a los principios bioéticos y las posibles disyuntivas entre éstos.

El discurso argumentado(8) hace referencia a objetos, acontecimientos, actitudes o comportamientos que remiten a un pasado personal, a otro sujeto o a opiniones, ya sea que se traten de aquellas comúnmente aceptadas (valores, verdades) o bien de objetos de oposición (debates o controversias).

Así, la argumentación se construye en el discurso en forma de una organización de juicios, de proposiciones en sentido general (se propone) o de asertos (se dice), siempre remitiendo a un otro, es decir, hace alusión a una persona o situación(8).

Consideraciones éticas

La presente investigación está fundamentada en la ética psicosocial y en la biomédica. Por ello, consideramos algunas de las recomendaciones éticas internacionales para llevar a cabo el trabajo. Principalmente, se contemplaron algunas de las Pautas del Council for International Organizations of Medical Sciencies - CIOMS(10) y los principios de la Declaración de Helsinki(11).

Asimismo, se atendieron algunas de las consideraciones éticas de la investigación psicosocial que plantean que la participación de los sujetos suicidas y del equipo médico sea voluntaria y se les garantice absoluta confidencialidad y privacidad. También se solicitó a los entrevistados autorización para grabar las sesiones, ofreciendo las transcripciones como una manera de devolución y retribución por su trabajo y participación.

En el consentimiento informado del participante, se planteó que la entrevista podría abordar momentos y recuerdos que podrían ser dolorosos. En esos casos, el participante podía declinar o seguir adelante según lo deseara. Un aspecto importante fue explicitar a los pacientes que su participación o abstención no afectaba en nada su atención o tratamiento en el hospital, ya que era totalmente independiente de ello. Mientras que en el consentimiento informado para el equipo de salud, se enunció que su participación o declinación en el estudio no tenía ninguna repercusión en su trabajo o ejercicio profesional.

Resultados

El análisis de las concepciones de los principios de beneficencia y de autonomía en los discursos de los participantes permitió identificar elementos disyuntivos y concordantes respecto de dichos principios; asimismo, dilucidar su vínculo en la terapéutica del intento de suicidio.

En cuanto al principio de beneficencia, hubo factores que fueron disyuntivos y concordantes entre médicos y pacientes, por ejemplo: el beneficio del tratamiento, las virtudes y valores, y la concepción de lo que es una “buena” relación médico-paciente. En ocasiones, este doble estatus de los elementos se debió a las ambigüedades en los discursos de los médicos, pues, a partir de la interpretación de estos, se acomodaban en uno u otro punto de la concepción de beneficencia.

En los componentes disyuntivos, los pacientes aluden al principio bioético de beneficencia, en el cual el galeno es más afectivo, amistoso, confiable, y los psiquiatras hacen referencia al paternalismo médico, en el cual el galeno debe desvincularse de sus pacientes y dejar de lado las emociones. Por ello, se percibe una discrepancia entre ambos actores. Esto evidentemente afecta a la atención del intento de suicidio, porque parece que no hay un diálogo entre el médico y el paciente.

Para los pacientes, una “buena” relación médico-paciente fue un elemento de disenso. Ellos plantean esta relación desde un modelo interpretativo, en el cual el médico es empático, escucha y acompaña a su paciente, responde a sus necesidades, da confianza, entre otros aspectos. Para los galenos, la “buena” relación está construida desde el modelo paternalista, en el cual el médico es “objetivo”, resuelve los problemas de su paciente, pone los límites y da órdenes. De esta forma, hay una distancia entre lo que el galeno proporciona y lo que el sujeto que intentó suicidarse demanda.

Los elementos concordantes del principio de beneficencia están relacionados con el paternalismo médico, en el cual el médico es la autoridad y da instrucciones de lo que se debe hacer; el paciente que intentó suicidarse es considerado como un sujeto que no tiene juicio ni conciencia. Hubo consenso en cuanto a la demanda de ayuda que tienen los pacientes que intentan suicidarse, debido al paternalismo en el que buscan ser tratados los pacientes y que los médicos practican.

