Skip to main content
NIHPA Author Manuscripts logoLink to NIHPA Author Manuscripts
. Author manuscript; available in PMC: 2014 Oct 28.
Published in final edited form as: Cienc Econ (San Jose). 2013;31(1):153–167. [Article in Spanish]

Factores socio-económicos asociados a la percepción de situación socioeconómica entre adultos mayores de dos países latinoamericanos

Socioeconomic factors associated with self-rated socioeconomic status among the elderly in two Latin American countries

Gilbert Brenes-Camacho 1,1
PMCID: PMC4210949  NIHMSID: NIHMS616111  PMID: 25360057

Abstract

The article's main goal is to study the relationship between subjective perception of own economic situation and objective measures of economic well-being –sources of income, home ownership, education level, and informal family transfers– among the elderly in two Latin American countries: Mexico and Costa Rica. The data come from two surveys about ageing: CRELES in Costa Rica and MHAS in Mexico. The most important dependent variables is derived from the answer to the question “How would you rate your current economic situation? in Costa Rica, and “Would you say that your current economic situation is…?” in Mexico. For both surveys, the answers were coded as a binary variable; code 0 represents the Excellent, Very Good, and Good categories, while the code 1 represents the Fair or Bad categories. The analysis finds that retirement pension income is an important factor for defining self-rated economic situation in both countries. In Costa Rica, spouse's income and home ownership are relevant predictors for the perception of well-being, while in Mexico, receiving transfer income is associated with this perception.

Introducción

En estudios socioeconómicos, los adultos mayores se consideran como un grupo vulnerable debido a que los problemas de salud a los que se enfrentan pueden limitarles sus capacidades laborales en ausencia de la protección de la seguridad social. Los estudios cuantitativos sobre el tema utilizan indicadores objetivos sobre el tema: pobreza medida según Necesidades Básicas Insatisfechas o según Línea de Pobreza, posesión de activos, niveles de ingreso, etc. Las recientes encuestas sobre envejecimiento en América Latina han incluido el tema de la percepción de la situación económica propia. De esta forma, se puede conocer si los adultos mayores de la región se consideran en una situación ventajosa o desventajosa, y qué factores están asociados a esa percepción.

El objetivo del artículo es estudiar la relación entre la percepción subjetiva sobre la situación financiera propia e indicadores objetivos de nivel socioeconómico: diferentes tipos de ingreso, posesión de vivienda y de otros activos, nivel de educación, y transferencias monetarias de hijos y otros familiares. El estudio permitirá identificar qué elementos son más importantes para los adultos mayores para que se perciban estar en ventaja o desventaja socioeconómica.

Marco teórico

La población adulta mayor ha sido considerada tradicionalmente como una población vulnerable a caer en la pobreza debido a que tienen más dificultades de recuperarse de una pérdida inesperada de ingreso o de la necesidad de hacer altos pagos por servicios médicos (Hurd, 1989; Gratton, 1996; Lee, 2004; Wood, 2006). Sin embargo, en varios países del mundo, sobre todo los industrializados, los adultos mayores han logrado contar con suficientes recursos económicos para mantener un nivel socioeconómico de vida aceptable, satisfaciendo la mayoría de sus necesidades básicas. Los adultos mayores de los países desarrollados pertenecen a cohortes que disfrutaron del crecimiento económico posterior a la Segunda Guerra Mundial. Además, estas generaciones también han disfrutado de una alta cobertura de la seguridad social, pues los sistemas de seguridad social de sus países ya estaban consolidados durante la segunda mitad del siglo XX. En Estados Unidos, por ejemplo, la introducción de los seguros públicos de salud (Medicaid y Medicare) les ha permitido a los adultos mayores estadounidenses protegerse de gastos catastróficos por salud. En Norteamérica y Europa Occidental, los adultos mayores se han constituido en un influyente grupo que su usa su poder en las urnas para promover o desestimular políticas públicas que los pueden afectar (Angel & Angel 1997; Galasso & Profeta, 2002; Gratton, 1996; Hurd, 1989; Preston, 1984; Smeeding and Smith, 1998).

No obstante, según Gin y Arber (1991), la visión de los adultos mayores como una fuerza rica, poderosa y egoísta encubre inequidades por ingreso, género y clase entre ellos. Estas autoras han estudiado cómo las mujeres en el Reino Unido se enfrentan a desventajas económicas en edades avanzadas debido a persistentes desigualdades en ingreso laboral y en planes privados de jubilación, ya que las mujeres tienen que salirse temporalmente de la fuerza laboral por motivos de maternidad. Meyer (1990) llega a la misma conclusión para los EEUU después de analizar leyes de bienestar social. En el mismo país, Smeeding y Smith (1998) muestra que, aunque los porcentajes de pobres sean menores entre las personas de 65 años y más comparados con los porcentajes de los adultos más jóvenes, una mayor proporción de los adultos mayores pueden ser clasificados como “casi pobres” o “cercanos a la pobreza” (“nearly poor”), por lo que, si se incrementa el valor de la línea de pobreza en 25%, el porcentaje de pobres entre los adultos mayores se incrementa más que para los adultos más jóvenes.). Breeze et al. (2004) encuentran, en Irlanda del Norte, diferencias en calidad de vida –medidas en cinco constructos: manejo del hogar, movilidad, auto-cuidado, interacción social y condición emocional– según indicadores socioeconómicos durante la vejez y del curso de vida; los autores sugieren que las desventajas socioeconómicas en la vejez están determinadas no solo por circunstancias propias de la vejez, sino de condiciones durante la vida.

