Abstract
La violencia en las escuelas es reconocida como un problema de salud pública a nivel mundial que impacta negativamente el proceso de enseñanza-aprendizaje. Sin embargo, en Puerto Rico las estadísticas oficiales y los medios de comunicación generalmente se enfocan en hechos aislados de violencia extrema donde se utilizan armas o se destruye propiedad y no recogen formas de violencia más comunes que suelen ocurrir a diario en las escuelas. En este estudio se utilizó el Instrumento de Observación de Violencia Escolar (INOVE), preparado con el insumo de las comunidades escolares participantes del Proyecto VIAS (Violence and Asthma Health Disparity Network) de la Universidad del Este (UNE), para recopilar información acerca de las características de la violencia en dos escuelas puertorriqueñas. Entre los hallazgos del estudio se destacan diferencias por sexo en cuanto a categorías de violencia observadas y la observación de agresividad en juegos e interacciones entre estudiantes. Los datos recopilados han servido de base para la toma de decisiones en cuanto a la prevención de la violencia en las escuelas participantes y tienen implicaciones para el desarrollo de estrategias y programas de prevención.
Palabras clave: violencia, escuela, observaciones, participación
Abstract
School violence has been recognized worldwide as a public health problem that negatively impacts the educational process. However, in Puerto Rico official statistics and the media generally focus on isolated incidents of extreme violence in which weapons are used or property is destroyed. Little data is available about the most common forms of violence that often occur in schools on a daily basis. The Instrumento de Observación de Violencia Escolar (INOVE), developed with the input of school communities participating in Project VIAS (Violence and Asthma Health Disparity Network) of Universidad del Este (UNE), was used in this study to gather information about the characteristics of violence in two Puerto Rican schools. Among the study findings we highlight gender differences in observed violence and aggressive games and interactions between students. The data collected have served as a basis for decision-making regarding violence prevention in participating schools and have implications for the development of prevention strategies and programs.
Keywords: violence, school, observations, participation
Trasfondo e importancia del estudio
La violencia en las escuelas ha sido reconocida a nivel mundial por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como un problema de salud pública que impacta negativamente el proceso de enseñanza-aprendizaje (Pinheiro, 2006). La incidencia de este fenómeno ha provocado un aumento en las investigaciones realizadas en Europa, América Latina y el Caribe con énfasis en las agresiones entre alumnos y hacia maestros, daño a propiedad escolar y creación de grupos o pandillas escolares que usan la violencia para intimidar a otros (Crapanzano, Frick y Terranova, 2010; Nuñez-Estrada, Gilreath, Astor y Benbenishty, 2014; Román y Murrillo, 2011; Romera, Del Rey y Ortega, 2011; UNICEF, 2011). En los Estados Unidos, se estima que 52 estudiantes de cada 1,000 son víctimas de violencia escolar (Robers, Kemp, Rathbun y Morgan, 2014). Estudios realizados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) indican que 24.7% de los estudiantes reportó haber participado en una pelea durante el último año (CDC, 2014). Los datos estadísticos actualizados sobre violencia escolar en Puerto Rico son limitados, pero del 2006 al 2008 las estadísticas oficiales reflejaron un aumento en las agresiones perpetradas en las escuelas (Tendenciaspr, 2010). Además, a menudo los medios de comunicación del país presentan hechos aislados de violencia escolar extrema donde se utilizan armas o se destruye propiedad. No obstante, existe poca evidencia de las formas de violencia más comunes que suelen ocurrir diariamente en las escuelas, las cuales posiblemente preceden estos casos graves, pero apenas se reportan. Tampoco se tiene información acerca de quiénes (estudiantes, maestros, padres, etc.) incurren en este tipo de conducta. Esta falta de información hace difícil conocer a fondo este fenómeno para poder diseñar programas de prevención e intervención que sean efectivos (Lugo Hernández, Báez Ávila, Medina Santiago y Santiago, 2011).
Como parte de las iniciativas generadas en la isla para investigar este fenómeno se desarrolló el Proyecto VIAS (Violence and Asthma Health Disparity Network) de la Universidad del Este (UNE). Este proyecto, subvencionado por el Instituto Nacional para la Salud de las Minorías y Disparidades en Salud (NIMHD-P20MD003355), tuvo como objetivo fortalecer la infraestructura de investigación de la universidad enfocándose en temáticas relacionadas a la reducción del asma y la prevención de la violencia en escuelas elementales, utilizando un acercamiento de investigación basado en la participación comunitaria (Community Based Participatory Reseach -CBPR). El estudio que nos ocupa en este artículo formó parte de las iniciativas de investigación generadas a través de VIAS utilizando dicho enfoque y fue avalado por la Junta para la Protección de Seres Humanos en la Investigación del Sistema Universitario Ana G. Méndez (IRB-SUAGM, Protocolo # 02-093-12).