Las concordancias parecen tener una influencia más positiva en el tratamiento del intento de suicidio; sin embargo, nuevamente, mucho del modelo paternalista prevalece y eso puede dificultar la atención. Por ejemplo, en los dos últimos puntos de la tabla 2, “el mejor tratamiento para el intento de suicidio” y lo que sería una “buena” relación médico-paciente, también hubo consenso: ambos actores estuvieron alejados de una concepción paternalista, pero estos elementos son hipotéticos, casi nunca se llevan a cabo.

TABLA 2.

ELEMENTOS CONCORDANTES DE LA BENEFICENCIA, ENTRE SUJETOS QUE INTENTARON SUICIDARSE Y EL EQUIPO DE SALUD

Elementos del
principio de
beneficencia
Sujetos que intentaron suicidarse Equipo de salud
La demanda El paciente quiere que le quiten el
dolor subjetivo de manera rápida. Si
esta demanda no es cumplida,
entonces se recurre a otros métodos
(consumo de alcohol o el intento de
suicidio).
La demanda de los pacientes es que el
médico le resuelva sus problemas; si el
médico no lo ayuda, el paciente intentará
quitarse la vida nuevamente.
El beneficio del
tratamiento
Esperan que el médico los “lleven casi
de la mano…para ir superando” o
bien, que les den instrucciones sobre
lo que tienen que hacer.
Los pacientes no quieren un beneficio,
sino un médico paternalista que les diga
qué hacer y cómo deben ser las cosas.
El mejor
tratamiento para
el intento de
suicidio
Los pacientes en general querían que
sus médicos fueran más afectivos y
cálidos, además esperaban que las
sesiones duraran más tiempo, para
estar acompañados de sus médicos.
El mejor tratamiento sería que el médico
se haga presente, a través del contacto, la
escucha, brindándole tiempo y espacio al
paciente, mostrarle sus afectos permitidos,
no ser rígido.
“Buena” relación
médico-paciente
Es aquélla en donde el médico
acompaña, apoya y responde en el
momento en que ellos los necesitan.
El mejor tipo de relación médico-paciente
debería tener tres pilares: confianza,
comunicación y paciencia

En el discurso argumentado del equipo de salud, poco se hizo referencia a la autonomía de los pacientes, mostrando que ésta no es reconocida. Por tanto, los elementos de disenso y consenso del principio de autonomía son pocos y parecen ser concepciones sobre lo que se consideró la búsqueda de ayuda, conciencia, juicio y voluntad, valores y creencias y finalmente, la prevención del intento de suicidio.

Los componentes disyuntivos muestran la postura paternalista médica, que describe al sujeto que intentó suicidarse como una persona sin capacidad y competencia para tomar decisiones, observándolo siempre como un ente biológico; en tanto los pacientes expresan la gradualidad de la autonomía.

Los valores y creencias son componentes morales de disenso. Para los pacientes, el intento de suicidio se da porque ya no se quiere vivir y se quiere dejar de sufrir. En cambio, para algunos médicos, el acto fallido es “rendirse antes de luchar”, es decir, se contrapone al valor de la vida: lo que en este caso representa poco respeto por las creencias y valores de los pacientes.

En los elementos concordantes, la autonomía es reconocida en la conciencia de sí mismo que tienen los pacientes cuando se sienten mal nuevamente y ello los lleva a pedir ayuda. Es decir, la búsqueda de ayuda es el único acto reconocido por los psiquiatras como voluntario y autónomo de los pacientes.