Ross, Danziger y Smolensky (1987) y Holden, Burkhauser y Feaster (1988) muestran cómo las transiciones hacia la jubilación o hacia la viudez reducen el ingreso ajustado por necesidades e incrementa la probabilidad de transitar hacia la pobreza. En Inglaterra y Alemania, la transición hacia la viudez conlleva una reducción en el ingreso para las mujeres, pero un mayor ingreso para los hombres; adicionalmente, el nivel educativo de los adultos mayores –un evento temprano en la vida– y cambios en arreglos residenciales (generalmente ya en la vejez) tienen un impacto en la movilidad de ingreso en estos países. Resalta también el hecho de que, pese a tener sistemas de pensiones diferentes, tanto en Inglaterra como en Alemania, cuanto mayor fuera la proporción de la pensión debida a esquemas complementarios, la persona adulta mayor tenía una mayor probabilidad de incrementar su salario (Zaidi, Frick & Büchel, 2005).

Los sistemas de Seguridad Social en países industrializados han tenido un importante efecto redistributivo pues son un componente importante del ingreso y riqueza de los adultos mayores pobres (Smeeding y Smith, 1998). Aún cuando estos sistemas también proporcionan un mínimo nivel de ingreso asociado con el bienestar para grupos minoritarios, estos siguen teniendo desventajas en su condición socioeconómica en la vejez. Los afroamericanos, hispanos, y mujeres viviendo solas aparentan ser los grupos con más desventajas entre la población adulta mayor de EEUU, debido a factores del curso de vida – tienen menos probabilidad de acumular ahorros y activos, mayor probabilidad de estar en empleos informales o de baja calificación, mayor probabilidad de tener períodos de desempleo antes de la jubilación– y factores propios de la vejez, como por ejemplo, tener menor probabilidad de poder pagar los costos suplementarios de los servicios de salud, entre otros factores (Angel & Angel, 1997; Angel & Angel, 2006; Angel, Jiménez & Angel, 2007; Flippen & Tienda, 2000; Wallace & Villa, 2009).

En la mayoría de países latinoamericanos, la prevalencia de la pobreza en edades avanzadas es menor al promedio nacional. Según del Pópolo (2001) y Huenchuán (2009), esta ventaja parece estar explicada por el hecho de que estas cohortes vivieron su etapa adulta durante una época de expansión económica y eran más proclives a tener costumbres frugales de ahorro y consumo. Además, ellas notan que el porcentaje de pobreza entre los adultos mayores es menor en países en etapas más avanzadas de la transición demográfica. Aún así, algunos grupos tienen están en peor situación que otros. La pobreza es más común en zonas rurales que en zonas urbanas, entre mujeres más que en hombres, y particularmente en hogares multigeneracionales en comparación con hogares de sólo una o dos generaciones. La cobertura del sistema de seguridad social no es tan amplia como en el mundo industrializado, y la proporción cubierta tiene una alta variabilidad entre países.

Las condiciones descritas anteriormente aplican para México, que fue clasificado dentro del grupo de alta incidencia de la pobreza (del Pópolo, 2001); sin embargo, la incidencia de pobreza en este grupo etaria ha venido disminuyendo desde 1996 a 2006 (Huenchuán, 2009). En México, llegar a ser adulto mayor está altamente asociado con el deterioro económico porque el acceso al empleo es bastante limitado para los adultos mayores, quienes se encuentran también en un mayor riesgo de ser expulsados del mercado laboral, a través de la cesantía o de la jubilación obligatoria; por consiguiente, son más susceptibles de encontrar un mercado laboral más difícil no sólo por su edad, sino también porque tienen menos educación (Montes de Oca, 1996). La situación es más precaria para trabajadores rurales, informales y los desempleados, pues tienen menos probabilidad de tener derecho a los beneficios de la Seguridad Social (Ham-Chande, 1996; Wong y Espinoza, 2002). Una proporción relativamente pequeña de los adultos mayores está cubierta por el sistema de Seguridad Social o por seguro de salud: sólo 27% de mujeres y 31% de hombres en edades avanzadas tenían pensión en 1996 (Wong y Parker, 1999, en Gomes y Montes de Oca, 2002). Sin embargo, el sistema mexicano de seguridad social ha venido ampliando la cobertura durante la primera década del siglo XXI (Huenchuán, 2009). Con la misma base de datos utilizada en este artículo, Wong y Espinoza (2002) evidencian que la principal fuente de ingreso de las personas nacidas en México antes de 1951 es ingreso laboral (61%), aunque para personas de 60 años y más, las transferencias familiares constituyen la principal fuente de ingreso; las pensiones representan sólo un 10% del ingreso total. La mediana del ingreso por persona adulta mayor en el 2001 era de 1150 pesos mexicanos (US$130) por mes, sólo 10 pesos por debajo del salario mínimo. En términos de formación de capital, la mayoría de los mexicanos reporta ser propietario de una vivienda (76%), y este es el mayor componente de la riqueza total (60%). La mediana de la riqueza total neta es de 90250 pesos mexicanos (más de US$10000).