El objetivo general de este estudio fue el desarrollo, validación e implantación de un instrumento de observación que ayude a identificar las características de la violencia en las escuelas. Los objetivos específicos fueron: (a) trabajar colaborativamente con las comunidades escolares participantes del Proyecto VIAS para desarrollar y validar un instrumento de observación de conductas violentas (verbales y no verbales) en el escenario escolar y (b) realizar observaciones en escuelas elementales para identificar las características de dichas conductas. La investigación en su totalidad constó de tres fases: (a) desarrollo, (b) validación e (c) implantación.
El Instrumento de Observación de Violencia Escolar (INOVE) fue desarrollado con el insumo de los miembros del equipo investigativo de VIAS, investigadoras externas, así como miembros de los Comités de Prevención de Violencia (CPVs) de cada escuela, los cuales fueron creados para representar a las comunidades escolares participantes del proyecto (Medina, Fernández, Cruz, Jordán y Trenche, 2016a). Cabe señalar que varios autores (Hernández Sampieri, Fernández Collado y Baptista Lucio, 2010; McMillan, 2008: Sabino, 1992) apuntan a los métodos observacionales como una de las herramientas más importantes de la investigación en todos los campos científicos, no sólo en la actualidad, sino desde que el ser humano comenzó a captar la realidad que le rodeaba y a organizarla intelectualmente. En este caso se registraron las conductas de manera sistemática a través del instrumento, realizando observaciones de tipo naturalista, es decir, sin intervención del observador, el cual se limitó a anotar la conducta tal y como ocurrió (Shaughnessy, Zechmeister y Zechmeister, 2007).
Es importante puntualizar el carácter participativo de este estudio en todas sus fases. Inicialmente durante la fase de desarrollo, un grupo de directores y maestros de las escuelas participantes de VIAS elaboró una lista de los comportamientos violentos observados con frecuencia en sus escuelas. Esto permitió a los miembros del Componente de Prevención de Violencia Escolar de VIAS (CPVE-VIAS) reunir información de primera mano sobre sucesos cotidianos de la violencia en cada escuela y proponer el uso de la lista como base para desarrollar un mecanismo para registrar estos sucesos, explorar las características de la violencia en las escuelas y tener una base sólida sobre la cual desarrollar estrategias de prevención (Medina et al., 2016a). A través de los CPVs se logró un consenso sobre las conductas que se debían incluir finalmente en el instrumento y sus definiciones operacionales (ver Tabla 1). El INOVE pasó por un proceso de validación durante la segunda fase que incluyó su uso en una escuela no participante de VIAS, pero con características similares en términos geográficos, educativos y socioeconómicos, así como la evaluación de investigadores externos (Medina, Trenche, Class y Cruz, 2016b).
Tabla 1.
Categorías y Definiciones de las Conductas*
| VIOLENCIA FÍSICA | VIOLENCIA VERBAL | VIOLENCIA QUE SE PUEDE SER FÍSICA Y/O VERBAL | VIOLENCIA RELACIONADA A LA PROPIEDAD (COMO PARTE DE CONDUCTA DE ACOSO) |
|---|---|---|---|
| Amenaza física - Dar a entender con actos, no palabras, que se quiere producir un daño físico. Ej. Mostrar el puño directamente a una persona. | Amenaza verbal - Dar a entender con palabras que se quiere producir un daño físico. Ej. “Te voy a dar”, “Te voy a matar”, etc. | ||
|
Burla (física) – movimientos utilizados para ridiculizar a los demás Golpear - Dar un golpe a otra persona utilizando alguna parte del cuerpo. Ej. Abofetear, dar un puño o manotazo, patear, etc. (No incluye empujar.) Si es puño que comienza una pelea, no debe incluirse aquí, sino contabilizar como pelea. |
Burla (verbal) – Usar palabras o sonidos para ridiculizar a los demás. (No incluye poner sobrenombres) Poner sobrenombres – Nombrar o clasificar despectivamente a una o más personas con el fin de burlarse o hacerle sentir mal. |
Marginar o excluir - Hacer caso omiso de una persona, aislarla, rechazarla o no tomarla en cuenta a propósito, con el fin de hacerle daño. | Robar o esconder propiedad - Apropiarse de algo ajeno contra la voluntad de su dueño u ocultar algo ajeno y/o ponerlo en un lugar donde para su dueño sea difícil encontrarlo. |
|