Los demás componentes de consenso están relacionados con que los valores y creencias de los pacientes no sólo son “respetados” por los médicos, sino que son utilizados para prevenir un nuevo intento de suicidio; aunque en ocasiones estas sean medidas de coacción y creen otros dilemas éticos, como la estigmatización del paciente. Finalmente, el sentido común de los médicos, utilizado como un criterio para prevenir un suicidio, puede estar relacionado con el malestar que expresa el paciente antes de atentar quitarse la vida.

Discusión

La tradición médica occidental ha asignado al médico la obligación de la beneficencia, buscando el bien del que sufre. Pero esta beneficencia se ha acompañado, en ocasiones, de la restricción de la autonomía de las personas cuando enferman. Estas son relevadas transitoriamente de sus obligaciones sociales, pero se espera que haga todo lo posible por sanar, confiándose a profesionales competentes. En estas circunstancias, lo que se ejerce en realidad es el paternalismo, que no es más que una beneficencia sin autonomía, y que ha caracterizado a la medicina occidental desde tiempos hipocráticos(12).

La interferencia paternalista en conductas suicidas, como suele suceder en la atención de un caso de intento de suicidio, se basa en la intervención médica en contra de la voluntad del sujeto, bajo el supuesto de que a futuro pueda ser consentida por este, al descubrir el daño que pudo haber sufrido(3).

No es que el paternalismo esté mal en cualquier circunstancia; lo grave es que de él se deriva una manera de intervenir en conductas suicidas que se convierte en una espada de doble filo, porque mientras muchas de sus acciones y decisiones están encaminadas a prevenir el suicidio, al mismo tiempo pueden llegar a facilitarlo o desencadenarlo(3).

Es difícil entender por qué el paternalismo continúa siendo la manera médica de tratar a los pacientes que intentaron suicidarse. Los médicos siguen pensando la beneficencia en términos paternalistas y no desde el “principio bioético” de beneficencia. Ante esta idea predominante, no hay cabida para la autonomía del paciente, en ninguna de sus formas o grados.

Si discutimos los elementos de disenso y consenso de los principios de beneficencia y autonomía en la relación médico-paciente, entenderemos que el paternalismo está presente algunas veces obstaculizando y otras facilitando la terapéutica del intento de suicidio, pero tal vez sin permitir la injerencia bioética. Por ejemplo, el beneficio del tratamiento y las decisiones que se toman durante este están justificadas a partir del argumento paternalista: la discapacidad del paciente(3), aun cuando la autonomía de un individuo es particularmente dañada por la enfermedad o las circunstancias, la prescripción de un profesional debería ser atender la responsabilidad moral hacia su paciente, cuya autonomía es disminuida y no completamente ausente(13).

Pero, más allá de la discapacidad por la autonomía disminuida, existe una postura insistente de los médicos de que las complejidades del cuerpo humano sano y los procesos patológicos están fuera del entendimiento lego, lo cual no es del todo erróneo pero resulta irrelevante. Más que compenetrarse en detalles técnicos y científicos, el paciente tal vez necesite información respecto de su tratamiento, es su derecho.

Kentsmith(13) mencionó que los profesionales de la salud mental toman decisiones de naturaleza moral en el curso de sus trabajos, porque estos profesionales son inherentemente morales y en el rol de su entrenamiento profesional involucran juicios sobre la experticia hacia los mejores intereses de los otros, de sus pacientes. El gran problema es que, en esta creencia, los médicos pueden asumir hacer el bien, adoptando decisiones inadecuadas o a veces crueles. Aunque sabemos que estas decisiones tampoco son tan “voluntarias”, dado el entramado institucional, la conducta médica es un conjunto de decisiones y actos que están moldeados sobre la base de normas y procedimientos de la medicina de manera inmediata, olvidando así que la conducta es, en realidad, una forma de vincularse con esas normas para hacerlas válidas en la práctica.