Por el contrario, Costa Rica es uno de los pocos países latinoamericanos (junto con República Dominicana, El Salvador y Honduras) en los que el porcentaje de pobres es mayor entre adultos mayores que entre la población más joven (del Pópolo, 2001; Huenchuán, 2009), independientemente de si se mide a partir de la línea de pobreza o vía consumo (Fernández y Robles, 2009). Según Fernández y Robles, la situación de pobreza entre adultos mayores costarricenses está relacionada con la composición del hogar: los hogares de adultos mayores pobres tienen menor número de perceptores y mayor número de niños que otros hogares que los hogares de adultos mayores no pobres. Según la más reciente Encuesta de Ingresos y Gastos de Costa Rica (2004), el 19% de los adultos mayores no percibía ingresos monetarios de ninguna fuente 4 de cada 5 no perceptores eran mujeres. El ingreso medio de los costarricenses perceptores de 60 años ó más es de 202 mil colones (aproximadamente US$400), un 21% menos que el de los adultos entre 30 y 59 años de edad. Además, el promedio de ingreso de las mujeres (154 mil colones, aprox. US$300) representa apenas un 63% del ingreso medio de los hombres de la misma edad. Un 65% de los adultos mayores costarricenses recibe alguna pensión –la principal fuente de ingreso de este grupo etario– ya sea del régimen de jubilación o del régimen no contributivo (Méndez et al., 2006). Al igual que en México, la tenencia de vivienda es el más valioso de los activos entre los adultos mayores. Pese a la mayor prevalencia de pobreza y menor ingreso medio, la población adulta mayor costarricense es una de las que tiene mayor cobertura por parte del Sistema de Seguridad Social en la región (Brenes-Camacho, 2009). La pensión del régimen no contributivo no sólo les otorga un ingreso a adultos mayores pobres, sino que también les da derecho a recibir gratuitamente el seguro público de salud; este seguro público de salud no requiere deducibles o co-pagos, por lo que los gastos en salud entre los población adulta mayor costarricense son bajos (Méndez et al., 2006).

Fuentes de información

En el análisis se comparan a los adultos mayores de Costa Rica y de México. Las fuentes de datos son dos encuestas sobre envejecimiento: CRELES (Costa Rica: Estudio sobre Longevidad y Envejecimiento Saludable) y ENASEM (Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México)–también conocida por sus siglas en inglés MHAS–.

La población de estudio de CRELES se refiere a los habitantes de Costa Rica de 60 años ó más en el período 2004-2006. El diseño de la muestra es probabilístico bietápico y estratificado. En la primera etapa, se seleccionaron aleatoriamente 9600 individuos de 55 años y más según el Censo de Población de Costa Rica de 2000; cada grupo quinquenal de edad constituyó un estrato, cuyas fracciones de muestreo variaban entre 1.1% y 100% entre las personas nacidas antes de 1905. Para la segunda etapa, se agruparon a los individuos seleccionados según las áreas oficiales del Ministerio de Salud, y se seleccionó una muestra de 3300 individuos. La muestra final es de 2820 personas. El trabajo de campo toma dos años porque sólo hay dos equipos de trabajo constituidos cada uno por un conductor, un técnico de laboratorio (flebotomista) y dos entrevistadores; en promedio se efectúan en total cerca de 30 entrevistas por semana. El proyecto capta información de un cuestionario estructurado, pero también se toman muestras de sangre y orina en ayunas, se le toman medidas antropométricas a los entrevistados, y se les ponen a hacer ciertas pruebas de resistencia (como pruebas de respiración y repeticiones de sentarse y ponerse de pie). El procedimiento rutinario es solicitar el consentimiento personal y efectuar la entrevista un día, y a la siguiente mañana tomar las muestras de sangre por venipuntura y, si no se les ha hecho, llevar a cabo el módulo de antropometría. El consentimiento informado, así como la entrevista y el protocolo de análisis fueron aprobados por el Comité de Ética de la Universidad de Costa Rica. El financiamiento se obtuvo de la Fundación Wellcome Trust.

En cuanto a ENASEM, la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México, la población de estudio está compuesta por mexicanos nacidos antes de 1951 y sus cónyuges (matrimonio o unión libre) y que sobrevivieron al año 2001 sin estar institucionalizados. El diseño muestral es probabilístico y multietápico; el marco muestral está basado en la Encuesta Nacional de Empleo ENE. Un adulto es seleccionado aleatoriamente de cada hogar, pero también se entrevista a su cónyuge. La primera ronda fue terminada en 2001 y la segunda en 2003, aunque en este análisis sólo se usa la primera ronda. En este análisis, para efectos de comparabilidad, solo se toman los entrevistados principales con edades de 60 años ó más (nacidos antes de 1941), por lo que se excluyen cónyuges.

La variable dependiente del análisis es la percepción de la situación financiera propia. En CRELES, la pregunta sobre percepción de situación económica se formula de la siguiente manera: “¿Cómo diría que es su situación económica actual?: Excelente, Muy buena, buena, regular, mala”. En MHAS/ENASEM, la pregunta formulada es: “¿Diría usted que su situación económica es…?”: Excelente, Muy buena, buena, regular, mala. En ambos casos, se recodificaron las variables para hacerlas dicotómicas: el valor 1 corresponde a responder situación regular o mala, y el valor 0 corresponde a responder situación excelente, muy buena ó buena. En conclusión, la variable dependiente representa el autorreportar una mala situación socioeconómica.

Para las variables explicativas se trató de seleccionar variables que se refirieran a mediciones objetivas de bienestar socioeconómico. Cabe reconocer que las mediciones no son necesariamente comparables entre CRELES y MHAS/ENASEM, puesto que esta segunda encuesta utilizó una batería más detallada de preguntas para captar el ingreso (Wong & Espinoza, 2000) que es capaz de captar ingresos negativos (pérdidas en negocios propios, restándole los costos a los ingresos).

Las variables explicativas seleccionadas son las siguientes:

  • Si trabaja actualmente o no (variable binaria) y el ingreso laboral

  • Si está pensionado jubilado o no (variable binaria) y el ingreso por pensiones.

  • Estado conyugal (operacionalizado en variables binarias que denotan viudez, separación/divorcio, y soltería, por lo que la categoría de referencia es estar en unión) y el ingreso del cónyuge.