Empujar - Hacer fuerza contra alguien para moverlo con el fin de hacerle daño. (No incluye golpear.) Arañar - Rasgar la piel con las uñas. Morder - Coger y apretar alguna parte del cuerpo con los dientes clavándolos en ella. Halar el pelo – Tirar con fuerza del cabello. |
Insultos– Expresar palabras hacia una o más personas, cuya connotación es ofensiva para ésta o éstas y generalmente considerada contraria a las convenciones sociales de la comunidad. Debe detallarse en los comentarios las palabras utilizadas y por qué se consideraron ofensivas. | Dañar propiedad ajena –Estropear o echar a perder algo ajeno a propósito. | |
| Tocar partes privadas – Tocar senos, trasero u órganos sexuales de otra persona. | |||
| Tirar objetos hacia otra persona – Arrojar o lanzar objetos hacia otra persona con el fin de hacerle daño. | Discusiones-Lucha verbal entre dos o más personas donde los/las involucrados/as levantan la voz mutuamente. | ||
| Peleas– Lucha entre dos o más personas donde los/las involucrados/as se agreden físicamente. |
El instrumento incluye un área abierta donde los observadores pueden anotar otras conductas donde se utiliza la fuerza y/o la intimidación física o verbal para conseguir algo o hacer daño físico o emocional, que no respondan a las categorías existentes.
Asimismo, el utilizar un enfoque participativo posibilitó el que los comités y los investigadores de VIAS participaran conjuntamente en el análisis e interpretación de resultados que se presentan en este artículo. Esto a su vez ha permitido que las comunidades escolares tomen decisiones informadas que redunden en la implementación de estrategias de corte preventivo en las escuelas, según se relata más adelante como parte de las implicaciones de este estudio.
El procedimiento y los resultados de las fases de desarrollo y validación se han presentan en otros artículos (Medina et al., 2016a; Medina, et al., 2016b), por lo cual en esta oportunidad nos enfocaremos en la última fase del estudio y los resultados finales de la investigación.
Método
La tercera y última fase de este estudio de carácter exploratorio se llevó a cabo en las dos escuelas participantes de VIAS. Se realizaron las observaciones durante tres semanas simultáneamente en ambas escuelas: (a) coordinando los días, horas y lugares de observación con cada escuela, (b) asignando estudiantes observadores de acuerdo a lo coordinado con las escuelas, y (c) recibiendo insumo diario de estudiantes observadores y miembros del CPVE-VIAS acerca del proceso para hacer los ajustes necesarios y dar seguimiento al proceso en cada escuela.
Es importante señalar que la primera semana de observación sirvió dos propósitos: (1) habituación de cada comunidad escolar a la presencia del equipo de investigación y (2) práctica adicional para los estudiantes observadores en el uso del instrumento y el procedimiento de observación en cada una de las escuelas. A partir de la primera semana, por lo menos un estudiante observador se colocó en un lugar de la escuela, instrumento en mano, para realizar la observación durante treinta minutos. Este procedimiento se llevó a cabo en diferentes lugares de la escuela a diversas horas del día. Inicialmente los lugares y periodos de observación fueron seleccionados previamente por recomendación del personal escolar (director, maestros, trabajador social, etc.), pero se fueron modificando según el equipo de investigación se familiarizaba con cada comunidad escolar (entorno físico, organización escolar, uniformes de estudiantes, itinerarios de clases, almuerzo o merienda, actividades especiales, etc.). Además, los observadores fueron previamente adiestrados para evitar la interacción o intervención directa con las personas y/o situaciones observadas durante el periodo de observación. Asimismo, se diseñó un protocolo a seguir en caso de incidentes donde la seguridad física de alguna persona estuviese en juego, el cual se incluyó en una hoja informativa distribuida a toda la comunidad escolar, según aprobada por IRB-SUAGM, para que no hubiese expectativa de su parte con relación a ese particular. Por último, también se instruyó a los observadores a no hacer cambios o alterar lo registrado en el instrumento luego de terminar el periodo de observación sin antes aclarar dudas con la investigadora principal, quien permaneció en cada escuela durante los periodos de observación para ofrecer apoyo durante el proceso.