Entonces, al parecer, se necesita una praxis más consciente de los límites y alcances, entendiendo la existencia de motivaciones conscientes e inconscientes, reconociendo angustias y miedos, examinando la implicación personal. Parte del contenido ético de las profesiones reconoce su origen en el diálogo interior de quienes se relacionan con su ejercicio(14). De esta forma, el trabajo profesional sería una mezcla equilibrada de intuición, conocimiento, experiencia y emoción.

Por lo tanto, se requiere de un ethos médico distinto, contemplado en el principio bioético de beneficencia. En este trabajo reflexionamos no sólo acerca de la autonomía de los pacientes en contraposición del paternalismo(5), sino también en torno de la beneficencia como un modo de ser del médico, apelando, más allá de una alternativa, a un ethos como fundamento del tratamiento y trato a los sujetos con conductas suicidas. El ethos determina el “modo de ser”, se construye por las acciones habituales en la vida cotidiana, en un espacio temporal, en una estructura social, permitiendo la identidad al interior de un grupo de pertenencia, construyendo un proyecto que se inicia con el reconocimiento de la memoria histórica singular y colectiva(15).

El ethos remite a una concepción sobre la ética, a determinadas formas de comportamiento que se adquieren por medio de una estructura familiar, cultural y/o educativa(15). “El ethos médico que conocemos está dado por estructuras de poder que han mediado la institucionalización de la medicina y el ejercicio de la profesión médica, permitiendo que se construya un modo de ser, de vivir, de actuar, de mirar, de expresar”(15:60), de manera mayoritariamente paternalista.

El ethos del médico de la beneficencia bioética se cifra en esencia en su capacidad de un genuino respeto por el paciente, de comprensión y compasión por “sentir con” el otro; se cifra en su capacidad de apoyo, generosidad, solidaridad, “benevolencia”, en una vinculación humanizada(16).

Sin este ethos médico como fundamento de la beneficencia, el tema de la negación, evitación o miedo a los afectos en el discurso médico continuará obstruyendo la presencia del diálogo bioético y seguirá fomentando otros elementos (por ejemplo, el estigma) que afectan la terapéutica del intento de suicidio, pero sobre todo mermará las virtudes y los valores del médico.

El paternalismo, identificado en la investigación que se presenta, mostró los valores y virtudes que los médicos han heredado por siglos, desde tiempos hipocráticos. En este trabajo ambos aspectos éticos y morales no sólo fueron elementos de disenso y consenso, tanto de la beneficencia como de la autonomía, sino generadores de otros dilemas éticos en la atención del intento de suicidio.

Por ejemplo, recordemos que los psiquiatras mencionaron utilizar las creencias religiosas que consideran al suicidio como algo pecaminoso y a quien lo realiza como pecador para “hacer entender” a los pacientes que tienen que salir adelante y así evitar un nuevo intento de suicidio. El dilema reside en que el médico, mediante tal argumentación, supone estar evitando un daño, el intento suicida, pero al mismo tiempo estará reforzando el estigma hacia dicha conducta y hacia su ejecutor. No cabe duda de que lo más benéfico es lo primero, pero lo segundo representa un mal, porque, además de no respetar los valores y creencias del paciente, es una práctica coercitiva impuesta bajo el nombre de prevención(1), en donde la coerción psiquiátrica sustituye a la coerción teológica.

Ciertamente, intentar persuadir a una persona para que se abstenga de actuar de una manera que consideramos prejudicial para sus intereses morales, económicos o sanitarios es siempre algo permisible, pero esto no justifica sustituir la persuasión por la coerción(1). También, es real que los galenos tiendan a asumir que los otros (pacientes) comparten los mismos valores o motivaciones y expectativas. Esto puede oscurecer el significado de la comunicación con la asunción de que la gente piensa las mismas cosas y sólo las expresa con diferentes palabras(13).