  • Si recibe transferencias monetarias de familiares (variable binaria) y monto de las transferencias monetarias.

  • Si se es propietario de vivienda o no (variable binaria)

  • Una serie de variables binarias que se refieren a distintos activos, artefactos, o servicios en el hogar:
    • Para Costa Rica: tener aposente separado para cocina, cocinar con gas o electricidad, agua potable, tener servicio sanitario dentro de la vivienda, refrigeradora, televisor, teléfono, lavadora y vehículo.
    • Para México: cocinar con gas o electricidad, tener cañería interna en la vivienda, tener servicio sanitario dentro de la vivienda, refrigeradora, televisor, teléfono, lavadora, calentador de agua, y radio.
  • Se incorporaron otras variables relacionadas con el la condición socioeconómica: edad, años de escolaridad y vivir en zona urbana (en México, esto es equivalente a vivir en localidades más urbanas).

  • Se incorporó también el autorreporte de percepción de condición de salud para analizar si la condición de salud también están indirectamente relacionada con el autorreporte de la condición socioecónomica.

Para analizar estas relaciones, se utilizarán modelos de regresión logística que sirven para modelar variables dependientes binarias. Se utilizará un nivel de significancia máximo de 0.05.

Resultados

La muestra total de costarricenses analizada en este artículo es de 2492 –1152 hombres y 1340 mujeres–, después de excluir los valores ignorados en las distintas variables utilizadas. La muestra se reduce desde 2820 principalmente porque sólo las personas entrevistadas sin necesidad de ayudantes (entrevistas por proxy) contestaron la pregunta sobre percepción de situación económica propia. En México, la submuestra analizada comprende 4534 personas: 1646 hombres y 2888 mujeres. En MHAS/ENASEM sucede lo mismo que en CRELES: la pregunta sobre autorreporte de situación financiera no se les pregunta a los informantes “proxy” (Cuadro 1).

Cuadro 1.

Personas de 60 años y más: Características económicas y demográficas, por sexo. Costa Rica (2004-2006) y México (2000-2001).

(Promedios y desviaciones estándar para variables cualitativas; % para variables binarias)

Costa Rica México
Características Hombres Mujeres Hombres Mujeres
(n) (1152) (1340) (1646) (2888)
% con mala autopercepcion económica 62.4 56.0 80.1 83.2
Edad 70.1 (7.9) 70.8 (8.2) 70.6 (7.8) 69.6 (7.7)
Años escolar 5.3 (4.3) 5.0 (4.0) 3.7 (4.7) 3.0 (3.9)
% en urbano 57.0 65.9 38.2 47.5
% viudo(a) 10.2 33.0 25.1 43.3
% separado/divorc 8.7 13.0 12.5 12.0
% soltero 4.3 11.2 4.8 6.8
% casados/unidos 76.8 43.0 57.6 37.9
% trabaja 49.3 9.4 33.9 12.6
% con pensión 57.8 51.9 28.8 17.6
% recibe ayuda de familiares 15.4 29.0 46.2 62.3
ingreso laboral 93.3 (313.6) 10.8 (63.2) 4024.7 (76864.3) -65.7 (26483.2)
ingreso por pensión 62.5 (114.4) 39.8 (77.7) 973.0 (4454.5) 389.8 (1542.5)
ingreso por transfer. 75.9 (619.5) 83.3 (282.2) 15857.7 (114116.2) 40583.2 (329954.9)
ingreso de cónyuge 31.0 (103.5) 46.2 (100.2) 1050.9 (12973.7) 998.0 (9227.7)
% sin casa propia 12.2 13.3 24.4 27.4
% con cocina aparte 96.0 96.9
% cocina gas/electric 80.9 86.5 75.9 80.0
% cañería en casa - - 65.2 67.9
% agua potable 97.2 97.4 - -
% sanit. dentro casa 94.7 96.3 57.6 61.7
% refrigeradora 92.3 95.3 67.7 74.8
% televisor 95.4 97.0 81.9 86.3
% teléfono 79.1 81.0 39.6 48.1
% lavadora 89.9 90.0 47.6 53.7
% vehículo 33.2 27.5 - -
% calentador de agua - - 37.9 44.0
% con radio - - 83.1 79.7
% con mala salud autorrep. 45.0 49.9 64.1 72.5

Nota: Ingresos de Costa Rica están dados en miles de colones, ingresos de México están dados en pesos mexicanos Promedios y desviaciones estándar están calculadas con base en toda la distribución, incluyendo no perceptores.

En Costa Rica, 62% de los hombres y 56% de las mujeres reportaron tener una situación económica personal “regular” ó “mala”. En México, estas cifras son superiores: 80% de hombres y 83% de mujeres. A partir de estos datos, es difícil establecer si estas diferencias entre Costa Rica y México se deben a las condiciones económicas concretas entre Costa Rica y México, o bien a diferencias culturales a la hora de contestar preguntas cerradas sobre percepciones de condiciones propias. La hipótesis de las diferencias culturales es plausible, dado que la proporción de personas reportando mala salud (véase el final de Cuadro 1) usando una escala similar a la usada en la escala de autorreporte de situación financiera es menor en Costa Rica (45% entre hombres, 50% entre mujeres) que en México (64% hombres y 73% mujeres). Las diferencias por sexo son también difíciles de explicar en este punto del análisis, pero los modelos de regresión logística permitirán tratar de indagar si las variables independientes pesan de una forma diferente en el autorreporte económico, entre hombres y mujeres.