Resultados
Los datos recopilados incluyen información sobre los tipos de violencia más frecuentemente observados, la edad y sexo de las personas involucradas, así como los lugares y periodos donde se observaron los incidentes. En total se realizaron 20 observaciones en la Escuela A y 19 en la Escuela B.
Tipos de violencia observada
Aunque la cantidad de observaciones por escuela fue similar, en la Escuela B se observó casi el doble de conductas violentas (ver Tabla 2), aun cuando la cantidad de estudiantes en dicha escuela (y por consiguiente la plantilla de adultos, personal escolar y padres) no es sustancialmente mayor a la de la otra. No obstante, en ambas escuelas el tipo de violencia más observada fue física.
Tabla 2.
Tipos de violencia observada (TVO) por escuelas
| TVO | Escuela A | Escuela B |
|---|---|---|
| Física | 48 | 80 |
| Verbal | 12 | 35 |
| Física/Verbal | 1 | 0 |
| Propiedad | 3 | 5 |
| Total | 64 | 120 |
| Cantidad aproximada de estudiantes por escuela | 380 | 400 |
Las otras categorías de violencia indicadas en el instrumento, Violencia a la propiedad, así como Violencia que puede ser física o verbal, apenas se observaron en ambas escuelas, por lo cual nos enfocaremos en las categorías Violencia física y Violencia verbal. Cabe señalar que las categorías primero mencionadas fueron incluidas en el instrumento a petición de las comunidades escolares a través de sus CPVs, con el fin de recoger información sobre conductas relacionadas al acoso escolar.
Violencia por edad y sexo
La inmensa mayoría (98%) de los incidentes observados involucraron a niños y niñas (ver Tabla 3). Esto es de esperarse ya que la proporción de estudiantes es considerablemente mayor a la de adultos en el escenario escolar.
Tabla 3.
Total de incidentes observados por edad y sexo
| Incidentes | Niños | Niñas | Adultos | Adultas |
|---|---|---|---|---|
| Total | 95 | 80 | 0 | 3 |
| Porcientos | 53% | 45% | 0 | 2% |
En cuanto a Violencia física, en ambas escuelas se observó una cantidad similar de incidentes de Golpear y Empujar tanto en niños como niñas (ver Tabla 4). En la Escuela A se observó la misma proporción para ambos sexos en estas categorías, mientras en la Escuela B se observó un porcentaje ligeramente mayor en Golpear por parte de niñas. Este es un dato importante, ya que generalmente en nuestro entorno sociocultural, se asocia la violencia física con lo masculino, mucho más que con lo femenino.
Tabla 4.
Violencia física por edad y sexo
| Escuela A
|
Escuela B
|
||||
|---|---|---|---|---|---|
| Niños | Niñas | Niños | Niñas | Total* | |
| Amenaza Física | 2% | 0 | 5% | 1% | 5% |
| Burla Física | 4% | 0 | 2% | 0 | 3% |
| Golpear | 20% | 20% | 27% | 30% | 50% |
| Empujar | 16% | 16% | 11% | 7% | 24% |
| Arañar | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 |
| Morder | 0 | 0 | 0 | 0 | 0 |
| Halar pelo | 2% | 4% | 0 | 0 | 2% |
| Tocar partes privadas | 0 | 0 | 1% | 0 | 1% |
| Tirar Objetos | 4% | 4% | 10% | 2% | 11% |
| Peleas | 4% | 4% | 2% | 0 | 4% |
Los porcientos incluidos en el total agrupan la cantidad total de conductas observadas en ambas escuelas por cada categoría.
Si de violencia verbal se trata, en ambas escuelas la mayor incidencia fue de Insultos, por parte de las niñas (ver Tabla 5). También es importante señalar que se registraron algunos incidentes de violencia verbal que involucraron adultas, según se desprende de la información en las Tablas 3 y 5.
Tabla 5.
Violencia verbal por edad y sexo
| Escuela A
|
Escuela B
|
|||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Niños | Niñas | Niños | Niñas | Adultos | Total | |
| Amenaza verbal | 0 | 8% | 6% | 3% | 6% | 15% |
| Burla verbal | 8% | 25% | 14% | 0 | 0 | 17% |
| Poner Sobrenombres | 0 | 0 | 11% | 3% | 0 | 11% |
| Insultos | 25% | 34% | 11% | 31% | 0 | 46% |
| Discusión | 0 | 0 | 6% | 6% | 3% | 11% |
Los porcientos incluidos en el total agrupan la cantidad final entre ambas Escuelas por cada categoría.
