Este artículo pretende traer una reflexión, finalizando el año 2021, luego de casi dos años de la pandemia Covid-19. Esta reflexión fundamental, que involucra la salud global y la ecología, proviene de autores de América Latina, ex becarios de KAAD. El objetivo es enfatizar la importancia de acciones integradas entre las diferentes áreas del conocimiento para el entendimiento y continuo intento de resolver este fenómeno que ha afectado al mundo entero, pero con mayor severidad en países con condiciones económicas más frágiles.
Para tratar el tema de la Salud Global, no podemos olvidar abordar el concepto de salud. Según la Organización Mundial de la Salud, el término no es sólo la ausencia de enfermedad, sino también el bienestar físico, mental y social. Desde esta perspectiva, el ser humano es visto de manera integral y el entorno se convierte en una variable importante en los resultados de salud (1,2).
Entender la salud en su concepto amplio nos lleva a pensar que la Salud Pública va más allá del tratamiento de las enfermedades de un colectivo, aportando un aspecto intersectorial y multidisciplinar a la acción profesional que busca también el desarrollo de políticas públicas que promuevan el bienestar social y proporcionen un acceso equitativo a los servicios sanitarios. La salud pública puede resumirse como “el arte y la ciencia de promover la salud y mejorar la calidad de vida de los individuos mediante el esfuerzo colectivo de la sociedad”. De hecho, este tema siempre ha sido de gran importancia ya que, epidemiológicamente, permite el estudio de los principales problemas de salud de la población, su causalidad y temporalidad, dando lugar a la toma de decisiones basadas en la evidencia dentro de un territorio concreto, que es la principal característica de la Salud Pública desde el punto de vista de sus recortes geográficos.
Siguiendo la evolución de este concepto, la globalización nos llevó a reflexionar que la promoción y el cuidado de la salud no se reducen a los límites geográficos. La salud internacional surge de la necesidad de los países de apoyarse mutuamente, algo que surge, sobre todo, de una lógica de ayuda económico-financiera de los países del hemisferio norte a los países del hemisferio sur. Sin embargo, sabemos que sería bastante hegemónico pensar que no nos afecta mutuamente el contexto global, como hemos experimentado en medio de la nueva pandemia de coronavirus y lo que podemos observar como resultado del cambio climático, las migraciones o las crisis políticas en todo el mundo.
De este modo, partiendo de la Salud Pública, pasamos de la Salud Internacional a la Salud Global, añadiendo la lógica de que los países son mutuamente responsables de proporcionar a todos la oportunidad de alcanzar su mejor estado de salud-recordemos en su concepto ampliode forma colaborativa. Para América Latina, significa la posibilidad de ampliar los acuerdos de cooperación para el desarrollo económico y social y, en consecuencia, la promoción de la salud y la calidad de vida de su población.
“No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza”.(Laudato Si, 139).

El Papa Francisco en la Encíclica “Laudato Si” puntualizó sobre la crisis ecológica actual que afecta al suelo, al aire, al agua, y en general, al ecosistema en el que habitamos, invitándonos a repensar críticamente nuestro entorno a través de la visión sistémica (en red). Esto implica una ruptura con las metáforas mecanicistas y antropocéntricas que han caracterizado nuestro pensamiento y cuyas consecuencias en nuestro entorno natural han sido devastadoras.
La crisis climática actual, se impone como un emergente de la acción humana en la naturaleza e impacta en la salud, ya que la exposición a eventos climáticos extremos, el cambio en la idoneidad ambiental y los movimientos poblacionales aumentan la transmisión de enfermedades infecciosas y socavan los medios de vida y salud mental de las personas(3,4). Esta creciente influencia antrópica sobre el medio ambiente nos ha enfrentado a desafíos globales en la intersección PLA-NETA-SALUD, siendo la pandemia de COVID-19 la manifestación más reciente(5). Ésta ha afectado y acentuado las inequidades en las poblaciones más pobres, como así también sobre las minorías y quienes padecen vulnerabilidades, donde el virus se propagó en áreas poblacionales densas y con escasa capacidad de mitigación, debido a la prevalencia de cuadros crónicos o falta de acceso a salud pública y atención a la salud.
Como se señalaba anteriormente, la salud no sólo trata de la ausencia de afecciones y enfermedades. Además, la salud está determinada en gran medida por otros sectores y características sociales como la educación, la ocupación, los ingresos, el sexo y la etnicidad, entre otros; así como, de forma más general, del contexto socioeconómico, político y cultural, en los cuales la salud está inserta(6).
Así, existe una correlación inversamente proporcional entre, por ejemplo, la desigualdad económica, inequidad y vulnerabilidad con el estado de salud. Es decir, en la medida que los tres primeros aumenten, así mismo disminuye la calidad de la salud.
Ahora bien, se observa entonces que la gestión de la salud no sólo implica la gestión de la enfermedad (entendida ésta como el conjunto de procesos que se desarrollan una vez se presenta la enfermedad), sino que la gestión de la salud también debe estar vinculada con los procesos que evitan o, cuando menos, reducen la probabilidad de aparición de la enfermedad.
Estas intervenciones se deben realizar en cada uno de los sectores y características sociales que nos indica el concepto de los determinantes sociales de la salud y, por ello, se hace necesario una gran variedad de profesiones y oficios destinados a las necesidades particulares de cada determinante.
Además, es crucial subrayar que, así como la salud tiene sus determinantes sociales, estos también están determinados por otras condiciones sociales en un estado de interdependencia en donde, por ejemplo, la educación determina la salud, y así mismo, la salud determina la educación. Cada aspecto, según el punto de observación que se elija, requiriendo una gran variedad de recursos humanos y de requerimientos particulares.
Es en este contexto en donde surge la iniciativa de Salud en todas las Políticas(7).
La gestión de la salud, entonces, requiere de profesionales de muchos campos, incluso de aquellas que se encuentran por fuera del radar de lo que se entiende como una profesión de la salud.
Podríamos preguntarnos entonces, ¿cuáles son las profesiones de la salud más prevalentes en la memoria colectiva de las sociedades? Esto requiere de evidencia empírica para poderse responder adecuadamente, pero podríamos crear la hipótesis que las profesiones de mayor prevalencia son, de hecho, lxs médicxs y, en menor medida, lxs enfermerxs. ¿Por qué? Como segunda hipótesis podríamos plantear que se debe a que es la enfermedad -y no la ausencia de ellael hecho asociado con la salud más presente en la población (una excepción a esto sería, por ejemplo, el embarazo) y a que, en términos generales, se asigna especialmente a lxs médicxs como las personas encargadas de la gestión de la enfermedad (y/o de la dolencia) una vez dada, lo cual habría llevado, y esta sería una tercera hipótesis, a la asignación de un alto estatus social a quienes ejercen esta profesión.