En cuanto a las características sociodemográficas, los promedios de edad de ambas poblaciones son bastante similares (entre 70 y 71 años). Los adultos mayores costarricenses tienen en promedio 1.5 a 2 años más de escolaridad que los mexicanos, aunque en ambas poblaciones los años promedio de escolaridad son menores a los 6 años necesarios para completar la primaria. En otras palabras, el nivel educativo de los adultos mayores costarricenses y mexicanos es bastante bajo. La distribución por estado conyugal también es diferente entre costarricenses y mexicanos. Aunque las proporciones de personas solteras y separadas o divorciadas son similares entre ambos países, en México hay un mayor porcentaje de viudos y viudas y una menor proporción de población casada o unida que en Costa Rica. La mayor prevalencia de viudez puede estar relacionada con la mayor esperanza de vida que tienen los costarricenses con respecto de los mexicanos. El porcentaje de personas viviendo en zonas urbanas es difícil de comparar pues ambos países utilizan criterios muy diferentes entre sí.

La prevalencia de trabajo, jubilación y transferencias de familiares son determinantes del nivel socioeconómico de los adultos mayores. Los varones costarricenses son más propensos a trabajar (49%) que los varones mexicanos (34%), pero en las mujeres, la participación en el empleo es mayor entre las mexicanas (13% vs. 9%). Las diferencias por género en la participación laboral denotan una característica particular de estas cohortes: la baja participación económica (al menos en el sector formal) de la población femenina. Existen también notables diferencias por país y por sexo en la prevalencia de pensión, más alta entre varones que entre mujeres y más alta en Costa Rica que en México. Por último, los datos también muestran que alrededor de la mitad de los adultos mayores mexicanos reciben transferencias de hijos y demás familiares, mientras que en Costa Rica, esta cifra es menor. Aunque estas diferencias se pueden deber a la forma cómo se hizo la pregunta en cada encuesta, los datos refuerzan los resultados mencionados en el Marco Teórico de que en México las transferencias intergeneracionales son la principal fuente de ingresos de la población de edades avanzadas, mientras que en Costa Rica lo es la pensión por jubilación.

Los montos de los ingresos no son comparables, no sólo porque se dan en las monedas de cada país, sino también porque MHAS/ENASEM mide el ingreso en una forma más detallada que CRELES. Sí es digno de resaltar que las desviaciones estándar sean mayores a los promedios; esto demuestra que las distribuciones de los ingresos en ambos países son asimétricas, con una gran proporción de personas recibiendo montos bajos, y una proporción muy pequeña recibiendo montos bajos.

Por último, las encuetas MHAS/ENASEM y CRELES preguntaron por distintos artefactos o activos en sus cuestionarios. En Costa Rica, la mayoría de la población tiene estos artefactos. El artefacto con menor porcentaje de propiedad es el vehículo. En México, hay mayor variabilidad en la tenencia de artefactos; algunos de estos bienes están presentes en la mayoría de los hogares de adultos mayores (cocina de gas o eléctrica, cañería dentro de la casa, sanitario dentro de la vivienda, televisor y radio), mientras que otros artefactos están en menos de la mitad de estos hogares (teléfono y calentador de agua). Adicionalmente, entre los costarricenses, sólo un 12% a 13% no reporta ser propietario de casa, mientras que en México esta cifra asciende a 25% entre los hombres y 43% entre las mujeres.

Como se mencionó en la metodología, se estudian los determinantes “objetivos” de la percepción subjetiva sobre la situación financiera propia con modelos de regresión logística. Se estimó un modelo para hombres y otro para mujeres suponiendo que había diferencias de género en la percepción económica. Además, se estimaron modelos por separado tanto para Costa Rica (Cuadro 2) como para México (Cuadro 3). Los coeficientes se definieron como significativos al 5% de significancia. Coeficientes positivos implican un peor autorreporte de situación económica, mientras que coeficientes negativos implican una percepción más otpimista.

Cuadro 2.

Costa Rica: Adultos mayores de 60 años ó más. Coeficientes de regresión logística de percepción de mala situación económica entre adultos mayores, por sexo (2004-2006).

Hombre Mujer
Características Coef prob asoc Coef prob asoc
Edad -0.0198 -0.0369 ***
Urbano -0.3451 0.1366
Años escol. -0.0766 * -0.0469
viudo(a) -0.8450 ** -0.5008
separado/divorc -0.6070 -0.2598
soltero -0.5339 -1.1067 ***
Trabaja -0.1509 1.8044 **
ingreso laboral 0.0002 -0.0176 **
Con pensión -0.0470 0.2408
ingreso por pensión -0.0024 * -0.0076 **
ingreso de cónyuge -0.0114 *** -0.0073 ***
Recibe ayuda -0.0004 0.1103
ingreso por transferencias -0.0001 -0.0007
con cocina aparte -0.1891 -0.2793
cocina gas o electric -0.2616 -0.2128
agua potable 0.4278 1.0883 *
sanitario dentro de casa 0.3241 0.5503
refrigeradora -0.3242 -0.4630
televisor 0.0691 0.3026
teléfono -0.6641 * -0.4828 *
lavadora -0.2937 -0.5212
vehículo -0.4059 * -0.7510 ***
sin casa propia 0.7433 * 0.5858 *
con mala salud autorrep. 1.1282 *** 0.9471 ***

Nota:

*

: p<0.05,

**

: p<0.01

***

: p<0.001

Cuadro 3.

México: Adultos mayores de 60 años ó más. Coeficientes de regresión logística de percepción de mala situación económica entre adultos mayores, por sexo (2000-2001).