Observaciones por lugar
Aunque el espacio físico de la Escuela A es mucho más amplio que en la Escuela B, la cantidad de lugares observados en ambas escuelas fue similar (ver Tablas 6 y 7). En la Escuela A la mayor cantidad de observaciones se realizaron en la glorieta, la cancha, el comedor y los salones, mientras que en la Escuela B la mayoría se realizaron en el área de entrada, el patio y el comedor. Es importante señalar que cada comunidad escolar a través de sus CPVs participó en el proceso de identificar lugares de alta incidencia de conducta violenta para observar (Ej. Glorieta y área de entrada), los cuales acertadamente resultaron ser los de mayor incidencia de Violencia física y Violencia verbal. Otro punto significativo es que en ambas escuelas la mayoría de las observaciones se realizaron en áreas fuera de los salones, donde los observados están interactuando en ambientes más informales.
Tabla 6.
Observaciones de violencia física por lugar
| Lugar | Escuela A | Escuela B |
|---|---|---|
| Cancha | 21% | N/A |
| Comedor | 4% | 9% |
| Entrada | N/A | 61% |
| Glorieta | 65% | N/A |
| Patio | 2% | 24% |
| Salones | 8% | 6% |
Tabla 7.
Observaciones de violencia verbal por lugar
| Lugar | Escuela A | Escuela B |
|---|---|---|
| Cancha | 25% | N/A |
| Comedor | 0% | 6% |
| Entrada | N/A | 37% |
| Glorieta | 58% | N/A |
| Patio | 0% | 20% |
| Salones | 17% | 37% |
Observaciones por periodo
En ambas escuelas, se realizaron observaciones en los periodos de entrada, lectivos, almuerzo y salida. Sin embargo, y a petición del CPV de la Escuela A, observamos en dos periodos adicionales en dicha escuela: cambio de clases y merienda (ver Tablas 8 y 9). En ambas escuelas se observó gran incidencia de Violencia física en los periodos de almuerzo y entrada; no obstante, en la Escuela B también se observó una gran cantidad de incidentes en el periodo de salida. En cuanto a Violencia verbal, la mayor incidencia en la Escuela A se observó durante el almuerzo, mientras que en la Escuela B fue durante el periodo de entrada.
Tabla 8.
Observaciones de violencia física por period
| Periodo | Escuela A | Escuela B |
|---|---|---|
| Entrada | 21% | 3% |
| Lectivo | 8% | 6% |
| Almuerzo | 48% | 35% |
| Salida | 4% | 21% |
| Cambio de clases | 6% | N/A |
| Merienda | 13% | N/A |
Tabla 9.
Observaciones de violencia verbal por periodo
| Periodo | Escuela A | Escuela B |
|---|---|---|
| Entrada | 25% | 43% |
| Lectivo | 17% | 37% |
| Almuerzo | 50% | 20% |
| Salida | 0 | 0 |
| Cambio de Clases | 0 | N/A |
| Merienda | 8% | N/A |
Comentarios de observadores
En ambas escuelas, los comentarios giraron en torno a tres categorías: conductas, supervisión y ambiente escolar. En general, los observadores coincidieron en comentar la observación de incidentes relacionados a juegos agresivos en ambas escuelas, así como juegos de mano y con piedras. Asimismo, reseñaron la naturaleza agresiva de la interacción entre algunos grupos de estudiantes al saludarse con golpes y/o palabras soeces. Comentaron además acerca de algunas instancias donde observaron falta de supervisión. Específicamente se refirieron a cambios de horario que contribuyeron a que hubiese demasiados estudiantes fuera de los salones al mismo tiempo, sin que hubiese suficiente personal escolar en esas áreas. Coincidieron también en comentar acerca de la falta de actividades recreativas para los estudiantes y la escasez de materiales y equipo adecuado que contribuya a un mejor ambiente escolar.
Discusión
A la luz de los resultados obtenidos, queremos destacar varios asuntos que ameritan particular atención. Estos son: 1) cantidad de incidentes observados fue mayor en una escuela que en otra, 2) se observó mayor incidencia de violencia física que de ningún otro tipo, 3) pocos incidentes que respondieran a las categorías Violencia a la propiedad o Violencia que puede ser física o verbal, 4) mayor cantidad de niños que adultos involucrados en incidentes violentos, 5) diferencias por sexo en cuanto a categorías de violencia observadas, 6) diferencias observadas por lugar y periodo, así como 7) observaciones sobre interacciones y juegos agresivos, al igual que falta de supervisión y de espacios y actividades recreativas.