¿Pero en pleno siglo XXI sería esta asignación correcta?
Sin menoscabo de la gran importancia que revisten los profesionales de la medicina en la gestión de la enfermedad, es importante aclarar que, por un lado, actualmente no sólo se encargan de la gestión de la enfermedad y/o de las dolencias, como lo ha sido históricamente, sino que, por otro lado, también hacen parte de varios de los procesos asociados con la prevención de la enfermedad. De hecho, muchos de estos profesionales, además, ejercen actividades propias de la salud pública, en donde el objeto de intervención no es el individuo articulado con la enfermedad/dolencia, sino la población articulada con la prevención.
No obstante, como ya vimos, no son sólo lxs médicxs las únicas personas encargadas de la prevención de la enfermedad. Esto hace indispensable que, tanto la medicina como las demás profesiones asociadas con la salud, encuentren un nuevo balance de estatus social; no por la importancia del estatus en sí mismo, sino porque esto tiene repercusiones en los volúmenes de trabajo, las expectativas de los usuarios de salud, las brechas salariales y el alcance y calidad del sistema de salud, entre muchos otros aspectos que requieren un adecuado análisis (más allá del propósito de este artículo).
Esto nos llevaría a formular otras preguntas como, por ejemplo, ¿la medicina se encarga acaso únicamente -o fundamentalmente- de la gestión de la enfermedad? ¿O bien abarca también la prevención? Si es esto segundo, ¿de qué manera se identifican las otras profesiones encargadas de la prevención con el concepto de la medicina? Y finalmente, ¿qué quiere decir ser profesional de la salud frente a ser trabajador de la salud? ¿Qué quiere decir ser profesional/trabajador de la medicina en el contexto de nuestro sistema de salud -de construcción y pensamiento occidental europeo - frente a otros sistemas de salud como los de, por ejemplo, las comunidades indígenas?
Una de las lecciones aprendidas de la pandemia y el cambio climático es que ambos representan riesgos sistemáticos para la humanidad. Las diversas políticas públicas para enfrentar la pandemia (acertadas o no) nos aportan un marco para reflexionar acerca de la acción y progreso en relación a las políticas ligadas al cambio climático.
La comparación entre los desafíos enfrentados por las políticas climáticas y aquellas ligadas a la pandemia,-teniendo en cuenta los siguientes factores: la acción oportuna (timely action), el apoyo de la población, la cooperación internacional, la consideración de desigualdades y la desición basada en la evidencia científica provee criterios para el abordaje de las mismas. La evidencia reciente revelaría que en el caso de las políticas vinculadas al cambio climático, la dificultad mayor en su progresión estaría vinculada a que suponen un cambio profundo y duradero en la economía mundial, al contrario de las medidas contra el COVID-19, que pueden ser a corto y mediano plazo y suspendidas o eliminadas una vez que la pandemia termina o baja la incidencia del virus(5). Por otro lado, la carga (y consecuencias) derivadas del cambio climático serían mayormente padecidas por aquellos que habiten en los sitios geográficamente más distantes, lo cual dificultaría el consenso global para una política priortaria, acentuando, otra vez, las diferencias entre las regiones más ricas y las más desfavorecidas del planeta.
Si hemos aprendido lo suficiente de la actual pandemia, esto nos preparará, tanto a los ciudadanos como a quienes diseñan e implementan políticas públicas, para los desafíos a largo plazo que representan las políticas de cambio climático, procurando el desarrollo de la vida humana en armonía con todos los seres del mundo y la naturaleza.
Biographies

Fabianna Faleiros

Thania Faria

Felipe Mejía

Luz M. Leegstra
Referencias bibliográficas
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