Hombre Mujer
Características Coef prob asoc Coef prob asoc
Edad -0.0193 -0.0047
Urbano 0.4434 0.3897
Años escol. -0.0855 * -0.0806 **
Trabaja -0.4546 0.1540
viudo(a) -0.5650 0.0770
separado/divorc 0.2657 0.2334
soltero -0.5454 0.4524
ingreso laboral -0.0031 0.0027
ingreso laboral al cuadrado(entre mil) 0.0006 -0.0129
Con pensión 0.2691 -0.0019
ingreso por pensión -0.4834 *** -0.2190 **
ingreso de cónyuge 0.0075 -0.0025
Recibe ayuda -0.0427 0.2356
ingreso por transferencias (raíz cuad.) -0.0488 * -0.0365 **
sin casa propia 0.0955 0.0056
cañería dentro de vivienda 0.1548 0.6025 *
sanitario dentro de casa -0.5837 -0.3843
televisor 0.6655 -0.0342
refrigeradora -0.6039 -0.0240
lavadora -0.0754 -0.3317
teléfono 0.5163 -0.1304
calentador de agua -0.5205 -0.1519
radio -0.0725 -0.2560
cocina con gas o electricidad -0.0272 -0.9420 *
con mala salud autorrep. 0.9213 *** 1.1338 ***

Nota:

*

: p<0.05

**

: p<0.01

***

: p<0.001

En Costa Rica, cuanto mayor sea la escolaridad, mejor la percepción económica, aunque la asociación solo es significativa para hombres. Entre los varones, la mejor percepción económica la tienen los viudos, mientras que entre las mujeres, la tienen las solteras. El ingreso laboral no parece tener un efecto significativo en el autorreporte de mala situación económica entre los hombres, pero entre las mujeres las que trabajan tienen una mayor probabilidad de reportar una situación financiera mala o regular, aunque esta probabilidad va disminuyendo cuanto mayor sea el ingreso laboral. Dados los coeficientes, la propensión a reportar una mala situación financiera se convierte exactamente en cero cuando las mujeres ganan 100 mil colones ó más al mes. Esta interpretación sugiere problemas de endogeneidad en el modelo: no necesariamente sucede que las mujeres adultas mayores que trabajan tienen una mala percepción económica de su situación financiera, sino que por tener una mala situación financiera, las mujeres se verían obligadas a trabajar.

Tanto para hombres como para mujeres, el ingreso por pensión vuelve más optimista la percepción de la propia situación financiera, así como el tener teléfono o vehículo. En Costa Rica, además, el ingreso del cónyuge también está positivamente asociado a una mejor percepción de la situación socioeconómica. Por el contrario, el no tener vivienda propia aumenta fuertemente la percepción de tener una situación financiera regular o mala.

En México (Cuadro 3), las conclusiones son un poco diferentes. Ni la edad, ni la zona de residencia, ni el estado conyugal cambian significativamente las probabilidades de reportar una mala situación financiera. El coeficiente de años de escolaridad es significativamente distinto de cero y similar para hombres y para mujeres. Al igual que en Costa Rica, cuanto mayores sean los años de escolaridad, menor es la percepción de tener una situación financiera precaria. Los ingresos por pensión y los ingresos por transferencias están significativamente asociados con la mala percepción de la situación económica. Los ingresos laborales determinan el autorreporte de mala situación financiera sólo entre los hombres y no entre las mujeres (aunque en la tabla el coeficiente de ingreso laboral y el término cuadrático no sean significativos por separado, en forma conjunta son significativamente distintos de cero con una significancia del 5%).

En México, curiosamente, la tenencia de casa propia no afecta el autorreporte de situación financiera, y los dos únicos bienes que tienen una asociación significativa con la percepción económica son el tener cocina de gas o electricidad y el tener cañería dentro de la vivienda (pero con signo contrario), y sólo entre las mujeres.

Por último, si se observa las últimas líneas tanto del Cuadro 2 como del Cuadro 3, se verá que la percepción de tener una mala o regular salud está asociada positivamente y fuertemente con la percepción de tener una mala o regular situación financiera. Aunque este artículo no se proponía analizar los determinantes de salud de la percepción económica, es claro que entre los adultos mayores la condición de salud está estrechamente asociada con la condición socioeconómica.

Conclusiones

La mayoría de los adultos mayores costarricenses y mexicanos reportan tener una situación financiera propia regular o mala. Aún cuando no contamos con un indicador similar para la población más joven ó para otros momentos en el tiempo, este resultado indica que el bienestar económico de los adultos mayores tiene mucho margen para mejorar. En el marco teórico se indicó que los adultos mayores se consideraban típicamente como una población vulnerable, pero que en los países desarrollados los niveles de ingreso y de beneficios sociales les han permitido tener una prevalencia de la pobreza menor al de los adultos más jóvenes y convertirse en un grupo de presión importante. En América Latina, esto no parece estar sucediendo. El hecho de que un 80% de los mexicanos de 60 años ó más reporten una situación económica precaria permite suponer que México, como país, tiene que buscar políticas para mejorar el bienestar percibido de su población de edades avanzadas.

Se mencionó en el apartado de resultados que las diferencias en las percepciones entre costarricenses y mexicanos se pueden deber a diferencias culturales. Una mayor disponibilidad de datos comparables provenientes de encuestas de envejecimiento podría permitir investigar estas diferencias culturales tanto en la percepción de la situación financiera como en el autorreporte de salud.

Sin embargo, las diferencias entre México y Costa Rica se pueden deber también al contexto institucional del envejecimiento en estos países. En México, la prevalencia de la pobreza entre los adultos mayores es menor que entre los adultos más jóvenes; mientras que en Costa Rica es a la inversa. Sin embargo, la prevalencia de la pobreza en hogares de adultos mayores en México es mayor que la de Costa Rica. En otras palabras, el autorreporte de mala o regular situación financiera parece estar ligado más a niveles absolutos de bajos ingreso, más que a niveles relativos.