Cantidad y tipos de violencia observada
En cuanto a la cantidad de incidentes observados en una escuela versus otra, cabe señalar que, aunque ambas escuelas son similares en términos de cantidad de matrícula, su composición es diferente. Es decir, una está compuesta por estudiantes de Kínder a sexto grado, mientras que la otra, donde se observó mayor incidencia, comprende también estudiantes de escuela intermedia hasta noveno grado. Además, existen diferencias en cuanto al espacio físico de las escuelas, que hacen que toda la población escolar de la escuela de mayor incidencia observada, se concentre en unas áreas específicas, lo cual pudo haber exacerbado la cantidad de incidentes observados.
El tipo de violencia más observada, en ambas escuelas fue la física. Esto es de esperarse dado la naturaleza del proceso de observación, el cual se enfoca más en la percepción visual que en la auditiva. Además, la violencia física suele ser más fácil de identificar especialmente en lugares al aire libre donde el nivel de ruido puede ser mayor e interferir con el proceso.
De otra parte, apenas se observaron incidentes que respondieran a las categorías de Violencia a la propiedad y Violencia que puede ser física o verbal en ambas escuelas, por lo cual no fue posible recoger información sobre conductas relacionadas al acoso escolar, como las comunidades escolares hubiesen querido. Es importante señalar que estas conductas son difíciles de identificar en este tipo de estudio porque tienen unas características específicas, como lo son la repetición o patrón de comportamiento hacia una persona o grupo específico, así como desequilibrio de poder real o percibido por parte de los acosados (Azevedo et al., 2012; Méndez y Cerezo, 2010). Esto requeriría analizar las relaciones sociales y afectivas entre miembros de la comunidad escolar (Méndez y Cerezo, 2010), lo cual no fue el enfoque de este estudio.
Violencia por edad y sexo
Edad
Como se mencionó anteriormente, hubo una cantidad considerablemente menor de adultos involucrados en los incidentes violentos observados en este estudio. Esto coincide con investigaciones previas sobre delincuencia y violencia escolar donde los estudiantes reportan mayores situaciones de este tipo que el personal escolar (Astor et al., 1999). No obstante, esto no significa necesariamente que los menores sean más violentos que los adultos. Cabe recordar que en el contexto escolar la proporción de adultos relativo a estudiantes es considerablemente menor, por lo cual es de esperarse que se reporten mucho menos incidentes en donde los primeros estén involucrados. Asimismo, es importante señalar que los adultos han estado expuestos por mucho más tiempo a procesos de socialización que les han permitido desarrollar e internalizar herramientas de autorregulación de su conducta (De la Fuente Arias, Peralta Sánchez y Sánchez Roda, 2009; Kochanska, Coy y Murray, 2001). Así pues, se espera que sean capaces de analizar las consecuencias de sus actos y evaluar las implicaciones de incurrir en conducta violenta, no solamente en términos éticos y morales, sino también laborales (pérdida de empleo y credenciales profesionales en el caso del personal escolar) y legales (demandas, multas o cárcel).
Sexo
De los resultados antes expuestos, uno de los que más resalta es las diferencias por sexo en las categorías de violencia observadas. Aunque se observó mayor proporción de niñas en cuanto a violencia verbal, específicamente Insultos, se registró igual proporción de niñas y niños en cuanto a Violencia física en ambas escuelas. Esto último no solamente contrasta con el estereotipo que típicamente se ha asociado con lo femenino, sino que no responde a lo que generalmente se refleja en la literatura científica sobre diferencias por sexo, donde se ha encontrado que los niños tienden a hacer mayor uso de la agresión física, mientras que las niñas son agresivas de manera mayormente “indirecta” o “relacional” (Archer, 2004; Bjorkqvist, Österman y Kaukiainen, 1992; Eagly y Steffen, 1986; Lagerspetz, Björkqvist y Peltonen, 1988; Ostrov y Crick, 2007; Salmivalli y Kaukiainen, 2004). Es decir, tienden a utilizar formas encubiertas (y a menudo más aceptables socialmente) de agresión para expresar ira y resolver sus conflictos (Navarro Olivas, 2009). No obstante, es importante considerar el contexto sociocultural en que ocurren estos incidentes (Besag, 2006; Osler y Vincent, 2003), ya que pudieran estar reflejando cambios en cuanto a la conceptualización de género en la sociedad puertorriqueña.