Por ello el principio de autonomía, que incluye valores y creencias del paciente como principal consideración, se difuminó ante el paternalismo prevaleciente en la determinación de las responsabilidades morales de los galenos. No obstante, del principio de beneficencia es rescatable el valor de la persona del médico, en cuanto a su labor humanizante, ayudando a adoptar libremente las decisiones que inspire la prudencia(17), como principal virtud. Así, los pacientes alcanzaron a reconocer que la virtud se aprecia más en las cualidades empáticas y benevolentes del médico, mediante las cuales ellos percibieron la sensación de estar protegidos(18). Por ello, no hay que olvidar que el ethos de médico de la beneficencia apela e incluye los valores y virtudes, y que ha sido la bioética la que ha insistido en “incorporar los valores morales para otorgarle a la práctica médica el sello de excelencia que por su sola sofisticación técnica jamás podría alcanzar”(19:43).

Con base en lo anterior, podemos reconocer que la relación médico-paciente no es una relación única y estática, sino un encuentro complejo y progresivo(20), en el que ambos actores pueden adoptar distintos roles de acuerdo con factores como el tipo de enfermedad o las conductas normativas y las expectativas sociales(21). Sin embargo, queda claro que la responsabilidad del médico (beneficente o paternalista) consiste “en hacerse cargo de la asimetría de autodeterminación que hay entre el galeno y paciente, en tomar consciencia de la asimetría que está en permanente riesgo de traducirse en autoridad hecha poder. La responsabilidad del médico le impone el requerimiento moral de reducir esta desigualdad y orientar en beneficio del paciente aquel residuo indeleble de asimetría que siempre persistirá”(19:43).

En la relación terapéutica que se establece para tratar los casos de intento de suicidio, la asimetría, a veces voluntaria y otras involuntaria, en ocasiones necesaria y en otras inútil, puede llegar a extremos en los cuales exista un trato indiferente carente de conmiseración por el paciente, convirtiéndose en la deshumanización de la medicina. Contra ello habría que percibir las circunstancias del paciente, su dependencia ante el médico y su necesidad de protección, apoyo y ayuda efectiva. Esto conlleva a una exigencia de la genuina philía y de juntar en un solo trato el respeto y la compasión (16, 20). En otras palabras, la ética revela que la responsabilidad que cada quien tiene ante sí mismo y su propia conciencia, la tiene en el fondo ante los demás(22).

Bajo la idea de la responsabilidad simultánea (con uno mismo y los otros), en el modelo interpretativo se desarrolla una relación entre médico y paciente que se ciñe a los cánones éticos de la comunicación y el diálogo, en los cuales el médico debería tener presente la autonomía disminuida del paciente y entender que la autonomía es gradual, es decir, puede ser relativa, por momentos o permanentemente(5,23), pero que esto depende de las circunstancias de cada paciente, de su historia y biografía, de su dolor subjetivo y de la temporalidad del intento de suicidio, entre otros. Es decir, los pacientes no son homogéneos(15).

Si el paciente es tratado como un incapaz, incompetente a priori o en general, el médico no podrá entender que el intento de suicidio puede interpretarse como una forma de enfrentar un destino con un dolor o mal subjetivo (duelo, depresión, pocas ganas de vivir, miedo) considerado peor que la muerte. Por ello, quitarse la vida es una acción orientada al futuro, una anticipación(1).

Desde la psicología4, entendemos que la persona totalmente autónoma no existe; somos más o menos autónomos siempre en función de las circunstancias y de las comparaciones con los demás o con nuestro pasado o futuro. Esto no resta valor al término, aunque obliga a tener en cuenta que nuestra necesidad de autonomía es intrínsecamente contradictoria con nuestra necesidad de relacionarnos con otro seres humanos(1). Ejemplo de este argumento es cuando los pacientes buscan la ayuda del médico y se “ponen en sus manos”; de la “independencia” pasan a la “dependencia” en la relación con su médico.

Por esta misma razón, en el discurso médico se percibe una falta de reconocimiento de la gradualidad de la autonomía en los sujetos que intentaron suicidarse; ni siquiera es considerada o tomada en cuenta, como se observó en los disensos y consensos presentados en cuanto a la autonomía.