Ahora bien, en Costa Rica, la cobertura de las pensiones de jubilación o de asistencia social es mayor que en México. Pese a que las instituciones de Seguridad Social mexicanas (el ISSTE y el IMSS) fueron fundadas antes que la institución centralizada de Seguridad Social costarricenses (la CCSS), Costa Rica logró expandir la cobertura en forma más rápida. Esto coincide con los resultados de los modelos estadísticos. En Costa Rica, el ingreso por pensiones es uno de los rubros más importantes para explicar el autorreporte de situación financiera. En cambio, los coeficientes de ingreso laboral e ingreso por transferencias no son significativamente distintos de cero. Recuérdese que en Costa Rica, las pensiones por jubilación constituyen la principal fuente de ingresos de los adultos mayores costarricenses.

Por el contrario, en México, los ingresos laborales, por pensión y por transferencias tienen efectos separados y significativos sobre la percepción económica. En un país con baja cobertura de pensiones, los ingresos laborales y por transferencias se vuelven fundamentales en definir el bienestar de las personas de edad avanzada. En México, la principal fuente de ingresos según MHAS es el ingreso por transferencias familiares. Las transferencias familiares son la fuente más inestable de ingresos pues dependen de las condiciones económicas y sociales de la familia. Las transferencias familiares también son contingentes de la situación demográfica del país. Cuantos más hijos tenga una persona adulta mayor, mayor probabilidad de recibir transferencias familiares. Por el contrario, los ingresos por pensión o por salario deberían ser más estables y continuos a través del tiempo.

En Costa Rica también llama la atención la importancia del ingreso del cónyuge – tanto entre hombres como entre mujeres– como factor del autorreporte económico. En México, el efecto de esta variable no fue significativo en el modelo. Este hallazgo para Costa Rica sugiere que el bienestar económico está también ligado a condiciones demográficas diferentes a las determinantes en México. Mientras en México, el número de hijos (la fecundidad) podría estar determinando las transferencias intergeneracionales, en Costa Rica la alta esperanza de vida en general y la baja diferencia en las esperanzas de vida entre hombres y mujeres hace que haya en Costa Rica una mayor prevalencia de personas en unión que viudas. En México, la proporción de casados o unidos es también mayor que la proporción de viudos, pero la diferencia entre estas proporciones es menor.

Si el autorreporte de la situación financiera propia se usa como indicador de bienestar socieconómico del adulto mayor, los resultados de este análisis pueden ser útiles para determinar políticas públicas para beneficio de la población en edades avanzadas. Los beneficios de la Seguridad Social aparentan ser determinantes en el bienestar económico de la población costarricense. La expansión de estos beneficios en la población adulta mayor mexicana se convierte en un proyecto ineludible para el Estado mexicano, y la población adulta mayor mexicana dejaría de ser tan dependiente del ingreso laboral y del ingreso por transferencias.

La importancia de los años de escolaridad en la determinación del autorreporte económico también sugiere que las cohortes que se beneficiaron menos de las expansiones educativas de la segunda mitad del siglo XX en México y Costa Rica seguirán percibiendo una peor situación económica a medida que vayan engrosando a la población adulta mayor. Las pensiones de asistencia social (también llamadas “no contributivas”) son mecanismos convenientes para paliar las inequidades económicas surgidas del desigual acceso al sistema educativo en el pasado.