Violencia por lugar y periodo
Las observaciones por lugar y periodo coinciden, ya que en una escuela se observó mayor incidencia en la glorieta a la hora del almuerzo, mientras que en la otra fue a la entrada de la escuela durante el periodo de la mañana. Esta correspondencia entre lugares y periodos específicos responde a las horas y lugares de mayor concentración de estudiantes en cada escuela.
Es importante estipular que la mayoría de las observaciones se realizaron en ambientes informales y menos estructurados, como la cancha, el patio y la glorieta. Sin embargo, es importante señalar que, en ambientes más estructurados, como el comedor y los salones, se observó mayor violencia verbal que física. Es posible que esto sea producto de una mayor vigilancia del personal escolar en dichos espacios, lo cual pudo inhibir la movilidad de los estudiantes. No obstante, esto no implica que las consecuencias de la violencia verbal sean menores a las de violencia física. De hecho, varios estudios apuntan a que, tanto la violencia verbal, como la física tienen consecuencias negativas, desde baja autoestima y sentimientos de soledad y tristeza, hasta trastornos de ansiedad y depresión (Cava, Buelga, Musitu y Murgui, 2010).
Cabe señalar además que observar en estos espacios fue un reto para los observadores. Según comentaron, pasar inadvertido en un ambiente más contenido y menos informal fue más difícil y en ocasiones pareció hacer más conscientes a los observados del proceso investigativo, lo cual pudo haberles cohibido de actuar de manera natural.
Información adicional de carácter cualitativo
Una de las riquezas de este proceso de observación fue la información de índole cualitativa que ofrecieron los observadores. La misma fue una aportación valiosa que ofreció contexto a cada observación y permitió la caracterización del ambiente escolar. Así pues, uno de los temas más recurrentes que los observadores plantearon fue la naturaleza agresiva de las interacciones entre estudiantes (saludarse con golpes o palabras soeces) y los juegos generados por los mismos (juegos de mano, con piedras, etc.), que en ocasiones escalaban a situaciones de violencia. Este es un asunto que podría apuntar a la aceptación de la violencia o conducta agresiva como algo cotidiano en este contexto.
Asimismo, la falta de supervisión, especialmente en periodos donde gran cantidad de estudiantes se encontraba fuera de los salones, subraya un problema organizacional de pobre planificación, agravado por la falta o ausencia de maestros y personal de apoyo. Más aun, la escasez de materiales y equipo adecuado, así como la falta de actividades recreativas y lugares apropiados para realizarlas sin perturbar los periodos lectivos, son asuntos que deben atenderse, no solamente por la administración escolar, sino por la comunidad escolar en general. Este asunto que también forma parte de los hallazgos del Estudio sobre el perfil de la educación pública en Puerto Rico (IPP-SUAGM, 2012), es esencial como estrategia de prevención ya que mientras más oportunidades de desarrollo y participación tengan los estudiantes y demás miembros de la comunidad, mayor será su compromiso con el plantel y menor será la incidencia de violencia escolar (David-Ferdon y Simon, 2012).
Limitaciones del estudio
La frecuencia de las observaciones por lugar y periodo se vio restringida debido a la cantidad de estudiantes disponibles para servir como observadores. Para esta fase del estudio contamos con cuatro estudiantes en entrenamiento de investigación del Proyecto VIAS, pero su disponibilidad era limitada debido a sus horarios de clase, mentoría y adiestramiento en investigación.
Otra limitación fue la duración del periodo de observación en las escuelas. Hubiéramos preferido realizar una mayor cantidad de observaciones, pero esto hubiese coincidido con periodos críticos en el calendario escolar (periodo de pruebas estandarizadas, actividades extracurriculares, etc.), lo cual podría introducir otros elementos que hubiesen afectado la conducta cotidiana de los miembros de la comunidad escolar (niveles de entusiasmo, ambiente agitado o tenso, tiempo fragmentado, etc.).
Por último, al transcribir los comentarios de los observadores nos percatamos de que en ocasiones algunos no proveyeron información suficiente que permitiera poner las observaciones en contexto. Por ejemplo, identificar en los comentarios el color de la camisa de los estudiantes involucrados en incidentes podría dar información de su nivel escolar, ya que los uniformes para los grados de primero a tercero eran distintos a los de cuarto a sexto. Por tanto, esto es un asunto que debe tomarse en cuenta durante los adiestramientos de futuros observadores.