De esta manera, el paternalismo que subyace en la atención de los casos de intento de suicidio puede obstaculizar la presencia y acción de los principios bioéticos y dificultar la atención y prevención del intento de suicidio. Con ello, los discursos yuxtapuestos de los médicos y los pacientes parecen dar continuidad al paternalismo y eliminar el diálogo bioético.

No obstante, a partir de estos resultados, también podríamos concluir que los principios son evidentemente medios para el diálogo, cuyo “producto” más visible sería el consenso frente a ciertas decisiones que involucran a personas(7); en tanto que su disenso ayuda a formular los problemas, diseñar estrategias de resolución y permitir el ordenado debate sobre las discrepancias. En sí, el mérito de los dos principios de la bioética —beneficencia y autonomía— radica en la simplificación que otorgan al proceso de discernimiento bioético, convirtiéndolos en procedimiento para su aplicación.

Por último, la prevención del intento y del suicidio parece no tener grandes esperanzas con el paternalismo, pues ha sido con este modelo que desde siempre que se ha tratado de prevenir. Continuar con el paternalismo que practican los médicos psiquiatras y mantienen los pacientes que intentan suicidarse parece abrir un dilema ético ante la idea de tratar de cambiar a otro tipo de atención y prevención sustentado en la bioética. Nuestra insistencia no obedece a una necedad científica, sino a entender que la bioética permite ver que distintas concepciones de lo bueno deben tratar de convivir dentro del margen de lo justo(24); por ello, habría que continuar utilizando las herramientas de la bioética en aras de la prevención del fenómeno suicida.

El suicidio plantea problemas de índole tan compleja y profunda que no pueden responderse con soluciones rígidas, unívocas y definitivas(22), como sería un paternalismo médico. Sabemos que no está en nuestro poder evitar la muerte pero sí está en nosotros la respuesta ética y vital ante la muerte, la cualidad moral de esta, su bien o su mal: su sentido propiamente humanizado. Para eso apelamos al ethos del médico, cuyo fin sería luchar contra el dolor del paciente, darle la oportunidad de salvaguardar su margen de “autonomía” disminuida(22) y no sólo buscar asegurarle la sobrevivencia.

TABLA 1.

ELEMENTOS DISYUNTIVOS DE LA BENEFICENCIA, ENTRE SUJETOS QUE INTENTARON SUICIDARSE Y EL EQUIPO DE SALUD

Elementos del
principio de
beneficencia
Sujetos que intentaron suicidarse Equipo de salud
Virtudes y valores Los valores y virtudes percibidos en
los médicos fueron: la amistad,
autoridad y confianza
El médico no es amigo ni confidente, es
quien ayuda a resolver los problemas de
los enfermos con una escucha objetiva y
con medicamentos.
“Buena” relación
médico-paciente
En ella, el médico acompaña, apoya y
responde en el momento en que su
paciente lo necesite o requiera. Modelo
interpretativo.
Es construida por el galeno, él modula al
paciente dándole órdenes para que cambie
su actitud, y ya no vuelvan a atentar
contra su vida. La relación debe tener:
constancia, negociación y límites. Modelo
paternalista.
Las decisiones del
tratamiento
Cuando no se está de acuerdo en el
tratamiento.
Los pacientes no están bien para tomar
decisiones (son pasivos, están deprimidos,
tienen un juicio nublado).
Los afectos Los pacientes expresaron su deseo de
que sus médicos fueran más afectivos,
cálidos.
El médico tiene el deber desvincularse de
los pacientes, crear una coraza que
permita alejar al paciente y dejar de lado
las emociones. El médico “no debe
sentir”.

TABLA 3.