Bibliografía

  1. Angel RJ, Angel JL. Who will care for us? Aging and long-term care in multicultural America. New York: New York University Press; 1997. [Google Scholar]
  2. Angel RJ, Angel JL. Diversity and aging in the United States. In: Binstock RH, George LK, editors. Handbook of aging and the social sciences. Burlington, MA: Academic Press; 2006. pp. 94–110. Cap. 6. [Google Scholar]
  3. Angel JL, Jiménez MA, Angel RJ. The economic consequences of widowhood for Older minority women. The Gerontologist (2007) 2007;47(2):224–234. doi: 10.1093/geront/47.2.224. [DOI] [PubMed] [Google Scholar]
  4. Breeze E, Jones DA, Wilkinson P, Latif AM, Bulpitt CH, Fletcher AE. Association of quality of life in old age in Britain with socioeconomic position: Baseline data from a Randomised Controlled Trial. Journal of Epidemiology and Community Health. 2004;58(8):667–673. doi: 10.1136/jech.2003.014035. [DOI] [PMC free article] [PubMed] [Google Scholar]
  5. Brenes-Camacho G. The pace of convergence of population aging in Latin America: opportunities and challenges. In: Cavenaghi S, editor. Demographic transformations and inequalities in Latin America Historical trends and recent patterns. Rio de Janeiro: ALAP; 2009. pp. 137–153. (Serie Investigaciones No. 8). (Org.) 2009. [Google Scholar]
  6. Crystal S, Shea D. The economic well-being of the elderly. Review of Income and Wealth. 1990;36:227–245. [Google Scholar]
  7. del Pópolo F. Características sociodemográficas y socioeconómicas de las personas de edad en América Latina. Serie Población y desarrollo. 2001;(19) [Google Scholar]
  8. Fernández X, Robles A. I Informe estado de situación de la persona adulta mayor en Costa Rica. San José, C.R: 2008. (coord.) [Google Scholar]
  9. Flippen C, Tienda M. Pathways to retirement: Patterns of labor force participation and labor market exit among the pre-retirement population by race, Hispanic origin, and sex. Journals of Gerontology Series B. 2000;55(1):S14–S27. doi: 10.1093/geronb/55.1.s14. [DOI] [PubMed] [Google Scholar]
  10. Galasso V, Profeta P. The political economy of social security: a survey. European Journal of Political Economy. 2002;18(1):1–29. [Google Scholar]
  11. Ginn J, Arber S. Gender, class and income inequalities in later life. The British Journal of Sociology. 1991;42(3):369–396. [Google Scholar]
  12. Gomes C, Montes de Oca V. Ageing in Mexico Families, informal care & reciprocity; Paper presented at the UNRISD Meeting on Ageing, Development and Social Protection; Madrid. April 8-9.2002. [Google Scholar]
  13. Gratton B. The Poverty of Impoverishment Theory: The economic well-being of the elderly, 1890-1950. The Journal of Economic History. 1996;56(1):39–61. [Google Scholar]
  14. Ham Chande R. Las Reformas a la Seguridad Social: De la solidaridad intergeneracional a la privatización de las pensiones. Demos. 1996;9:36–37. [Google Scholar]
  15. Hao L. Family structure, private transfers, and the economic well-being of families with children. Social Forces. 1996;75:269–292. [Google Scholar]
  16. Havanon N, Knodel J, Sittitrai W. The impact of family size on wealth accumulation in rural Thailand. Population Studies. 1992;46:37–51. [Google Scholar]
  17. Henretta JC. Family transitions, housing market context, and first home purchase by young married households. Social Forces. 1987;66:520–536. [Google Scholar]
  18. Holden KC, Burkhauser RV, Feaster DJ. The timing of falls into poverty after retirement and widowhood. Demography. 1988;25(3):405–414. [PubMed] [Google Scholar]
  19. Huenchuan S, editor. Envejecimiento, derechos humanos y políticas públicas. Santiago, Chile: CEPAL. Libros de la CEPAL # 100; 2009. [Google Scholar]
  20. Hurd MD. The economic status of the elderly. Science. 1989;244(4905):659–664. doi: 10.1126/science.2655090. [DOI] [PubMed] [Google Scholar]
  21. Lee C. Intra-household transfers and old-age security in America, 1890–1950. International Economic Journal. 2004;18(1):79–102. [Google Scholar]
  22. Lewin FA. The meaning of home among elderly immigrants: Directions for future research and theoretical development. Housing Studies. 2001;16(3):353–370. [Google Scholar]
  23. Méndez-Chacón E, Cubero-Mata A, Brenes-Camacho G, Rosero-Bixby L. Fuentes de ingreso y demanda en servicios de salud de la población adulta mayor en Costa Rica: Un estudio con base en la Encuesta de Ingresos y Gastos y el Estudio de Longevidad y envejecimiento Saludable (CRELES) 2006. Trabajo presentado en el Simposio Costa Rica a la Luz de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares; celebrado en San José, Costa Rica. 8-9 Noviembre de 2006.2006. [Google Scholar]
  24. Meyer MH. Family status and poverty among older women: The gendered distribution of retirement income in the United States. Social Problems. 1990;37(4):551–563. [Google Scholar]
  25. Montes de Oca V. La Tercera Edad: Situaciones sociales de los viejos. Demos. 1996;9:34–35. [Google Scholar]
  26. Moon M, Juster FT. Economic status measures in the Health and Retirement Study. The Journal of Human Resources. 1995;30(Supplement):S138–S157. [Google Scholar]
  27. Palloni A, Soldo BJ. Health Status in a National Sample of Elderly Mexicans; Presented at the Gerontological Society of America Conference; Boston. November 2002.2002. [Google Scholar]
  28. Ross CM, Danziger S, Smolensky E. Interpreting changes in the economic status of the elderly, 1949-1979. Contemporary Policy Issues. 1987;5(2):98–112. doi: 10.1111/j.1465-7287.1987.tb00259.x. [DOI] [PubMed] [Google Scholar]
  29. Smeeding TM, Smith JP. The Economic Status of the Elderly on the Eve of Social Security Reform. Progressive Policy Institute; 1998. [Google Scholar]
  30. Wallace SP, Villa V. Healthy, wealthy and wise? Challenges to income security for elders of color. In: Rogne L, Estes CL, Grossman BR, Hollister BA, Solway E, editors. Social Insurance and Social Justice: Social Security, Medicare and the Campaign against entitlements. New York: Springer Publishing Co; 2009. pp. 165–178. [Google Scholar]
  31. Wood GJ. Doctoral Dissertation. University of Pittsburgh; 2006. The problem of the old man: Manhood, class, and retirement in the United States, 1910s-1950s. [Google Scholar]
  32. Wong R, Espinoza M. Bienestar económico de la población de edad media y Avanzada en México: Primeros resultados del Estudio Nacional de Salud y Envejecimiento en México; Ponencia presentada en la Reunión de Expertos en Redes Sociales de Apoyo a las Personas Adultas Mayores: el Rol del Estado, la Familia y la Comunidad; CELADE, Santiago de Chile. 9-12 Diciembre 2002.2002. [Google Scholar]
  33. Wong R, Espinoza M. Imputation of Non-Response on Economic Variables in the Mexican Health and Aging Study (MHAS/ENASEM) 2001. Project Report (Draft) 2003 In: http://www.ssc.upenn.edu/mhas/espanol/documentos/Imputacion/Imputation-2001-v2.pdf.
  34. Zaidi A, Frick JR, Büchel F. Income mobility in old age in Britain and Germany. Ageing & Society. 2005;25(4):543–565. [Google Scholar]

RESOURCES