Conclusión e implicaciones del estudio
Los datos recopilados en este estudio fueron presentados a los CPVs para ser discutidos e interpretados por todos sus miembros. Los informes finales de cada escuela, incluyendo los insumos y recomendaciones de cada comité fueron presentados a distintos grupos en cada comunidad escolar por medio de reuniones de facultad, asambleas de padres, etc. Además, se prepararon informes escritos que fueron presentados a la administración escolar de cada escuela participante y al distrito escolar.
A partir de los resultados y las recomendaciones de dichos informes se han desarrollado recientemente estrategias de prevención de violencia que responden a las particularidades de cada comunidad escolar. Por ejemplo, en la Escuela A los mismos padres, madres y encargados se organizaron para colaborar en la supervisión de estudiantes y otros asuntos de seguridad, especialmente a las horas de entrada, salida y almuerzo. Además, algunos de ellos poseen estudios formales en el área de Educación y han servido de apoyo a los maestros como ayudantes de maestro, especialmente con estudiantes de Kindergarden y Educación Especial. Asimismo, se habilitó un salón de juegos para que los estudiantes se recreen sanamente en sus períodos libres en la escuela y se reestableció el acceso a la biblioteca escolar durante la hora de almuerzo, ya que ésta había permanecido cerrada durante ese periodo debido a que el personal de biblioteca fue asignado por un tiempo a otras labores por falta de personal. Además, se establecieron colaboraciones con la universidad para capacitar a los maestros y recibir el apoyo de estudiantes practicantes que les asistan en el salón de clases.
En cuanto a la Escuela B, nuestro estudio reafirmó la necesidad de contratar los servicios de personal de biblioteca, la cual había estado cerrada por varios años por falta de dicho personal. La adición de este personal ha resultado en la renovación de este espacio, el cual se ha convertido en uno de los lugares más frecuentados por los estudiantes. Además, se atendió la necesidad identificada por el CPV de actualizar el reglamento escolar para que fuera más específico en términos de las conductas a sancionarse y sus consecuencias. El mismo se diseminó a todos los miembros de la comunidad escolar y fue discutido en cada salón.
Se espera que estas iniciativas, junto a los cambios que se han realizado a la organización escolar en ambos planteles, redunden en una disminución de la cantidad y gravedad de los incidentes de violencia escolar.
Recomendaciones
En términos del procedimiento del estudio se recomienda: (1) revisar el instrumento y el procedimiento de observación para hacer modificaciones a raíz del proceso experimentado en ambas escuelas, (2) actualizar el adiestramiento a los observadores para incluir experiencias ocurridas durante la implantación del instrumento (por ejemplo, crear viñetas que reflejen experiencias reales del proceso y utilizarlas para hacer juegos de roles durante el adiestramiento) y (3) considerar el uso de la tecnología (grabaciones en audio y video) como complemento a las observaciones, especialmente en espacios cerrados, siempre y cuando se tomen medidas para la protección de la privacidad y confidencialidad de los observados.
Además, se recomienda explorar otros factores que estén contribuyendo a la incidencia de la violencia escolar como pueden ser el ambiente físico (planta física, organización escolar, etc.) y social (falta de actividades recreativas, pocas oportunidades que promuevan la participación de los miembros de la comunidad escolar, etc.), así como el desarrollo socioemocional (manejo de emociones, autorregulación de la conducta, destrezas sociales, mediación de conflictos, etc.). En particular futuros estudios podrían enfocarse en los hallazgos de esta investigación en cuanto a las diferencias por sexo, si éstas se sostienen en otras comunidades escolares similares y su relación con el discurso sobre género en la sociedad puertorriqueña contemporánea. Asimismo, se debe explorar con profundidad la conceptualización de la violencia y la agresividad como algo cotidiano y aceptado en algunos sectores de la población, ya que esto tiene implicaciones muy importantes para el desarrollo de estrategias y programas de prevención.
Footnotes
- Es importante destacar el lenguaje inclusivo de género, aún en instancias en donde se hace referencia solamente al género masculino.
- Agradecimientos:
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○Equipo de profesores y estudiantes investigadores de VIAS-RIMI
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○Investigadoras externas: Dra. Regina Langhout y Dra. Joyce Rodríguez
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○Comités de prevención de violencia escolar de las escuelas participantes de VIAS-RIMI
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○Junta para la Protección de Seres Humanos en la Investigación del Sistema Universitario Ana G. Méndez (Protocolo Núm. 02-093-12)
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○Fondos provenientes de:
- Junta de Investigación Subgraduada de la UNE
- Instituto Nacional para la Salud de las Minorías y Disparidades en Salud, Bethesda, Maryland, EUA (P20MD003355)
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○
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