ELEMENTOS DISYUNTIVOS DE LA AUTONOMÍA, ENTRE SUJETOS QUE INTENTARON SUICIDARSE Y EL EQUIPO DE SALUD

Elementos del
principio de
autonomía
Sujetos que intentaron suicidarse Equipo de salud
Conciencia, juicio
y voluntad
Intentar suicidarse es un acto
consciente y una decisión “bien
pensada”. Después del intento, la
familia obliga a ir a tratamiento al
paciente, hasta que éste “entra en
razón” y va por su propia voluntad.
Los pacientes tienen voluntad, pero no
tienen conciencia porque pierden el juicio.
Para la incapacidad de juicio, el médico
debe modular el sistema serotoninérgico,
que reducirá la ideación suicida y evitará
un nuevo intento.
Valores y
creencias
Los pacientes expresaron sus creencias
y valores en cuanto al intento de
suicidio “Si voy a seguir viviendo con
esta cosa de la ansiedad y todo eso,
pues no ya, de veras que ya, no es
bueno pedir la muerte […] pero le
digo bueno Dios perdóname pero pues
ya…. ¡quítame de sufrir!”
Los posibles valores o creencias con los
que se trabaja son solamente del paciente
y no del médico, pero…
“yo tengo…ciertas cosas muy punitivas
en mi vida y creo que el intento de
suicidio es como rendirte antes de luchar.
O sea ¡no se vale que te rindas!

TABLA 4.

ELEMENTOS CONCORDANTES DE LA AUTONOMÍA EN SUJETOS QUE INTENTARON SUICIDARSE Y EL EQUIPO DE SALUD

Elementos del
principio de
autonomía
Sujetos que intentaron suicidarse Equipo de salud
Búsqueda de
ayuda
Los pacientes fueron conscientes de
que se sentían mal, que estaban
perdiendo “el control”, esta conciencia
de sí mismos los llevó a buscar ayuda.
Cuando los pacientes se sienten mal,
buscan ayuda, esto es un acto voluntario y
autónomo.
Valores y
creencias
Los pacientes expresaron sus creencias
religiosas en cuanto a su deseo de
quitarse la vida. “Dios… te va a llevar
cuando él quiera no cuando tú
quieras”… pero varias personas… se
han matado y todo eso. Pero como
digo “¿qué cuentas vamos a entregar
allá?”
Los médicos utilizan las creencias
religiosas que califican al suicidio como
un pecado y quien lo realiza como
pecador, para “hacer entender” a los
pacientes que tienen que salir adelante, y
de esta forma tratan de evitar un nuevo
intento.
La prevención del
intento de suicidio
Los pacientes “recaen”, se sienten mal
(deprimidos, ansiosos, desesperados)
ya no se controlan e intentan
suicidarse.
El “sexto sentido” que tiene el galeno es
una intranquilidad que siente, es una mala
sensación que se tiene, que de alguna
forma “avisa” que el paciente se va a
suicidar.

Agradecimientos

Este trabajo fue posible gracias al proyecto “Bioética y Salud mental: disyuntivas en las concepciones bioéticas que afectan la terapéutica de un intento suicida” 4601 del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente. El trabajo se enriqueció gracias a los seminarios del Proyecto de Investigación: Epistemología, psicología y enseñanza de la ciencia, DGAPA/PAPIIT IN401006 de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Footnotes

1

Supported in part by grant number 5R25TW006056-07 NIH Fogarty International Center & Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente

2

La psicología social puede estudiar la salud mental develando procesos que dan cuenta de la construcción de la vida social y, por lo tanto, de los sujetos(9).

3

El tamaño de muestra cumple con los requerimientos metodológicos propuestos en la investigación, entre ellos, el criterio de saturación de la información, es decir, se suspendió el proceso de obtención de información al momento en que ya no se obtuvo información adicional “relevante”.

4

En particular la psicología que estudia los procesos de la subjetividad.

Referencias

  • 1.Szasz T. Libertad fatal. Ética y política del suicidio. Paidós; España: 2002. [Google Scholar]
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